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Full text of "Decadencia y desaparición de los Almoravides en España"

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I 






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inris 3CIENTIA VÍRITaS 



COLECCIÓN DE ESTUDIOS ARABES 

III 



DECADENCIA Y DESAPARICIÓN 

DE LOS 

ALMORÁVIDES EN ESPAÑA 






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COLECCIÓN DE ESTUDIOS ARABES 

III 



DECADENCIA Y DESAPARICIÓN 

DE LOS 

ALMORÁVIDES EN ESPAÑA 



DICáDINCIA f DI8iPARIGIl)N 



DE LOS 

(V 






POR 

D. FRANCISCO CODERA | > w .. 

de la R. A. de la Historia 
catedritico de Lengua Árabe en la Universidad 

Central 



ZARAGOZA 
TIP. DE COMAS HERMANOS, PILAR, 1 



V.3 



/2.'9'. 5V- 



INTRODUCCIÓN 



Es cosa corriente j admitida por cuantos 
«e dedican en serio al cultivo de nuestra 
Historia, que la dominación de los árabes en 
España está por escribir; pues si tenemos 
una obra buena, en cuanto podía pedirse hace 
40 años cuando Dozjr escribió su Historia de 
los musulmanes de España hasta la conquista de 
los almorávides, el autor holandés, como indi- 
ca el título de su obra, suspendió la narra- 
ción al terminar el período de los reyes de 
Taifas, dejando por historiar los períodos de 
Almorávides, Almohades, Beni merinos j Na- 



VIH 

seríes de Granada^ prescindiendo de otras 
dinastías, españolas 6 africanas^ que por poco 
tiempo dominaron parte de la Península. 

Es verdad que ja antes había escrito don 
José Antonio Conde su Historia de la domina- 
ción de los árabes en España, libro que en un 
principio se creyó en toda Europa que lle- 
naba el vacío de nuestra historia; pero la 
obra de Conde cajó pronto en descrédito pa- 
ra los inteligentes nacionales j extranjeros, 
habiendo sido objeto fuera de España de 
acerbas críticas, que un mal entendido pa- 
triotismo ha hecho creer infundadas, cuando 
en realidad sólo resultan exageradas; pues se 
atribuyó á ignorancia completa de la lengua 
lo que en mi sentir (y en esto creo ser más 
duro con Conde) es debido á lo que pudié- 
ramos llamar mala fe literaria, porque el 
autor, cuando encontraba una dificultad in- 
soluble, como tenía que encontrar muchas 
y se encuentran aún hoy, cortaba el nudo en 
vez de desatarlo, ó de confesar su ignorancia 
en puntos concretos por falta de datos. 

En prueba de mis apreciaciones citaré 
dos hechos muy importantes de nuestra his* 



IX 

loria árabe, que Conde no podía entender, j 
que le llevaron, el uno á multitud de erro- 
res, j hasta falsificaciones, j el otro á cam- 
biar una fecha, alterando la unidad^ decena 
j centena para hacer entrar el hecho, á que 
parecía referirse, en la cronología recibida. 

Habiendo encontrado en varios autores 
árabes que el centro de la rebelión de Omar 
Abenhafsún, fué y^-^^ que tomó por Bar- 
bastro, en la provincia de Huesca, cuando en 
realidad era Bibasler, en la provincia de Má- 
laga, cerca de Antequera, trasladó á Barbas- 
tro el centro de operaciones, é hizo girar á 
Omar en torno de esta ciudad, cambiando 
los nombres de Archidona, Antequera, Elvi- 
ra^ Granada, Málaga j otras, por los de las 
poblaciones, á que se podía llegar desde Bar- 
bastro, como son Monzón, Tamarite, Lérida, 
Roda, Huesca, Zaragoza, Alcañiz, etc. 

Comprendo que este cargo es gravísimo 
j que habrá quienes lo tacharán de exagera- 
ción mía: no lo dirán los arabistas: éstos po- 
drán decir que cargos tan graves, aunque 
sean fundados^ no deben hacerse por un es- 
pañol, máxime cuando Conde está bastante 



desacreditado: á esto diré, que ni creo á Con- 
de bastante desacreditado entre nosotros, 
puesto que muchos siguen citándole j to- 
mándole como guía, ni entiendo el patriotis- 
mo de este modo tan estrecho. 

Podría suponerse en defensa de Conde 
que en algún manuscrito árabe lejó las gue- 
rras de Omar Abenhafsún como las narra en 
su libro: no podemos asegurar que así no 
fuera; pero de todos modos es indudable que 
Conde lej6 la narración de estas guerras co- 
mo la leemos hoj en los autores publicados, 
muchos de los cuales leyó, j en el mero he- 
cho de diferir esencialmente la narración de 
como se encontraba en el supuesto manus- 
cristo, que nadie ha visto, tenía obligación 
«stricta de advertirlo, so pena de autorizar- 
nos á tacharle de falsario. 

Hemos admitido la suposición de que 
Conde viera un manuscrito cuja narración 
en este punto difiriese de la de otros; pero 
estamos seguros de que no hubo tal cosa, j 
esta es en último término la opinión de los 
arabistas, aun la de aquellos que procuran 
atenuar los cargos contra Conde. 



XI 



El otro hecho á que hemos aludido es el 
siguiente: Conde llegó á leer bástanle bien 
las monedas árabes españolas: vio sin duda 
muchas de las acuñadas á nombre de Hixem 
11^ bastantes años después de muerto, j no 
pudiendo entonces comprender esto, que se 
explica hoj perfevUamente por el reconoci- 
miento del falso Hixem II, por el cadí de 
Sevilla j demás rejes de Taifas que podría- 
mos llamar del partido legi ti mista, salió de 
la dificultad, ó se alucinó, al describir una 
moneda de Sevilla del año 438^lejendo en 
ella la fecha 382: j nótese que la moneda 
estaba bien conservada, según resulta del 
grabado K 

No todo lo que escribió Conde, ni mucho 
menos, es disparatado; pero haj en su obra 
muchos errores, j los no arabistas no están 
en condiciones de distinguir lo bueno de lo 
malo: por tanto no deben hacer uso de tal obra: 
entre los arabistas dudo que haja uno que 
se atreva á aceptar, por la sola autoridad de 



I Memorias de la Real AcBílemia de la Historia, 
to. V, pég. Í55, lámina 1." núm. 10. 



XII 

Conde» una noticia que le interese para sus 
trabajos j que él mismo no baja encontrado 
en los autores árabes. 

La desconfianza absoluta que debe tener- 
se de la obra de Conde, alcanza lo mismo á la 
de Viardot, mero trasunto de la de Cpnde, á 
las obras de Romey, D. Modesto Lafuenle j á 
otras muchas que para la parte árabe son en 
general meras paráfrasis de las de Conde 6 
Yiardot, con la particularidad de que en 
muchos casos, por no copiar las palabras del 
original, al querer retocar el cuadro por su 
cuenta, le dan más colorido, j con esto e} 
cuadro resulta más falso: no lo hacen así los 
autores árabes, que casi siempre copian las 
palabras de los autores anteriores. 

Además de las historias de Dozjr j Con- 
de, tenemos la Historia de las Dinastías maho^ 
metanas en España por nuestro querido maes- 
tro D. Pascual de Gajangos; pero esta obra, 
escrita en inglés, sin que se haja hecho ver- 
sión castellana, no es original, ni el autor lo 
pretendió, sino traducción-arreglo de una 
obra de autor árabe-marroquí de principios 
del siglo xvii, con muchas ilustraciones to- 



XIII 

xnadas por el Sr. Gajangos de otras obras, 
inéditas muchas de ellas. 

La obra escrita en estos últimos años por 
Mercier ^ , por su contenido general podría 
servir mucho para ilustrar nuestra historia 
árabe, ja que entre ambos países musulma- 
nes hubo siempre gran comunicación, aun 
cuando no existía identidad de gobierno, 
como sucedió en períodos más ó menos lar- 
gos; pero como probamos en las Aclaracio- 
nes, en lo referente á los acontecimientos de 
la dominación árabe ocurridos en España el 
autor incurre con harta frecuencia en graves 
errores j debe por tanto consultarse con des- 
confianza, j es que Mr. Mercier se propuso 
una cosa imposible, escribir la historia de 
las dinastías africanas, que no han sido aún 
objeto de estudio especial j completo por 
parte de ningún europeo, j mientras no se 
haja hecho la historia de cada dinastía, no 
es posible que uno escriba bien la de todas 
ellas. 



4 Histoirf de I A frique neptentrionale (Berberie) 
depuis les temps les plus recules jusqu' ii la conqui"^- 
te franraise (1830) par EmeU Mercter. 3 lo. en 4.°— Pa- 
ria, 1ffi»-1 891 . 



XIV 

Si hasta ahora no se ha escrito una bue* 
na historia árabe de España, ¿se está en con- 
diciones de escribirla? Creo que no: los 
estudios árabes no están suficientemente ade- 
lantados para que se pueda sintetizarla his- 
toria: aunque se han publicado durante los 
cincuenta años últimos muchos textos refe- 
rentes á cosas de España, otros muchos^ j 
quizá los más importantes, están aún sin 
publicar^ j por muj buena voluntad j cons- 
tancia que supongamos en los arabistas, no 
es lo mismo estudiar cómodamente en su 
gabinete un libro impreso^ que hojear un 
manuscrito de mejor 6 peor letra en el de- 
partamento de una biblioteca, con las mo- 
lestias j deficiencias consiguientes: mien- 
tras no se hajan publicado previamente los 
muchos libros que se conocen de nuestra his- 
toria^ nos parece mujr difícil, por no decir 
imposible^ que pueda salir un genio^ que 
después de examinar por su cuenta lo mucho 
que existe esparcido en bibliotecas públicas 
j privadas, pueda abarcar de un golpe la 
historia general de los árabes en España. 

Hoj por hoj, quizá lo único que debiera 



XV 

hacerse, es trabajar moDograríp":, dilacidan- 
do puntos especiales; monogr. fías que rehe- 
chas 6 completadas por el mismo autor, 6 
por autores posteriores, preparasen los ele- 
mentos para trabajos de conjunto. 

Dicho lo que precede, se comprenderá 
que no tenemos la pretensión de escribir la 
Uistoria de los almorávides, propiamente tal: el 
presente trabajo fué escrito hace bastantes 
años como Estudio numismático del periodo in/er- 
medio entre Almorávides y Almohades: publica- 
das luego por nuestro amigo D. Antonio 
Vives todas las monedas árabes españolas 
conocidas, aunque sin discutirlas ni aprove- 
char sus datos, pues esto no entraba en su 
plan, ja nuestro trabajo primitivo había per- 
dido una buena parte de su importancia, j 
lo redactamos de nuevo, discutiendo los he- 
chos á la luz de todos los datos conocidos, 
muchos de los cuales aparecían bastante más 
claros en vista de los datos que nos habían 
proporcionado libros antes no conocidos, j 
que hoj posee la Real Academia de la His- 
toria. 

Acordada la publicación de la Colección de 



XVI 

estudios árabes, como nuestro trabajo no resul- 
taba de fácil lectura para los no arabistas, 
pues los textos árabes estaban discutidos en el 
cuerpo del trabajo, j el objeto de la Colección 
es vulgarizar los resultados de los estudios 
arábigos, lo hemos redactado de nuevo, his- 
toriando el periodo de la decadencia y desapa- 
rición de los Almorávides en España, refiriendo 
los hechos como nos han parecido resultar 
de nuestras investigaciones; pero no preten- 
diendo que se nos crea por nuestra palabra, 
en notas é ilustraciones nos referimos á los 
textos, en que nos apoyamos, y como no po- 
cas veces los autores están discordes, hemos 
discutido los textos en comprobación de la 
opinión que seguimos: alguna vez, sin em- 
bargo, hemos dado en el texto las diferentes 
versiones respecto á ciertos sucesos, cuando 
por ser las noticias poco abundantes, no he- 
mos encontrado razón especial para decidir- 
nos por una versión más bien que por otra. 
£1 número j extensión de las notas é 
ilustraciones parecerá quizá excesivo; pero 
téngase en cuenta que los puntos tratados lo 
son casi por primera vez para el público j 



XVII 

había que indicar todas 6 la major parte de 
las fuentes 6 de las razones que nos habían 
guiado en nuestra investigación. 

Fuentes. Como podrá observarse fácil- 
mente, para nuestro estudio nos servimos en 
primer término de los autores árabes publi- 
cados 6 inéditos: no pocas veces nos guiamos 
por los Cronicones, cujos datos son en general 
de la majror importancia j deben tenerse 
mujr en cuenta, aun en los casos, pocos por 
cierto^ en que parecen en contradicción con 
los textos árabes: siguiendo la marcha que 
indicamos al escribir nuestro Discurso de recep- 
ción en la Real Academia de la Historia^ aprecia- 
mos en mucho los datos de los Cronicones y 
Necrologías de monasterios, al paso que pres- 
cindimos por completo de lo que digan res- 
pecto á un punto especial los historiadores 
generales 6 particulares desde el siglo xv en 
adelante, porque de las cosas árabes sabían 
casi siempre mujr poco j los encontramos 
disparatados con harta frecuencia, extravia- 
dos por las tradicciones locales; j como en 
general no citan las fuentes, no tenemos la 
pretensión de acertar á separar lo poco que 

Almorávides 



XVIII 

pueda haber de aceptable de lo mucho que 
indudablemente es disparatado. 

Y esto merece alguna explicación. Na 
hacemos á nuestros historiadores clásicos de 
los últimos siglos la ofensa de suponer que 
se fingieron los hechos relativos á los árabes; 
de ordinario sólo conocían nuestros Cronico- 
nes antiguos, que se esfuerzan en aclarar lu- 
chando con la escasez de datos: alguna vez se 
vislumbran en sus palabras trasuntos de tex- 
tos árabes mejor ó peor traducidos^; pero 
siempre resulta que muchas cosas evidente- 
mente están muj mal entendidas, incurrien- 
do casi todos ellos en muchos anacronismos 
é incongruencias manifiestas, de donde re- 
sulta que la mejor parte, ó muchas de las 
noticias, que se encuentran en nuestros his- 
toriadores particulares están tergiversadas: de 
aquí la gran desconfianza que tienen que 
inspirar las que no constan hoj por otro con- 
ducto, aun en el supuesto de que no estén 



4 Es casi seguro que varias obras ¿rabes, como 
la anónima de Alholal almauxla, que citamos m¿s de 
una vez, fueron traducidas al castellano, y probable- 
mente serían utilizadas por nuestros historiadores. 



XIX 



en contradicción con lo que se tiene por ave- 
riguado. 

Creo que las noticias de esta clase sólo 
podrán ser aquilatadas en su justo valor por 
algún arabista que estudie de un modo espe- 
cial la historia particular de la región ó po- 
blación á que se refiera; el escritor regional, 
como más enterado por lo común de los de- 
talles de todo género referentes á su región, 
está en mejores condiciones para apreciar 
bien pequeños detalles, j podrá dedicar su 
atención á investigar lo que pueda haber de 
Tardad en las tradiciones locales consignadas 
por nuestros historiadores de los siglos xvi j 
posteriores, porque para él tendrá gran im- 
portancia el aclarar un hecho más, aunque no 
la tenga para la historia general; pero cree- 
mos que siempre ha de ser tarea difícil, j 
casi imposible, si el crítico no es arabista. 

Aunque pueda parecer parcialidad de 
profesión j exagerada insistencia, me atrevo 
á recomendar mujr particularmente á cuantos 
se dediquen á estudios de Historia de Espa- 
ña, general ó particular, que en lo referente 
á los árabes, ó relaciones de éstos con los 



cristianos, no acepten hecho ni apreciación que 
no encuentren en los autores árabes, en los 
Cronicones antiguos 6 en los autores moder- 
noSy que no sean trasuntos más 6 menos di- 
rectos de Conde, como los hajr aún muchos. 
No tenemos la pretensión de que nuestra 
historia de este período sea completa j per- 
fecta, ni mucho menos: nos hemos limitada 
á exponer la historia externa, prescindiendo 
de la interna, 6 sea de las instituciones, cos- 
tumbres, comercio, industria é ideas del pue- 
blo musulmán español durante este período, 
no por principio j porque creamos que todas 
estas materias no son parte esencial de la 
historia, sino por ignorancia: de todo esto 
poco 6 nada sabemos, teniendo además la 
convicción de que nadie sabe mucho de ello, 
aunque habría medio de saber bastante, si 
alguien pudiera estudiar los muchos libros 
donde con seguridad se encontrarían noticias 
interesantes acerca de estos puntos, como son 
los libros de administración árabe, coleccio- 
nes de consultas de abogados ó alfaquíes tan 
notables como el Abenroxd, abuelo del filó- 
sofo Averroes, Abenijad j otros, de quienes 



XXI 

86 conserva j es muy apreciada una colec- 
ción de consultas en seis gruesos Yolúme- 
nea, j los libros de consejos acerca del modo 
de gobernarse en la vida j otros; pero por 
desgracia es de temer que tales libros tarden 
mucho en ser utilizados, dada la escasez de 

los arabistas j aun el poco estímulo que el 
público presta á estos estudios. 

Es tan grande la convicción que tenemos 
de que hoj no puede pensarse en escribir la 
historia de los árabes de España, que sólo 
cediendo algo á la opinión general, intenta- 
mos dar un bosquejo de la dominación árabe 
en sus diferentes períodos: por nuestra parte 
creemos más útil al progreso de la historia 
patria la publicación de los datos que hubié- 
ramos podido reunir^ j había pensado poder 
publicar como Aparato histórico la colección 
de papeletas que tenemos hechas, en cuja 
publicación hubiéramos discutido los datos 
que tenemos anotados referentes á cada suce- 
so, sin tratar de llenar lagunas ni de aclarar 
á todo trance los hechos de los que hajr pocos 
datos; pero esto nos comprometía ante el pú- 
blico á un trabajo superior á nuestros medios. 



XXII 

Una publicación de esta índole tendría la 
ventaja de que en ella cabe perfectamente la 
diferencia de extensión en los detalles: se 
darían las noticias como se tuvieran: á veces 
de sucesos muj importantes no haj más no- 
ticia que una línea, j otros de escaso interés 
<5 que sólo lo tienen para la historia local, 
están narrados de un modo muj minucioso: 
de éstos hay que prescindir en narración se- 
guida, exponiéndose el autor en otro caso á 
dar importancia á lo que no la tiene: es se- 
guro que nuestro plan predilecto no hubiera 
sido del agrado del público: es muj posible 
que tampoco le agrade lo que hacemos j que 
no consigamos ni aun la escasa acogida ne- 
cesaria para poder continuar la presente Co- 
lección, con la cual aspiramos á difundir un 
poco entre nosotros el conocimiento de nues- 
tra historia árabe, ó al menos á desterrar de 
ella errores, que pasan como verdades san- 
cionadas por asentimiento de los historia- 
dores. 

Las mismas causas que nos movieron de 
un modo especial al estudio de la historia de 
este período, nos han movido á reunir con 



XXIII 

^especial empeño datos para estudiar el perío- 
do histórico entre Almohades j Benimerines; 
pues también existen de él monedas difíciles 
de explicar^ por referirse á hechos poco 6 
nada conocidos: seguiremos reuniendo cuan- 
tos datos nos sea posible, por si podemos 
ilustrar con ellos nuestra historia árabe en 
sus diferentes períodos: para el trabajo de 
estudio no necesitamos estímulo alguno, ni 
protección de nadie, sino facilidades de par- 
te de quien posea documentos árabes de cual- 
quier género: pero como el trabajo de redac- 
ción, aun después de reunidos los datos, nos 
cansa mucho, j satisface poco, por no tener 
la ilusión de hacerlo bien, es muj posible 
que nos coja la pereza por el cansancio inhe- 
rente al disgusto en la redacción j quede la 
tarea para que la lleve á cabo otro, quizá 
alguno de nuestros arabistas que quiera apro- 
vechar nuestras numerosas papeletas, lega- 
das al predilecto de nuestros discípulos, 
quien con seguridad, siguiendo las tradicio- 
nes del insigne restaurador de los estudios 
arábigos en España, que figura al frente del 
primer tomo de esta Colección, las comuni- 



XXIV 

cara generosamente á cuantos estén en con- 
diciones de aprovecharlas. 

Transcripción, En éste, como en los de- 
más tomos de la Colección, seguimos el siste- 
ma de transcripción expuesto en el primer 
tomo de la misma por el Sr. D. Eduarda 
Saavedra; pero para este tomo j los demáa 
que puedan seguir de la misma índole, ne- 
cesitamos hacer alguna aclaración. 

En obras históricas árabes hajr que hacer 
mención de muchos nombres propios, no 
sólo desconocidos por completo de nuestros 
autores hispano-cristianos, sino apenas cita- 
dos más que por uno ó dos autores árabes de 
los conocidos hasta hoy, resultando con harta 
frecuencia que un autor lo cita de un modo 
j otro de otro modo: no es esto sólo, sino que 
por la índole de la escritura árabe, de muchoa 
nombres propios no constan las vocales, ni 
haj medio de averiguarlo, cuando el nombre 
propio no es de procedencia árabe, como su- 
cede en muchos casos en nuestra historia; por 
tanto no hay medio de averiguar ni de un 
modo aproximado cual fuera la pronuncia- 
ción de tal nombre; de aquí que, no sienda 



XXV 

posible en obras de esta clase, poner sólo las 
consonantes, como quizá debiera hacerse, les 
bajamos supuesto, casi á ciegas, vocales de- 
terminadas^ j hemos transcrito el nombre en 
virtud de esta supuesta vocalización; j como 
para ésta apenas teníamos fundamento algu- 
no, nada tendrá de extraño que el mismo 
nombre resulte transcrito de diferente modo. 

Fechas. Como la narración está tomada 
casi siempre de los autores árabes, ofrecía 
graves dificultades el poner siempre la co- 
rrespondencia cronológica nuestra, prescin- 
diendo de la árabe, j por eso de ordinario he- 
mos consignado ésta, aunque poniendo casi 
siempre la correspondencia con la nuestra. 

Cuando los autores árabes fijan año j día 
del mes, es fácil j hubiera sido mejor^ si 
estos detalles se fijaran siempre, el poner só- 
lo la fecha en nuestro cómputo: pero cuando 
no citan el día del mes árabe, ó sólo citan el 
año, sería muy vago poner la fecha en nues- 
tro cómputo, pues casi siempre el año árabe 
corresponde á parte de dos nuestros, j hu- 
biera sido preciso siempre que se hace men- 
ción del año 540, por ejemplo, decir desde 



XXVI 

24 de Junio de 1Í45 á 42 de Junio de 4146, y 
lo mismo respectivamente cuando se cita el 
mes, pero no el día, ja que el mes árabe casi 
siempre corresponde á parte de dos meses 
nuestros. 

Como no siempre hemos puesto la co- 
rrespondencia al citar fechas, que se repiten 
mucho, j en el cuadro cronológico que po- 
nemos al fín, no cabía tampoco hacerlo por 
las razones indicadas, nos parece oportuno 
poner á continuación los nombres de los 
meses árabes j el cuadro de los principios 
de los años árabes, que abarca este estudio, 
previas unas indicaciones cronológicas res- 
pecto al cómputo mahometano: con esto po- 
drá el lector comprobar las correspondencias 
anotadas en el texto, que pueden estar equi- 
Yocadas j no bajamos corregido. 

Francisco Codera. 

Madrid, 11 de Mayo de 1899. 



XXVII 



CÓMPUTO ÁRABE • 

Los musulmanes cueatan sus fechas por 
su Era, llamada Bégira (huida) por la fuga 
de Mahoma de la Meca á Medina en la no- 
che del jueves 15 de Julio del año 622 de 
J. C; la Era, sin embargo^ comienza á con- 
tarse el día 16, aunque no pocos han creído 
que comenzó el 15, j esta es la causa de que 
haja diferencia de un día en las fachas con 
relación á nuestra Era según el cómputo 
que ha ja servido de punto de partida ^. 

El año para los musulmanes consta de 12 
meses lunares de 30 j 29 días alternativa- 
mente; pero como el año lunar, ó las doce 



4 De nuestro Frfi/at/o de Xamii^mátira Arábino- 
«jv/HiMo/'j, pág. ¿83. 

5 Las tablas de correspondencia que publicó 
Masdeu en el tomo XIV de su Historia rritica ile Espa- 
ña y de h Cnliura etpaíiola, están calculadtts de este 
modo, año por año y mes por mes, comenzando el 45 
de Julio del año 623, do modo que según el computo 

Seoeralniente seguido hoy, hay siempre la diferencia 
e un día en el principio de un mes, como lo consig- 
na Masdeu o como lo pone Wustenfeld (\yer(¡leirhini{¡s- 
Tühellen der Muhammedaj\iv'hen und Cliristlirheu Zeit- 
rerhiiutuf, nach dem crsten Tage jedes Muhammeda- 
nischen Monats berechnet... herausgegeben von Pr. 
Ferdinand Wtisteufeld, Leipzig, 1854.) 



XXVIII 

lunaciones hacen 354 días, 8 horas, 48' 45^ j 
30^^, haj necesidad de intercalar un día cada 
dos 6 tres años, para que resulte, ya que no 
exactitud matemática, aproximada: el día se 
añade al último mes, que tiene 29 días j 30 
cuando es intercalar: en cada ciclo de 30 
años son intercalares los años 2, 5, 1, 10, 13, 
16, 18, 21, 24, 26 y 29, comenzando el ciclo 
con el primer año de la hégira. 

Siendo el año musulmán de 354 6 355 
días, es claro que no puede guardar relación 
constante con nuestros años, que son 11 
días más largos j por consiguiente el co- 
mienzo del año árabe tiene que adelantar 11 
días de un año á otro con relación al nues- 
tro; pero como aun esto no es completamente 
uniforme, pues hay que tener en cuenta la 
existencia de nuestros años bisiestos, y la 
diferencia puede ser de 10, 11 ó 12 días, re- 
sulta una gran complicación que los cronó- 
logos han salvado formando tablas, que se- 
ñalan el primer día de cada año musulmán 
con relación al nuestro. 

De esta tabla ponemos á continuación la 
parte correspondiente al período comprendí- 



do en este libro, advirtiendo respecto á su 
uso, que sólo se indica el primer día de cada 
año de la hégira: los números de la cuarta co- 
lumna indican el día de la semana, tenien- 
do en cuenta que los árabes llaman al domin- 
go, dia primero, al lunes, día segundo, etc. j 
aunque al viernes j sábado llaman respectiva- 
mente dia de la reunión j sabat, se indican 
con los números 6 y 7: en la primera colum- 
na los años intercalares van marcados con 
la letra B. 

Los nombres de los meses son: 1.*" ^j^^"^ 

Moharrem—2.'' jÁ^ Sa/or,— 3." J.^^ ^^j 



o • v\ 



^^ 



Rehi el primero, — 4.**j.si-- ^^^j ñebi el pos- 



(Tero *, — 5." Jj"^ ^^Ld^ Chumada el primero, 
6.** j^^ ^^[.^ Chumada el postrero, — 7.° 
s^^^^jRacheb, — 8.** ./-^xi» Xabán, — ^•°ij^^'^ 
Bamadán,— 10, "" Jy. Xaual,— 11,' jJ^K)! J 
Ihtleada j 12." i^ar^t j^ Dulhicha, 



4 Cuando citamos este mes en el texto, lo he- 
mos llamado Hebia siguiendo una práctica, quizá algo 
general, poro no justiíicada: advertido el error, evita- 
mos repetirlo en el decurso de la impresión. 



TABLA 



Año de 




la 




hégira. 


Año. 


500 


fl06 


501 B. 


1107 


502 


1108 


503 


1109 


504 B. 


1140 


505 


1111 


506 B. 


1112 


507 


1113 


508 


1114 


5C9 B. 


1115 


510 


1416 


511 


1117 


512 B. 


4118 


513 


1119 


514 


1120 


515 B. 


1121 


516 


1122 


517 B. 


1123 


518 


1124 


519 


4125 


520 B. 


4126 


521 


1127 


522 


4128 


523 B. 


4128 


524 


1129 


525 


1130 


526 B. 


1131 


527 


443ÍÍ 


528 B. 


4133 


529 


113^ 


530 


4135 


531 B. 


4136 


532 


1437 


533 


4438 


534 B. 


4439 


535 


4440 


536 B. 


4444 


537 


4142 



ERA CRISTIANA 




2 Setiembre . 
2i Agosto. . . 
44 Agosto. . . 
34 Julio.. . . 
20 Julio.. . . 
40 Julio.. . . 

28 Junio. . . 

48 Junio. . . 
7 Junio. . . 

27 Mayo . . . 

46 Mayo . . . 

5 Mayo. . . 

24 Abril . . . 

44 Abril . . . 
2 Abril . . . 

22 Marzo. . . 
42 Marzo. . . 

4 Marzo. . . 

49 Febrero . . 

7 Febrero . , 

27 Enero. . . 
17 Enero. . . 

6 Enero. . . 

25 Diciembre. 

45 Diciembre . 
4 Diciembre . 

23 Noviembre. 
42 Noviembre. 

4 Noviembre. 
22 Octubre. . 
44 Octubre. . 

29 Setiembre . 
49 Setiembre . 

8 Setiembre . 

28 Agosto. . . 

47 Agosto. . . 
6 Agosto. . . 

27 Julio.. . . 



4 



5 



3 

7 
4 

& 

4 

4 

5 

3 

7 

4 

2 

6 

3 

4 

5 

3 

7 

4 

2 

6 

3 

4 

5 

2 

7 

4 

2 

6 

3 

4 

5 

2 

7 

4 

2 



Oclubre . . 
Octubre. . 

Retipinbre , 




REINADO DE YUSUF 



La dinastía de los Almorávides, cajo 
fundador Yúsuf, hijo de Texufín, había sido 
llamado por los rejes de Taifas, príucipal- 
meate por Almotamid de Sevilla ; Almota- 
Tiqnil de Badajoz, para contrarrestar i laa 
«nnas victoriosas de Alfonso VI, que amena- 
Eaba acabar con el dominio da los muslimes 
españoles, si en los primeros momentos con- 
tuvo al conquistador de Toledo, humillán- 
dole el 23 de Octubre de 1086 en la baU- 
lla de Zalaca (I), pronto empleiJ sus fuerzas 



— 2 — 

en contra de los reyes, que con imprudencia 
suma habían llamado en su auxilio unas gen» 
tes que, cual previera Ismail Arraxid, Prín- 
cipe heredero del rey de Sevilla^ se habían 
de convertir en terribles enemigos, que los- 
despojaran de sus estados. 

Fortuna fué para los cristianos el que 
Yúsuf, vencedor en Zalaca^ recibiera á se- 
guida la noticia de la muerte de su hijo el 
Príncipe heredero Abubéquer Sir, j hubiera 
de volverse á Marruecos, abandonando la idea 
de perseguir al derrotado ejército cristiano, 
j de obtener el fruto que pudiera prometerse 
de tan brillante victoria, apoderándose de 
Toledo, idea que parecía natural, j que^ sin 
embargo, no consta que Túsuf llegara á abri- 
gar en su mente de un modo concreto, si 
bien los autores árabes indican que, á no 
ocurrir la muerte de su hijo, Yúsuf no hu- 
biera abandonado inmediatamente el país de 
Alandalus. Aunque los autores afirman que 
la derrota sufrida por Alfonso VI fué terri- 
ble^ j que á duras penas pudo escapar con 
muy poca gente, su poder no quedó tan que* 
brantado como se supone, ja que muj pronta 



r 



— 3 — 

estuYO en condiciones de tomar la ofensiva; 
pero la fortuna ja le fué siempre adversa. 

Vuelto Yúsuf á Marruecos, pronto pudo 
Alfonso rehacerse, j los Príncipes andaluces 
hubieron de llamar de nuevo al almoravid,. 
el cual viene á España por segunda (2) vez j 
sitia el fuerte castillo de Aledo entre Lorca 
j Murcia, desde donde valientes guerreros 
de Castilla molestaban con incursiones las 
comarcas pertenecientes al dominio del reina 
de Sevilla: Túsuf permanece cuatro meses 
en el sitio, al cabo de los cuales^ disgustado 
ja de los Príncipes españoles, al acercarse 
Alfonso en auxilio de los pocos guerreros 
que quedaban en Aledo, se retira á Almería 
por Lorca, j desde allí se embarca para Ma- 
rruecos, con el propósito, sin duda, de ir 
preparando las cosas para apoderarse de la 
España musulmana, idea que comienza á 
realizar personalmente en su tercera venida, 
en el año 483 (6 de Marzo de 1090 á 22 de 
Febrero de 1091), destronando al rej de Gra- 
nada^ Abdala, después de un sitio de dos 
meses, j luego á su hermano Temim, rej de 
Málaga. 



— 4 — 

Vuelto Yúsuf á Marruecos, dispone las 
cosas para apoderarse de los demás reinos 
musulmanes, menos del de Zaragoza^ enco- 
mendando estas empresas á varios de bus ge- 
nerales, que sucesivamente se van apoderan- 
do, sin gran resistencia^ de los reinos de Se- 
villa, Badajoz^ Almería j del oriente de la 
península, respetando la independencia de 
Almostaín II de Zaragoza, fuera por las re- 
laciones especiales que entre ambos media- 
})an, fuera por la idea^ que recomendó á su 
hijo Alí {S), de que el territorio de los Be-- 
nihud sirviera como muro de separación entre 
•el dominio de los cristianos j el de los al- 
morávides. 



— 5 — 



REINADO DE ALI 

A primeros de Moharrem del año 500 (4) 
(2 de Septiembre de 1106) muere Yúsuf 
deqpués de un reinado de 47 años j 100 de 
TÍda, según algunos autores^ j le sucede su 
hijo menor Alí, proclamado Principe heredero 
en los últimos años del reinado de su padre. 

Alí^ hijo de Yúsuf j de una esclava cris- 
tiana (5) (probablemente española), tenía 23 
años cuando subió al trono, j en su largo 
reinado hubo de ser testigo del mayor es- 
plendor á que llegó el imperio de los almo- 
rayides (6), j hubo de ver su casi completa 
ruina, teniendo que declararse impotente 
para ajudar á los musulmanes españoles 
contra los ataques de tres Alfonsos, del jo- 
ven Alfonso YII, que en el año 1126 sucedía 
á su madre D.* Urraca en el trono de Casti- 
lla S de Alfonso de Portugal, que en el año 



4 Alfonso VII subió al trono el día 8 de Marzo 
del año 4426 por muerte de su madre D.* Urraca. (Flo- 
res. Esp. Sag. tomo XXI, p6g. 343.) 



— 6 — 

anterior se había armado caballero á la edad 
de 14 años, j de Alfonso el Batallador^ qae 
por este mismo tiempo paseaba sos yictorio- 
sas huestes por toda la Andalucía: pero hay 
que confesar^ que el abatimiento del poder 
almoravid no se debe sino en pequeña parte 
al esfuerzo de los guerreros cristianos: débese 
casi por completo á los almohades, que con 
Abdelmumen lanzan contra los almorávides 
numerosas huestes fanatizadas con el entu- 
siasmo de verdaderos neófitos. 

Instalado Alí en el trono, j después de 
someter á la obediencia á su sobrino Yahja, 
hijo de su hermano Abubéquer (Sir?), que se 
había negado á reconocerle en Fez^ pasa á 
Alandalus, á fines del mismo año 500, con* 
objeto de ordenar las cosas del gobierno, j 
probablemente con el de iniciar las campañas 
que, 6 personalmente (7), 6 bajo la dirección 
de sus parientes j generales, hizo durante 
casi todo su reinado, con próspera fortuna 
algunas, con dudosa otras, j sin que nunca 
obtuviera un resultado práctico importante, 
aun de las dos más notables en que mueren 
los Príncipes cristianos que las mandan, co- 



— 7 — 

mo son la batalla de Uclés, en la que muere 
«1 Infante. D. Sancho, hijo de Alfonso VI, j 
la de Fraga, donde es derrotado j quizá he- 
rido de muerte D. Alfonso el Batallador. 

En los primeros años del reinado de Alí, 
los diferei|tes estados cristianos estaban en 
condiciones muy diferentes para sostener el 
prestigio de las armas contra las incursiones 
de los almorayides, entonces en su major 
pujanza: Castilla estaba gobernada por el an- 
•ciano j achacoso Alfonso VI, que muere muj 
pronto, sentándose en el trono de Castilla su 
hija D.* Urraca; en el occidente, el nuevo 
condado de Portugal estaba regido por la 
Infanta D.* Teresa, viuda de Enrique de 
Borgoña; los estados orientales, Aragón v 
Cataluña, estaban en condiciones muy dife- 
rentes: ambos estaban gobernados por prín- 
cipes esforzados j en la plenitud de su vigor, 
Alfonso, llamado el Batallador, j Ramón 
Berenguer III, Conde de Barcelona: si á esto 
se agrega que la frontera de los almorávides 
con Castilla j Portugal era mucho más ex- 
tensa que con Aragón j Cataluña, no causará 
extrañeza el ver que los almorávides empren- 



— 8 — 

den menos incursiones contra estos estados^ 
que contra los dos primeros. 

Entre Castilla j Portugal j los almorá- 
vides puede asegurarse que en este período- 
la guerra fué constante, llevándose á cabo 
incursiones por una j otra parte, quizá todos 
los años, aunque ni por los autores árabes ni 
por los cristianos tengamos noticias concre- 
tas sino de muj pocas relativamente. 

Habiendo venido Alí á Alandalus á fínes- 
del año 500, al regresar á su país, di6 el 
mando de los ejércitos muslimes de España á 
su hermano Temim, que hasta entonces había 
estado de emir en Marruecos, j le estableció 
en Granada, que parece ser en este tiempo 
el asiento del gobierno de los almorávides en 
la península; así que en Granada veremos 
que también se establece Texufín, hijo de 
Alí^ j sucesor de su tío Temim en el gobier- 
no general de España. 

Temim, á los pocos meses de haberse 
encargado del gobierno de la España musul- 
mana, reunió un numeroso ejército j al fren- 
te del mismo se dirigió á Uclés, ciudad que 
sitió j tomó á viva fuerza, teniendo la guar- 



— 9 — 

nicitfn qae retirarse á la alcazaba, en la que 
opuso resistencia: llegada á oídos de Alfon- 
so VI la nueva del ataque, por indicaciones 
de su esposa, al decir de los cronistas, desiste 
de ir al frente de la expedición que se pro- 
ponía enviaren auxilio de los sitiados, y envía 
en su lugar á su hijo Sancho^ joven de pocos 
años, que acababa de ser armado caballero: 
como es consiguiente, el joven príncipe no 
era el jefe efectivo del ejército cristiano: avis- 
tados cerca de Uclés, los almorávides man- 
dados por Temim, j los cristianos por el 
Infante D. Sancho, el almoravid intenta le- 
vantar el sitio; pero los jefes le contienen j, 
trabada la batalla, sin que Temim desistiera 
de su propósito, que no tuvo ocasión de reali- 
zar, son vencidos los cristianos con muerte 
del Infante D. Sancho, de siete Condes (por 
lo que se llamó la Batalla de los Siete Condes) j 
23.000 cristianos, según el autor del Cartas, 
que confiesa el martirio de muchos muslimes, 
lo cual indica que la victoria fué muj dispu- 
tada: añade este autor que D. Alfonso murió 
de pesar á los 20 días; mas en esto no está 
bien informado: la Batalla de Uclés, llamada 



— 10 — 

también de los Siete Condes, tuyo lugar el 30 de 
Mayo del año 1108 (8) (17 de Xaual de 501). 

Para algunos historiadores, la derrota de 
Uclés no podía quedar sin reparación inme- 
diata, j suponemos que á ellos 6 á la fanta- 
sía popular se deba la reunión de numeroso 
ejército gallego, al mando del obispo Gelmí- 
rez^ con el que se refuerza el de León, que 
sale en busca del enemigo, el cual no se atre- 
vió á esperarle *. 

No veinte días, como dice el autor del 
Cartas, sino poco más de un año había trans- 
currido después de la batalla de Uclés, cuan- 
do el miércoles 30 de Junio de 1109 bajaba 
al sepulcro el anciano conquistador de Tole- 
do^ sucediéndole en el reino de Castilla su 
hija D.^ Urraca, la cual ocupa el trono des- 
de I."" de Julio de 1109 á 8 de Marzo de 
1126 2. 

Era natural que, en tales circunstancias, 
los almorávides intentaran rechazar de sus 



4 Sánchez Casado en sus Elementos de Historia 
Je España, pág. 284, admite esta versión, de la que no 
encuentro indicio en los autores antiguos. 

2 Flórez, España Sagrada, to. XXI, pág. 313. 



— 11 — 

fronteras á los cristianos^ haciéndolos retro- 
ceder hasta el Duero; pero aunque vino Alí 
con numeroso ejército en el año 503 (de 31 
de Julio de 1109 á 20 de Julio de 1110) j 
devastó la comarca de Toledo^ tomando va- 
rios castillos, entre otros, Madrid j Guadala- 
jara, después de sitiar la capital durante un 
mes, hubo de regresar á Córdoba, sin haber 
conseguido su intento ^. 

Con la expedición de Talayera é incur- 
sión en tierra de Toledo, había Alí quebran- 
tado las fuerzas de Castilla j necesitaba em- 
prender alguna contra el naciente condado 
de Portugal: la empresa fué encomendada al 
emir Sir, hijo de Abubéquer, quien en el año 
504 se apodera de Santarén, Badajoz, Portu- 
cal (Oporto), Evora j Lisboa (9). 

En los años siguientes se repiten, casi de 
un modo normal^ las expediciones de una j 
otra parte, siendo siempre Toledo el blanco 
de los almo ra vides, pero sin que nunca lle- 
garan á conseguir su objeto. 



4 Véanse los detalles y discusión de esta cam* 
paña en la ilustración núm. 7. 



— 12 — 

Artíttúm Tudela, Zaragoza, Caianda. 

Si las armas cristianas del centro j occi- 
dente, Castilla j Portugal, hacían no poca 
con sostenerse contra los musulmanes^ en 
oriente, Aragón j Cataluña, eran por de pron- 
to más afortunadas, pues Alfonso el Batalla- 
dor mata en Yaltierra al rey de Zaragoza Al- 
mostain II, el 24 de Enero de 1110 (10); más 
adelante sitia á Zaragoza, j después de ale- 
jar de sus muros al pusilánime Temim ^ el 
héroe por fuerza de Uclés, hermano de Alí^ 
se apodera en 512 de Zaragoza (II), de donde 
los naturales, ayudados de los almorayides, 
habían echado al último rej de la dinastía 
de los Benihud, Abdelmélic Imadodaula (12), 
que hubo de refugiarse en Rueda, último 
baluarte del reino de Zaragoza (13). 

No conformándose los almorávides con la 
pérdida de Zaragoza, que apenas había esta- 



4 De este hecho de nuestra historia de Aragón^ 
no comprobado antes por los autores árabes, traté en 
el tomo XXXlI,pág. 103, del Boletín de la Real Acade- 
mia de la Historia. 



— 13 — 

do en sa poder naeve años, intentan reco- 
brarla, enviando un ejército á su conquista; 
pero Alfonso sale al encuentro al Príncipe 
Ibrahim, hermano del Sultán Alí, j obtiene 
en Gutanda una brillante victoria, que de- 
bió de ser muj sentida por los musulmanes, 
quienes, al mencionar el año 514, recuerdan 
con frecuencia la célebre derrota, haciendo 
referencia de algunos de los célebres alfa- 
quíes que en ella murieron (14). 

# 

Expedieión á AndalueUi 

Gomo consecuencia de la toma de Zara- 
goza, 6 de un modo más inmediato, de la 
victoria de Gutanda, D. Alfonso conquista 
en poco tiempo á Tarazona, Alagén, Epila, 
Riela, Borja^ Magallón, Mallén, Calatajud, 
Bubierca, Ariza j Medinaceli, j por oriente 
Daroca j Monreal, que fortifica como ame- 
naza j defensa contra los moros de Valencia. 

Apenas transcurridos siete años desde la 
toma de Zaragoza, Alfonso emprende una 
expedición, que pudiera tacharse de caballe- 
r^BCB, j cu JO objeto desconoceríamos por 



— 14 — 

completo á no ser por los autores árabes, al- 
guno de los cuales nos da bastantes deta- 
lles ^ 

Los mozárabes de Granada, de acuerdo 
probablemente con los de otros puntos^ pi- 
den con insistencia la protección de Alfonso, 
quien, después de largas negociaciones, re- 
unido un brillante ejército de 4.000 caballe- 
ros, sale de Zaragoza á principios de Septiem- 
bre de 1125 sin manifestar el objeto de la 
expedición: pasando por cerca de Valencia, 
Alcira, Denia j Murcia, llega en Diciembre á 
Guadix, que ataca sin resultado; el 8 de Ene- 
ro llega á la vista de Granada, de la que no 
puede apoderarse j, después de un combate 
en sus inmediaciones, levanta el campamen- 
to, no sin haberse quejado al jefe de los mo- 
zárabes de haberle comprometido á una em- 
presa temeraria é inútil, de los cuales cargos 
pude éste sincerarse muj bien diciendo que 
la culpa era del mismo Alfonso, por haberse 

4 Véase Dozy, ñecherche» «ur Vhisloire.., II.* edi- 
ción, to. 4, pág. 342 y III.' edíc, to. 4, pág. 348, á quien 
seguimos en este punto, acerca del cual nada impor- 
tante hemos encontrado que no haya aprovechado el 
sabio profesor de Leiden. 



— 15 — 

detenido tanto en las primeras etapas, dando 
tiempo á que los almorávides se prepararan: 
moleslado frecuentemente por el ejército 
granadino á las órdenes del Príncipe Temim, 
Alfonso se dirige á Córdoba, pasando por 
Laque, Baena, Ecija j Cabra, deteniéndose 
en Arinsol, cerca de Lucena, donde, atacado 
por los almorávides, que obtuvieron alguna 
▼enteja al principio, hubo de organizar las 
huestes para una batalla formal: como los 
almorávides estaban desordenados j poco 
prevenidos, Alfonso consiguió una brillante 
victoria, que se hizo major por la imprevi- 
sión ó cobardía del Príncipe Temim, el cual, 
con hacer trasladar su tienda durante la no- 
che, infundió sospechas en los sujos j cun- 
dió tanto el pánico, que una gran parte hu- 
yeron á la desbandada: la batalla de Arinsol 
ocurrió el 9 de Marzo de 1126 ^ 



4 Los Anales Toledanos dan cuenta de esta ba- 
talla con estas palabras: «Entró el Rey de Aragón con 
gran hocste en tierra de Moros, ó lidió é venció á XI 
Reyes de Moros en Aranzuel, Era 1161.» La Era está 
equivocada, por culpa sin duda de los manuscritos: 
los XI reyes moros han de entenderse jefes ó magna- 
tea ó generales. 



— 16 — 

D. Alfonso no pudo aprovecliarse de la 
yictoria, por no tener elementos para apo- 
derarse de Córdoba, j desde Arinsol se diri- 
gió á la costa de Salobreña, atravesando las 
Alpujarras; allí comió pescado que hizo co- 
ger en el mar; j luego se volvió casi por el 
mismo camino. 

Quince meses invirtió en la expedición, 
durante la cual hubo de librar muchos com- 
bates parciales; con esto j la peste perdió 
muchos de sus caballeros, j si bien recogió 
mucho botín é hizo mucho daño al enemigo, 
no pudo conseguir apoderarse de ninguna 
población importante. 

La situación de los mozárabes se agravó 
por efecto de esta expedición, pues entera- 
dos los almorávides de su connivencia con 
D. Alfonso, el cadí de Córdoba Abulualid 
hijo de Roxd (abuelo de Averroes), se tras- 
ladó á Marruecos para conferenciar con Alí, 
j éste decretó la expulsión de los mozárabes, 
los cuales en gran parte fueron trasladados á 
Marruecos: muchos, previendo esto^ se ha- 
bían unido al ejército de D. Alfonso j se 
habían trasladado á Valencia. 



17 



Batalla de Fraila 

Ocho años habían pasado desde la expe- 
-dición á Andalucía, cuando Alfonso el Bata- 
llador se apoderaba de Mequinenza tras san- 
grienta matanza 6 castigo j sitiaba á Fraga, 
cuja guarnición estaba á punto de sucum- 
bir, cuando los sitiados recibieron opor- 
tuno j eñcaz auxilio, que Saad Abenmerda- 
nix había pedido al gobernador general de 
la España musulmana, el Príncipe Texufín: 
desde Córdoba envió éste un gran convoy j 
mil ginetes á las órdenes de Azobéir, hijo de 
Amru, (el Azuel de nuestras crónicas); el 
gobernador de Murcia j Valencia, Yahja 
Abengania (Abengania de nuestras cróni- 
cas), reúne 500 ginetes y se incorpora con las 
tropas de Córdoba, de cu jo mando debió de 
encargarse * lo mismo que de los 200 ginetes 



i El texto p<roco atribuir el mando a Azobóir, 
pero otros textos indican la superior categuria do 
Abongania, á quien se atribuye la gluria de la cam- 
paña. 

Almorávides 2 



— 18 — 

que aportó el gobernador de Lérida Abdal» 
Abenijad. 

Al acercarse á Fraga^ Abeogania orga- 
niza su hueste poniendo en la vanguardia 
las tropas de Lérida á las órdenes de Abeni— 
jad; él ocupa el centro con las de Murcia, j 
en la retaguardia deja á Azobéir, protegiendo 
el convoy. 

En la mañana del 17 de Julio de 1134 
(15), el ejército sitiador ve llegar al auxiliar^ 
j Alfonso, que había licenciado parte de sus- 
fuerzas, contando sin duda con que el de 
Lérida acometía con solas las sujas, le des- 
precia, y envía contra él un grueso destaca- 
mentó á recibir el regalo que, según dice el 
autor, les enviaban los musulmanes: Abeni- 
jad acomete con brío al destacamento cris- 
tiano, al que consigue romper j desordenar, 
haciendo en ellos gran matanza: acude en 
su auxilio el mismo Alfonso con todas sus 
tropas, confiado en su número j bravura, 
pero llega al mismo tiempo el centro del 
ejército á las inmediatas órdenes de Aben- 
gania, y se traba un terrible combate gene- 
ral, en el que toman parte todas las fuerzas- 



— 19 — 

de uno j otro bando: en el acto, los sitiados 
80 enteran de que llega el convoj ^, j salen 
de la ciudad hombres y mujeres^ grandes j 
pequeños, y acometen el campamento: loa 
hombres matan á cuantos encuentran y las 
mujeres roban cuanto hallan: Alfonso j Aben- 
gania entre tanto luchaban tenazmente, lle- 
vando ja la peor parte los cristianos de Al- 
fonso» quien al llegar la retaguardia á las 
órdenes de Azobéir con sus tropas de refres- 
co, se retira con las pocas fuerzas que le que- 
dan, marchando á Zaragoza, según el autor: 
el rejr de Aragón al ver los muchos que ha- 
bían muerto, á los veinte días murió de 
pesar. 

La derrota de Fraga, uo tanto por tu pro- 
pia importancia, como por la muerte de don 
Alfonso (que si no sobrevino á los 20 días, 
tardó poco en acaecer), fué de gran transcen- 
dencia para Aragón, pues por la muerte de 
D. Alfonso y por su extraño testamento en- 
contróse el reino al borde del abismo, del que 



4 Abenaljulib, Ms. do Ar}íel, foi. 106 ilo nues- 
tra copia. 



— 20 — 

«61o la prudencia y buen sentido del pueblo 
pudieron salvarle. 

liOfli almorairldefli en Cátala ¡la: batalla 
de Martorell (16). 

Hacia el mes de Junio del año 1114 salía 
de Zaragoza una expedición mandada por su 
gobernador Abuabdala Mohámed Abenal- 
hacb, quien ja antes, siendo gobernador de 
Valencia, había hecho muchas incursiones 
en el país de los cristianos: reunidos, quizá 
en Lérida, Abenalhach j el Príncipe Abuab- 
dala vulgarmente conocido por Abenaixa, 
hermano del sultán Alí, pasan por Gervera y 
llegan hasta Barcelona, desolando el país y 
cogiendo ricos despojos; Abenalhach, jefe 
efectivo sin duda de lu expedición, envía el 
botín por una parte, por el camino grande 
(vía romana?), mientras toma él otra dirección 
por un camino próximo al país de los mus- 
limes, por terreno quebrado, á propósito 
para sorpresas del enemigo, pues necesaria- 
mente había que pasar por un ¿estrecho? (ca- 
nal): cuando se hubo internado en él, encon- 



— 21 — 

tróse con los cristianos, que habían preparado 
una emboscada en uno de sus lados. Aben- 
alhach j los capitanes que le acompañaban, 
pelearon con los cristianos con el denuedo 
de quien está seguro de la muerte y de al- 
canzar el martirio, ja que no había quien 
les pudiera librar, pues la mayor parte de la 
gente iba con el botíu. Abenalhach murió 
mártir con multitud de voluntarios, salván- 
dose con muy pocos el Príncipe, jefe ¿hono- 
rario? de la expedición, Mohámed Abenaixa ^. 
En cuanto Alí tuvo noticia de la derrota, 
entristecido por la muerte de Abenalhach j 
del esiado mental de su hermano el Príncipe 



I El Príncipe Abuobdala conocido por Abenaixa 
fué nombrado gobernador por su padre Yúsuf al 
principio de la dominación de los almorávides en 
España: no había capitán más valienle y solícito por 
las cosas do la religión, ni más cuidadoso en la obe- 
diencia: tuvo muchos encuentros con los cristianos 
y él fué quien conquistó el castillo do Aledo: á con- 
secuencia de la expedición de Barcelona en la que 
murió mártir Abuabdala, Abenalhach se volvió loco 
(enfermo su in'eligencia en su pecho) y no lardó en 
quedarse ciego ó ¿idiota?, por lo que su hermano Alí 
lo llamo, y nombro en su lugar á su otro hermano 
Ibrahim (Bibl. Ar. bis. IV, pág. 5o). 



— 22 — 

Abenaixa, nombró, para reemplazar á éste, á 
su cuñado Abubéquer hijo de Ibrahim Aben- 
teflut? (17), que era gobernador de Murcia; 
éste inmediatamente de recibir su nombra- 
miento de gobernador de Valencia^ Tortosa 
j sus dependencias^ salió para Valencia^ don- 
de se le unieron las tropas que allí había^ j 
con ellas contiouó su marcha hasta Barcelo- 
na, á la que¡[sitió durante 20 días, talando j 
saqueando sus alrededores: habiendo llegado 
(probablemente desde Mallorca) D. Ramón 
Berenguer con las tropas del llano de Barce- 
lona j del país de Narbona, trabóse entre 
ambos ejércitos un sangriento combate, en 
el que murieron muchos cristianos, no sin 
que sufrieran el martirio cerca de setecien- 
tos muslimes. 

Portugal y Castilla 

Tocaba á su leí mino la debilidad relativa 
de Portugal y Castilla; pues en el año 1125 
de J. G. (518 y 519 de la hégira), el ínclito 
Infante D. Alfonso, hijo del Conde D. Enri- 
que y de la Infanta D.* Teresa, hija de Al- 



— 23 — 

€on£0 VI, se arma caballero á la edad de 14 
afios, j en Castilla, muerta la Reina doña 
Urraca el 8 de Marzo de 1126, le sucede en 
el trono su hijo Alfonso, que había de tomar 
j llevar con gloria el título de Emperador. 

Casi por el mismo tiempo, en que los 
-reinos de Castilla j Portugal con sus jóvenes 
_j valientes Alfonsos entraban en condiciones 
no sólo de resistir las acometidas de los mu- 
sulmanes, si que tambiéa de tomar la ofensi- 
va contra los almorávides, éatos^ con la apa- 
rición de los almohades, en el año 519, en- 
traban en el período de una decadencia que 
los había de llevar pronto á la completa 
ruina; pues ocupados en la guerra contra 
Almehdi, j luego contra Abdelmumen, ver- 
dadero fundador militar del Imperio almo- 
hada, no tuvieron fuerza para proteger á los 
musulmanes españoles contra las armas de 
los dos Alfonsos ^ . 

Verdad es que aun intentan varias veces 
apoderarse de Toledo, y más de una vez de- 

4 Fl aulor del Carlas (páj;. !I0) reíioro ni año 
519 el periodo cnlico eii que se nuinifiesta la debili- 
dad de los almorávides, que no pueilen olender a au- 
xiliar a los musulmanes do Alaiidalus. 



— 24 — 

rrotan á los cristianos, apoderándose de algu- 
nos castillos; pero otras veces son derrotados, 
j de todos modos nunca consiguen una vic- 
toria decisiva. 

En el año 1132^ en el mes de Majo, las- 
milicias de Toledo llevaron á cabo, en tierra 
de Sevilla, con feliz éxito, una incursión, la 
cual debió de causar gran entusiasmo éntre- 
los cristianos, que llegaron á las puertas de 
Sevilla dando muerte á su gobernador Ornar 
con muchos principales j capitanes, como 
dice la Crónica del Emperador y confirman 
los autores árabes (18). 

Por estos tiempos (año 1131=525 y 526^ 
de la hégira), Zafadola, descendiente de los 
reyes de Zaragoza, de cuyo dominio sólo- 
conservaba el castillo de Rota (Rueda de 
Jalón, ó el futuro Monasterio de Rueda),, 
oídas las victorias del rey Alfonso VII, al 
decir de la Crónica de este Emperador, llamó 
á sus hijos y mujeres y les propuso entre- 
garse á Alfonso: conformes todos en ello,, 
envió legado?, prometiendo presentarse per- 
sonalmente, si por alguno de sus magnates 
le enviaba salvo-conducto, como así lo hizo^ 



— 25 — 

Recibido Zafadola por D. Alfonso, le~ 
hizo entrega de su castillo de Rota, recibien- 
do en cambio castillos j ciudades en tierra 
de Toledo j Extremadura (19): dos años des- 
pués^ habido consejo con Zafadola j los 
magnates, Alfonso determina tomar vengan- 
za del Príncipe Texufín j demás reyes moa- 
bitas (jefes almorávides) que, puestos sobre 
Toledo, habían muerto á muchos cristianos 
j destruido el castillo de Azeca. 

Reunido el ejército en Toledo, salió el rej 
D. Alfonso con Zafadola entrando en tierra 
del enemigo por Portum Regem (Puerto- 
llano?), jlo restante del ejercito entró porMu- 
radal, encontrándose después de quince días 
de marcha en Gallelloj desde allí atravesaron 
la campiña deCórdoba, llegando hasta Cádiz. 

Viendo los muslimes españoles, añade la 
Crónica, los estragos causados por los cris- 
tianos j que los almorávides eran impotentes 
para protegerles, entraron en tratos con Za- 
fadola, para que, de acuerdo con el Empera- 
dor j pagándole tributo, se pusiese al frente 
del movimiento general para echar á los al- 
morávides: no sabemos lo que Zafadola diría. 



— 26 — 

-al Emperador j los propósitos de éste; pero 
la expedición no tuvo resultados prácticos, j 
debió de limitarse á que los expedicionarios 
volvieran cargados de botín. 

De esta expedición^ tan prolija j retórica- 
mente narrada en la Crónica del Emperador, 
'dan cuenta los Anales Toledanos con estas 
concisas palabras: «Entró el Emperador con el 
Rey Cefadola en tierra de moros. Era 1171» 
<1133 de J. C. ó 527 de la hégira). 

Aun hizo el Emperador otra entrada en 
tierra de moros en vida de AIí, llegando 
hasta el Guadalquivir, j á su vez los almorá- 
vides hicieron varias incursiones en la co- 
marca de Toledo, intentando apoderarse de 
la capital; pero siempre en vano. 

A una de estas expediciones j mientras 
-el Emperador estaba sitiando el fuerte casti- 
llo de Aurelia ú Oreja, que tomó en Septiem- 
bre de 1177 (533 de la hégira), se refiere la 
anécdota caballeresca de haber desistido los 
almorávides del sitio de Toledo, por haberse 
presentado en la muralla la Emperatriz j 
haber manifestado á los sitiadores que su 
marido los esperaba en Oreja. 



— 27 — 

REINADO DE TEXUFÍN 

Tocaba á su término el largo reina Jo do 
Alí j coa su muerte puede decirse que ter- 
mina el Imperio de los almorávides, pues, 
muerto el 28 de Enero de 1143 (8 de Racheb 
<lel 537), le sucede su hijo Texufín, cuando 
ja los almohades se habían apoderado de 
gran parte del territorio del aclual Imperio 
de Marruecos, que había sido la cuna del 
Imperio de los almorávides. 

Un mes justo había transcurrido desde la 
muerte de Alí, cuando morían en campal 
batalla contra los cristianos de Toledo dos 
jefes almorávides, Azuel y Abenceta, gober- 
nadores de Córdoba j Sevilla, quienes por 
largos años habían sostenido el honor de las 
armas musulmanas en Andalus: esta victoria 
debió de ser de las más celebradas por los 
cristianos, según lo que nos dice la Crónica 
del Emperador, que cuenta estos hechos con 
gran prolijidad, aunque con poca precisión '. 

I Chroni. Adoplionsi Imp. Esp. Sojz. tomo XXI 
pag. 381 a 38().-An. ToIcmI. Ksp. Sag. lo. XX III, p. aiK): 
en los autores arabos nada oiicuonlro referente a esto 



— 28 — 

£1 jefe cristiano, Munio Alfonso, que tan 
señalada victoria había obtenido en la Mata 
de Montellos gozó por pocos meses de la 
gloria alcanzada con tan celebrada yictoria, 
pues en Agosto del mismo año fué yencida 
y muerlo en otro encuentro, siendo uno de 
sus brazos llevado á Córdoba. 

Pudiera decirse que con el reinado de 
Texufíu comienza el importante período en-> 
tre almorávides j almohades, que en los ca- 
pítulos siguientes nos proponemos estudiar 
de un modo especial á la luz de los datos 
suministrados por los autores árabes, cono- 
cidos sin duda los más, pero no aprovecha- 
dos hasta ahora con relación á estos sucesos, 
desconocidos otros, quizá los más importan- 
tes: también las monedas dan no poca lus^ 
para aclarar este período. 



y otros hochos de armas, é po?ar de su importancia, 
y es que nos falla mucho que conocer: aun la identi- 
iicacion de los dos reyes, sej^úo la Crónica, Azuel y 
Abenccta, ofrece dificultades: ei; Azuel parece ser 
Azobéir hijo de Ornar el Lamluni, emir ó gobernador 
de Córdoba, á(iuicri Almacari llama por dos veces rey 
de Córdoba y otra emir, á quien vimos figurar en la 
batalla de Fraga: no sabemos quien pueda ser el 
Abenceta, gobernador de Sevilla. 



REBELIÓN DE LOS ESPAÑOLES 



No es fácil determinar cuáles fuisron las 
causas de la sublevación general de los mu- 
sulmanes españoles contra los almorávides, 
cujo gobierno, si de algo pecaba, era de de- 
bilidad: es cierto que sus agentes no serían 
intachables en su conducta, pero esto no era 
ni nuevo ni extraordinario, j los moros es- 
pañoles vieron pronto que, si habían cam- 
i)iado de gobierno, poco 6 nada habían gana- 
do, j que los jefes 6 gobernadores almohades, 
sucesores de los almorávides, gobernaban 
peor: una de las causas que quizá determinó 



— so- 
mas el descontento de los moros españole» 
fué la tolerancia, 6 mejor dicho, la predilec- 
ción con que Alí y después su hijo Texufín 
miraban á los cristianos incorporados en los 
ejércitos de Fez á las órdenes del cristiano 
Reverter ^, tolerancia ó protección, que de— 
bíó de exacerbar el odio de los, más que pia- 
dosos, fanáticos sufíes, cuja secta, transfor- 
mada en Alandal US en la de los hermanos mo- 
ridin ó adeptos, es indudable que tuvo ^ran 
parte en la rebelión, pues los hermanos adep- 
tos fueron los que la prepararon j llevaron 
á cabo en los primeros momentos, si bien 
pronto tomó otro carácter, no religioso, sino 
político aristocrático. 

Tres hombres podemos admitir que per- 
son i fícan la marcha de la rebelión en este 



1 La existencia de tropas cristianas al servicio 
de los almorávides, y que rarece iins prueba de que 
no dominaba en ellos el fanatismo religioso, como se 
dice generalmente, continúa en algunas ó en todas 
las dinastías posteriores, no sabemos hasta qué tiem- 
po: Abenjaldún hace mención de ello variar veces, y 
sería curioso el reunir las noticiss que da, con mpn- 
ción do los jeTes que las mandaban y su intervención 
en las discordias y guerras civiles, principalmente ei> 
tiempo de los Benimerines. 



— 31 — 

primer período entre almorávides j almoha- 
des, 6 sea desde que los primeros (con sus 
Príncipes Texufín, hijo de Alí, Ibrahim, 
hijo de Texufín é Ishac tío de esle ultimo) 
aparecen impotentes para resistir á los almo- 
hades j á los cristianos, hasta que los almo- 
hades quedan dueños de la España musul- 
mana: estos tres personajes son Abencasi de 
Mértola, Abenhamdin de Córdoba j Ahenhud 
Almostúnsir 6 sea el Za/adola de nuestras cró- 
nicas; Abencasi dirige la insurrección en el 
Algarbe ó sea el occidente, Abenhamdin en 
el centro^ en Córdoba, j Zafadola en el orien- 
te de Alandálus ó sea en Murcia j Valencia; 
la rebelión se desarrolla en los dos puntos 
casi simultáneamente, girando en torno de 
cada uno de estos tres personajes otros varios 
poco conocidos j que merecen serlo, siquiera 
sea por el hecho de haber sido verdaderos 
rejes independientes con pretensiones mani- 
festadas en títulos pomposos, que aparecen en 
las monedas; por lo cual este período podría 
llamarse Segundo periodo de reyes de Taifas, 
pues fueron verdaderos rejes de banderias. 



LA REBELIÓN EN EL ALGARBE 



El alma de la rebelióu en el Algarbe fué 
Abulcásim Ahmed hijo de Alhosáiu, conoci- 
do más comúnmente por Áhencasi, en torno 
del cual giran al principio casi todos los re- 
beldes del Algarbe, aunque más de una vez 
se separan j le hacen guerra, hasta el punto 
de fraguar su muerte uno de los que le ha- 
bían sido más adictos. 

De origen cristiano ó español, y natural 
de Silves, donde pasó parte de su juventud 
en las oñcinas de hacienda ^, 6 derrochando 
parte de su fortuna, como dice otro autor, se 
inició en las doctrinas de los sufíes j, ha- 

i Dozy, Nolices etc., póg. 199. 

Almobatides 3 



— 34 — 

hiendo viajado por España, entró en relacio- 
nes con el jeque Abulabás Abenalarif, que 
en Almería era el jefe de los sufíes, secta 
que ja debía de estar extendida en esta ciu- 
dad durante el reiuado de Alí hijo de Yúsuf, 
pues que habiendo tenido noticia de ello^ 
llamó á Marruecos á Abulabás Abenalarif, á 
su compañero Abulháquera Abenfarchán y 
otros adeptos, á quienes detuvo honorífica- 
mente en Marruecos, donde murieron en el 
año 537 ^ . 

Desde esta fecha ó antes debió Abencasi 
de quedar reconocido de hecho como jefe de 
los sufíes, dando á la sfcta giro especial, 
pues parece fué él quien dio á sus sectarios 
el título de moridln, que llamaremos adeptos, 
siendo conocida la rebelión de que fué el 
alma, con el nombre de La Rehelión de ¡os mo- 
ridin, como lo atestigua, además del aserto 
terminante de Abenaljatib, el hecho de que 
el historiador llamado Sáhibasala escribió 
un libro que tituló Rebelión de los moridin. 

De vuelta á su país, el Algarbe, Abencasi 



Abenaljatib, Ms. Ar. de la Acad. X. 37. 



- 35 — 

se puso á explicar en público los libros del 
filósofo Abuhámid el Gazelí j, atrajendo á 
sí á los que profesaban sus doctrinas, en se- 
creto les excitaba á la rebelión. 

Encarnada la nueva secta en Abencasi, 
86 extendió mucho por el Algarbe, princi- 
palmente en Silves, Niebla j la región de 
Mértola: habiendo construido en la costa, en 
las inmediaciones de Silves, un monasterio, 
que los musulmanes llaman rabila ^, en la 
que se reunían sus adeptos, desde ella debie- 
ron éstos propalor los falsos milagros 2, que 

4 Abonaljalil), obra citada. Dozy, Nolicos. pá- 
gina 20Í. — Aonqne .^o kWcc que csla nibida oslaba cerca 
de Silves, quizá por oslar en su jurisdicción, ¿oslaría 
donde el acUial C(>;)venlo do Sania María do la Habi- 
da, (|Uo nos líüva conservado ol mmibre? 

á Los niilaíin^s ((uo cila Abonaijalil) atribuidos 
¿ Abencasi son: ol haber hecho la porojírinacion á 
la Moca on una noc .o: ol hablaron socrolo lo que 
quería: y el jíaslar díM tr>(»ro st»brcnalural, pues da- 
ba á niano:4 IbMias: decían las genios que cuando so 
concluía ol dinero, so iiacía on su casa, y (lue uno do 
la campiña dijo a v iro, a (luioii Abencasi híbia dado 
una gran cantidad. ■ ciorlamenlo oslo dinero del cielo 
qno da el Imam, lo hace el tesorero de los almorávi- 
des, pues no hay otro que acuño-: oslo so referirá á 
los primor, s lionipíjs ilí- la rohclioii; puo^ luego Aben- 
casi llego á acuñar moneda con su nombre. 



— 36 — 

á Abencasi atribuje Abenaljatib, propagán- 
dose con esto la secta del mal (dice), por 
toda Alandalus, formándose un niicleo de 
devotos fanáticos dispuestos á obedecerle en 
todo. 

No pasaron inadvertidos los trabajos re- 
volucionarios de los adeptos, principalmente 
las predicaciones de Abencasi, á quien se 
quiso prender; pero pudo ocultarse, siendo 
detenidos algunos de sus partidarios, que 
fueron llevados á Sevilla: uno de éstos fué 
AbulualidMoliámed hijo de Ornar Abenal- 
móndir, de quien habremos de hablar más de 
una vez por el papel, muj importante, que 
desempeñó en estos acontecimientos K 

Los autores refieren el levantamiento con- 
tra los almorávides al año 539 (4 de Julio de 
1144 á 23 de Junio de 1145), j aun hasta 
cierto punto á la muerte de Texufín, que gene- 
ralmente fijan en el 27 deRamadán del 539(23 
de Marzo de 1145) (20); pero aun suponien- 
do esto exacto, la sublevación comenzó antes 
de la muerte de Texufín, pues que en Xaual 



í Dozy, Notices, pág. 202. 



— 37 — 

del año 538 uno de los partidarios de Aben- 
casi se apoderó del castillo de Monte- Agudo?, 
si bien, acometido por los almorávides j no 
habiendo sido auxiliado por Abencasi, ni 
por sus partidarios, hubo de capitular y fué 
muerto: para responder á los reproches de los 
amigos del que había sido víctima de su im- 
previsión, decía Abencasi que había sido 
como la falsa aurora, después de la cual se 
levanta la verdadera, amaneciendo en reali- 
dad: en vista del castigo de su partidario, 
Abencasi, no creyéndose seguro, salió hacia 
la región de Mértola, permaneciendo entre 
unas gentes en la alquería de Alchuza? en el 
distrito de Mértola. 

Hebía entre sus partidarios un hombre 
llamado Mohámed hijo de Yahja conocido 
por Abenalcabila el de Saltis, el hombre más 
bravo, astuto j valeroso de su tiempo, al par 
que literato, de quien Abenaljatib añade que 
era célebre por la elegancia de sus epístolas 
j famoso por su elocuencia: este Abenalca- 
bila, honrado por Abencasi con los títulos de 
Espada de su rebelión, Brazo de m estado y victo- 
ria y Almostáfa (el Elegido), fué designado 



— as- 
para apoderarse de Mértola, á donde se diri- 
gió desde la morada de Abencasi en compa- 
ñía de setenta hermanos adeptos. 

Por la astucia ó por la fuerza consiguió 
Abenalcabila apoderarse de la fortaleza ^ j 
aunque los almorávides acudieron á comba- 
tirle, nada pudieron contra él j hubieron de 
retirarse, no sin haber devastado la región 
de Mértola. 

La toma del castillo de Mértola tuvo lu- 
gar en la noche del 12 de Safar de 539 * 
(14 de Agosto de 1144), j propagada la no- 
ticia por el Algarbe, varios pueblos se adhi- 
rieron al movimiento, que pudiéramos lla- 
mar cantonal, proclamando sin duda como 
jefe al personaje más importante de entre 
los iniciados, aunque bajo la obediencia de 
Abencasi, quien el 1.^ del mes siguiente se 

i Refiere Abeuaijatib que el jefe de la fortaleza 
había convenido con uno en que iría de noche á ver- 
le, y al efecto, dio orden al portero de que le fran- 
quease e! paso sin investigar más, y que habiéndose 
presentado Abenalcabila con los setenta hermanos 
adeptos, no dudo en abrirles la puerta: Abenalabar, 
(Dozy, Notices, pág. 199) dice que mataron á los por- 
teros. 

2 Abenalabar, pág. 198. 



— 39 — 

•presentó en Mértolo, acompañado do muchos 
adeptos, é, instalándose en la alcazaba, se ti- 
tuló Imam Almehdi hila. 

Desde la alcazaba deMcrtola, como desde 
su corle, escribió á los pueblos, invitándoles 
á la rebelión^ j entonces debió de comenzar 
á ejercer sus larguezas con el dinero de los 
hermanos adeptos, quo suponía bajado del 
cielo, pues que no percibía tributos. 

Abumohámed Sidrey Abenuuzir, cjue se 
había rebelado en Kvora y Beclia, v Abulua- 
lid Moliámed Abenalmóndir, que liubía he- 
cho lo mismo en Silves (20), se presentaron 
en Mértola á prestar lioinciiajo á Abencasi 
por los mismos días en que éste se instalaba 
en su corte: hecha por estos dos rebeldes la 
visita de cortesía al señor ([ue habían recono- 
cido como jefe, j confirmados en sus gobier- 
nos, AbenuBzir se retiró á Becha, que. parece 
era su capital, j Abenalmóndir se detuvo 
algunos días en Mértola: como entre éste y 
Abenuazir habían surgido diferencias, á pe- 
sar de la amistad íntima que los unía, es de 
sospechar que Abenalmóndir aprovechase 
«stos días para sembrar en Abencasi la des- 



— 40 — 

confianza contra Abenuazir^ la cual pronto se 
hizo manifiesta. 

Vuelto Abenalmdndir á Silves, cuanda 
hubo reunido las tropas de Ocsonova, que se 
unieron á la gente del Silves y á los herma- 
nos adeptos^ se presentó de nuevo á Aben- 
casi, dispuesto á ayudarle con sus tropas en 
el propósito de hacerse reconocer como jefe 
del levantamiento por aquella región: agra- 
decido Abencasi, le renovó la investidura de 
lo que ja estaba en su poder j le confirió el 
título, hasta entonces desconocido, que sepa- 
mos, de Alazizbila (el iluslre por Alá). 

Abenalmóndir , al frente del ejército que 
había reunido, pasa el Guadiana en direc- 
ción á Huelva, que le abre las puertas, j 
desde allí se extendió á Niebla, de la que se 
apoderó gracias al auxilio de Yúsuf el Pe- 
trochí, uno de los valientes adeptos que ha- 
bían sitiado á los almorávides, quienes se 
habían defendido en sus torres. 

En Huelva tuvo Abenalmóndir noticia 
de que Sevilla estaba sin gobernador almora- 
vid que la guardase, y le entraron deseos 
de apoderarse de población tan importante 



— 41 — 

para la causa de los rebeldes: saliendo de 
Niebla en dirección de Sevilla, entró en las 
fortalezas de Alcázar j Tejada j habiendo 
llegado á Azahir se apoderó de ella. 

Ya á la vista de Triana^ le alcanzó Aba- 
zacaría Yahja Abengania, quien al tener 
noticia de lo ocurrido en Niebla j el Algarbe 
había salido precipitadamente de Sevilla * 
para someter á los rebeldes; pero hubo de 
acudir á la defensa de la capital amenazada 
por Abenalmóndir, á quien sorprendió cuan- 
do estaba merodeando en sus inmediaciones: 
Abengania designó de entre los sujos, quien 
siguiese á los de Abenalmóndir, que fué de- 
rrotado con grandes pérdidas, por cujo mo- 
tivo emprendió de noche la retirada hacia 
Niebla, donde se detuvo dos días, j dejando 
en ella á Yiisuf el Petrochí, él se refugió en 
Silves. 

Abengania, que desde Sevilla había se- 
guido á Abenalmóndir en su retirada, sitió 
á Yúsuf el Petrochí, que defendió á Niebla 
durante tres meses (lo fuerte j fín del in- 



Dozy, Notices, pég. 203. 



— 42 — 

vierno), hasta que le llegó la noticia del al- 
zamiento de Abenliamdín en Córdoba. 

Por su parte Abencasi, al tener noticia 
del alzamiento de Córdoba, dio orden á Aben- 
almóndir para que reuniendo su ejército sa- 
liese contra la antigua corte de los Omeyas, 
acompañado de Abeualcabila, su secretario, 
dándoles cartas para los partidarios que te- 
nía en el arrabal oriental, á quienes excita- 
ba á que le reconociesen: salieron efectiva- 
mente los expedicionarios con las tropas de 
Silves j Niebla; pero al llegar á Córdoba se 
encontraron con que se les liübía adelantado 
Zafudola, á quien sus partidarios de la capi- 
tal habían llevado desde la Frontera '. 

Durante la expedición de Abcualmóndir 
á Niebla, Huelva j Sevilla, Abencasi se ha- 
bía reconciliado con Sidrey Abenuazir, de- 
volviéndole el gobierno de su pequeño esta- 
do, reconciliación que duró poco, pues al 
regresar de Córdoba Abenalmóndir de la 
fracasada expedición contra Abeuhamdín, 
Abencasi llamó á Sidrey para que se le unie- 



i Dozy, Nolices, pág. 203. 



— 43 — 

se: dudó en presentarse, pero por fin, recor- 
dando que ja una vez había sido encarcela- 
do en Mérlola j temiendo por su persona, se 
rebeló en Badajoz ó en Silves, como dice 
Abenaljatib é hicieron lo mismü otros, ci- 
tándose sólo al hermano de Sidrej que se re- 
beló en Becha, proclamando á Abeuhamdín 
de Córdoba ': llegado esto á conocimiento de 
Abencasi envió contra Sidrey á Abeualmón- 
dir, quien derrotado y prisionero fué mania- 
tado y encarcelado en Becha: no se coateutó 
Sidrej con tener aherrojado á su entonces 
mortal enemigo, sino que al poco tiempo, 
cuando ja fué señor de Badajoz y su distrito, 
dio orden á Abdala Abenasomáil de que pre- 
sen tan dose^enBecha, le sacase los ojos, como 
lo hizo: allí siguió Abenalmóudir hasta que 



I Esto explica la exisloncía de monedas de S¡d- 
roy Abenuazir, en las que ligura en lupar proftM-en- 
le el nombre do Abenhamdín: vóaso Vivi:s, .Vo»fí/as* 
rfí /it DinaxtMn Aráhigo-e'^pfn'iolaa, números 1909, 1910 y 
1913, aunque en esta úUima no figura el nombre de 
Uamdín, pero sí el título Almansurbila, quo si bien 
pudiera referirse al mismo Sidrey, no consta por do- 
cumento alguno que llegase á tomar tal título, si bien 
esta moneda nos lo hace sospechar. 



— 44 — 

los almohades se apoderaron de esta ciudad» 
Derrotado j prisionero Abenalmóndir^ 
Abencasi quedó sin medios de defensa^ de 
modo que Sidrej pudo pasar de agredido á 
agresor j en el mes de Xabán del mismo 
año 540 (17 de Enero de 1146 á 14 de Fe- 
brero) se apoderó de Mértola ^, huyendo sin 
duda Abencasi, quien al menos desde este 
momento parece debiera haber renunciado á 
sus ridiculas pretensiones; pero aun teniendo 
que acudir á la humillación de pedir protec- 
ción á los aljnohades, no se despojó del pom- 
poso título de Almehdi, con que al principia 
de la rebelión se había proclamado en Mór- 
lola: así al menos lo indica Abenjaldún al 
decir que habiendo enviado como mensajero 
á Abdelmumen á Abubéquer Abenhabís, no 
recibió contestación á causa de que Abdel- 
mumen se incomodó porque el enviado daba 
á su señor el título de Almehdi 2, pero poco 

1 Dozy, Notices, pág. 239.— Abenjaldún, edición 
del Cairo, lo. IV, pág. 166 y lo. VI, pág. 2ai. 

2 La vaguedad del uso del afijo el en árabe y 
lo ridículo de que Aboncasi lomara el pomposo títu- 
lo de Almehdi fueron sin duda causa do que el Barón 
de Slane al traducir esie texto creyera que el eraba- 



— 45 — 

después, por iniciativa de Alí hijo de Isa 
AbenmaimÚD^ señor de Cádiz, Abencasi re- 
solvió visitar personalmente á Abdelmumen 
para invitarle á apoderarse de Alandalus, j 
entonces abandonó sus pretensiones: obse- 
({uiado por el gobernador de Ceuta, Yúsuf 
Ai)enmajluf, que le dio una escolta, en Rebia 
postrero de 540 *, Abencasi se presentó á Ab- 
delmumen, que le recibió en Salé: sin duda 
le expondría el estado de Alandalus, j la 
posibilidad de apoderarse de este país, pues 
Abdelmumen le envió con un ejércilo á las 
órdenes de Barraz, á quien ordenó hacer la 
guerra á los almorávides j á los rebeldes: 



jador daba este título á Abdelmumon, no que lo diese 
á su señor: la traducción no me parecía buena; pero 
no tuvo seguridad de ello, hosia quo vi coníirmada 
mi sospecha por las monedas de Abenca^^i: véase la 
obra citada del Sr. Vives, núms. l9Io, 19!6, 4917 y 1918: 
hoy teDomos ademas el texto explícito do Abenalja- 
tib, que en el epígrafe del Cipilulo en que trata de él, 
le llama ¿1jIJí,*!| zX^ ^^ 7'"" ¡^e atribuye ht direcrióji, 

y en el texto afirma que se tiluló Imam Alm^hái, si bien 
esto último quizá falte en el códice do Argel; pues en 
la copia de nuestro uso falta, pero está en el códice 
de la Real Academia de la Historia. 
4 Dozy, Notices, pág. 200. 



— 46 — 

luego Barraz fué auxiliado por otros do» 
ejércitos^ udo á las órdenes de Muza Aben* 
sáid j otro á las de Ornar Abensálih. 

El ejército almohade^ que pasó á Alanda- 
lus á las órdenes de Barraz \ tomadas Tarifa 
j Algeciras, sometió uno tras otro á Abul- 
gomar AbenazrÚD, rebelde en Jerez, luego 
á Yúsuf el Petrochí, que prestó obediencia 
en Niebla, y pasando por Mértola, recobrada 
sin duda entonces por los partidarios de 
Abencasi, se dirigió á Sil ves, que fué conquis- 
tada, j puesta bajo la obediencia de éste: el 
ejército salió luego de Silves y habiendo pa- 
sado por Becha j Badajoz, donde prestó obe- 
diencia Sidrej Abenuazir, incorporados to- 
dos al ejército invasor ó auxiliar, asistieron 
al sitio de Sevilla, que fué tomada el doce ó 
trece de Xabán de 541 (17 ó 18 de Enero de 
1147) -, huyendo los almorávides á refugiar- 

1 El ojíMTito íilmohHílí» pasó a Alnndalnsá prin- 
cipios (le Dulliiclia, lilUnio mes, üe 540, pues que Kego 
la nolicia a Conlol);! on MoliMrroni do ñil, cuando el 
Emperador se apoderó de ella el 10 de dicho mes (Do- 
zy, rs'olices, pág. 200). 

2 Dozy, Notices, páízs. 200 y 239. Abonalabar 
dice en un punto que la loma de Sevilla fu<^ el i2, 
en otro (|ue el 13 y en arabos casos dice que era miér- 
coles: I o t<'dos modos eslo último resulta inexacto, 
pues el 12 fué viernes. 



— 47 — 

se en Carmoaa, no sin que fueran muertos 
cuantos fueron alcanzados. 

Aunque todo el Algarbe de Alandalus 
quedó sometido en esta fecha al poder de los 
almohades, no debió de durar mucho este 
estado de cosas. 

Se habían instalado en Sevilla, aunque 
al parecer sin caiácter oficial, pero sí con 
gran influencia, parecida al mando, dos per- 
sonajes que por sus obusos fueron funestísi- 
mos á la dominación almohade^ siendo causa 
inmediata de que s*i vertiese mucha san- 
gre: eran éslos Abdeloziz ó Isa, liermanos 
del Almehdi, fundador de la secta almohada, 
quienes se permitieron el derromamiento de 
sangre y se apoderaron de riquezas que no 
les correspondían: habieudo tenido noticia 
Yúsuf el Petrochí, gobernador ó rej feu- 
datario de Niebla, de que intentaban echarse 
sobre él, se refugió en su país, echando de 
Niebla á los almohades j negando la obe- 
diencia: no se necesitó más para qne se pro- 
dujera una sublevación cosi general, que 
secuudaroii Abencasi en Silves, Alí Abenmai- 
mún en Cádiz, j Mohámed Abenalhacham 



— 48 — 

en Badajoz: sólo Abul gomar Abenazmo, se- 
ñor de Jerez j Ronda, siguió fiel á la domi- 
nación almohade. 

El almoravid Abengania, que había vuel- 
to á apoderarse de Córdoba con el apojo de 
Alfonso VII, tomó á su vez la ofensiva y se 
apoderó de Algeciras, entrando en relaciones 
CDn los de Ceuta, que también sacudieron la 
obediencia almohade. 

Estrechados en Sevilla los almohades, 
los causantes de la rebelión, Abdelaziz é Isa 
j un primo de ambos, Yalsatín, hubieron 
de retirarse al castillo de Bobastro, donde 
se les unió Abulgomar Abenaznín, quien 
con las pocas fuerzas que quedaban á los de 
Sevilla unidas á las sujas, sitió j tomó á 
Algeciras, dando muerte á los almorávides 
que allí encontró. 

Los hermanos del Almehdi, desde Bo- 
bastro se retiraron á Marruecos, j Abdelmu- 
men envió á Sevilla de gobernador á Yusuf, 
hijo de Soleiman, dejando de recaudador de 
impuestos al poco afortunado general Barraz: 
el nuevo gobernador pudo tomar la ofensiva 
j sometió los distritos de Yúsuf el Petrochí, 



— 49 — 

Niebla j Tejada; j el de Abencasi, Silves: 
Alí hijo de Isa Abenmaimún ^ prestó obe- 
diencia en Santa María, haciendo lo mismo 
Mohámed hijo de Alí Abenalhacham ^ de 
Badajoz, quien en prueba de sumisión envió 
regalos^ que fueron aceptados: recobrada de 
■éste una buena parte del Algarbe, el gober- 
nador Tusuf hijo de Suleiman se volvió á 
Sevilla. 

Poco antes de este tiempo, estrechado 
Abengania por las crecientes exigencias de 
D. Alfonso VII, en una entrevista que tuvo 
en Ecija con Barraz, pactó alianza, abando- 
nando Córdoba á los almohades, de la que 
parece que se apoderó D. Alfonso, si bien 
los almohades de Sevilla la recobraron pron- 
to, gracias al auxilio de Abulgomar Aben- 
aznin, de Yúsuf el Petroclií de Niebla j del 
ejército enviado por Abdelmumen á las ór- 
denes de Yahja Abenjagmor, á quien los re- 
beldes se apresuraron á pedir el aman (la 



4 El texto de Abenjaldún (edic. del Cairo, tomo 
TI, p¿g. 235) le llama Isa Abonmaímún, pero supone- 
caos será el mismo que antes figura en Cádiz. 

i A veces se le llama Albacli. 

AXMORÁVIB£S 4 



— 50 — 
seguridad 6 perdón), que les fué concedido' 
por Yabja j ratificado por Abdelmumen. 

En el año 545 el Sultán llamó á Salé á 
los jefes españoles, quienes acudieron al lla- 
mamiento j reconocieron á Abdelmumen^ 
renunciando el mando de sus respectivos dis- 
tritos ^: asistieron á la cita Sidrej Abenua- 
zir, señor de Becha y Evora?, el Petrochí, se- 
ñor de Niebla, Abenazrún, señor de Jerez j 
Ronda, Abenalbacbam, señor de Badajoz j 
Amil Abenmoháib, señor de Tabira 3.* sólo 
Abencasi con los de Silves se opuso á este- 
reconocimiento, lo que después fué causa de- 
su muerte. 

Declarado Abencasi en rebelión centra- 
les almohades en 545, cuando todos los de- 
más jefes habían prestado obediencia, se alió 
con los cristianos del naciente reino de Por- 
tugal, enviando un mensaje á D. Alfonso 



1 Así creemos que deben entenderse las pala- 
bras de Abenjaldún ^c j]^]] ^ Á^.j]\ ójo\jj 

2 £1 texto de Abenjaldún en la edición del Cai- 
ro pone Talabera: ]a edición de Argel Tavira. 



— 51 — 

Earíquez, á quien Abenaljatib llama señor 
de Coimbra: el monarca portugués recibid 
al mensajero de Abencasi, regalándole un 
caballo de sus carros, una adarga j una lan- 
za: la gente de Silves, disgustada de esta 
alianza, en especial el ciego Abenalmóndir 
qae desde la conquista de Becha por los al- 
mohades había vuelto á su antigua corte, 
prepararon una conspiración, en la que fué 
muerto Abencasi en Chumada 1.° del año 546 
(16 de Agosto á 14 de Septiembre de 1151) ^, 
siendo clayada su cabeza en la punta de la 
lanza que, como regalo, le había enviados 
Abenenrique, como llaman, los musulmane 
á los re jes de Portugal. 

Abenalmóndir, aunque ciego, volvió á 
encargarse del mando de la ciudad hasta que 
la entregó á los almohades con historia lar- 
ga, como dice Abenaljatib j que en parte 
indica otro autor diciendo que temiéndose 
de el que se rebelase por tercera vez, fué 
trasladado á Sevilla después de ser depuesto 
por Abenuazir, que gobernó á Silves con ex- 
clusión de él con historia que cuenta el his- 

4 Dozy, Notices, pág. 200 y pág. 20V. 



— 52 — 

toriador Abensáhibasala en su libro S éhS i m 
de los moridin. 

Pasan algunos años desde la muerte im 
Abencasi sin que los historiadores nos den 
noticia referente á los rebeldes del Algarbe. 
hasta que en el año 551 los de Sevilla piden 
á Abdelmumen que les dé por gobernador 
alguno de sus hijos j habiendo sido designa- 
do para este cargo el Príncipe (Sid) * Abuja- 
cub, hubo de comenzar su gobierno some- 
tiendo algunos rebeldes, personajes nuevos 
unos, ya conocido algún otro: acompañado 
del visir Abuhafs Abenatía, el Príncipe 
Abujacub salió para Tabira, donde se había 
rebelado Aluasiní, que hubo de prestar obe- 
diencia; luego se apoderó del distrito de 
Abenuazir -, v en el año 552 desalojó de 
Mértola á Texuñu el Lamtuni, quedando con 
esto terminada la conquista del Algarbe por 
los almohades. 



1 Desde este tiempo los hijos de los saltases 
almohades y posteriores toman el título de S'iid ó Sid, 

*euor. 

2 El texto añade '-y de Abencasi • pero creo sea 
■una mala inteligencia del autor: o que falti algo en 
4i\ texto, en general, bastante incorrecto. 



LA REBELIÓN EN CÓRDOBA 



Si la rebelión en el Algarbe puede consi- 
derarse simbolizada por Abencasi, la de Cór- 
doba j centro de la España musulmana lo 
esU por dos personajes, cada uno de los cua- 
les iuYO sus partidarios j gobernó en Córdoba 
por más ó menos tiempo, siendo reconocido 
como jefe no sólo por los de Córdoba, sino 
por iodos ó la mayor parte de los que en el 
centro j oriente de Alandalus se rebelan 
contra los almorávides: los personajes aludi- 
dos son Abenhamdin de Córdoba j Abenhud 
Ábnoslánsir, á quien los cronistas cristianos 
conocieron sólo por el título de Seilodaula, 
que transformaron en Zaladola, con cu jo 



— 54 — 

combie 6 con el de Abenhud le designa- 
remos. 

Hamdín, hijo de Mohámed, hijo de Alí, 
hijo de Mohámed, hijo de Abdelaziz, Aben— 
hamdÍD, natural de Córdoba j oriundo de 
Pego de Abenhaitán del distrito de Granada, 
fué cadí de Córdoba, primero desde el año 527 
ó 529 al 532, en cuja fecha fué destituido 
por Alí hijo de Yúsuf, siendo reemplazado 
por Abulcásim Abenroxd, á quien á su vez 
reemplazó en 536 por nombramiento del 
pueblo, á quien el Príncipe concedió este 
derecho después de un año de la dimisión 6 
renuncia presentada por Abeuroxd: Aben- 
hamdín seguía de cadí de Córdoba cuando en 
el año 539 estalló la rebelión en el Algarbe, 
alzándose en Mértola Abencasi con el pom- 
poso título de Almehdi biamrila (el dirigido por 
mandato de Alá). 

No sabemos si las predicaciones de Aben- 
casi habían encontrado eco en Córdoba: pro- 
sélitos ó amigos tenía, según algún autor, 
pero no serían muchos, ó al menos no supie- 
ron aprovechar la ocasión de proclamarle. 

Respecto á Abenhamdín no encontramos 



— 55 — 

indicios de que al principio deseara j traba- 
jase para alzarse con el mando ^, como vere- 
mos que lo hizo ¿u rival Abenhud: pero es lo 
cierto que por dos veces se hizo cargo del 
gobierno de Córdoba j que la segunda pro- 
clamación fué preparada con participación 
su ja j de un modo trágico ^. 

Ni en los autores árabes ni en los cristia- 
nos encontramos la narración seguida de es- 
tos sucesos: las fechas más importantes de la 
vida política de Abenhamdín no se encuen- 
tran en las biografías sujas, que nos han 
dejado varios autores ^: hay que recogerlas, 

4 Alguna indicación se encuentra en Abenal- 
jatib, al narrar la rebelión del pueblo do Córdoba 
contra el cadí Abulcésim Abenroxd, que hubo de 
abandonar la ciudad, quedando ésta huérfana de au- 
toridad durante mós do un mes porque el Principo 
no quiso nombrar sucesor, hasta que por fín autorizo 
& la ciudad para que eligiera cadí, recayendo la elec- 
ción en Abenhamdín. 

8 Véase la ChronUa Adefonsi ImperatoriSf Espa- 
ña Sag. to. XXI, pág. 394. 

3 Adabi y Abenalabar ponen su biografía, pu- 
blicadas ambas en la Biblioteca Ar. hisp. te. III, nú- 
•mero 385, to. V, núm. 119, donde so bollan también 
las de su padre y do Ahmcd y AIí, hermanos de Aben- 
Jiamdin. 



— se- 
no buscarlas^ en las biografías de otros per^ 
sonajes, en los sumarios 6 compendios de* 
los acontecimientos de este periodo 6 dond» 
se encuentren, j muchas veces las noticias 
concretas se encuentran donde menos po- 
drían esperarse. 

Proclamado Abencasi en Mértola á prín-- 
cipios de Rebia primero del año 539, como 
hemos visto, Yahjra Abengania gobernador 
general de la España musulmana, al tener 
noticia del alzamiento y de que Abenalmón- 
dir, lugarteniente de Abencasi, estaba sobre 
Niebla, salió de Sevilla (6 Córdoba) con obje- 
to de combatir á los rebeldes, á quienes si- 
tió en Niebla durante tres meses: en este in- 
termedio, los de Córdoba proclaman á Aben- 
hamdÍD, por lo que Abengania hubo de aban- 
donar el sitio de Niebla y volverse á Sevilla 
con intención sin duda de asegurar la capi- 
tal y en su caso prepararse para recobrar á 
Córdoba . 

La sublevación de Abenhamdín debió- 
llevarse á cabo en el mes de Racheb del mis- 
mo año 539 (28 de Diciembre de 1144 á 2S 
de Enero de 1145) (22), tomando el modesto 



— 57 — 

título de cadi y lugarlenienle, quizá porque 
obrara de acuerdo con Abenhud, que se pre- 
sentó en Córdoba á los 12 ó 14 días, j se 
apoderó del mando (23); pero Abeubud, ó 
sea Zafadola, debió de gobernar muj mal,, 
pues los autores suponen que los de Córdoba 
le echaron á los doce días, dando muerte á 
su visir Abenxamaj * j á una porción de sus 
partidarios ó satélites: creemos, sin embar- 
go, que no fué tan efímero el reinado de 
Abenhud en Córdoba j que duró bastantes 
días más^ como dicen otros, hasta el sába- 
do cinco de Ramadán ó sea primero de Mar- 
zo de 1145^ fecha fijada por los Anales Tole- 
danos, de modo que el gobierno de Zafadola 
duró de uno á dos meses, siendo restableci- 
do Abcnhamdín, que esta vez tomó los títu- 
los de Álmaiisur hila, amir almuslimin, dándose 
desde esta fecha aires de verdadero Príncipe, 
teniendo oficinas, reuniendo ejércitos j escribiendo 
á los rebeldes de otras poblaciones, algunos de 
los cuales le reconocieron. 

Consta que así lo hicieron, Sidrejr Aben- 



4 Dozy, Notices, p. 204 y Si5. 



— 58 — 

uazir, de quien hasta se conocen monedas 
con el nombre de Abenhamdín ^, j Abuchá- 
far Abderahmen de Murcia, quien hizo la 
oración pública por él durante algunos días 
de los meses Ramadán j Xaual del año 539, 
es decir, en los mismos meses en que Aben- 
hamdín fué proclamado en Córdoba por se- 
gunda vez: también consta, ó al menos lo 
dice Abenaljatib, que en Granada fué reco- 
nocido por Abenadha, j en Jerez j Arcos por 
Abulgomar, hijo de Asáib Abenazrún ^; es 
de suponer que además Abenhamdín fuera 
reconocido por la major parte de los cadíes, 
que se alzaron con el mando de las ciuda- 
des, que antes gobernaban á nombre de los 
almorávides. 



1 Véase Vives, obra citada, números 1909 y 
1910: la moneda del número 1913 pudiera haber sido 
acuñada por Abenuazir, que tomara también el titulo 

«de Almansur hila; pero nos inclinamos á creer que el 
haber suprimido el nombre de Abenhamdín, aunque 
no su título, se debió á la circunstancia de que Aben- 
uazir quiso poner en la moneda su nombro propio y 
de familia ^ :. ,*-» ^tj-^-^ Sidrey Abenuazir, y 

é que había poco espacio. 

2 Dozy, Nolices, pág. 222. 



— 59 — 

Poco sabemos de un modo concreto de 
lo que hiciera Abenhamdía en Córdoba des- 
ale Ramadán de 539, en que fué proclamado 
por segunda vez, basta el mes de Chumada 
postrero del año siguiente, en que llamado 
por los de Córdoba Yahja Abengania, go- 
bernador de Sevilla, Abenhamdín le sale ol 
encuentro j derrotado ou Ecija, buje á Ba- 
dajoz, entrando Abengania vencedor en Cór- 
doba el día 12 de Xabán de 540 ^ (24). 

De los once metes de reinado de Aben- 
hamdín, sólo tenemos noticia de que habien- 
do sido reconocido en Murcia su competidor 
Abenhud por Abderráhmen Aben táhir, Aben- 
hamdín envió uno tras otro dos ejércitos, el 
primero á las órdenes de su sobrino Omali- 
mad j el segundo á las de su primo Alfolfc- 
lí, acompañado de Abumohámed A henal- 

4 Adabí (p¿g. 32) pone la entrada de Abengania 
en Córdoba á fines de Xabán de 5^1; poro será error 
del autor ó errata de nuestra edición: la fecha de la 
entrada de Abengania en Córdoba resulta coniirmada 
por los Anales Toledanos, que dicen «El Rey Abenga- 
ma (por Abengania) sacó al Rey Aben llamdin de 
Córdoba en el mes de Febrero» que en este año de 
4446 correspondió á parte de Xabán y de Ramadán de 
ZM de la hégira. 



— 60 — 

hach, de Abensiuar j otros murcianos, que 
se le habían presentado: ambos ejércitos fra- 
casaron en su intento j los partidarios de- 
Abenhamdín fueron perseguidos^ 6 al menee 
buscados ^. 

Estos sucesos debían tener lugar entre 
las fechas de ñaes de Rebia primero, en que 
fuá proclamado Abentáhir y el 10 de Chu- 
mada primero del mismo año 540, en que, 
como veremos, hubo de abandonar el alcázar 
major para dejar el puesto á Abenijad. 

Nada sabemos de las causas que motiva- 
ron el disgusto de los cordobeses del gobier- 
no de Abenhamdín: habiéadose refugiado en 
Badajoz^ no renunció á recobrar su reino, 
para lo que crejó conveniente trasladarse á 
Andújar 2, donde Abengania le sitió durante 
un mes: no contando con fuerzas para resis- 
tir á las de Abengania, Abenhamdín tuvo el 
mal acuerdo de pedir la protección del Em- 

i Dozy, NoticeS; p. 219. 

2 La generalidad de los autores dice que al 
ser destronado se trasladó á Andújar; poro el texto 
explícito de Abenaljatib dice que se refugió en Bada- 
joz y que después de algún tiempo se trasludó á An- 
dújar. 



— 61 — 

perador D. Alfonso, prometiéadole cuanto 
^jaisiera: no sabemos lo que éste exigiría; es 
lo cierto que éste se presentó en Andújar, 
■según los textos árabes, aunque según la 
Crónica del Emperador sólo envió al Duque 
Fernando Juánez: el Emperador consiguió 
hacer levantar el sitio de Andújar, j persi- 
.guiendo á Abeügania^ al parecer eu auxilio 
de Abenbamdín, llegó á Córdoba, de la que 
se apoderó ajrudado por los parciales de su 
protegido ^: pero Abengania se encierra en 
la almádina j en ella se sostiene j defiende 
hasta que nuevas complicaciones le hacen 
aliado ó subdito de D. Alfonso. 

Aunque D. Alfonso ó sus tropas habían 
entrado en Córdoba como auxiliares de Aben- 
hamdín, las cosas se prepararon de modo, 
que la conquista no fuera en provecho de 
•éste, sino del Emperador, ó de nadie; pues 
estando D. Alfonso sitiando la almedina, 

1 La entrada del Emperador y de Abenhamdín 
eo Córdoba tuvo lugar el 10 o el 12 del ultimo mes del 
año 5M, focha que coíDcide con la que dan los Anales 
Toledaous (pág. 380) con estas palabras '<En el mes de 
Mayo priso el Emperador á Córdoba é después dióla 
•éAbengama (Abengania)». 



— 62 — 

donde se había hecho fuerte Abengania, 1» 
llegó la noticia de la entrada de los almoha- 
des j que los de Sevilla habían negado la 
obediencia á los almorávides: el Emperador, 
sorprendido v contrariado por los nuevoa 
elementos que entraban en juego, de acuerdo 
con sus consejeros, dice Abenaljatib, resol- 
vió entrar en negociaciones con Abengania 
con objeto de dejarle la posesión de Córdoba, 
como efectivamente lo hizo, sin que sepamos 
las condiciones que con él estipulara ^. 

Defraudado Abenhamdín de sus esperan- 
zas, después de haber contribuido á la toma 
de Córdoba por los cristianos, que saquearon 
la parte oriental, según acuerdo anterior, 
hubo de retirarse á Hornachuelos ó Bada- 
joz, ;y desde allí pasó á visitar á Abdelmu- 
men, quien le recibió, despidiéndole honro- 
samente é invitándole á que se volviese: 
vuelto á España, Abenhamdín se establece 
en Málaga, donde su lugarteniente j hechu- 
ra Abulháquem Alhosáín Abenhasún se ha— 

i Abenaljatib copia ol di5«curso dirigido por 
D. Alfonso al pueblo do Córdoba al dejarlos bajo la 
obediencia de Abengania. 



— 63 — 

bía rebelado contra los almorávides, j allí 
permaneció hasta su muerte, no sin que aun 
intentara apoderarse de Córdoba, é' donde se 
dirigió, dice Abenaljatib; pero puesta de 
manifiesto su debilidad, j declinando ja al 
ocaso su fortuna, hubo de volverse á Málaga, 
donde murió el 19 de Racheb del año 546 
(1 de Noviembre de 1151) ^, siendo enterra- 
do en la parte de la alquibla ^ de la mezqui- 
ta, donde sus huesos no descansaron en paz; 
pues cuando los almohades se apoderaron de 
Málaga 20 meses niás tarde, desenterraron 
su cadáver, j habiéndolo encontrado inco- 
rrupto, le crucificaron: consignan algunos 
historiadores que los astrólogos habían pre- 
dicho que sería crucificado: al menos esta 
era la tradición del vulgo entre sus enemigos. 
Veamos cuál fué la suerte de Córdoba 
después de la definitiva expulsión de Aben- 
hamdín, ó sea desde fines del año 540. 

\ Artabí (Bibl. Ar. his. lo. IV pág. ?6I) fija en el 
año 5(3 la muerte do Abenhaindín; pero parece más 
aceptable la (ocha consignada por Abenaljatib, que 
da más detallos: Abenalabar (Bibl. Ar. his. to. V, p. 39). 
le supone muerto en 5^8. 

2 Parto que mira á la Meca. 



— 64 — 

Establecido en ella Abengania por el Em- 
perador D. Alfonso, siendo por lo yisto su 
feudatario, permaneció en paz durante algún 
tiempo hasta fines del año 541, en cuja fe- 
cha, tomada Sevilla por los almohades cua- 
tro meses antes, j viéndose de cada día más 
hostigado por D. Alfonso, quien en una en- 
trevista en Andújar le exigió le entregara 
las ciudades de Ubeda y Baeza ^, como poco 
-después le exigiera lo mismo respecto á Jaén, 
ó que pagase majror tributo, Abengania se 
puso secretamente de acuerdo con Barraz, 
gobernador de Sevilla, j después de una en- 
trevista en Ecija, le hizo entrega de las ciu- 
dades de Córdoba j Jaén hacia mitad del 
año 543, retirándose á Granada, donde mu- 
rió después de una estancia de dos meses el 
viernes 24 de Xabán 2 (7 de Eaero de 1149), 

4 El autor del Carlas (pág. 176) supone hecha 
esta entrega on el año 54(, siendo así quo de Aben- 
gania (pá^. 1^5) dice que había muerto en Xabán del 
año anterior; bien que on el texto impropio le llama 

^ Abenaljatib on la biografía de Abcnginia fija 
la fecha de su muerte el viernes 44^ pero como el 44 
era martes, y el texto del Cartas dice viernes 24, segui- 
mos esta indicación: en los textos árabes las fechas 
10 y 20 se confunden con mucha facilidad. 



— 65 — 

-siendo enterrado en el interior de la alcaza- 
ba, en la mezquita pequeña, que estaba uni- 
dla al alcázar de Badís, hijo de Habús. 

Yahjra Abengania intentó inducir al go- 
bernador de Granada, Maimún Abenbéder, á 
que entregase la ciudad á los almohades, 
pero no pudo conseguirlo ^ : seis años des- 
pués, en 549, por fin Granada cajó en poder 
de los almohades por entrega del mismo 
Maimún Abenbéder ^. 

Entregada Córdoba á los almohades por 
Abengania, ó acordada su entrega, no re- 
nunció D. Alfonso á ser nuevamente señor 
de ella, j aprovechando sin duda la ocasión 
de que estuviera poco guarnecida, logró sus 
deseos; pero los almohades de Sevilla á las 
órdenes de Abulgomar Abenazriin con los 
refuerzos suministrados por Yúsuf el Petro- 
chí de Niebla y los enviados por Abdelmu- 
men bajo la dirección de Yahja Abenjag- 
mor la recobraron á los pocos días 3. 



4 Abenjaldún, edi. Slano to. I, pág. 312: edi. del 
Cairo, lo. VI. pág. 323. 

2 Abenjaldún, lo. VI. fii^. -235. 

3 AbeDJaldun, to. VI, pág. 235. 
Almorávides 5 



— 66 — 

En la relación de los acontecimientos^ 
ocurridos en Alandalus desde que en 538 se 
inició la rebelión contra los almorávides» 
hasta el año 543, no hemos tenido necesidad 
de mencionar á los Príncipes de esta dinas- 
tía, porque para nada intervienen en las co- 
sas de nuestra península^ en la que parece 
que ningún eco tuvo su desaparición, á pe* 
sar de que oficialmente una buena parte», 
quizá aun la major, de la España musulma- 
na estaba ^sometida al dominio de los almo- 
rávides. 

De que en estos últimos años de la dinas- 
tía de Yúsuf hijo de Texufín, sus Príncipes 
eran reconocidos oficialmente en España,, 
tenemos buena prueba en los preciosos di- 
nares que de ellos se conservan, acuñados en 
Almería en los años 538 j 539, de Sevilla 
de los años 538, 539, 540 j 541, y de estos- 
dos últimos años en Granada ^. 

Muerto Ishac, hijo de Alí, último sultán, 
después j á consecuencia de la toma de Ma- 
rruecos por los almohades en el mes de Xaual 



4 Vives, obra citada, números 4859 y algunos, 
de los siguientes. 



— 67 — 

del año 541, si quedaban individuos de la 
familia, parece que nadie pensó en procla- 
marles al otro lado del Estrecho: tampoco 
consta que se pensase en ello en las ciudades 
españolas, que hasta entonces les habían per- 
manecido adictas, ni menos en las que des- 
pués de haberse rebelado contra los almora- 
YÍdes, resistieron prestar obediencia á los 
almohades: pudiéramos decir que Córdoba j 
Granada, en las monedas posteriores al año 
541 la primera dá muestras de su arrepenti- 
miento por haberse rebelado, j la segunda 
de su constancia en la adhesión á los almo- 
rayides; pues no teniendo Príncipe á quien 
proclamar, ponen en sus monedas, «Oh Dios, 
perdona á los Príncipes de los muslimes, lo» 
Benitexufín» ^ 



Vives, obra citada, números 4978 y 1979. 



— 68 — 

LA. REBELIÓN EN MÁLAGA 

Se ha dicho antes que AbenhamdÍQ des- 
pués do su expulsión defínitiva de Córdoba 
se retiró á Málaga, j que allí murió en el 
año 546 ^ . 

En el año 539, al tiempo de la subleva- 
ción general contra los almorávides, era cadí 
de Málaga, desde el año anterior, Alhosáin, 
Lijo de Alhosáin, hijo de Abdala, hijo de 
Alhosáin^ conocido más comúnmente por 
Abulháquem Abenkasún, hombre de ilustre as- 
cendencia j que se había criado en la hol- 
gura de su posición, llegando á adquirir 
nombre por su ciencia: cuando los cadí es de 
las diferentes ciudades se pusieron en rela- 
ción, sin duda para acordar su conducta con 
los almorávides, se declaró independiente en 
Málaga, el sábado 13 de Ramadán de 539 
(9 de Marzo de 1145): sitiados los almorávi- 
des en la alcazaba durante siete meses, el 



I Lo que de la suerte do Málaga en osle pe- 
ríodo había podido averi>!uarse era muy poco y vago: 
(vedase en Guillan Rnbl''fi, Málngn mwinlmnna, pág. 142): 
hoy sabemos algo más, gracias á los libros adquiridos 
ó publicados últimamente. 



— 69 — 

gobernador Almansur hijo de Mohámed el 
Hach, hubo de capitular, instalándose en ella 
Abenhasún después de dos meses, tomando 
el título de emir j dándose el tono de los ca- 
díes que habían asumido el mando: al frente 
del ejército puso á sh hermano Abulhasán, 
á quien, dice Abenaljatib, dí6 el gobierno 
dé Córdoba j su comarca; aunque esto sería 
como aspiración ó puro título, pues no haj 
indicio de que llegase á obtener tal mando 
efectÍYO. 

Los almorávides vecinos de Abenhasún 
no cesaron de molestarle procurando cortarle 
las comunicaciones j aprovisionamiento, j 
esto le obligó á tomar á su servicio ó pedir 
auxilio á los cristianos, comprometiéndose á 
darles sueldo, para lo que hubo de estrechar 
á los de Málaga con impuestos: disgustado 
el pueblo con esto, unido á la reprobación de 
su conducta, se pusieron de acuerdo con un 
hombre sagaz de entre sus servidores, cono- 
cido por El de Loja, j fijado el día, se rebe- 
laron, sorprendiendo á los porteros y apode- 
rándose de la alcazaba: encerrado Abenhasún 
en el alcázar, allí se defendió; al convencerse 



— 70 — 

de que iba á morir (pues su hermano ya ba- 
hía sido muerto en la conmoción)^ temiendo 
que sus mujeres llegaran á poder de otros, 
intentó matarlas en el palacio; pero ellas se 
defendieron en las galerías j cuartos: agra- 
vada más la situación* prendió fuego á sus 
lihros j tesoros, j luego tomó un veneno que 
no produjo el efecto deseado: en vista de 
esto, aguzó el hierro de una lanza j se pre- 
cipitó sobre él hasta que le salió por la es- 
palda, sin que ni aun esto acabara con su 
vida; así que, al entrar los almohades en el 
palacio, le encontraron revolviéndose en su 
sangre j ofreciéndose á la muerte: aun vivió 
dos días, muriendo el 11 de Rebia primero 
del año 548 (6 de Junio de 1153): su cadáver 
fué crucificado j, cortada la cabeza^ fué lle- 
vada á Marruecos, quedando Málaga desde 
esta fecha en poder de los almohades, quie- 
nes ja dijimos que habían crucificado tam- 
bién el cadáver de Abenhamdín, muerto 
veinte meses antes ^ . 



4 Abenaliatib, Ms. Ar. de la Academia, núm. 37, 
folio 253, y fot. 49 de mi copia sobre el códice de la 
Biblioteca de Argel: Adabi, Bib. Ar. his. to. III. pási- 
ñas 32 y 33. 



LA REBELIÓN EN EL ORIENTE 
DE ALANDALUS 



Como se ha dicho, uno de los que más 
•contribuyeron á expulsar de Alandalus^ 6 
•mejor dicho, á que desapareciera de ella el 
imperio de los almorávides, fué Almoslánsir 
Abenhudf llamado también Zafadola, hijo de 
Abdelmélic Imadodaula, último rej de Za- 
ragoza. 

Nuestro Zafadola, pues así le llamamos 
•con los autores cristianos, á la muerte de su 
padre en el año 524, le sucede en el señorío 
de Rueda j en el año 525 6 526 ^, 6 acosado 



4 Bibl. Ar. his. lo. 111, pág. 32.— Dozy, Nolices, 
página 935, y Abenaljatib, obra citada. 



— 72 — 

por las armas victoriosas de Alfonso YII, 6- 
entusiasmado con sus hazañas, como dicen 
nuestras crónicas^ entrega el castillo de Rue- 
da en cambio de la mitad de Toledo * . 

Establecido Zafadola en Toledo, allí per- 
manecería hasta el año 539^ en el que, ini- 
ciada la rebelión general contra los almora— 
yides, se rebela en las fortalezas inmediatas 
á su pequeño dominio, y desde allí baja ét 
Córdoba, donde entra sin resistencia por la 
connivencia con sus moradoi*es j el auxilia 
de los ricos ^. 



1 Abcnalabar en la biografía de Zafadola (Do- 
zy, Notices, pág. 224) asigna á este acontecimiento la 
fecha del penúltimo mes del año 534.— Abenalatir, to- 
mo XI, pág. 20, ílja la fecha 529: la Crónica del Emperador 
D. Alfonso^ aunque no asigna fecha concreta á la en- 
trega del castillo de Rueda y á la alianza de Zafadola 
con el Emperador, parece asignar á estos sucesos la 
fecha que aceptamos ó muy inmediata, pues los re- 
fiere á continuación del año 1131 (ó sea 52o y 526 de 
la hégira) (Es. Sag., to. XXI, pág. 330); después en los 
años 1133 y 1135 supone la presencia de Zafadola en la 
expedición contra Andalucía y en la proclamación 
del Emperador, por tanto parece debemos admitir 
para la alianza de Zafadola con el Emperador la fe- 
cha que parece inferirse de la Crónica. 

2 Véase su biografía en Dozy, Notices, pág. 224. 



— 73 — 

De las negociaciones que para esto de- 
bieron mediar nos da alguna indicación la 
Crónica de Alfonso YII, á quien Zafadola 
acompañó en sus expediciones á Andalucía 
en el año 1133, j probablemente en 1144. 

Refiriéndose al final de la primera de 
estas expediciones dice el autor de la Cróni- 
ca ^: «Viendo esto (los estragos causados por 
el ejército del Emperador), los magnates de 
los agarenos enviaban secretamente mensa- 
jeros al Rej Zafadola diciéndole: habla con 
el Rej de los cristianos j con él líbranos de 
las manos de los Moabitas ^; nosotros paga- 
remos al Rej de León tributos reales majo- 
res que los que nuestros padres dieron á los 
SUJOS, j seguros contigo, le serviremos, j tú 
j tus hijos reinaréis sobre nosotrosi>. Oido 
este mensaje por el Rej Zafadola, después 
de consultar con el Rej j sus fieles conseje- 
ros, les contestó: «Id y decid de mi parte á 
mis hermanos los príncipes de los agarenos 
(lo siguiente): «Apoderaos de algunos casti- 

4 Ep. Sag. lo. XXI, pág. 334. 
4 A los musulmanes españoles llama Agarenox, 
y MoíibUas ¿i los almorávides. 



— 74 — 

lioa r^árwa v ¿¿ al^ri^aa torres de las cia- 
da dea ^ ni^Ted :r^¿"a e:i todo luc^r. t al 
nioTnec-Go. vi ve*. Rev de Leca oa sacone- 
remos >. D¿ap':LÍi de ea'.aa plitícaa. elEmpo- 
rador levan nó el campo, paad el paerto de 
Amireli j '--¿g'^ á Tala vera. 

Nada áab¿m.as de los reaultadoa piictícos 
de laa plá!;i::aa iaiciadas ea el. año 1 1 33 (527 
V oSíS"^. n: aun si se siíaió ^restíoatado 6 
prepara adj el terreno para ana sableTación 
general: probablemente no se coosignió mis 
qae fomentar el descontento contra los almo- 
rávides. 

Diez años despees, la expedición del 
Emperador hasta el corazón de Andalacía 
en 1144 (de Chumada 2 * de 538á Racheb 
de 539) debió de contribuir no poco á moTer 
los ánimos contra ios almorávides, impotentefl 
para toda resistencia: por eso los moros an- 
daluces volvieron naturalmente los ojos hacia 
los personajes propiamente españoles j de 
ascendencia ilustre por descender de estirpe 
real. 

En Septiembre de 1144 (Rebia 1.° de 539) 
se reunían en Toledo todos los Condes, Mag- 



— 75 — 

nales j Duques del Emperador, cada uno con 
BUS milicias^ j los alcaides, caballeros j peo- 
nes de toda Extremadura ^: reunido este nu- 
meroso ejército, el Emperador levantó el 
campo, dirigiéndose al país enemigo, que 
devastó desde Almería á Calatrava, «destru- 
yeron todas sus viñas j olivares; cortaron las 
higueras j manzanos; prendieron fuego en 
«US ciudades, villas j aldeas, quemaron con 
llamas sus castillos; se apoderaron de hom- 
bres j mujeres j de sus hijos, haciendo gran 
botín de caballos, jeguas, camellos, mulos, 
aisnos, buejes, vacas j toda clase de ganado, 
oro, plata j objetos preciosos, que encontra- 
ban en las casas: todo lo sobredicho fué 
llevado al Emperador, que estaba acampado 
«n tierra de Granada: después de esto, el 
Emperador se volvió á Toledo». 

Exagerada será sin duda la narración an- 
terior; pero de todos modos se comprende el 
efecto que la campaña debió de producir en 
el ánimo de los moros españoles j que el 

4 Según el editor de la Crónica, Extremadura 
indica aqui la frontera que venia ¿comprender, poco 
más 6 menos, la cuenca del Tajo. 



— 76 — 

autor dd la Crónica añade á continuación. 
«Viendo los principales j jefes j todo el 
pueblo de los Agarenos los referidos males j 
que el Emperador j sus magnates se dirigían 
todos los años contra su tierra; que las hues- 
tes de Toledo, Segovia, Avila, Salamanca j 
otras ciudades destruían todos los días alga 
del territorio musulmán^ se congregaban en 
las plazas j asientos de las ciudades j en la& 
sinagogas (mezquitas) diciendo: «Qué vamos 
á hacer, pues no podemos sostener la guerra 
contra el Emperador j sus capitanes». A la 
cual respondían algunos diciendo: «Los Moa- 
bitas se comen lo mejor de la tierra; nos qui- 
tan nuestras posesiones, oro j plata, j opri- 
men á nuestras mujeres é hijos; peleemos 
por tanto contra ellos; matémoslas j sacuda- 
mos de nosotros el jugo con que nos opri- 
men, ja que no tenemos parte en el palacio 
de Texufín, ni herencia entre los hijos de 
Alí j de su padre Yúsuf»: otros decían: «ha- 
gamos primero paz j alianza con el Empera- 
dor de León j Toledo j démosle tributos de 
Rej, como nuestros padres los dieron á los 
SUJOS» : pareció esto bien j el que todos es- 



— 77 — 

tuviesen preparados para la guerra contra los 
Marroquinos ^: vueltos inmediatamente ásus 
BÍnagogas, oraban pidiendo la misericordia 
de su falso profeta Mahoma para que les ayu- 
dase en lo que habían comenzado; j, enviando 
mensajeros, llamaban al rej Zafadola j á to- 
dos los descendientes de los antiguos rejes 
-de los Agarenos para que fuesen hacia ellos 
j peleasen contra los Moabitas». 

Y efectivamente, en aquel mismo año se 
hizo general la sublevación que en Mértola 
había iniciado Ahmed Abencasi, probable- 
mente sin conexión con estas tendencias; 
pero si Zafadola no fué el primero ni el más 
afortunado de los que se levantaron contra 
los almorávides, fué indudablemente el de 
más nombradla j prestigio entre los musul- 
manes españoles, j su autoridad fué recono- 
cida en varios puntos, bien que de un modo 
poco duradero, pues probablemente no me- 
recía el prestigio de que gozaba, más por su 

4 Los almorávides toiiian la corlo en Marrue- 
cos y sin duda los moros españoles emplearían el pa- 
tronímico marroi¡ui ó marro(¡uino como sinónimo do 
■almorafid. 



— 78 — 

ascendencia j edad que por sos mérito» 
propios. 

Al fijar j discutir las fechas de los acón* 
tecimientos en que tomó parte Abenhamdín, 
ha sido preciso apreciar las indicaciones de 
los autores respecto á Zafadola: de ellas re- 
sulta^ como hemos visto, que Abenhamdín 
fué proclamado en Córdoba por primera Tez 
hacia el mes de Chumada postrero del año 
539 (Noviembre ó Diciembre de 1144); pero 
no por cuenta propia, sino como lugarte- 
niente de Zafadola, hasta que éste entró sin 
resistencia alguna en la antigua capital del 
califato en Enero de 1145 (Ramadán de 539). 

Si efímero fué éste que se ha llamada 
primer reinado de Abenhamdín, tanto que 
los toledanos parece que no tuvieron noticia 
de él, porque no fuera proclamado con títu- 
los pomposos, como lo fué después, no duró 
mucho más el reinado de Zafadola en Cór- 
doba, á pesar de haber sido llamado por el 
pueblo j ricos, con quienes se habría puestcv 
en relación desde que acompañara al Empe- 
rador en las incursiones por territorio mu- 
sulmán. 



— 79 — 

Al decir de casi todos los historiadores 
árabes que de ello hacen menciÓD^ sólo doce 
dios permaDeció Zafadola en Córdoba j, aun- 
que aceptemos lo que dicen los Anales To- 
ledanos, siempre resulta que su reinado fué 
muj corto, pues que habiendo entrado en el 
mes de Enero, ¡uxó á Granadaisn el mes de Mar- 
do de 1145 j entonces fué proclamado de nue- 
TO Abenhamdín. 

De lo que en Córdoba hiciera Zafadola 
en su corto reinado, nada dicen los autores 
árabes j poco nuestros cronicones: cuando 
tan pronto se dis;>ustaron de él los de Córdo- 
ba, j lo mismo hicieron luego los de Grana- 
da, no tendría grandes condiciones de man- 
do; j el hecho de haber dado muerte á Farax 
Adali, el antiguo gobernador de Calatrava, 
que tantas victorias había conseguido contra 
los cristianos, prueba al menos que la gloria 
adquirida en los combates no era bastante á 
garantir la vida de los que le contrariaban. 

Echado de Córdoba, Zafadola hujó á 
Granada, como dicen los Anales Toledanos, 
ó á Jaén j de allí á Granada, lo cual no está 
en contradicción: en Jaén venció al cadí 



— 80 — 

Abencliozaj, que se había rebelado, sin da- 
da contra los almorávides^ declarándose in- 
dependiente, 6 mejor dicho, no reconociendo 
á Zafado] a como representante del poder en 
Córdoba. 

Habiendo dejado en Jaén por lugarte- 
niente á un sobrino sujo, Zafadola se diri- 
gió á Granada^ adelantándose á las fuerzas 
que Abenhamdín enviaba en auxilio de Ali 
Abenadha; así que, las tropas mandadas por 
Alí Omalimad, sobrino ó primo, según pa- 
rece, de Abenhamdín, hubieron de regresar á 
Córdoba: sin duda Abenadha de Granada se 
habría puesto de acuerdo con Zafadola, aun- 
que había proclamado á Abenhamdín, pues 
no ofreció resistencia á la entrada de Zafa- 
dola ^. 

No es fácil fijar la fecha concreta de la 



4 Abenalabar, Dozy, Xolices, pág. 208.~No es 
fácil comprender lo que pasó en Granada: Abenala- 
bar dice que Abenadha, en lucha contra los almorá- 
vides encerrados en la alcazaba, pidió auxilio á Aben- 
hamdín de Córdoba y á Abenchozay de Jaén, y que 
habiéndose adelantado Zafadola al ejército enviado 
por Abenhamdín, Abenadha y Zafadola se auxiliaron 
9 mutuamente. 



— 81 — 

•entiada. de Za&dola en Granada, ni tampoco 
el tiempo que en ella permaneció; pero pue- 
•de fijarse de un modo aproximado, por la 
marcha de los acontecimientos que se des- 
arrollan en Córdoba j Murcia: los sucesos de 
«Granada en que interviene Zafadola han de 
•encerrarse precisamente en los nueve meses 
-que median entre Ramadán de 539 (Marzo de 
1145), en que es echado de Córdoba, j el 
-viernes 18 de Racheb del año 540 (5 de Ene- 
ro de 1146) en que entra en Murcia (25). 

Instalado Zafadola en la alcazaba de la 

Alhambra, quedó reconocido como señor de 

-Granada j su comarca, j por esto en el mes 

de Dulcada le vemos nombrar gobernador de 

'Guadix á Abdelaziz Abenabuasin ^. 

Entre tanto los almorávides de la alca- 
zaba hacían sin duda frecuentes salidas j en 
•una de ellas, en un combate librado con las 
-fuerzas de Zafadola, fué mortalmente herido 
Imadodaula, su hijo, j los almorávides le 
envían su cadáver: en encuentro posterior, 
•entrado ja el año 540, muere también AIí 

4 M8. de la Bibl. Na. Gg. i8, p. 447. 
Almorávides 6 



— 82 — 

Abenadha, sucediéndole en el mando su hija 
Mohámed. 

No contando Zafadola con fuerzas para 
someter á los almorávides encerrados en la 
alcazaba, gestionaría sin duda el que sus par- 
tidarios de otros puntos le enviasen refuer- 
zos; j, efectivamente, después de la muerte 
de Alí Abenadha, llegaba desde Murcia Aben- 
abicháfar, con ejército de alguna importan^ 
cia; pero fué derrotado j muerto en la bata- 
lla de la Almosala, bien porque los almora— 
yides se aprovecharan de un desorden acci- 
dental producido al acampar, bien porque 
acometieran dispuestos aun supremo esfuerzo- 
j á morir, consiguiendo con esto desordenar 
las haces enemigas: es lo cierto que los que 
se salvaron del ejército de Abenabi chafar se 
retiraron precipitadamente á Murcia. 

La batalla de la Almosala j muerte de 
Abenabicháfar, tuvieron lugar el viernes^ 
tres de Rebia primero del año 540 (24 de 
Agosto de 1145). 

Después de esta derrota parece que Za- 
fadola pudo sostenerse en Granada durante 
un mes, j que desconfiando ja de poder sos- 



— 83 — 

tener la lacha constante con los almorávides, 
se retiró á Jaén, quizá en el mes de Rebia 
segundo, continuando allí por algún tiempo, 
hasta que dos meses después se dirige á Mur- 
cia, donde entra el 18 de Racheb de 540 (4 
de Enero de 1146). 

Al retirarse Zafadola de Granada, quedó 
con el mando de la ciudad, como indepen- 
diente ó como feudatario sujo, Mohámed 
hijo de Alí Abenadha, quien^ á los ocho días^ 
fatigado de haber de sostener combates ma- 
ñana j tarde contra los almorávides de la 
alcazaba^ se retira á Almuñécar, volviendo 
sin duda el pueblo de Granada á la obedien- 
cia de los almorávides, á cuja causa perma- 
neció fiel después durante bastante tiempo, 
cuando ja toda Alandalus reconocía á los al- 
mohades ó á Abenmerdanix de Murcia. 

Testimonio elocuente de la adhesión de 
Granada á la causa almoravide tenemos, co- 
mo queda dicho, en un precioso diñar de^ 
año 545, en el que, extinguida la familia de 
los Príncipes almorávides, se pide para ellos 
la misericordia de Alá '. 

4 Véase Vives, obra citada, número 1779. 



— 84 — 

Hacia el mismo tiempo en que Zafádola 
salía de Granada, tomaba posesión del go* 
bierno de Murcia, j probablemente como yi- 
sallo 6 lugarteniente, un amigo sujo, llama- 
do Abumohámed Abdala Abenijad, quien, 
puesto de acuerdo con sus partidarios que 
salieron á visitarle en Orihuela, en cuanto 
esta población le fué entregada por el yeIí 
Abenzanón, se dirigió á Murcia j se instaló 
en el alcázar major, sin que nadie tratara de 
estorbárselo: sucedía esto el 10 de Chuma- 
da primero del año 540 (29 de Octubre de 
1145) «. 

El reyezuelo de Murcia Abuabderrahman 
Abentáhir, que desde la muerte de su ante- 
cesor en la batalla de la Almosala de Grana- 
da, apenas había tenido tiempo para enterarse 
de los rincones del alcázar grande, si efecti- 
vamente merecía este nombre, nada supo de 
las negociaciones del que trataba de suplan- 
tarle, j hasta se esforzaba por congraciarse 
con los que iban á Orihuela á cumplimentar 
al futuro rej de Murcia: es lo cierto que 

4 Dozy, Notices, p. 214 y 219: según otro autor, 
«itado en la misma página, fué el 26 del mismo mes. 



— 85 — 

Abuabderrahman Abentáhir no hizo resis- 
tencia^ j retirándose, primero al alcázar pe- 
queño, j luego á su casa, consiguió que 
Abenijad, no considerándole temible, le de- 
jase en paz. (26) 

Instalado Abenijad en el alcázar major 
de Murcia, proclamó á Abenhud, contentán- 
dose con ser su lugarteniente; j Zafadola, 
en tanto que se preparaba para presentarse en 
sa nuera capital, envió á Murcia á su hijo 
Abubéquer, á quien salió á recibir Abenijad, 
mostrándose muj honrado con su presencia: 
luego se fueron ambos á Valencia, donde el 
pueblo, al echar de ella al cadí Meruán Aben- 
abdelaziz había proclamado á Abenijad, casi 
al mismo tiempo que el de Murcia. 

Abenijad entregó el mando de Denia á 
Abubéquer Abenhud, j vuelto á Valencia, 
al tener noticia de la llegada de Zafadola á 
Murcia, á los dos días se le presentó, pres- 
tando homenage, é instalándose en el alcá- 
xar pequeño ^ . 

Poco tiempo permaneció en Murcia Za- 



4 Doxy, Notices, p. 226. 



— 86 — 

fadola, pues se acercaba el término de su ac- 
cidentada carrera: aunque le vemos salir á 
campaña personalmente, era poco amigo de 
iocuparse en la gobernación del estado, pues 
Inos dice Abenalabar que entregó los negocies 
á Abenijad, contentándose con el nombre de 
Principe, 

No aparecen claras las circunstancias de 
la batalla en la que Zafadola pierde el trono 
j la vida: Abenalabar dice que á las pocas 
noches de haber hecho entrega de los nego- 
cios en poder de Abenijad, se dirigieron 
ambos á Játiva, á donde ja se les había ade- 
lantado, con el ejército de Valencia, Abdala 
Abensaad: había éste salido en persecución 
de los cristianos, que talaban la comarca: 
eran éstos los soldados del tirano Alfonso 
(VII), j cuando se encontraron ambos ejér- 
citos, después de haberse unido las tropas de 
Valencia j Murcia, trabada la batalla, mu- 
rieron Abenhud j Abensaad, salvándose 
Abenijad. 

Esta batalla, perdida por los muslimes, 
se dio en el lugar conocido por Alloch (?), en 
la llanura cerca de Chinchilla, el viernes 20 



— 87 — 

<le Xabán del año 540(5 de Febrero de 1146), 
aunque se dice que fué el sábado siguiente: 
algunos autores le llaman la batalla de Alba- 
-cele, j por haber muerto en ella Abensaad, 
es conocido por el de (la batalla de) Albacete ^. 

En los Anales Toledanos se hace mención 
-de esta batalla j de sus resultados con estas 
lacónicas palabras: «Lidió Cahedola con 
-Gbristianos é matáronlo en el mes de Febre- 
ro, Era 1184» ^: fecha que concuerda perfec- 
tamente con la que hemos tomado de Aben- 
alabar. (27) 

Estudiada la historia de la rebelión ge- 
neral contra los almorávides, en el Algarbe, 
•en Córdoba j en Granada, j desembaraza- 
dos ja de la narración de lo que se refiere & 
Ahmed hijo de Yúsuf conocido por Zafadola 
j por Abenhud, j que como hemos visto, 



1 En el tomo XXXll, pág. 467 del Boletín de la 
Heal Academia de la Historia, dijimos equivocada- 
mente, que el muerto en la batalla de Albacete, fué 
Abeniyad: aunque la equivocación quedó rectificada 
luego en el tomo XXXllI, pág. 352, no croemos in- 
oportuno hacer esta rectificación. 

2 España Sagrada, to. XXllI, p. 390. 



— 88 — 

figura en primera línea^'lo mismo en la his- 
toria de la rebelión de Córdoba, que en la 
de la parte oriental, pasemos ja al estudio- 
de ésta. 



REBELIÓN EN EL ORIENTE 
DE ALANDA.LUS 



Marola y falencia 

La historia del oriente de Alandalus^ 
principalmente de Murcia j Valencia, en este 
período que examinamos, ofrece tal compli- 
cación que, á pesar de que nos dan mucha 
luz las biografías de algunos de los persona- 
jes que en este período obtuvieron el mando 
supremo, difícilmente podemos darnos cuen- 
ta de muchos de los sucesos: narración deta- 
llada j especial no haj que buscarla en los 



— 90 — 

autores árabes j menos en nuestros histo— 
ría dores particulares, que poca 6 ninguna no- 
ticia tuvieron de largos periodos de la domi- 
nación musulmana, cabalmente de aquellos 
que más interés podían ofrecer para los his- 
toriadores de ciudades; pues cuando éstas 
formaban parte de la dominación general, 
lo que á ellas se refiriese, había de tener in- 
terés secundario, al paso que lo tenía muj 
capital, cuando cada ciudad constituía una 
entidad independiente; tanto más si, como 
sucede en Murcia en este período, el jefe de 
ella aspiraba, j lograba alguna yez, ser el 
centro de casi toda la España musulmana. 

La historia de Murcia j la de Valencia 
en este período se compenetran entre sí j, 
por fin, se refunden en la de los yalíes 6 
príncipes que dominan en Murcia, donde 
en los dos primeros años de este período, 539 
j 540, los rejes ó valíes independientes fue- 
ron muchos, j de ellos apenas tenemos más 
noticias que las que nos han legado Aben- 
alabar j Abenaljatib, j por cierto que mu— 
chas de ellas se encuentran no en la biogra- 
fía del personaje á quien se refieren, sino en 



— Ol- 
la de algún otro, en la cual entran de un 
modo más 6 menos natural. 

Inciiada la sublevación contra los almo- 
rayides en el Algarbe en el mes de Safar del 
año 539 (Agosto de 1144) j secundada en 
Córdoba por Abenhamdín hacia el mes de 
Racbeb (de 28 de Diciembre de 1144 á 26 de 
Enero de 1145)^ j luego como legalizada 
con la proclamación de Abenhud en Rama- 
dan de este mismo año (de 25 de Febrero 
á 26 de Marzo de 1145), por este mismo 
tíempo se propaga por Murcia j Valencia. 



Ciobferno de Abenalhaeh 
(reconociendo á AbenhamdEn> 

Los de Murcia, bien porque alguien es- 
tuyiese preparando el terreno en connivencia 
con Abenhamdío^ ó como manifestación es- 
pontánea del odio que los musulmanes espa- 
ñoles profesaran á los almorávides, al tener 
conocimiento de lo ocurrido en Córdoba, se 
rebelan, poniendo al frente del gobierno á 
Abumohámed Abderrahman, hijo de Chafar, 



— 92 — 

hijo de Ibrahim, el de Lorca, conocido de 
ordinario por Ahenalhach, el cual proclamó á 
Abenhamdín, por quien hizo la oración pú- 
blica durante algunos días de los meses de 
Ramadán j Xaual ^ de este año, en que, co- 
mo dice Abenalabar, abundaron los rebelde» 
en el oriente j occidente de Alandalus. 

No había nacido Abenalhach para el car- 
go á que le elevaron las circunstancias, así 
que, luego manifestó disgusto del mando j 
deseo de dejarlo, quizá porque le crearon di- 
ficultades los partidarios de Zafadola, quien, 
por aquellos meses, manifestaba pretensiones 
de dominar en la parte oriental; pues dice 
Abenalabar ser cosa corriente entre los auto- 
res que Zafadola envió á Murcia uno de su» 
capitanes llamado Abdala Abenfárech, el 
Tegrí ó Zegrí (el de la frontera), quien á mi- 
tad de Xaual echó de Murcia j reemplazó ét 
Abenalhach, que durante un mes escaso ha- 
bía ejercido el mando bajo la obediencia á 
proclamando á Abenhamdín. (28) 



4 Dozy, Notices, p. 217. 



— 93 — 

GoMerno del arráes Abdala el Segrí 

Reemplazado en Murcia Abenalhach por 
Abdala Abenfárech el Zegrí, que después fi- 
gurará en las monedas con el título de arráez^ 
proclama la obediencia de Abenbud á mitad 
de Xaual, pero á fines del mismo mes es re- 
emplazado por Abenabicháfar. 



Gobierno de Abenabicháfar 

• 

Abucháfar Mohámed hijo de Abdala, co- 
nocido por Abenabicháfar, sucesor del Zegrí, 
decía, respecto á su elección, que el mando no 
le cuadraba ni <^un le merecía; pero que lo 
«ceptaba para proteger al pueblo j á unos 
contra otros, hasta que se presentase quien 
fuese digno del mando ^ . 

Abenabicháfar gobernó á Murcia du- 
rante los tres últimos meses del año 539, j 
primeros del 540, pero aun este corto tiem- 
po no lo pasó sin disturbios; pues habiendo 
salido de la capital con objeto de unirse al 

i Dozy, Nolices, p. 217. 



— 94 — 

ejército de Meruán AbeDabdelmélic, rej de- 
Valen cia, que en Játiya sitiaba á los almo- 
ravides^ los de Murcia promoyieron un albo- 
roto, que Abenabicháfar acudid á sofocar^ 
yolyiendo luego á Játiya, hasta que esta ciu- 
dad C8 JÓ en poder de su aliado el rej de Va- 
lencia : en el mes de Safar del año 540, yuel- 
to á Murcia Abenabicháfar, pronto hubo de 
salir de nueyo, para no yolyer, pues habien- 
do salido en auxilio de Alí Abenadha de 
Granada, 6 mejor dicho, de Abenhud Zafa- 
dola en lucha con los almorayides de la alca- 
zaba, el de Murcia fué derrotado j muerto 
en la batalla de Almosala antes de fin de 
Rebia primero ^, 'ja que en este día, llegada á 
Murcia la noticia de su derrota j muerte, se 
le dio sucesor: el ejército á las órdenes de 
Abenabicháfar se dice que llegaba á 12.000- 
hombres entre peones j ginetes. 

£1 mismo Abenalabar, después de refe— 
rir la historia de estos dos últimos reyes de 
Murcia del modo que lo acabamos de hacer 
casi con sus mismas palabras^ pone otra tra- 



\ Dozy, Notices, p. 218. 



— 95 — 

dici<$Q que, conforme en las fechas/ difiere 
bastante en el fondo: esta segunda versión 
dice estar tomada del historiador Abensáhi- 
basala, generalmente mejor informado que 
otros; por esto^ no encontrando razones, ja 
que no decisivas, de alguna fuerza para se- 
guir una versión más bien que otra^ debe- 
mos consignarlas ambas. 

Dice Abensáhibasala que Abdala el Ze- 
grí estaba de capitán en Cuenca, cuando tu- 
vo noticia de la proclamación de Abenham- 
din en Córdoba j que se dirigió hacia él 
permaneciendo algiin tiempo en su compa- 
ñía: convienen los historiadores^ añade, que 
Abenhamdín recibió mensaje de los de Mur- 
cia diciéndole que^ habiendo dado el mando 
á Abumohámed Abenalhach (bajo su obe- 
diencia, por supuesto), éste había hecho re- 
nuncia del gobierno, j que entonces Aben- 
hamdín les envió de valí á Abdala el Zegrí, 
nombrando cadí á Abucháfar Abenabichá- 
far: el Zegrí llegó á Murcia el martes mitad 
de Xaual del año 539: luego, aunque Aben- 
abicháfar, en su calidad de cadí, era real- 
mente el segundo, manifestó ó se vio quo 



— 96 — 

ambicionaba la jefatura; paea babiendo 
unido tropas, marchó á combatir ¿ los almo- 
rávides de Orihuela, ¿ quienes mató pérfida- 
mente faltando á lo que con ellos babüi 
estipulado: desembarazado de Mta expedi- 
ción, entró abiertamente en cabildeos con la 
gente de Murcia, proponiendo que le diesen 
el mando; que el cadiazgo, que él habia ejei^ 
cido, pasase á manos de Abuabdala Aben— 
alhallel; j que Abdala el Zegrí fuese nom- 
brado jefe de la caballería. 

No encontrando Abenabicbáfar quien se 
opusiese á sus miras ambiciosas, fué procla- 
mado sin oposición^ j á seguida negó la obe» 
diencia á Abenbamdín, declarándose inde- 
pendiente: como para sellar solemnemente 
este acto de rebeldía, no se contentó con me- 
nos que con tomar el titulo de El emir Aiuutr- 
iidinala (el emir protector de la religión de 
Alá), desechando el que llevara antes de Adai 
¡iamir almoslimin (el que obedece al emir de 
los muslimes): necesitando sin duda preca- 
verse contra los partidarios de Abenhamdín» 
encarceló á Abdala el Zegrí, lo mismo que 6 
dos cuñados de éste, hijos de Masluca, danda 



— 97 — 

<ií cargo de jefe de la caballería á ZanÓD, uno 
de los jefes del ejército ^. 

Desde este punto están conformes ambas 
narraciones con la única diferencia de que 
Abensáhibasala indica cuál fuera el motivo 
del alboroto ocurrido en Murcia, mientras 
Abenabicháfar estaba en el sitio de Játiva: 
no fué otro que el de poner en libertad á 
Abdala el Zegrí j á sus cuñados, quienes 
probablemente huirían todos á Cuenca al 
llegar Abenabicháfar, aunque el autor sólo 
lo asegura respecto á Abdala el Zegrí. 

(■Obi erno de Abentáhf r 

Muerto Abenabicháfar en la desgracia- 
da expedición de Granada, al llegar á Murcia 
la noticia, los de la ciudad convinieron en 
dar el mando á Abuabderrahman Mohámed 
hijo de Abderrahman, hijo de Ahmed^ hijo 
de Abderrahman Abentáhir el Caisí, conoci- 
do generalmente por Abentáhir: sucedía esto 
á fines de Rebia primero del año 540 (20 de 
Septiembre de 1145). 

^ Dozy, Nolices, pág. 218. 
Almorávides 7 



— 98 — 

Instalado Abentáhir en el alcázar^ procla- 
mó la obediencia de Abenhud^ á reserva, se- 
gún parece, de aspirar á sucederle en el man- 
do: al frente de la caballería^ jefatura que 
resulta ser en este tiempo la más importante, 
puso á su hermano Abubéquer. 

Por aquel mismo tiempo, Abenhamdín 
quiso recobrar la inñuencia que había tenida 
en Murcia, j al efecto envió un ejército á las 
órdenes de un sobrino sujo llamado Omal- 
imad, quien hubo de volverse defraudado, 
habiendo sucedido lo mismo con otro ejército 
á las órdenes de su primo, llamado Alfol— 
folí ^, acompañado de Abumohámed Aben- 
alhach, el primero que se había rebelado, ó 
mejor dicho, que había ejercido el mando en 
Murcia: acompañábanles otros que habían ido 
á prestar homenaje á Abenhamdín, j á pesar 
de que los expedicionarios debían de tener 
connivencias dentro de la ciudad, no pudie— 



i Abcnalabar (Dozy, Nolicos, pág. 228) pone la 
biografía de este personaje, llamado Abulhasán Mo~ 
hámed, hijo do Hamdín, hijo de Alí, hijo de Moho- 
med, hijo de Abieíaziz Abenhamdín. 



— 99 — 

ron enlrar, j los partidarios de Abenhamdín 
hubieron de esconderse. 

Ocupado j aun preocupado Abentáhir en 
perseguir á los partidarios de Abenhamdín, 
no advirtió que tenía en casa otros enemigos, 
j su emirato dura muj poco tiempo, pues 
los de Murcia, escribieron á Abumobámed 
Abenijad de Valencia para que fuera á en- 
cargarse del mando, como efectivamente lo 
hizo. 

Gobierno de Abeniyad 
(á nombre de Xafadola) 

Al llegar Abenijad á Orihuela, el valí 
Zanón le hizo entrega de la ciudad, y allí 
fueron á visitarle los que le habían invitado 
á que se apoderase de Murcia: Abentáhir en- 
tre tanto nada sabía de lo que contra él se 
tramaba j hasta procuraba captarse la amis- 
tad de los que iban á visitar á Abenijad, 
quien, cuando Abentáhir menos lo pensaba, 
entró en Murcia, se dirigió al alcázar major 
j tomó posesión del mando, sin que nadie 
se le opusiera: esto sucedía el 10 de Chumada 
primero del año 540 (29 de Octubre de 1145); 



— 100 — 

de modo que Abeniáhir ejerció el mando 
unos 40 días; pues, como hemos visto, se ha- 
bía trasladado al alcázar grande á fines de 
Rebla primero de este mismo año j ahora se 
traslada al alcázar pequeño, donde no sabemos 
cuánto es tu yo: pero pronto se trasladó á su 
casa, donde Abenijad le dejó vivir tranquilo, 
conociendo sin duda que no era temible. 

Vuelto Abentáhir á la vida privada, no 
vemos que tomara parte alguna en los sucesos 
posteriores de Murcia, donde vivió durante 
largos años, hasta la muerte de Mohámed 
Abensaad, cuja ambición j prudencia le tu- 
vieron siempre receloso: muerto Abensaad, 
se calmó el temor de Abentáhir j habiendo 
entrado en la obediencia de los almohades, 
se trasladó á Marruecos, donde murió en el 
año 574 ^. 



1 Dozy, Notices, pág. 220. 



— 101 — 



LA REBELIÓN EN VALENCIA 



Durante los primeros meses de la rebelión 
general contra los almorávides. Valencia no 
tuTO relaciones especiales con Murcia, si bien 
pronto aparece como ejerciendo supremacía 
sobre ella; pues hemos visto que Abenabi- 
cháíar fué en auxilio de Abenabdelaziz de 
Valencia^ que sitiaba á los almorávides en 
Játiva; j parece que estaba como mero au- 
xiliar, ya que, tomada ésta, quedó agrega- 
da á Valencia. 

Mientras en Murcia se sucedían en el 
mando Abumohámed Abeualhach^ Abdala 
Abeofárech el Zegrí, Abenabicháfar j Ab- 
derrahman Abentáhir, Valencia estaba go- 
bernada por Abuabdelmélic Meruán hijo de 
Abdala, hijo de Meruán, hijo de Mohámed, 
conocido más generalmente por Abenabde- 
laziz. 



— 102 — 

Abenalabar ^ pone una biografía detalla 
da de Abenabdelaziz^ de la cual extractamos 
aquí lo más importante^ referente á este pan- 
to, prescindiendo de lo que se utiliza en la 
narración relativo á otros personajes. 

Cuando llegó á Valencia, el sábado 5 de 
Ramadán del año 539, la noticia de la procla- 
mación de Abenhamdín y de que Abengania 
se había retirado de Niebla^ desesperando de 
poderla recobrar, teniendo otras cosas más 
urgentes é importantes que dominar, la gente 
de Valencia se alborotó: estaba de valí 6 go- 
bernador un sobrino de Abengania, llamado 
Abumohámed Abdala hijo de Mohámed, hijo 
de Alí, y de cadí, este Abenabdelaziz, á quien 
Texufín hijo de Alí había conferido este car- 
go el 24 del mes de Dulhicha del año 538 ^. 
A pesar de la rivalidad que en secreto 



^ Dozy, Notices, pág. 212 y siguientes. 

2 El mismo Abona labar en su Tecmila (Bibl. 
Ar. hisp., to. V, p. 382) en la que pone una biografía 
más corta de este mismo personaje, dice que según 
algunos este nombramiento fué en el año 539: tam- 
bién en el Almocham (Bibl. Ar. bis. to. IV, p. 491) pone 
otra biografía con algún detalle poco importante, que 
no consta en ninguna de las otras dos. 



— 103 — 

Labia entre el valí j el cadí, convinieron en 
obrar de común acuerdo, prescindiendo de 
rivalidades, y habiendo convocado á las gen- 
tes á la mezquita aljama, tomando la palabra 
^1 cadi Abenabdelaziz, recordó al pueblo que 
los almorávides hacían la guerra santa á los 
cristianos, habían ayudado á los musulmanes 
españoles, j singularmente habían libertado 
á Valencia del dominio cristiano, por lo que 
les exhortaba á permanecer fíeles en su obe- 
diencia: levantóse luego el valí, y hablando 
-en el mismo sentido recordó la cordialidad 
que pocos años antes había existido entre 
ellos y su tío, durante el tiempo en que ha- 
bía sido gobernador de Valencia: con esto se 
disolvió la asamblea. 

No obstante esto, llegó á oídos de Abda- 
la el rumor de algún dicho del cadí y de 
otros, que no dejó Je inquietarle, y en la 
noche del miércoles 18 de Ramadán, envió 
su familia y equipaje á Játiva: al día si- 
guiente amaneció inquieto, y entre él y el 
ejército ocurrió algo grave que le determinó 
A retirarse con los sujos. 

Cuando el valí con sus almorávides llegó 



— 104 — 

á Játiya, envió su caballería contra las co^ 
marcas vecinas á Valencia j los soldados sa- 
quearon cuanto encontraron: quejáronse los 
de Valencia ante el cadí Abenabdelaziz, ro- 
gándole el ejército, los árabes j los magna- 
tes, que tomase el mando; pero rehusó ha- 
cerlo, aconsejándoles que eligiesen entre sus 
jefes uno que se encargase del gobierno: con- 
YÍnieron efectivamente en conferirlo á una 
de los almorávides que habían quedado en 
Valencia después de la fuga á Játiva del 
gobernador Abdala, y las cosas continuaron 
bien durante algunos días; pero luego este 
almoravid, en cuya elección habían conveni- 
do, quiso apoderarse del cadí Abenabdelazíz, 
j no habiendo conseguido su intento^ ame— 
drentado, se refugió en Játiva acompañado 
de los demás almorávides que habían que— 
dado en Valencia: recajó entonces la elec- 
ción unánime en Absnabdelaziz; pero éste 
se negaba á aceptar j se escondió, hasla que 
habiéndole hablado á solas Abumohámed Ab- 
dala Abenij^ad; capitán de la Frontera, j 
Abdala Abeomerdanix, le hicieron ver la 
necesidad de aceptar j efectivamente acce— 



— 105 — 

díd á encargarse del mando: sucedía esto el 
lunes 3 de Xaual del 539 ^ (29 de Marzo de 
1145). 

Los almorávides entre tan lo seguían ha- 
ciendo incursiones por tierras de Valencia, 
devastando las llanuras j forlalezas inme- 
diatas; por lo cual Abenabdelaziz hubo de 
llamar las tropas de las fronteras j, puesto 
al frente de ellas, marchó á si liar á Játiva: 
al tener noticia de ello, enojados los almo- 
rávides, descendieron á la ciudad desde la 
alcazaba, robaron las casas é hicieron prisio- 
neras á las mujeres: el viernes 13 de Xaual, 
Abenabdelaziz llegó con sus tropas, j des- 
pués de algunos encuentros, en que salió 
vencedor de los almorávides, éstos se reti- 
raron á la alcazaba: á fínes del mes, llegó 
con el ejército de Murcia Abena bicháfar, j 
ambos permanecieron apretando el sitio, con- 
formes en apariencia, aunque rivales en se- 
creto, pues cada uno de ellos aspiraba al do- 
minio de Játiva. 

Entre tanto, como hemos visto, hubo un 

4 En la Tecmila se dice que esto rué ¿ flnes de 
Ramadán ó primeros de Xaual (p. 382). 



— 106 — 

alboroto en Murcia, á donde hubo de acudir 
Abenabicháfar, pero en seguida se yol vio al 
sitio de Játivs, á donde llegó también por el 
mismo tiempo Abenijad con gente de la 
frontera en auxilio de su emir Abenabdela— 
ziz, contra cuvo refuerzo no crejó oportuno 
resistir el jefe de la alcazaba, Abdala hijo de 
Mohámed Abengania, j hujó, refugiándose 
en Almería. 

Tomada la alcazaba de Játiva por capiiu- 
lación después de la fuga del gobernador, 
Abenabdelaziz la fortificó j se solvió á Va- 
lencia, donde se dice que entró montado en 
un camello j en traje de campaña, renován- 
dose su proclamación, en el día de la entra— 
da, que tuvo lugar en el mes de Safar del 
año 540 ^ (de 24 de Julio á 22 de Agosto de 
1145). 

En virtud de la toma de Játiva, ésta j su 
distrito, lo mismo que Alicante, se unieron á 
Valencia, con lo que Abenabdelaziz se enor- 
gulleció, j como los tributos no bastaban 
á las necesidades que sobrevenían, las tro— 

4 Abenalabar habla de esto en la Tecmila (ta- 
mo I, p. 382) como si fuese la única proclamacióD. 



— 107 — 

pas 86 disgustaron j pensaron en destituirle, 
poniéodose de acuerdo con Abenijad, quien 
por aquellos días había sido proclamado en 
Murcia, j á quien escribieron para que ace- 
lerase la marcha. 

Nada advirtió Abenabdelaziz hasta que 
el martes, 25 de Chumada primero (13 de 
Noviembre de 1144), como dice Abensáhi- 
básala, las tropas rodearon el alcázar: pudo 
evadirse, sin embargo, disfrazándose j des- 
colgándose del muro: sin guía j andando 
fuera de camino, llegó á la montaña de Al- 
mería, reuniéndose con Mohámed Abenmai- 
mún, que se apoderó de él j le encadenó, 
pagando con esto una deuda con los Beniga- 
nia, á quienes Abenabdelaziz había echado 
de Valencia j Játiva. 

Abenabdelaziz permaneció prisionero de 
Mohámed Abenmaimún, hasta que habiendo 
llegado á Almería con las galeras de Mallor- 
ca Abdala hijo de Mohámed (Abengania), el 
mismo á quien Abenabdelaziz había echado 
de Valencia j Játiva, fué entregado á éste, 
que se abstuvo de derramar su sangre j se lo 
llevó encadenado: la conducta de Abenmai- 



— 108 — 

mún con el fugitivo gobernador de Valencia 
fué llevada muj á mal por el pueblo. (29) 

Al ser destronado en Valencia Abenabde- 
laziz; los sublevados pusieron al frente del 
gobierno, como lugarteniente de Abenijad^ 
á Abdala hijo de Mohámed Abenmerdanix, 
á quien instalaron en el alcázar. 

Abenijad, que en virtud de la excitación 
de los de Valencia, se dirigía á ella desde- 
Murcia, supo en el camino su proclamación» 
llegando á fía de mes, j allí permaneció al- 
gún tiempo cuidando de los negocios de la 
capital y de mejorar el estado de las fronte- 
ras; luego, dejando de valí de Valencia á su 
cuñado? Abdala hijo de Saad Abenmerda— 
nix, regresó á Murcia ^, donde siguió de 
emir, aunque bajo la obediencia de Almos- 
tánsir Abenhud, á quien encontró en la ca- 
pital. 

Poco tiempo permaneció Abenijad bajo 
la obediencia de Abenhud; pues habienda 
salido ambos, como se ha dicho, contra los 
cristianos, Abenhud j el valí de Valencia,. 



4 Dozy, Notic€s, p. 215. 



— 109 — 

Abdala Abenmerdanix, fueron muertos en la 
batalla junto á Chinchilla en Febrero de 1146, 
<;omo dicen los Anales Toledanos. 

Muerto Zafadola, Abenijad se declaró in- 
dependiente en Valencia; pero en Murcia se 
le opuso Abdala el Zegrí, quien, como hemos 
dicho, había ejercido ja el mando j se había 
retirado á Cuenca después de haber estado 
algún tiempo preso por Abenabicháfar: la 
lucha entre Abdala el Zegrí j Mohámed hijo 
de Saad Abenmerdanix, como lugarteniente 
de Abenijad, parece que terminó á prim ro 
de Dulhicha del año 540 (15 de Majo de 
1146), hujendo á Alicante ó refugiándose en 
Valencia el valí Mohámed ^ . 

Del reinado de Abdala el Zegrí en Mur- 
<5Ía desde principios de Dulhicha de 540 (15 

4 Según el mismo Abenalabar, Abdala el Zegrí 
había sido enviado por Aboniyad á la corle de Alfon- 
80, con objeto de pactar alianza é inclinarle contra el 
Conde de Barcelona: vuelto do su viaje, Abdala ase- 
guro que Alfonso le había conferido el mando de 
Murcia, hecho que solo podría comprenderse, admi- 
tiendo lo que indica la Crónica del Emperador, que 
éste fuera muy amigo y en realidad señor de Aben- 
hud, y que muerto éste en la batalla de Albacete, el 
£mperador diera á Abdala el Zegrí el feudo de Murcia. 



— lio — 

de Majo de 1146) hasta el 7 de Racheb de 
541 (13 de Diciembre de 1146) en que fué 
muerto, sólo sabemos que acuñó moneda de 
oro en los años 540 y 541, titulándose el arráez 
Abdala Abenfárech ^: ni aun las circunstancias 
de su muerte son conocidaF, pues Abenalabar 
sólo dice, como de paso^ que fué muerto en 
esa fecha j que por segunda vez ocupó el 
trono de Murcia Abenijad, hasta que murió 
de la herida que recibió en una batalla con- 
tra los cristianos el viernes 22 de Rebia pri- 
mero del año 542 (21 de Agosto de 1147), 
después de un reinado de un año, nueve me- 
ses j veinte días. 



1 Vives, obra citada, números 4927 y 1928. 



— 111 — 



REINADO DE MOHÁMED ABENSAAD 



Muerto Abdala Abenijad j llevado á en- 
terrar á Valencia, donde estaba de valí Mo- 
bámed Abensaad, éste se alzó con el poder, 
como dice Abenalabar, y sabiendo el pueblo 
que el difunto Abenijad le había designado 
para sucederlo, le reconoció sin dificultad, 
aunque otros di^^en que fué elevado á este 
puesto sin nombramiento de su antecesor ^ 

1 Abdoluáhid ol Marrccoxí ipág. !49> da di^ ta- 
lles curiosos respecto á la elercioo de Muliámcd Aben- 
saad, diciendu: «A la nuiorle de Abeniyad se alzo con 
el mando de e-ítas regiones un hombro llamado Mo- 
hámed Abensaad, conocido entre ellos por Abenmer- 
danix, Tamiliar y escudero de Abeniyad: estando ésto 
para morir, se reunieron en torno suyo los principa- 
les del país y del ejercito, y le preguntaron á quión 
nombraba sucesor en el muiulo o á quitan les acon- 
sejaba qiie ellos eligieran; y como el tenía un hijo, 
quisiiTon aludirlo; pero Abeniynd dijo, <no conviene» 
pues he oído que bebo vioo y descuida la oración, y 



— 112 — 

Los de Murcia á su vez, dieron por ter- 
miDada la lugartenencia de Alí Abenobáid^ 
nombrado por Abenijad, j á fines de Cha- 
mada primero del mismo año hizo entrega 
de cuanlo tenía en su poder^ perteneciente 
al rej difunto, quedando en consecuencia 
Abuabdala Mohámed hijo de Saad, hijo de 
Mohámed, hijo de Saad Abenmerdanix co- 
mo rej independiente de Valencia, Murcia 
j toda la España oriental. 
* Dozj pintando el carácter de este persona- 
je dice ^: Después de la caída de los almorá- 
vides, dos partidos se disputaban la posesión 
de la España musulmana; el de los berebe- 
res, 6 sea almohades, que se consideraban 
legítimos herederos de la dinastía destrona- 



si es (así), no hay medio (de que se le dé el mando), 
elegid por tanto á éste, indicando á Mohámed Aben- 
saad, pues es valiente y rico, y quiera Alá favorecer 
por su medio á los muslimes». 

La frase que hemos traducido «y si es (así), no hay 
medio (de que se le dé el mando)»^ es muy obscura 
en el texto; nuestro amigo Mr. Fagnán traduce «Sí 
vous le voulez, je n'y puis rien» traducción que nos 
parece demasiado libro é inexacta, si bien tampoco 
cstamcs seguros de que la nuestra sea buena. 

4 Rccherches, 3.* edic, tomo i.", pág. 365. 



— 113 — 

•da 6 extinguida, j el partido español 6 na- 
cional, que trataba aun de mantener la in- 
dependencia del país. 

El jefe de este último partido era Abuab- 
dala Mohámed, conocido por Abensaad 6 
Abenmerdanix, rej de Murcia, de Valencia 
j de iodo el sudeste de España: era este per- 
sonaje una de las figuras características y di- 
fíciles de clasificar, que produce á yeces el 
contacto de muchas nacionalidades y de di- 
ferentes religiones. 

A qué nación pertenecía? El pretendía 
«er árabe; según unos, se decía de la tribu 
de Chodam; según otros de la de Tochib; 
duda que demuestra su falsedad, pues los 
yerdaderos árabes, tan pagados de su no- 
bleza, nunca dudaban en asunto tan im- 
portante. 

Añádase á esto que el nombre de su ter- 
cer abuelo no es árabe, sino español: Marda- 
nich 6 Mardenex es evideutemente Martí- 
nez (30): todo hace creer que era de origen 
español j cristiano; que su abuelo se hizo 
musulmán, j que su familia, como tantas 
•otras que se encontraban en condiciones pa- 
Almoravides 8 



— 114 — 

recidas, trataba de pasar como perteneciente^ 
á la nobleza árabe. 

Eq sus maneras no desmentía Abenmer- 
danix su origen, antes al contrario: gustaba 
de vestir como los cristianos, sus yecinos; 
usaba las mismas armas, aparejaba sus caba- 
llos del mismo modo y gustaba de hablar su 
lengua: sus soldados eran en su major parte 
castellanos, navarros y catalanes, j para ellos- 
edificó cuarteles, y hasta buen número de 
cantinas con grande escándalo de los buenos 
musulmanes: con sus larguezas se atraía á 
los jefes, y para ello tenía que oprimir con 
excesivos impuestos á sus vasallos. Hasta 
llegó á recompensar á uno de sus caballeros, 
á Pedro Ruiz de Azagra, dándole la ciudad 
de Santa María de Albarracín con su terri- 
torio, que este caballero hizo erigir en obis- 
pado. 

La política constante de Abenmerdanix. 
fué estar íntimamente aliado con los prínci- 
pes cristianos; él había comprado la protec- 
ción del rej de xVragón, del de Castilla j del 
Conde de Barcelona, comprometiéndose á- 
pagar un tributo: en realidad no era más que-- 



— 115 — 

un vasallo, de modo que un cronista anglo- 
sajón de su tiempo no se aparta mucho de la 
verdad al decir que el rej de Castilla reina- 
ba en Murcia j Valencia. Para los cristianos 
no se llamaba Mohámed, sino Lope 6 Lobo: 
en todos los príncipes de la cristiandad veía 
aliados, amigos y hermanos: él enviaba mag- 
níficos regalos de oro, seda, caballos y ca- 
mellos al rej de Inglaterra Enrique II, y los 
recibía á su vez: su reputación entre los ene- 
migos de su religión era tal, que un siglo 
después de su muerte un Papa le llamó el 
rey Lope de gloriosa memoria. 

Y bajo muchos conceptos merecía este 
elogio; pues era hombre de gran sagacidad, 
j según las circunstancias sabía perdonar 
noblemente ó castigar con severidad: dolado 
de una fuerza prodigiosa y excelente cabs- 
llero, era de una bravura á toda prueba: en 
los combates no rehuía el peligro j exponía 
su vida de modo que era preciso recordarle 
que el general en jefe tiene otros deberes que 
el simple soldado. 

Para sus oficiales tenía además otras cua- 
lidades apreciables: los lunes y jueves de to- 



— 116 — 

das las semanas los convidaba, lo mismo que 
á los altos dignatarios, á un banquete que se 
celebraba eb uno de los salones de su pala- 
cio: mientras los convidados bebían, sus es- 
clavas bailaban j cantaban, j al terminar la 
ñesta, muchas veces distribuía entre los con- 
vidados los vasos de plata que habían serví— 
do en el convite, j hasta los tapices que 
adornaban la estancia: siendo esto así, nada 
tiene de extraño que tal capitán fuese el ído- 
lo de sus guerreros: la mancha de su carác- 
ter, aun para los mismos musulmanes, era 
su gran lujuria. 

Tenía el rej Lobo por lugarteniente á su 
su suegro y vasallo, señor de Jaén, Ubeda j ' 
Baeza, poblaciones que Abenmerdanix le ha- 
bía dado: era ese Ibraliim,hijo de Ahmed, hi- 
jo de Mofárech, hijo de Hemochico, también 
de origea cristiano, lo que él no ocultaba: 
llnnochko era un sobrenombre ó apodo de su 
bisabuelo, un cristiano del ejército de los 
Beuihud de Zaragoza; le llamaban Hemo- 
chico, porque le habían cortado una oreja, j 
los españoles, cuando le veían en el comba- 
te, decían Ih Mocliico, es decir he aqui el mo- 



— 117 — 

eho pequeño: este apodo vino á ser el nombre 
de la familia, como ha sucedido en muchos 
casca análogos con nuestros apellidos: Hemo> 
chico ó au hijo renegó del cristianismo ha- 
ciéndose musulmán por la mediación de uno 
de los rejres de Zaragoza, de modo que nues- 
tro Ibrahim fué criado en el islamismo; pero 
no parecía musulmán: sus aventuras fueron 
muchas, sirviendo á muchos príncipes, hasta 
al mismo rejr de Castilla y quizá entonces se 
hacía pasar por cristiano; pero poco importa: 
era un capitán j nada más; como tal capitán, 
uno de los mejores de su tiempo; pero un 
monstruo de crueldad: se complacía en que- 
mar vivos á sus prisioneros; en precipitarlos 
de lo alto de las montañas ó de las torres, j 
en atarlos á las ramas encorvadas de los ár- 
boles, para que al dejarlas libres, cada una 
se llevase una parte del cuerpo: los verdade- 
ros musulmaues creían que había ido derecho 
al infierno, y se cuenta que después de su 
muerte se apareció en sueños á uu devoto 
musulmán para decirle que eu efecto estaba 
sufriendo atroces dolores sobre carboucs en- 
cendidos. 



— 118 — 

Si á los ojos de la historia imparcial tales 
hombres no pueden ser tenidos por buenos 
musulmanes (ni menos por buenos cristia- 
nos), ¿qué aversión j horror no debía inspirar 
á los almohades, ignorantes bereberes, ani- 
mados del más ardiente fanatismo? ^: para 
éstos, tales hombres eran apóstatas é infieles 
de la peor clase: la guerra que les hacían, era 
una guerra de religión, una guerra santa, j 
en cuanto les quitaban una ciudad, se apre- 
suraban á purificar las mezquitas profanadas 
por la presencia de tales hombres. 

. Los cristianos y los judíos, por el contra- 
rio, consideraban de un modo muj diferente 
á los soldados de Abenmerdanix, j tenían 
para ello razones poderosas: su suerte, ja bien 
desgraciada durante el imperio de los almo- 
rávides, se había hecho intolerable bajo los 
almohades: hasta la sombra de tolerancia 
había desaparecido: el califa Abdelmumen, 
inmediatamente después de la toma de Ma- 
rruecos (1140), les había anunciado que no 
consentiría en sus estados sino á musulmanes, 

I En mi sentir el autor exagera el espíritu re- 
ligioso (le los almohades. 



— 119 — 

j que por tanto sus iglesias y sinagogas ae- 
rían demolidas, j que debían elegir entre el 
islamismo 6 la muerte: á lo sumo se ]es per- 
mitiría la expatriación: muchos optaron por 
este extremo ^: otros sufrieron el martirio, j 
los almohades se apresuraron á apropiarse 
■sus casas, sus riquezas^ j hasta sus mujeres: 
otros, principalmente entre los judíos, per- 
maneciendo, en secreto, fíeles á la religión de 
sus mejores, se resignaron á profesar exte- 
riormente el islamismo: gracias á esta tran- 
sacción ó apostasía, conservaron sus bienes; 
pero su posición era harto falsa, pues el go- 
bierno, que sabía muy bien que su conver- 
sión no era sincera , les tenía relegados, no 
consintiendo los matrimonios con los verda- 
deros musulmanes, de modo que estos des- 
graciados debían sin duda desear verse libres 

1 A esto obeilocio sin duda lo inmigración de 
cristianos procedentes de Marruecos, de que da cuen- 
ta la Crónica del Emperador AITonso con estas pala- 
bras: «Quo temporo ^lacia el año 1i:)0) multa millia 
militum et peditum (^hristianorum cuní suo Episcc- 
po et cum maf];na parte clericorum, qui fuera nt do 
<lonio Regis llaly et íilii ejus Texulini. tronsíorunt 
mare, el venerunl Toletum >. Esp. Saj:. toni. XXI, pá- 
gina 391). 



— 120 — 

del jugo que sobre ellos pesaba, j esto sólo 
podían esperarlo de los soldados de Abenmer- 
danix, en quienes yeían á sus libertadores, j 
á quienes estaban dispuestos á auxiliar con 
todas sus fuerzas, como lo indica el autor 
contemporáneo ALensáhibasala. 

Hechas estas indicaciones acerca del ca- 
rácter de Abenmerdanix, procuremos hacer 
la historia de su reinado, reuniendo los pocos 
datos concretos que hemos visto en diferen- 
tes autoies, ja que los historiadores árabes,, 
aun escribiendo su biografía, dan pocas noti- 
cias referentes á su gobierno. 

Tratador de Abennierdanix con los cristianos. 

El primero de los príncipes cristianos 
con quien Abenmerdanix, que sepamos, en- 
tabló relaciones, fué el conde de Barcelona, 
D. Ramón Berenguer IV., con quien consta 
que hizo paces por cuatro años, comprome- 
tiéndose á pagar un tributo de cien mil mis- 
cales de oro, de los sujos ^, que por cierta 

1 Abenaljalib, Ms. Ar. de la Academia, núme- 
ro 37, fol. 2,-y) V." y iiO de mi copia. 



— 121 — 

son de oro mu j bueno j abundan en las co- 
lecciones numismáticas: es de advertir que, 
según algún otro texto, los cien mil mis- 
cales no eran el tributo al conde de Barcelo- 
na, sino á éste j al rej de Castilla, el Empe- 
rador D. Alfonso Vil, * quien, como queda 
indicado, quizá podía considerarse como el 
verdadero rej de Murcia j Valencia. 

Como la alianza ó amistad pactada por 
Abenmerdanix, ó rej Lope, con el conde de 
Barcelona era sólo por cuatro años, es de su- 
poner fuera renovada al expirar el plazo, 
tanto más cuanto, siendo casi un reconoci- 
miento de vasallaje por parte del rey Lope, 
mediante el pago de un tributo anual, el 
conde de Barcelona había de tener interés en 
su renovación; pero nada concreto nos consta 
hasta veinte años después, ó sea el 11 68, en 
cuja fecha se pacta nueva alianza entre el 
rej Lobo j Alfonso II de Aragón, sucesor 
de D. Hamón Berenguer IV en el condado 
de Barcelona: el día de las nonas (día 5) de 



1 Abenüljalib tMi 1u Ihata, Ms. do la Color. (ía- 
yangos, folio 186 v. 



— 122 — 

^Noviembre de 1168, se firma el documento 
correspondiente, en el cual el rej Lobo, por 
medio de su apoderado Geraldo de Jorba^ se 
compromete á pagar á Alfonso II veinticinco 
mil maravedises antes del día de la Natividad 
del Señor, y el rey Alfonso, por su parte, se 
compromete á tener j hacer respetar la paz 
con el rej Lobo desde 1.° de Majo próximo 
hasta dos años después: por parte del rej Al- 
fonso juran observar lo pactado Pelegrín de 
Gastillazuelo, Blasco Romeu, Mayordomo 
del rej, j Ximeno de Atrosillo, su alférez *. 
El rev Lobo hubo de pagar tributo no 
sólo á los soberanos de Barcelona j Castilla, 
sino tambiÓQ á los de otros estados: en el se- 
gundo año de su reinado, el día 15 de Ra— 
madán del año 543 (ó sea el 27 de Enero de 
1149), firmaba uq tratado por 10 años con la 
República de Pisa, j luego otro de major 
importancia con la de Genova, comprome- 
tiéndose con ésta á pagar diez mil morabiti— 
nes, cinco mil en el mismo año, j los otros 



i Villanueva en su Vinje ¡ilprario, tomo XVII, 
pág. 328, publicó el documenlo latino de este tratado. 



— 123 — 

cinco mil en el siguiente: además del sub- 
sidio, el rejr Lobo, que en el documento 
figura con sus nombres moros de Aboadella 
Mochomet Abensat(por Abuabdala Mohámed 
Abensaad), ofrece á los genoveses habitantes 
en Valencia j Denia un fondac ó mesón para 
el comercio, pero con prohibición de que 
otros habiten allí j además les concede un 
baño gratis cada semana: los genoveses, por 
43U parte, sólo se compromeleu á no hacer daño 
á los ftúbditos del rejr Lobo en Torlosa y Al- 
mería ^ : es de suponer que el rey Lobo ha- 
bría de firmar tratados análogos en otras fe- 
chas, además de las conocidas. 



BeconqufMfa por Iom criMtiaiiOM fie la.«« ciudadeM 
de TortoMa, I^érida, Frag;a y lleciuiíieiiza 

En los primeros años de su reinado, el 
rey Lobo, estrechado por el conde de Barce- 



! Amari, / cli¡ilowi tir. del H. Arrh. Fiormitino, pá- 
gina XXXIV, 2W y 4o!. El tratado con G(^nova fui» pu- 
blicado por Silvestre de Saoy on el iDin. XI, pág. 7 do 
las Sotit't"i el extraits dvx m'tnus. de lu líih. dn Hoy. 



— 124 — 

lona con los muchos extraDJeros que de todas- 
partes acudían en su ajuda para la guerra 
con los moros, pierde la ciudades de Tortosa, 
Lérida, Fraga j Mequinenza: la primera 
hubo de ser entregada ai conde D. Ramón 
Berenguer, después de un largo j porfiado 
sitio, el último día del año 1148 ^: conforme 
á compromisos anteriores la ciudad fué do- 
nada en feudo, por terceras partes, á los Ge- 
noveses, á Guillermo Ramón de Moneada j 
á Guillermo de Montpeller, quienes habían 
tomado una parte muj activa en el asedio j 
ataque de la ciudad: por los historiadores 
árabes sólo sabemos el año en que Tortosa 
salió de su dominación: ni aun podríamos 
asegurar que Tortosa y su comarca formasen 
parte del territorio del rej Lobo, á no exigir- 
lo así la posición general de su reino; pero el 
hecho de que muy pronto, en Junio de 1149^ 
pacte, como hemos visto, con la República 
de Genova para que los genoveses no hicie- 
ran daño á los moros habitantes de Tortosa, 
prueba que el rey Lobo no abandonó á sus 



1 BalJKjuer, llistorui de Cataluña, to. II, pág. 448. 



— 125 — 

antiguos subditos musulmanes, teniendo que 
sacrificar la no despreciable suma de diez 
mil morabitines, en cujo pacto se incluía 
además á los moros residentes en Almería, 
en cuja conquista los genoveses habían to~ 
mado también una parte muj activa. 

Tomada Tortosa por las armas de D. Ra- 
món Berenguer j de sus aliados, las ciudades 
de Lérida, Fraga y Mequinenza^ que aun 
pertenecían al dominio musulmán, no podían 
ser defendidas por sus solas guarniciones, á 
quienes no habían de auxiliar los moros an- 
daluces, como sucediera pocos años antes 
cuando el sitio de Fraga por Alfonso el Ba- 
tallador, sino que ni de Valencia podían es- 
perar auxilio, aunque el rej Lobo hubiera 
podido prestárselos: así parece que Lérida j 
Fraga sostenían el sitio con sus solas fuer- 
zas, j en el mismo año 543, en que fué to- 
mada Tortosa, caen en poder del conde de 
Barcelona; los autores árabes conocidos nada 
concreto nos dicen de la pérdida de estas 
ciudades para el islamismo, fuera del hecho 
de la conquista, involucrando la noticia de 
la pérdida de éstas con las de otras ciudades 



— 126 — 

bien distantes, como Lisboa j Santaréa ^. 

Los autores catalanes admiten que las tres- 
ciudades, Lérida, Fraga j Mequinenza, fue- 
ron tomadas en el mismo día, 24 de octubre 
de 1149. 2 

Por el mismo tiempo, y sin que conste da 
un modo claro que pertenecieran al dominio 
del rey Lobo, aunque Abenaljatib habla de^ 
ello en la biografía de éste^ los cristianos se 
apoderaron de Uclés 3 j del castillo Serranía. 

Si Abenmerdanix, ó el rej Lobo, pierde 
en los primeros años de su reinado algunas 
poblaciones importantes, en cambio incor- 

1 El autor del Carlas dice en la pág. 176 «En el 
ano oii los cristianos se apoderaron de Almehdía en 
el país de África, y en el de Alandalus do las ciudades 
do Almería, Tortosa, Mórida (lóase Lérida), firjga 
(léase Fraga), Santarón y Santa-María: se apoderaron 
de todo esto por mano de Aben Enrique (en el texto 
dice Aben Zarín). 

2 Bítlajiier, Tlisloria de Cdt'ílufia, lo. II, pág. 455. 
.3 No conceptúo muy pro])al)lo el que Uclés- 

permaneciora en poder del rey Lobo liasla el añoH57 
(años o5l y ü.">2 de la hrgira) y que entonces la cediera 
al Emperador 1). Alfonso en permuta por la villa de 
Alagón, como se dice en un artículo acerca de Uclés, 
publicado en el to. II, pág. 18.) del lioleim de la Socie- 
dad de K-rciimionislaü. 



— 127 — 

pora al reino de Murcia otras, que nunca 
habían pertenecido á la región oriental, apo- 
derándose de Jaén^ Ubeda, Baeza, Baza, 
Guadix j Carmona, llegando á poner sitio á 
Córdoba j Sevilla, j, como dice Abeualjatib, 
por poco llegó á dominar en toda Alandalus. 



Valencia hajo el rey Lobo 

Como veremos en capítulos posteriores, 
puede decirse que el rej Lobo compartió el 
mando con individuos de su familia, parien- 
tes consanguíneos, como su hermano Yúsuf, 
que ejerció el mando en Valencia j un pri- 
mo sujo del mismo nombre, Mohámed Aben- 
saad, que gobernó en Almería, ó parientes 
por afinidad, j á esta misma circunstancia 
debió en gran parte, 6Í no por completo, su 
entronizamiento. 

Parece que, desde el principio de su rei- 
nado, el rej Lobo confió el mando de Valen- 
cia á su hermano Abulhachach Yúsuf, como 
si Valencia en este período, en que está bajo 
la supremacía de Murcia, fuese, como era 



— 128 — 

razón, el punto de residencia de la autoridad 
inmediata á la del rej. 

Sólo indicaciones muj yagas encontra- 
mos respecto á la suerte de Valencia en estos 
años^ indicaciones que algunas, por lo in- 
completas j al parecer incoherentes^ casi no 
pueden considerarse con valor histórico. (31) 

En el año 546 (de 20 de Abril de 1151 á 
7 de Abril de 1152) hubo en Valencia ana 
rebelión, que tardó algún tiempo en ser so- 
focada, durante la cual estuvo emancipada 
del dominio del rej Lobo, por haberse re- 
belado en ella Abdelmélic Abensilbán, jan- 
tes que él parece que había hecho lo mismo 
un Abenhámid: la rebelión terminó en el 
año siguiente, sufriendo Valencia un sitio 
que parece fué bastante largo. (32) 

Después de esto transcurren bastantes 
años sin que encontremos noticia alguna re- 
ferente á Valencia, j por cierto noticia bas- 
tante vaga, pues se reduce á consignar la 
asistencia de Abulhachach Yúsuf á un entie- 
rro el 18 de Racheb del año 564 (17 de Abril 
de 1169): el autor llama sultán entonces de 
Valencia á Abulhachach Yúsuf, el hermano 



— 129 — 

del rey Lobo ^ : ¿es que Abulhachach se había 
ja rebelado contra su hermano, declarándose 
independiente en Valencia? Creo que no. 

Habiéndose rebelado en Jaén en el año 
564 Abenhemochico, y en Almería un primo 
del rej Lobo^ llamado como él, Mohámed 
Abensaad, el rej temió en Valencia hasta 
por su persona, é hizo salir de la ciudad á 
sus moradores^ guarneciéndola con cristia- 
nos j lo mismo se proponía hacer en otras 
ciudades: á esto, j quizá por esto, sigue una 
rebelión en Alcira, donde un santón muj 
respetado, temiendo que el r^ le echase de 
ella^ llamó á los almohades, á quienes el rey 
hubo de someter mediante un sitio, que de- 
bió de ser largo, según las indicaciones qué se 
hacen de su continuación hasta el año 566 ^, 
habiendo intervenido on la sumisión Abul- 
hachach YúsuT, á quien por este tiempo se 
supone ja rebelado en Valencia contra su 



4 Abenalabar, Bibl. Ar. bis., tomo VI, pág. 667, 
y póg. 4ÍO del (Midico dol Cairo, en nuestra reproduc- 
ción fotográílca. 

2 flozy, Nolirc^, pág. -237. 
Almorávides 9 



— 130 — 

hermano, ó al menos consta alguna indica— 
ción. 

En los últimos años de su reinado, el rej* 
Lobo tuvo el disgusto de que se fueran al 
partido de los almohades sus mismos parien- 
tes, que habídn sido el sostén de su estado: 
parece que el último fué su hermano Abul- 
hachach Yúsuf, quien, según Almacari, se 
pasó á éstos en el año 566 ^. 

Abenjaldún adelanta esta rebelión, di— 
ciendo que Abulliachach Yúsuf sitió á Va- 
lencia; que hizo en ella la oración pública 
por el califa Abasí, Almostánchid, á quien 
escribió, y que éste le contestó confirmándole 
en el mando y que luego reconoció á los al- 
mohades en el año 566 2. 



C<»n<|iiíHtaH de Abennierdanfx 

Al hacer el retrato del rey Lobo ó sea de- 
Mohámed Abensaad Abenmerdanix, queda 
hecho también, con el brillante pincel de^ 



1 Tomo II, pag. 7o;). 

2 Tomo IV, póg. iC6, de la edición del Cairo. 



— 131 — 

Dozj, el de su suegro j brazo derecho de su 
reino, Ibrahim Abenhemochico. 

Ta antes de que Abensaad fuera procla- 
mado defínitivamente como rej de Valencia 
j Murcia, parece que aprovechó los servicios 
de Abenhemochico, enviándole á Segura con- 
tra Abensiuar ^: muj pronto debió de llenar 
sa cometido, ja que, llegado Abensaad á Mur- 
cia en el mes de Chumada primero del año 
542, pronto llegó á ella Abenhemochico j, 
hecha la proclamación solemne, Abensaad se 
volvió á Valencia, dejando en Murcia de lu- 
garteniente á su suegro, que permaneció, 
dice el autor, en la obediencia de Abensaad 
en Segura, hasta que se levantó contra él 
después del año 560. 

€onqui»ta de Guadix 

Rechazado el rej Lobo en la parte Norte 
de sus estados por las armas del conde de 
Barcelona, pretende extenderse por medio- 

1 El texto de Adabi, Bibl. Ar. hist. tomo 111, 
pág. 3i, donde so da esta noticia, está fallo, y no s(> 
rntiende lo que dice do esto acontecimiento. 



— 132 — 

día j poniente, mermando el poder de los 
almohades j el de los que se conseryaban in- 
dependientes de éstos. 

Al declararse independiente en Córdoba 
Abenhamdín en el año 539, haciendo lo 
mismo otros jefes en sus respectivas ciuda- 
des, se declaró independiente en Guadix, no 
por ambición, sino por la fuerza de las cir- 
cunstancias, un personaje desconocido hasta 
hoj en nuestra historia ^, j que á ser más 
conocido, sería el personaje más simpático de 
cuantos figuraron en la España musulmana 
en este período de revueltas. 

Llamábase Ahmed, hijo de Mohámed 
Abenmilháu: era natural de Guadix, de re- 
conocida suficiencia j muj considerado por 
sus obras: al declararse independiente, tomó 
el título de Almotaajjad bila, j fortificada 
la alcazaba, se dedicó á proveer j gobernar 
con mano firme su pequeño estado, sin en- 
cargar á otro el mando: la perturbación ge- 



4 Kntre los {«iilo'-cs i)ubl¡ra(los, quizá sólo so 
le oiicuentra rilado [)f)r Abeiialatir: Abenaljatib en el 
_Ms. Ar. de la Academia, núm. M, fol. 257, ver., le de- 
dica media página. 



— 133 — 

neral le impulsó, j ajudándose de la agri- 
caltara y arboricultura adquirió grandes ri- 
quezas j tesoros^ llegando á ser el más rico 
de su tiempo, y á prevalecer sobre cuantos 
estaban próximos á su ciudad Guadix, apo- 
derándose de Baza, donde dice el autor que 
en su tiempo (dos siglos más tarde) se con- 
servaba descendencia de Abenmilhán. 

Cuando Abensaad, que ambicionaba lo 
que poseía Abenmilhán le estrechó en el año 
546, ajudado, según parece, por el Empera- 
dor D. Alfonso VII, de (juien dicen los Ana- 
les Toledanos que en este año «posó sobre Ga- 
diex», Abenmilhán entró en la obediencia de 
los almohades, trasladándose á Marruecos, 
donde se encargó de la albuera ó pantano, de 
BU construcción ó reparación y de la distri- 
bución de sus aguas: perseguido luego, no 
sabemos por qué causas, perdió sus riquezas 
j murió en este estado. 

Durante su reinado en Guadix, Aben- 
milhán había sabido atraer á su servicio á los 
más célebres literatos, como Abubéíiuer Aben. 
tofáil y Abulháacam Heredes (?) 

Respecto á la suerte de Guadix, no cons- 



— 134 — 

ta si al entrar su rejezuelo en la obediencia 
de los almohades, entró también en ella, 6 
había caido en poder de Abensaad: parece 
fué esto último, pues en su biografía se men- 
ciona á Guadix entre las ciudades que le 
estuvieron sometidas. 



Jaén, Ubeda y Baeza 

En el año 554, ó quizá ja en el anterior, 
Abensaad, acompañado, según parece, de 
Abenhemochico, sitia á Jaén, cu jo goberna- 
dor almohade Mohámed, hijo de Alí el Cu- 
mí le presta obediencia, lo mismo que Ubeda 
j Baeza '•: luego sitia á Córdoba j Sevilla en 
el mismo año 554, apretando los ataques 
contra Córdoba hasta el punto de que los la- 
bradores hubieron de arar sus huertos (?) den- 
tro de la ciudad: lo más recio del sitio de 
Córdoba, si no fueron dos, debió ser hacia 
fines del año 555 ^: por este tiempo, ó duran- 



1 Abenjaldún, to. VI, pág. 238.— Ahmed Anasiri, 
tomo I, pág. 1o7. 

2 Esta fecha resulta fijada por la indicación 
de Abenaljatib de que Mohámed Abenguzmán murió 



— 135 — 

te el sitio de Córdoba se apoderó de Ecija, j 

un merodeador^ llamado Abensaraliil, le hizo 

•dueño de Carmona ^ . 

Parece, sin embargo, que Abenmerdanix 

no llegó á apoderarse de Córdoba, á pesar de 
que en una salida había muerto el goberna- 
dor Abenbocait '. 



Almería 

Tomada Almería por los cristianos (cas- 
tellanos, catalanes, navarros j genoveses) el 
20 de Chumada primero del año 542 (17 
de Octubre de 1147), cabalmente por el mis- 
mo tiempo en que Abenmerdanix era procla- 
mado rej de Valencia j Murcia, aunque Al- 



el último día del año 555, estando á la sazón sitiada 
Córdoba porAbensaad: Ihata, tom. II, fol., 1% de la 
copia completa de la Academia, pues en el ejemplar 
de la Col. Gayangos fol. 369 vcr.° falta una palabra, 
resultando la muerto en una noche del año oHo^ en vez 
de una noche por andar del año 5oü. 

4 Abenaljatib, Ms. Ar. de la Academia, núme. 
ro 37, fol. 236 r. 

9 Abenjaldiin, to. VI, pág. -238, lo llama Aben- 
bocait: Ahmed Anasirf, to. 1, pág. 157, escribo Aben- 
yocail. 



— 136 — 

mería no había estado bajo su poder, Aben- 
saad se creía sin duda con derecho á ella, 6 
al menos consideraba que los moros españo- 
les, que allí habían quedado, debían consi- 
derarse como subditos sujos. 

Los almohades, dueños de una buena 
parte de la España musulmana desde poco 
antes de la conquista de Almería por los cris- 
tianos, habían de intentar apoderarse de po- 
blación tan importante, j había de resultar 
difícil el que los cristianos pudieran defen- 
derla de un modo eficaz. 

Entregada Granada á los nuevos domi- 
nadores en el año 549, por sumisión del go- 
bernador almoravid Maimún Abenbóder ^, 
el gobernador de Algeciras j Málaga^ el 
príncipe ó sid Abusaíd Otmán, hijo de Ab- 
delmumen, gobernador ja de Granada, reci- 
be de su padre la orden de sitiar á Almería: 
formalizado el sitio por mar j tierra, los cris- 



1 El nombre de este personaje resulta muy 
dudoso, pues unos escriben j^l > otros j-^f > como 
con esta forma aparece muchas veces como nombre 
propio, y no con otra, aceptamos la forma J^V • 



— 137 — 

líanos se retiran á la alcazaba, j Abusaíd 
acampa su ejército en el monte que domina 
la ciudad, construjendo un muro y un foso 
entre el monte j el mar^ de modo que la 
ciudad j fortaleza quedaron cercadas por este 
muro: los cristianos, en este estado, pidieron 
auxilio al Emperador, quien se dirigió á Al- 
mería con 12.000 hombres, más 6.000 que 
llevaba su constante aliado el rey Lobo; pero, 
á pesar de llevar un ejército tan respetable, 
los aliados no pudieron hacer levantar el 
sitio, j hubieron de retirarse, separándose 
ambos rejes para siempre, pues el Empera- 
dor murió en el camino antes de llegará To- 
ledo, en Fresneda, cerca del puerto do Mura- 
dal, el 21 de Agosto de 1157 '. 

Almería, defraudada en sus esperanzas 
de ver levantado el sitio, hubo de capitular, 
volviendo al poder de los musulmanes des- 
pués de haber estado diez años en el de los 
cristianos: los autores árabes solo ñjan el año 
552 de la hégira (de 13 de Febrero de 1157 

4 Caballinos, en su Historia de Espanu, to. II, 
página 498, da la fecha 21 de Marzo do ll.iT; pero los 
Anales Toledanos (pág. 3íM) ponen 2! de Agosto. 



— 140 — 

poner las catapultas para combatir á los al- 
mohades, quienes inmediatamente avisaron 
al califa j al gobernador de Sevilla, pidiendo 
auxilio: el califa Abdelmumen, que estaba á 
dos jornadas de Rabat, recibida la noticia de 
la pérdida de Granada, se trasladó á Rabat 
para tomar disposiciones, j su hijo el prín- 
cipe Abusaíd, que estaba allí con su padre^ 
salió inmediatamente para su gobierno de 
Málaga en la esperanza de poder someter á 
Abenhemochico, á quien por considerarle 
solo, creía poder combatir sin esperar la reu- 
nión de mayores fuerzas; así que, llegado á 
Málaga, avisó al gobernador de Sevilla para 
que inmediatamente se le uniese con las 
fuerzas disponibles, j ambos se dirigieron á 
Granado, donde estaban ya los cristianos en- 
viados de Murcia por Abenmerdanix: Aben- 
hemochico con los suyos salió al encuentro 
del príncipe Abusaíd, cuyas tropas, atacadas 
de improviso á cuatro millas de la ciudad en 
la pradera llamada Marcharocad, se disper- 
saron, cayendo muchos en las acequias de 
riego, abundantes allí, siendo esto una de 
las principales causas de la derrota. 



— 141 — 

El príncipe Abusaíd tuvo la suerte de 
poder escapar del desastre j se retiró á Má- 
laga: no así el gobernador de Sevilla, que 
murió en la batalla con muchos almoliades y 
musulmanes españoles: los almohades ence- 
rrados en la alcazaba, testigos del combate, 
nada pudieron hacer en auxilio de los que 
iban á prestárselo á ellos, j después de pre- 
senciar el desastre, hubieron de presenciar 
también, según el autor, las crueldades que 
Abenhemochico ejecutó con los prisioneros. 

Cuando el califa, en torno del cual se 
habían reunido muchos almohades, bedui- 
nos j tropas regulares, tuvo noticia de esta 
derrota, reuuió un escogido ejército de 20.000 
caballeros j peones, y después de haberles 
arengado, recordando las recompensas pro- 
metidas á los que hacen la guerra santa, los 
despidió, dando el mando á su hijo Abuja- 
cub Yiisuf, haciendo que le acompañase el 
general Abensoliman, jefe de su confianza por 
su grande amistad, j experiencia y bravura 
en la guerra: las tropas march-i ron al princi- 
pio con la mayor rapidez, atravesando el Es- 
trecho, y llegadas á Algeciras, se dirigieron 



— 142 — 

á Málaga, donde se reunieron á las faerzas 
del príncipe Abusaíd: aproyisionadas todaa 
estas tropas, salieron de Málaga en busca 
del enemigo, pero en jornadas cortas según 
las disposiciones de Abensoliman, que de 
acuerdo con sus guías, se proponía que aun. 
la gente más floja llegase con brios á Gra- 
nada. 

Entre tanto Abenmerdanix había llegado 
con los nuevos refuerzos, con sus cristianos, 
j había acampado en la montaña inmediata 
á la alcazaba: su suegro Abenhemochico con- 
tinuaba á la otra parte del Darro en la Al* 
hambre, j con él estaban los cristianos (gra- 
nadinos?) mandados por el Calvo, los del nieto 
de Alvar Fáñez y los de los dos hijos del 
conde de Urgel: el número de estos cristia- 
nos pasaba de ocho mil caballeros, sin contar 
los ¿oldados de Abenhemochico y las tropas 
de Abenmerdanix eran aún más numerosas: 
de un día á otro esperaban al ejército enemi- 
go, que avanzaba lentamente, hasta (jue por 
fin llego á Dilar, junto á Alhendín, donde 
hizo alto para descansar. 

El jueves 27 de Racheb del año 557 (12 



— 143 — 

de Julio de 1162) el general Abensoliman 
reuDÍó á los jefes j les hizo udq exhortaciÓD, 
explicándoles sin duda el plan de ataque j 
dando las órdenes oportunas: terminada la 
oración del mediodía^ mandó dar pienso á 
los caballos, j dada la orden de marchar por 
la noche, la gente se armó, y terminada la 
oración de la tarde, se pusieron todos en 
marcha: los guias y la infantería almohade 
comenzaron á subir la montaña, que domina 
el Geni], contigua á la montaña Asabica y á 
la Alhambra, donde estaba el ejército de 
Abenhemochico: la subida fue lenta durante 
toda la noche por camino tan escarpado; sin 
embargo, como durante la segunda mitad 
brilló la luna, los soldados veían donde po- 
nían el pie: al amanecer del viernes 13 de 
Julio los almohades cajeron sobre el campa- 
mento enemigo, y como todos dormían aún, 
apenas habían montado sobre sus caballos, 
cuando pudieron convencerse de que Dios 
había rabuelto su derrota: dieron algunos 
ataques, pero al querer huir conforme á su 
táctica, engañados por efecto de la obscuri- 
dad producida por el polvo, y olvidando la 



— 144 — 

posición que ocupaban, se precipitaron en el 
río Darro, rodando por las rápidas pendientes 
de los cerros, de modo que sus escuadrones 
fueron aniquilados: el cristiano de Granada 
llamado el Calvo j el nieto de Alvar Fáñez 
murieron en el combate, j la cabeza de éste 
fué llevada á Córdoba después de algunos 
días: también murió Abenobaid, pariente de 
Abenmerdaiiix y uno de sus mejores capi- 
tanes. 

Abenmerdanix, testigo de la derrota de 
los SUJ03, á quienes le era imposible prestar 
auxilio desde su posición al otro lado del 
Darro, en cuanto vio destruido el ejército de 
Abenhemochico, y que los almohades habían 
entrado triunfantes en Granada, se convenció 
de que todo estaba perdido j levantó el cam- 
po, abandonando las tiendas j gran parte de 
sus bagajes: perseguido de cerca en su reti- 
rada, liubo de perder mucha gente, pudiendo 
salvarse, sabe Dios cómo. (34) 

Fugitivos de Granada Abenmerdanix j 
Abenliemorhico, el primero se dirige á Mur- 
cia y el segundo á Jaén, donde fué sitiado 
por los almohades, aunque parece que sin 



— 145 — 

resaltado inmediato, pues los dos príncipes 
Abasaíd O Imán j Abujacub Yúsuf se ade- 
lantaron hasta Córdoba, de donde pronto fué 
llamado este último para ser declarado Prín- 
cipe heredero en el año 558, poco antes de la 
muerte de su padre Abdelmumen ^. 

Muerto Abdelmumen en el año 558, en 
el mes de Chumada postrero (7 de Majo á 4 
de Junio de 1163) ^, le sucedió en el mando 
su hijo Abujracud Yiisuf, quien en el año 560 
llama de Granada á su hermano el príncipe 
Abusaíd Otmán, que es recibido en Ceuta 
por su hermano Abuhafá. 

Durante la ausencia de Granada de su 
^bernador el príncipe Abusaíd, quizá go- 
bernador general de la España almohada, 
parece que el rej Lobo, acompañado 6 no de 
fiu suegro Abenhemochico, intentó nueva- 
mente apoderarse de Córdoba ^, aunque en 



4 Abcnjaldún, to. VI, p^g. 338, de la edición del 
Cairo. 

1 Los autores árabes varían en el día do la 
iDUiTte de Abdülniumen y, aun respeclo al mes, no 
«atan de acuerdo todos. 

3 Abenjaldún, tomo VI, pág. 238. 

ALMOR.ÍVIDES 10 



— 146 — 

Taño, pues al tener noticia de ello el calii» 
Abujacub envió á España un poderoso ejér* 
cito á las órdenes de sus dos hermanos Abu-- 
saíd j Abuhafs: el ejército expedicionario, 
pasado el Estrecho, se dirige hacia Murcia 
contra Abenmerdanix, que le sale al encuen- 
tro dispuesto á presentar la batalla: á pesar 
de que el rej Lobo había reunido sus trepas- 
j las de sus aliados cristianos, avistadoe am- 
bos ejércitos en el llano de Murcia, se trabd 
un encarnizado combate, en el que fué de- 
rrotado el rej Lobo con muerte de todos soa 
soldados cristianos, al decir de algunos his- 
toriadores árabes, que hacen llegar su núme- 
ro á trece mil ^: la batalla tuYO lugar el 
viernes 7 de Dulhicha del año 560. (35) 

El rej Lobo después de su derrota huba 
de encerrarse en Murcia, que fué sitiada por 
el ejército vencedor, sin que los almohades 
consiguieran apoderarse de ella, porque sin 
duda no contaban con el material y tiempo 



4 Cartas, pág. 137; en el resumen, pág. 477, no 
dice que murieran lodos, sino muchos: Ahmed Ana- 
siii, tom. I, pág. 159, dice también que eran trece mi),, 
y que murieron todos. 



— 147 — 

necesarios para un sitio en regla: los prínci- 
pes Abosaíd j Abahafs se limitaron á devas- 
tar la comarca, j en el año siguiente se yol- 
TÍeron á Marruecos^ una vez extinguido el 
faego de la guerra civil de Abenmerdanix. 

¡Pefecciones en la fanif lia del rey Ijobo 

Hemos visto que los parientes del rej 
Lobo ejercieron gran influencia en su reina- 
áo, ajudándole en sus continuas guerras, 
principalmente su suegro Abenhemochico: 
éste, que más que nadie contribuyó al éxita 
de las conquistas de Abenmerdanix, fué de 
loe primeros en abandonarle en los últimos 
afios de su reinado: al menos de éste consta 
con bastante seguridad el año. de su de- 
fección. 

En el año 564, estando en Córdoba el 
jeque Abuhafs, según Abenjaldún ^ recibió 
un mensaje de Ibrahim Abenhemochico pro- 
metiendo obediencia, ingresar en la secta al- 

4 Tomo VI, pág. 339 de la edición dol Cairo: to- 
mo I, pég. 320 de la edición do Argel bastante más 
correcta y completa en este texto. 



— 148 — 

mohade j romper toda relación con su jemo 
Abenmerdanix: la causa de esta separación, 
según Abenaljatib ^, fueron las relaciones 
entre Abenmerdanix j su mujer, hija de 
Abenhemochico, á la que llegó á repudiar, 
devolviéndola á su padre. 

El jeque Abuhafs dio cuenta al califa de 
los propósitos de Abenhemochico, quien sin 
duda para terminar personalmente las nego- 
ciaciones de la sumisión, en el año sigoien— 
te, 565, pasó á Marruecos á verse con el cali- 
fa: éste, en virtud de las graves noticias que 
le habían sido comunicadas al mismo tiempo 
respecto al daño que los cristianos causaban 
á los muslimes^ despachó para Alandalus á 
su hermano j visir Abuhafs, quien inmedia- 
tamente salió para su destino con un ejército 
almohade, acompañado de su hermano Aba— 
saíd: llegados los hermanos á Sevilla, Abu- 
saíd fué enviado á Badajoz, de donde regresó 
pronto, una vez pactada paz con D. Alfonso 



4 Biografía do Ibrahim Abenhemochico, fol. 64 
y siguientes del manuscrito de la Ihata de la Colec- 
ción Gayangos, y tomo I, fol. 76 y siguientes, de la 
copia do la misma obra procedente de Túnez. 



— 149 — 

Enríqaez de Portugal: incorporado Abusaíd 
con su hermano el principe Abuhafs, acom- 
pañados de Abenhemochico^ se dirigieron á 
Murcia contra Abenmerdanix, á quien si- 
tiaron. 

Con la presencia del ejército almohade 
en la región de Murcia, Lorca se rebela con- 
tra el rej Lobo j entra en la obediencia de 
los almohades: tomada posesión de Lorca, el 
príncipe Abuhafs conquista á Baza, j por el 
mismo tiempo presta también obediencia á 
loB almohades un primo del rey Lobo, lla- 
mado, como éste, Mohámed Abenmerdanix, 
gobernador 6 señor de Almería. 

A este tiempo se refiere sin duda la rebe- 
lión de Alcira por instigación de Abubéquer, 
hijo de Sofián, la cual fué sitiada á mitad de 
Xaual del año 566 por uno de los capitanes 
del arráez Abulhachacli Yúsuf, hermano del 
rejr Lobo, sosteniendo un duro sitio hasta 
mitad de Dulhicha del mismo año: entonces 
parece que hubo de encar<2:arse del sitio 
Abuajub Abenhilel, á quien Abensofián en- 
tregó la ciudad * . 

4 Düzy, Notices, pág. -237. 



— 150 — 

También Elche se rebeló contra Aben- 
merdanix en los últimos tiempos, y de ello 
tenemos una indicación concreta en el hecho 
de haber muerto mártir un tal Abenfaid» 
€uando los de Elche salían de la ciudad por 
miedo al emir Abensaad, contra quien se ha- 
bían rebelado^ negándole la obediencia *: no 
se indica el día ni el mes^ sí el año 567. 

Con la defección del gobernador ó señor 
de Almería j principalmente con la de Aben- 
hemochico, hecha pública con su asistencia 
al sitio de Murcia por el ejército almohade, 
quedó cortada, como indica un autor^ una de 
las alas del rej Lobo, j aunque por de pron- 
to no se continuó el sitio de Murcia, desde 
esta fecha era inminente la ruina de este 
reino j su desaparición como estado inde- 
pendiente de los almohades. 



4 En el texto impreso, Bíbl. Ar. hist. to. VI, pá- 
gina 670, al emir se le llama Saad hijo de Mohámed, sin 
duda por errata del compilador, pues en la biografía 
del mismo personaje Abuihasán, Ali, hijo de Mohá- 
med, hijo de Ahmed, hijo de Faid, el de Córdoba, que 
se conserva íntegra en el códice del to. III de la Tec- 
mila existente en el Cairo, y del que tenemos fotogra- 
fía, el texto dice Mohámed Abensaad. 



-r^ 151 — 

Comunicadas al califa las conquistas j 
adhesiones obtenidas por sus dos hermanos 
«H Alandalus en ocasión en que se habían 
reunido en Marruecos numerosas fuerzas pro- 
cedentes de los gobiernos de Bugía j Treme- 
cén, revisadas éstas, el califa Abujacub Yú- 
smf le dirige á España, dejando en Marrue- 
TOS de lugarteniente á su hermano Abuimrán. 

Llegado el califa Abujacub á España, se 
instala en Córdoba entrado ja el año 567 j 
desde allí se traslada luego á Sevilla, donde 
le encentró su hermano Abuhafs al volver de 
^n campaña contra la región de Murcia. 

El rej Lobo, desde la defección de Aben- 
hemochico, al ver que las fuerzas de éste j 
SH prestigio se unían á los almohades, com- 
prendió la imposibilidad de que su ja mer- 
mado reino se sostuviese por mucho tiempo 
•contra las fuerzas almohades, j aunque sin 
dada había nombrado Príncipe heredero á 
su hijo Hilel, pues así consta en monedas 
desde el año 564^ al tener noticia de la lle- 
gada k Sevilla del califa Abujacub, se dice 
<iue decajó su ánimo, j que habiendo enfer- 
mado, murió el 29 de Racheb del año 567 



— 152 — 

(27 de Marzo de 1172): otros dicen que le 
envenenó su madre \ porque habiéndole re- 
prendido duramente su conducta con su fé* 
milia, servidores j magnates del estado, el 
hijo llegó á amenazarle, j la madre, temien- 
do su violencia, le envenenó. 

Había nacido Abenmerdanix en Penis- 
cola en el año 518; tenía por tanto 49 años 
cuando murió, dejando varios hijos varones. 
Abdeluáhid (pág. 180) pone los nombres de 
ocho, j hace además mención de dos hijas, 
de las cuales una casó con el califa Abuja- 
cub Yúsuf, j la otra con su hijo j sucesor 
Abujúsuf Yacub. 

Muerto el rey Abenmerdanix, su hijo y 
sucesor Abulcámar Hilcl, conforme á las in- 
dicaciones que recibiera de su padre, entró 
en la obediencia de los almohades, k cujo 
efecto el príncipe Abuhafs se dirigió á Mur- 
cia de la que tomó posesión, siendo enviados 
á Sevilla Hilel j su familia, á quienes el ca- 
lifa hizo muy buena acogida, como lo con- 
firma el hecho de que luego se casara con 

4 Al)enjfll¡cán, odie, del Cairo, to. III, póg. 465, 
en la biografiaidel califa Abuyacub Yúsuf. 



— 153 — 

nna de las hermanas de Hilel j el que con- 
fiara cargos importantes á varios individuos 
de la familia. 

Después de una expedición poco feliz 
contra Ubeda 6 Huete (36), el califa se diri- 
gió á Murcia, j vuelto á Sevilla, ja en el 
año 568 entabló cordiales relaciones con el 
destronado ó dimisionario rej de Murcia, j 
86 casó con su hermana ', dando á su tío Yii- 
suf el mando de Valencia, que había gober- 
nado bastantes años antes en nombre de su 
hermano el rej Lobo. 

Años después, en 575, aparece nombrado 
jefe de la escuadra, mandando una expedi- 
ción contra Lisboa, Gánim hijo de Aben- 
merdanix ^. 



I Sogún ol llainndo Anónimo de Copenhague, 
Ms. Gg. núm. 41K) de la Bibl. Nac. fol. 16 y 17, la boda 
8o voriílcó el sábado, cinco de Rcbia primero del 
a no 570. 

í Aunque el texto de. VbíMijaldún lellamaCáiro, 
creo será Gánim, uno de los ocho hermanos, ((ue 
inenciona Abdeluáhid el Marreooxí. 



— 153 — 

lina de las hermanas de Hilel j el que con- 
fiara cargos importantes á varios individuos 
de la familia. 

Después de una expedición poco feliz 
contra Ubeda 6 Huete (36), el califa se diri- 
gió á Murcia, j vuelto á Sevilla, ja en el 
año 568 entabló cordiales relaciones con el 
destronado ó dimisionario rey de Murcia, y 
se casó con su hermana ', dando á su tío Yú- 
suf el mando de Valencia, que había gober- 
nado bastantes años antes en nombre de su 
hermano el rey Lobo. 

Años después, en 575, aparece nombrado 
jefe de la escuadra, mandando una expedi- 
ción contra Lisboa, Gánim hijo de Aben- 
merdanix ^. 



1 Según el llamado Anónimo de Copenhague» 
Ms. Gg. núm. 490 de la Bibl. Nac. fol. 16 y 17, la boda 
«e verificó el sábado, cinco de Rebia primero del 
año 570. 

2 Aunque el texto de Abenjaldún lellama Cairo, 
creo será Gánim, uno do los ocho hermanos, que 
menciona Abdeluáhid el Marrecoxí. 



— 156 — 

agruparon casi todos los demás rebeldes de 
esta región. 

De algunos de estos personajes se dan 
algunas noticias por incidencia, por su rela- 
ción con los hechos más importantes de este 
período: de otros, como de Lebid, hijo de 
Abdala, señor de San taren, de Ahmed, hijo 
de Hachar el Xaquianí, j de Merif, el Mero- 
deador (?), no encuentro mención en parte 
alguna: haj otros que, mencionados también 
por incidencia, merecen algún estudio apar- 
te, j por eso ponemos á continuación lo que 
de ellos hemos podido averiguar. 

Ahyal, rebelde en Ronda 

Ahjal, hijo de Idrís, el de Ronda, fué 
secretario de Abucháfar Hamdín, mientras 
éste fué cadí; cuando Abengania entró en 
Córdoba echando á Abenhamdín, Ahjal se 
refugió en Ronda, su país natal, declarándo- 
se independiente por muy poco tiempo, pues 
los de Ronda entraron en negociaciones con 
Abulgamar, hijo de Asa ib Abengarriin, que 
en Jerez j Arcos seguía bajo la obediencia 



— 157 — 

• 

de Abenhamdín: terminadas las negociacio- 
nes, Abulgamar quedó dueño de la célebre 
alcazaba de Ronda sin combate^ por habér- 
sele entregado Ahjal sin resistencia, fiándose 
de él j salvándose con lo que tenía á mano; 
sin embargo Abulgamar saqueó las casas 
de los partidarios de Abjal, y luego negó 
la obediencia á Abenhamdín, obedeciéndole 
las fortalezas inmediatas j asegurándose su 
mando. 

Respecto á Ahjal, haj quien dice que 
fué encarcelado por Abulgamar, pero que 
luego le puso en libertad, j que se acogió 
en Málaga junto á Abulháquem Abenhasún 
j que desde allí pasó á Marruecos. 

Por las relaciones con Abucháfar Abena- 
tía, Ahjal recobró sus riquezas j después 
fué cadí de Córdoba y Sevilla, donde murió 
en el año 560 ó 561 ^: era elocuente j enten- 
dido j se conservan de él algunos versos é 
indicaciones de haber enseñado en Córdoba ^. 



4 Dozy, Notices, pg. i-li. 

2 Abenalabar, Tecmila, pg. 629. 



— 158 — 

AbescarráB seBor de «lercs y Arco* 

Entre los persona] es deqnienes dice Aben- 
aljatib qae en este período de remellas tn- 
yieron mando independiente, cita á Abol- 
gamar Abengamin á quien llama señor de 
Jerez. 

Pocas son las noticias qne de este perso- 
naje encontramos: por lo dicho al dar noti- 
cias de Ahjal, señor de Ronda, resulta que 
Abulgamar, hijo de Asaib Abengarrún, como 
le llama Abenalabar i, fué señor de Arcos y 
Jerez, bajo la obediencia de Abenhamdín, 
de la cual se separó cuando, echado Aben- 

4 Abenalabar, apud Dozy, Notíces, pág. 222, le 
llama ^,_.y ^ _jL J| ^^l ^^H o! ; el Car- 
tas, pág. 122, le llama ^)| ^ | j AbeDjaldún, to. VI, 
pág. 2ai. ^ . -c ^ j^k]\ jj t , en el lomo I, de la 
edición de Argel, página 3H, .» •Ve ^ j^\ j)]: 

ante tal variedad, en vista de que en el Cartas (pág. 91) 
y Adabí (pág. 31) encontramos citados los . . A \Aj 

aceptamos esta lectura, abandonando la de ^^| 
• • I l£ Q"® habíamos aceptado. 



— 157 — 

• 

de Abenhamdín: terminadas las negociacio- 
nes, Abulgamar quedó dueño de la célebre 
alcazaba de Ronda sin combate, por habér- 
sele entregado Ahjal sin resistencia, fiándose 
de él j salvándose con lo que tenía á mano; 
Bin embargo Abulgamar saqueó las casas 
de los partidarios de Abjal, y luego negó 
la obediencia á Abenhamdín^ obedeciéndole 
las fortalezas inmediatas j asegurándose su 
mando. 

Respecto á Ahjal, haj quien dice que 
fué encarcelado por Abulgamar, pero que 
luego le puso en libertad, j que se acogió 
en Málaga junto á Abulháquem Abenhasún 
j que desde allí pasó á Marruecos. 

Por las relaciones con Abucháfar Abena- 
tía, Ahjal recobró sus riquezas j después 
fué cadí de Córdoba y Sevilla, donde murió 
en el año 560 ó 561 ^: era elocuente j enten- 
dido j se conservan de él algunos versos é 
indicaciones de haber enseñado en Córdoba ^. 



4 Dozy, Notices, pg. 222. 

2 Abenalabar, Tecmila, pg. 629. 



— 160 — 

lar Abulgamar con su perspicacia, compren- 
diendo la falsa retirada del enemigo, por 
lo que hizo que el ejército auxiliar entrase 
á deshora en Córdoba antes de que pudiera 
ser acometido por D. Alfonso. (37) 

Rechazado de Córdoba D. Alfonso á la 
llegada del ejército de los almohades, man- 
dado por Yah ja Aben jagmor, y gracias á las 
prudentes observaciones del alcaide Abulga- 
mar^ los jefes rebeldes del Algarbe se apre- 
suraron á pedir el aman (la paz), que Abdel- 
mumen les concedió por mediación del gene- 
ral Yah ja Abenjagmor, presentándose al ca- 
lifa en Salé, renunciando á sus mandos: allí 
se presentó también Abulgamar^ siendo la 
última noticia, que de él encuentro, la indi- 
cación de haber muerto mártir á la vista de 
Sevilla en el año 553, ^ donde también muri^ 
Abenalhacham, de quien vamos á tratar. 

Abenalhacham rey de Badajoz 

La particularidad de que Abenaljatib, al 
mencionar de paso los rebeldes contra los al- 

1 Abenjaldún, to. VI, póg. 237.— To. II, pág. U3 
(le la traducción de Slane. 



— :i6i — 

morayideSj que en este período se declararon 
independientes, cite á Abenalhacham, lla- 
mándole Mohámed, hijo de Alí Abenalha- 
cham, nos ha hecho caer en la cuenta de una 
de las particulaTÍdades de este personaje, de 
quien tenemos pocas noticias. 

No encontramos que figurara en los pri- 
meros momentos de la rebelión contra los 
almorávides, j podemos suponer que por de 
pronto no figuró, ja que se cita como señor 
de Badajoz á otro de los personajes, que más 
figuran en este período, á Sidrej Abenuazir: 
de Mohámed^ hijo de Alí Abenalhacham, co- 
mo le llama Abenaljatib i, no encuentro 
mención hasta el tiempo de la primera rebe- 
lión de los jefes españoles contra los almoha- 
des, después que Abeugania hubo recobrado 
de éstos á Algeciras; pues entonces Mohámed 
Abenalhacham, como le llama Abenjaldán '^, 
se adhirió en Badajoz al movimiento insu- 
rreccional; pero luego, cuando el nuevo ge- 



4 Ms. Ar. de la Academia, N. 37, fol. 250 ver. y 
47 de mi copia. 

4 Tomo VI, de la edición del Cairo, pág. 2;H, y 
pág. M\ del tomo I, do la edición de Argel. 

Alsioravides 4 1 



— 160 — 

lar Abulgamar con su perspicacia, compren- 
diendo la falsa retirada del enemigo, por 
lo que hizo que el ejército auxiliar entrase 
á deshora en Córdoba antes de que pudiera 
ser acometido por D. Alfonso. (37) 

Rechazado de Córdoba D. Alfonso á la 
llegada del ejército de los almohades, man- 
dado por Yah ja Aben jagmor, j gracias á las 
prudentes observaciones del alcaide Abulga* 
mar, los jefes rebeldes del Algarbe se apre- 
suraron á pedir el aman (la paz), que Abdel- 
mumen les concedió por mediación del gene- 
ral Yah ja Abenjagmor, presentándose al ca- 
lifa en Salé, renunciando á sus mandos: allí 
se presentó también Abulgamar, siendo la 
última noticia, que de él encuentro, la indi- 
cación de haber muerto mártir á la vista de 
Sevilla en el año 553, ^ donde también janñá 
Abenalhacham, de quien vamos á tratar. 

Abenalliacham rey de Badajos 

La particularidad de que Abenaljatib, al 
mencionar de paso los rebeldes contra los al- 

1 Abenjaldún, to. Vi, pág. 237.— To. II, pág. 1W 
*le la traducción de Slanc. 



— 163 — 

en los preciosos diñares que se acuñaron en 
su nombre en Badajoz en el año 543, con- 
serrando por completo el tipo j leyendas de 
las monedas almorávides * . 



Ali Abenniafniún, señor de CádfK 

Otro de los jefes rebeldes, que tuvieron 
estado e historia conforme á la importancia 
de su región, es Alí, hijo de Isa Abenmai- 
mún, señor de Cádiz, de quien se ha hecho 
mención al tratar de la rebelión general en 
el Algarbe. 

Almirante de la escuadra de los almora- 
YÍdes en Cádiz ^ Alí, hijo de Isa Abenmai- 
mún, á la muerte de Texufín se rebeló en 
Cádiz j se presentó á Abdelmumen, cuando 
estaba sitiando á Fez, entrando en su obe- 
diencia en el año 540. 



4 Véase, Vives, obra citada, n." 1914. 

i Según Almacari, to. I, pág. 103, era hijo de 
una hermana de Mohémod Ahonmaimún, que figura 
como jefe de la escuadra on Almería, quien al frente 
de 40 embarcaciones llegó ¿ Oran en socorro de Te- 
xufín, sin que pudiera evilor su derrota y muerte. 



— 164 — 

En este mismo año, j quizá después de 
negar la obediencia á los almorávides, mandó 
derribar el ídolo de Cádiz, de cujo hecho no 
da detalles el autor del Cartas ^ : algún autor 
dice que al derribar el ídolo, Abenmaimún 
esperaba encontrar en los cimientos un te- 
soro 2. 

Como Abdelmumen no hubiera querido 
contestar al mensaje de Abencasi, cuando 
éste, enviando como mensajero á Abubéquer 
Abenhabís, buscó por primera vez su protec- 
ción, pero sin renunciar á sus ridiculas pre- 
tensiones, al menos en cuanto al título, Alí 
Abenmaimún, ardiente partidario entonces, 
según parece, de los almohades, aconsejó á 
Abencasi que se presentase personalmente, 
como lo hizo, probablemente con recomen- 
dación de Alí para el gobernador de Ceuta 
Yúsuf Abenmajluf, quien le prestó facilida- 
des para presentarse al califa. 

Al tiempo de la primera sublevación ge- 
neral contra los almohades, también entró en 



1 Carlas, edi. Tornberg, pág. 176. 

2 Alcazuiní, to. II, pág. 370. 



— 165 — 

ella AbenmaimÚD, j es la última noticia que 
de él encuentro, á no ser que esté confundido 
con Isa Abenmaimún , que podría ser su pa- 
dre, y figura como señor de Sauta María, j 
probablemente de Tavira pues que asegura 
AJbenjaldún ^, que después de haber someti- 
do Túsuf hijo de Suleiman á los rebeldes de 
Niebla y Silves, acometió á Tavira j le pres- 
tó obediencia Isa Abenmaimún. sefior de 
Sania María: cuando en «545 se presentan en 
Salé los rebeldes j renuncian sus derechos 
en manos de Abdelmumen, no fígura entre 
ellos este Abenmaimún, que <[uizá hubiera 
muerto, ja que figura como señor de Tavira 
un Amil Abenmohib, que no encontramos 
mencionado en otra parte. 



^/frí- 



4 Tomo 1, de la cdi. do Argrl, pog. Mi: oi\ lu 
ioi 



edición dt»l Cairo, lomo VI, pág. 2:^), so loe í,.,.v2w I>t>r 



LAS BALEARES 
BAJO LOS ALMORÁVIDES 



De los reinos llamados de Taifas, consti- 
tuidos á la desaparición del califato de Cór- 
doba, uno de los primeros j de los más im- 
portantes fué el de Denia y las Islas Orien- 
tales, fundado por Mocliéhid, cliente de la 
familia de Almanzor: muerto Mochóhid en 
el año 436 de la hégira, le sucede en el man- 
do su hijo Alí, j al ser éste despojado de su 
reino por su suegro Almoctádir, rej de Za- 
ragoza, en el año 468 (16 de Agosto de 1075 
á 4 de Agosto de 1076), las Islas Orientales, 
sin que sepamos cómo, se constituyen en 



i: 



— 169 — 

otra con el carácter de Cruzada ^ á la cual 
86 adhirió por circunstancias imprevistas el 
mismo Ramón Herenguer III, cujas armas> 
unidas para este fin á las de Genova j Pisa, 
se apoderan de Mallorca después de un fuer- 
te j largo sitio, dando muerte á la guar- 
nición j haciendo cautivos á las mujeres j 
nitios ^. 

Como Mobáxer, al verse sitiado por los 
cristianos^ había pedido auxilio al príncipe 
almoravid Alí, éste, que ó no pudo ó no qui- 
so auxiliar á tiempo á los sitiados, muerto 
Mobáxer, y entregada Mallorca á los cristia- 
nos después de la prisión de su sucesor Abu- 
rebia Suleiman, envió una numerosa escua- 
dra, j los Genoveses, que parece habían 
quedado solos depués de sometida la Isla, 
bien porque no se creyeran con fuerzas para 



1 Abenjahlún. tom. II de la traducción de Sla- 
ne, pág. Í06, nota. 

S Respecto á la fecha de la conquista de Ma- 
llorca puedo verso lo que so dice en la ilustración 
N. 4<>: respecto a los prisioneros co{:;ido3 por los cris- 
lian os, puedo consultarse la obra Hnstfuejo históriro de 
la (lominnrioH itlamiln m /a.< Ixhs Halcuret, por D. Alva- 
ro Canipacer, pág. 81 y ?70. 



— 170 — 

resistir á las armas de los almorávides, 6 
porque no tuyieran interés en conservar bajo 
su dominio las Islas, abandonan á Mallorca» 
con lo que los almorávides vinieron á ser 
dueños de ella sin resistencia. (38) 

Recobrada Mallorca para el islamismo 
por Alí hijo de Yúsuf, envía, ó entra en ella 
Yanudín, hijo de Sir, en el mismo año 509 
j la gobierna durante tres meses, sucedién- 
dolé luego en el mando Abubéquer Tieratat 
6 Tacratat, á quien sucede Yabur 6 Uanur 
hijo de Moliámed, contra quien se sableva 
la nobleza, dándole muerte, sin que el autor 
nos diga la causa; otros dicen que por haber 
intentado que se construjese 6 reparase la 
ciudad lejos del mar, los de Mallorca se su- 
blevaron j que Uanur dio muerte al jefe de 
los amotinados, quienes le encarcelaron j 
enviaron mensajeros á dar explicaciones al 
príncipe Alí: después del mando de Uanur, 
se encargó del gobierno de Mallorca Abubé- 
quer hijo de Alí hijo de Uarafe ^, quien mu- 



1 Probablemente este personaje es el que poco 
después figura como gobernador de Valencia con el 



— Hi- 
rió ejerciendo el mando, probablemente en 
el año 520, en que se inaugura en las Islas 
el gobierno de los Benigania. (39) 

Mohámed Abenganla, &tO 4 &4e é &&• 

Cuando en el año 520 Alí hijo de Yiisuf 
dí6 el gobierno general de Alandalus á su 
hijo Texufín, éste se encargó del mando de 
toda la España musulmana menos de las Is- 
las Orientales, para cuyo gobierno fué nom- 
brado Mohámed hijo de Alí Abengania. 

Muj poco sabemos de la historia de Ma- 
llorca durante el gobierno de Mohámed, tan- 
to en los primeros años, en que indudable- 
mente se consideraba como simple goberna- 
dor, como en los posteriores, en que desapa- 

nombre de Yeder hijo do Uaná (li i • .»J , Aj ) on 

Abenaljatib en la biografía de Yahya Abengania, á cu- 
ya exaltación contribuyo no poco por haber recono- 
cido su mórilo: cuál sea su verdadero nombre no es 
fácil íijarlo, dada la discrepancia de los dos textos en 
que figura: un Maimún hijo de Beder o Yeder Aben- 
uarca ügura como gobernador do Granada en 549» 
cuanio ésta pasó al dominio do los almohades: indu- 
dablemente es do la misma ramilia. 



— 172 — . 

recida la dinastía de los Benitexuñn en el aña 
541^ debió considerarse, al menos de hecho, 
como verdadero rey, bien reconociera la so- 
beranía espiritual de los Abasidas de Oriente, 
como la habían reconocido los Benitexufín, 
bien gobernase como presidente 6 jefe del 
Consejo ^. 

En el año 537, ó más bien en el 538, Mo- 
hámed Abengania pasó á Alandalus á visitar 
á 6u hermano Yahja, nombrado gobernador 
general de la España musulmana con resi- 
dencia en Sevilla ó Córdoba: del gobierno de 
Mallorca quedó encargado durante su ausen- 
cia Abdala Abentimacadmat; pero habién- 
dose promovido alguna sedición, Mohámed 
hubo de regresar á su gobierno, permane- 
ciendo en él aun después de la desaparición 
de la dinastía de los Benitexufín j de la 

i El senador Amari, rofiriéndose á Ishac, hijo 
y sucesor d« Mohámed, que en sus tratados toma sólo 
el título de yl//i<7»//. hace la oportuna observación de 
que los Benigania en catus primeros tiempos de su 
su mando probablemente lo ejercían bajo la aparien- 
cia de presidentes del Consejo inunicipal, como en el 
período de los reyes de Taifas lo habían hecho Aben- 
cliahuar en Córdoba y Abenabad en Sevilla. Amari, 
I Diplomi arnhi del U. ardiiriu Fiorentino, p. 448, nota. 



-^ Í73 — 

muerte de su hermano Yahja, j desde esta 
fecha, 6 mejor, desde que éste se retiró á 
Granada desposeído de todo mando, Mohá- 
med pudo considerarse de hecho como rej 
independiente de Mallorca, como en parte lo 
indica el haber nombrado para sucederle á su 
hijo major Abdala, promoviendo el enojo de 
su hijo Ishac, que dio muerte á su hermano, 
j también á su padre, según algún autor, si 
bien se dice que el padre murió mártir en 
guerra con los cristianos en el año 546 ó 
550. (40) 

Tenemos otro indicio de que Mohámed 
Abengania obraba en realidad como rej en 
el hecho de haberse entablado en los últimos 
años de su vida relaciones oficiales entre 
Mallorca j las Repúblicas de Genova j Pisa, 
firmándose un tratado de comercio con la 
primera en el año 1149 j en el siguiente con 
Pisa^ 

Durante el reinado de Mohámed Aben- 



4 Amari, obra citada (pág. XXVI) dice, «i primi 
<lraUati di commercio) de' quali si canosca il tenore 
tornano por Genova al 1 1 JO e por Pisa al 1150, ontram- 
bi con Maiorca.» 



— 174 — 

gania en Mallorca, su hijo Abdala estuvo al- 
gún tiempo de gobernador militar en Yalen- 
cia, donde se encontraba cuando la subleva- 
ción general contra los almorávides, la que 
no pudo contener ni aun en Valencia, reti- 
rándose á Játiva j huyendo luego á Alme- 
ría ^ como se dijo al tratar de la rebelión de 
Valencia, pág. 103. 

Poco y malo es lo que sabemos del go- 
bierno ó reinado de Ishac, que si llegó á la» 
gradas del trono por medios infames, dando 
muerte á su mismo padre ó al menos á su 
hermano Abdala, una vez desembarazado de 
ellos, sospechando que los Lamtuníes, sus 
cómplices, habían acordado deshacerse de él, 
como era verdad, según Abenjaldún, puesto 
de acuerdo con el almirante Lop Abenmai- 
mún 2, los sorprendió en sus casas y los hizo 
morir. 

Desaparecido por completo el imperio de 

1 Dozy, Nüliccs, págs. 213 y 214. 

2 Lop, Humado lambían Mohámod Abenmaimün. 



— 175 — 

los almorávides en España y en Marruecos, 
si ja su padre Mohámed pudo de hecho con- 
siderarse como verdadero rej, con más razón 
podía hacerlo Ishac, quien sin embargo en 
los tratados que celebró con Genova j Pisa 
no se dio título de emiTy como lo hizo luego 
su hijo j sucesor Abdala, sino de aljaqid, go- 
bernando quizá á nombre del Consejo. 

De su reinado se conservan preciosas mo- 
nedas de oro, acuñadas en Mallorca en los 
años 565 j 567 ^ , si bien en ellas no puso su 
nombre, quizá por no darse oficialmente 
aires de rej: las monedas están acuñadas, 
siguiendo el mismo tipo de las de los almo- 
rávides, en lo que podríamos tener una prue- 
ba de que por este tiempo no tenía aun las 
tendencias almohades, que en los últimos 
años de su reinado le atribuje Abenjaldún, 
al decir que enviaba al califa Abujacub los 
prisioneros j cristianos ^. 

En los primeros años de su mando Ishac 



k Vóaso la obra del Sr. Vives, pág. 332. 

2 Tomo VI de la edi. del Cairo pág. 242— página 
325 del tomo 1, de la edic. do Argel—) lomo II, pág. 2C8 
de la traducción de Slanc. 



— 17e — 

Abengania se dedicó á las construcciones j 
plantaciones, cuja frase interpreta el Barón 
de Slane, diciendo que se hizo construir pa- 
lacios j plantar jardines: su gobierno debió 
de ser tiránico, pues se dice que angustiadas 
las gentes por lo mal que gobernaba, Lob 
AbenmaimÚQ, que le había ayudado al prin- 
cipio en el sangriento castigo de los conspi- 
radores, se pasó á los almohades. 

En los últimos años de su vida volvió su 
atención á las cosas de la guerra, haciendo 
dos incursiones anuales en territorio de cris- 
tianos, del que, como es consiguiente, apre- 
saba muchos cautivos, que enviaba al califa 
Abujacub, al cual se dice que llegó á ofre- 
cer reconocerle, y. poco antes del cual murió 
en el año 580 » . (41) 

Conforme con estas indicaciones tenemos 
noticia de dos expediciones piráticas lleva- 
das á cabo por Ishac en los últimos años de 
su mando, j por una de ellas vemos cuan 
grandes eran su atrevimiento j audacia: en 

i La particularidad do que su muerto ocurriera 
¡)oio antes que la del califa Abuyacub, consta en 
Abenjaldiiu, tomo VI, pág. 242. 



— 177 — 

-el año 1178 (574 de la hógira) encontramos 
mención de dos de sus incursiones, la una 
en el mediodía de Francia, la otra en las 
costas de Cataluña: la primera dirigida por 
-el rej en persona^ la otra no lo sabemos. 

En el año 1178 Abengania acomete j to- 
ma la ciudad de Tolón, haciendo muchos 
prisioneros, que fueron Hoyados á Mallorca^ 
encontrándose entre ellos Ugo Gaufredo viz- 
conde de Marsella j su nieto. 

En el mismo año, en el día 27 de Junio, 
los moros mallorquines, quizá los de la mis- 
ma expedición, sorprenden la Iglesia de 
Santa María de Ulla, en la actual proTÍncia 
de Gerona, cujos canónigos unos fueron 
muertos, y otros llevados cautivos á Ma- 
llorca. (42) 

Si Mohámed Abengania había llegado á 
poderse considerar como rej, ya que como 
dice Abdeluáhíd se asemejaba á ellos, j co- 
mo tal hizo tratados con las Repúblicas de 
Oénova y Pisa, en mejores condiciones se 
encontraba su hijo Ishac, que entraba á go- 
bernar un estado ya constituido y como re- 
conocido, así que podía suponerse que las 

Almobavides 42 



— 178 — 

relaciones diplomáticas se habían de renovar 
con aquellas Repúblicas. 

Y efectivamente haj noticia de que en 
el año 1161 trató con los Pisanos, con quie- 
nes no se sabe que fírmase la paz hasta el 
año 1173 j de nuevo en 1184, siendo pro- 
bable que á las negociaciones de 1161 si- 
guiese algún tratado, desconocido hasta hoj,. 
j del que fuese renovación el de 1173. 

Del tratado de 1184 conocemos el texto- 
árabe j un extracto latino, publicados por 
Amari ^ : tanto este tratado con Pisa firma- 
do muj poco antes de la muerte de Ishac^ 
como el concluido con Genova tres años 
antes, en 1181 2, son vagos j las partes con- 
tratantes sólo se obligan á no hacerse daño 
mutuamente j á proteger, ó más bien, á ha- 
cer respetar á los náufragos: en el tratada 
con Pisa se incluye también á los naturales 
de la República de Luca. 

1 Obra citada, pág. 230 y 274: también publica 
en árabe y iatín, en las páginas i4 y 273, la carta en la 
que el rey comunica la firma del tratado al Arzobis- 
po, cónsules, ancianos y notables de Pisa. 

S Publicado primero por De Sacy puede verse 
en Campaner, obra citada, pág. 445, en Mas-Latrie,. 
pág. 109 y otros. 



— 179 — 

Qaizá ya en estos tiempos las Repúblicas 
comerciales del Mediterráneo^ para proteger 
au comercio, constantemente amenazado por 
los piratas musulmanes, pagasen tributo en 
forma disfrazada de presentes 6 regalos, co- 
mo ha sucedido en los tiempos modernos, 
casi hasta nuestros días. (43) 

Las circunstancias de la muerte de Ishac 
son desconocidas: haj alguna indicación de 
haber muerto 6 sido herido grayemente en 
una incursión en país cristiano; así lo dice 
Abdeluáhid, aunque por lo menos equivoca 
la fecha diciendo fué á principios del año 
579: según Abenalabar parece que murió en 
una subleyación de los cautiyos cristianos, 
que había en palacio. (44) 

Bflaieroa reinados de Moh4nied, All, Talha^ 
lIoh4nied (segunda ves) y Texufin 

Muerto Ishac Abengania en el año 580, 
como queda indicado, dejando varios hijos, 
la historia de Mallorca se complica en el in- 
terior, j en el exterior llega á tener gran im- 
portancia; pues acometiendo los mallorquines 
bajo la dirección de los hermanos Alí j Yah- 



— 180 — 

ja, la parte oriental del imperio de los almo- 
hades, llegan á hacer hamholear á los suce- 
sores de los almorayides ^; pero la historia de 
estas atrevidas expediciones en el período de 
53 años sale de los límites de nuestro tra- 
bajo, j solo debemos ocuparnos en la inves- 
tigación de lo que á Mallorca 6 las Islas se 
refiere: esto no deja de ofrecer greyes dificul- 
tades, pues las noticias referentes á los pri- 
meros sucesos que en Mallorca se desarrollan, 
son contradictorias, 6 lo parecen por incom- 
pletas. 

No resulta claro si Ishac Abengania llegó 
á prometer sumisión al califa Abujacub Yú- 
suf, ó fué su hijo j sucesor inmediato Mo- 
háined, quien en su caso debió hacerlo in- 
mediatamente después de su proclamación, 
toda vez que antes de los dos meses muere 
el califa después de haber enviado á Mallorca 
á Alí hijo de Reverter. 

Este Alí, cujo padre Reverter, fué ge- 
neral de los almorávides en los últimos 
tiempos, muj querido j considerado de Alí, 

1 Al)enjalicán lo. 111, edi. del Cairo, pág. 3^y 

siguientes. 



— 181 — 

hijo de Yúsuf, j de Texufín, su hijo j suce- 
sor ^, fué enviado por el califa Abujacub á 
tomar posesión de las Islas, cuja sumisión 
hiciera el nuevo rej Mohámed; pero antes de 
que se hiciera cargo del mando, disgustados 
los hermanos del rej de la sumisión al im- 
perio de los almohades, se apoderan de Mo- 
hámed j del enviado del califa, j ence- 
rrándolos en el alcázar, proclaman rej á su 
hermano Alí: esto debió suceder entre el 19 
del mes de Safar, fecha en la cual vivía aún 
Ishac, j el mes de Rebia 2.® en que muere 
Abayacub á consecuencia ó después de la 
batalla de Sentaren s. (45) 

Llegada á Alí la noticia de la muerte del 
califa Abujacub, j la proclamación de su 
hijo Abujúsuf Yacub, titulado Almansur, 

4 Respecto ¿ este singular personaje, puedo 
verse Dozy, Reoherches, 3.* edi. tomo 111, pág. 347. 

? Abuyacub Yúsuf murió en Santarén, ó á con- 
secuencia de la expedición de Santarén en Rebia i.** 
ó 2.° del año 580, pues los autores no concuerdan en 
el dia, ni aun en el mes: el autor del Cartas, pág. 136 
y 479, fija el día 18 de Rebia postrero, y en la pág. 144 
dice fué el 2 del mismo mes:— Ahmed Anasiri, to. 1, 
pág. 469, señala eMOde Rebia 1."— Abenjalicán (bio- 
grafía 855) sólo ílja el mes, Robia 2.". 



— 182 — 

resuelve llevar la guerra contra los almoha- 
des á las vecinas costas africanas, se prepara 
rápidamente, j en el mes de Xabán^ dejando 
en Mallorca á su hermano Talha, que alga- 
nos llaman rey, sale para Bugía, de la que 
se apodera el viernes 6 de dicho mes ^ . (46) 
Alí Abenreverter, que había quedado 
preso en Mallorca, al partir para Bugía los 
dos hermanos Yahja j Alí, á pesar de la yi- 
gilancia, que con él se tenía, consiguió so- 
bornar á la guardia y al pueblo, proclamando 
al destronado Mohámed, que sale de la cár- 
cel para empuñar el mando por segunda vez 3. 

4 Abenjaldún, to. I, pág. 325, edi. de Argel,— 
to. VI, pág. 242, edi. del Cairo— Caries, pég. 479. 

2 Anónimo de Copenhague Ms. Gg. 490 de la 
Bibl. Nació, pág. 73, y Ms. Ar. de la Academia N. S3, 
pág. 33, dan detalles de este acontecimiento pero 
por desgracia poco concretos respecto á personajes: 
los mayores detalles se refieren á las negociaciones 
con los esclavos cristianos para que tomaran parte 
activa en el movimiento: en el códice de la Biblioteca 
Nacional falta la mitad del texto. A esta rebelión pae- 
de referirse la Crónica do San Salvador de Marsella 
al decir con referencia al año 4185; «MCLXXXV Chris- 
tiani ceperunt Palatium civitatis Majoricarum et fue- 
runt liberati a captivitate», aunque como se dice en 
la Ilustración 44 pueda referirse á otra rebelión en el 
mismo año, al tiempo de la muerte de Ishac. 



— 181 — 

lijo de Yúsuf, j de Texufín, su hijo j suce- 
sor *, fué enviado por el califa Abujacub á 
tomar posesión de las Islas^ cuja sumisión 
liiciera el nuevo rej Mohámed; pero antes de 
que se hiciera cargo del mando, disgustados 
los hermanos del rej de la sumisión al im- 
perio de los almohades, se apoderan de Mo- 
hámed j del enviado del califa, j ence- 
rrándolos en el alcázar, proclaman rej á su 
hermano Alí: esto debió suceder entre el 19 
del mes de Safar, fecha en la cual vivía aún 
Ishac, j el mes de Rebia 2.** en que muere 
Abujacub á consecuencia ó después de la 
batalla de Santarén ^. (45) 

Llegada á Alí la noticia de la muerte del 
califa Abujacub, j la proclamación de su 
hijo Abujúsuf Yacub, titulado Almansur, 

4 Respecto á este singular personaje, puede 
verse Dozy, Recherches, 3.* edi. lomo 111, pég. 347. 

5 Abuyacub Yúsuf murió en Santarén, ó á con- 
secuencia de la expedición de Santarén en Rebia 1 .*^ 
ó 2.<^ del año 580, pues los autores no concuerdan en 
el dia, ni aun en el mes: el autor del Cartas, péig. i36 
y 179, fija el día 18 de Rebia postrero, y en la pág. 141 
dice fué el 2 del mismo mes:— Abmed Anasirí, to. 1, 
pág. 463, señala eMO.de Rebia 4.°— Abenjalicán (bio- 
grafía 855) sólo fija el mes, Rebia 2.°. 



— 184 — 

Texufín, enyió á Sicilia á sus hermanos Ab* 
dala j Algaci, quienes desde allí se embar- 
caron para Mallorca, de la que, entrando en 
relación con algunos de la ciudad, se apo- 
deró Abdala sin gran dificultad, quedando 
destronado Texufín, ó quizá Mohámed, pues 
no conceptuamos seguro el reinado de Te- 
xufín ^. 

Proclamado Abdala como rej de Mallorca, 
probablemente ya entrado el año 583, el califa 
Almansur intentó varias veces apoderarse de 
su reino, enviando sus escuadras contra Ma- 
llorca á las órdenes de Abdala hijo de Chami 
j luego á las de Yahja, hijo del jeque Abu- 
ibrahim el Hazrachí; pero los de Mallorca se 
defendieron con resolución j con éxito con 
muerte de muchos almohades j con esto se 
fortificó el poder de Abdala. 

Por el mismo tiempo en que se desarro- 
llaban en Mallorca estos sucesos, haj noticia 
vaga de haberse apoderado de Ibiza en el 
año 583 el capitán Abulabás el de Sicilia, 
haciendo prisionero al capitán Abennachah 



4 Abenjaldún, to. I, do la edi. de Argel, p. 332. 



— 185 — 

)1 de Mallorca, quien se había pasado de las 
banderas de Abengania á las de los almoha- 
les, con quienes había roto después, enga- 
lando también á los de Ibiza, de cuja isla 
se hizo dueño ^. 

En el año 584 de la hégira, sin duda lúe- 
^ de quedar Abdala instalado de un modo 
lefínitivo como rey de Mallorca, firma un 
miado con la República de Genova; pero 
[oizá no hizo más que confirmar lo pactado 
>or su padre poco antes de su muerte, j que 
probablemente no habría sido observado al 
nenos por parte de Mallorca, atendidas las 
revueltas que en ella habían tenido lugar en 
il período de cuatro años: la paz entre la 
República de Genova j Abdala como emir 
le Mallorca se firma en el mes de Chumada 
>ostrero del año 584 (28 de Julio á 25 de 
k^sto de 1188) j el plazo fijado de 10 años, 
lebía comenzar á contarse desde 1.° del mes 
le Safar del mismo año (1.*^ de Abril de 
L188). (47) 



4 Anónimo de Copenhague pág. 86 del códice 
le la Bibl. Nacional, y pág. 37 del códice do la Aca- 
lemia. 



— 186 — 

Muerto el califa Almansur en el año 595» 
su hijo j sucesor Mohámed Anásir envia 
contra Mallorca una escuadra á las órdenes 
de su tío el sid Abulalé, j del jeque AJbu- 
saíd Otmán hijo de Abuhafis; sitiado Abdala 
en Mallorca j abandonado por su hermano 
Texufín^ según Abenjaldún, murió en un 
combate ^ . 

Otros autores fijan la fecha de la desapa- 
rición definitiva, del poder de los almorayi- 
des en Mallorca en el año 599 ó 600 6 601, 
diciendo que el califa Anásir salió de Ma- 
rruecos en el año 598 j al llegar á Argel 
mandó construir (ú organizar) una escuadra 
j preparar los ejércitos contra Mallorca, la 
cual conquistó con muerte de su rej Abda- 
la 2, j hujendo al desierto su hermano Yah- 



4 Abenjaldún to. I, pág. 332 de la edi. de Ar- 
gel.— Ahmed Anasirí, tomo I, pág. i90. 

2 Según Abdeluáhid (pág. 231) al ser sitiada 
Mallorca y salir por una de las puertas de la ciudad, 
su rey Abdala en estado de embriaguez, cayó su 
caballo, y le mató un curdo llamado Omar el Adelan- 
tado: la entrada de los almohades en Mallorca, y la 
muerte de Abdala tuvieron logaren el mes de Dulhi- 
cha del año 599 (de 11 de Agosto á 10 de Septiembre 



— 187 — 

ja: el conquistador una Tez dueño de Ma- 
llorca, acogió muy bien á los naturales del 
país, que le reconocieron j ofrecieron sus 
respetos K 



de 4S03): á pesar de noticias tan terminantes, Mercier 
en su Histoire de I A frique sepíentrionale, tomo II, pági- 
na 438, sienta que Abdala no murió, y pudo evadirse. 
4 Abendinar, pág. 417.— Cartas, pág. 453— Ah- 
med Anasiri, to. 1, pág. 490.— Anónimo de Copenhague. 
Ms. de la Bibl. Nació, pág. 435— Abenjalicán, edi. del 
€airo, to. III, biog. del califa Abuyúsuf Yacub, p. 385. 



JUICIO ACERCA DE LA DOMINACIÓN 
DE LOS ALMORÁVIDES EN ESPAÑA 



Dado el imperfecto conocimiento que te- 
nemos tanto de la historia de los almorávides 
como de la de los otros períodos de la domi- 
nación árabe en España, no creemos que se 
pueda formular un juicio definitivo, ni mu- 
cho menos, acerca del carácter de su domina- 
ción en nuestro suelo; pues aun la historia 
externa hemos visto que está por dilucidar 
en gran parte: respecto á la historia interna, 
no menos importante, apenas si tenemos otra 
cosa que noticias sueltas referentes á institu- 
ciones, costumbres, artes, agricultura, cien- 
cias, letras, administración j demás manifes- 



— 190 — 

taciones de la vida del pueblo: sólo respecto 
á las ciencias^ j sobre todo» á las letras, 
parece que pudiéramos decir bastante; pera 
en realidad sería sólo de la parte bibliográ- 
fica, citando muchas de las obras escritas en 
este período j de las que se tiene noticia; 
pero siendo muy contadas las que hasta hoy 
ha jan sido objeto de estudio, aún esta parte 
resultaría conocida en apariencia nada más. 
A pesar de lo que se acaba de indicar» se 
han formulado juicios muy categóricos j 
poco favorables respecto al gobierno de los 
almorávides, j como no los creemos justi- 
ficados, á pesar de la gran autoridad de Dozj, 
con quien hacen coro casi todos los autores 
posteriores, recargando no poco las tintas, 
como sucede con frecuencia» creemos pre- 
ciso decir algo por nuestra cuenta, ya que 
el juicio del sabio holandés, si al parecer 
muj justificado con datos tomados de autores 
árabes j cristianos, en mi sentir resulta muj 
parcial, siendo esto en gran parte debido á 
su clerofobia aplicada al pueblo musulmán, 
j á su marcada tendencia, muj común en 
nuestros días, á querer generalizar j deducir 



— 191 — 

consecuencias con escaso número de datos. 

Ya al tratar de Abenmerdauix hemos te- 
nido ocasión de indicar algo de lo que dice 
Dozj respecto al carácter tanto de la domi- 
nación almoravid, como de la almohada, 
principalmente con relación á los cristianos 
6 mozárabes: veamos lo que dice al tratar de 
la expedición de Alfonso el Batallador ^, que 
es quizá donde cita los hechos más concretos 
en apoyo de sus apreciaciones. 

«Hacia el fin del siglo xi, cuando la Es- 
paña musulmana pasó del poder de los rejes 
de Taifas al de un príncipe africano, que ha- 
bía Tenido como aliado, j luego destronó á 
loB rejezuelos indígenas, se operó en este pais 
una brusca y funesta revolución. La civilización 
cedió el puesto á la barbarie, la inteligencia á la 
superstición, la tolerancia al fanatismo. El país 
gemía bajo el régimen abrumador del clero 
j de la soldadesca: en lugar de las eruditas 
é ingeniosas discusiones en las academias, 
de los profundos discursos de los filósofos j 
de los armoniosos cantares de los poetas, no 



4 Rfchtrvhex, 2.' edíc. to. I, pág. 343 y siguientes. 



— 190 — 

taciones de la vida del pueblo: sólo redpecto 
á las ciencias^ j sobre todo» á las letras, 
parece que pudiéramos decir bastante; pero 
en realidad sería sólo de la parte bibliográ- 
fica, citando muchas de las obras escritas en 
este período j de las que se tiene noticia; 
pero siendo muj contadas las que hasta hoy 
hajan sido objeto de estudio, aún esta parte 
resultaría conocida en apariencia nada más. 
A pesar de lo que se acaba de indicar» se 
han formulado juicios muy categóricos j 
poco favorables respecto al gobierno de los 
almorávides, j como no los creemos justi- 
ficados, á pesar de la gran autoridad de Dozj, 
con quien hacen coro casi todos los autores 
posteriores, recargando no poco las tintas, 
como sucede con frecuencia^ creemos pre- 
ciso decir algo por nuestra cuenta, ja que 
el juicio del sabio holandés, si al parecer 
muj justificado con datos tomados de autores 
árabes j cristianos, en mi sentir resulta muj 
parcial, siendo esto en gran parte debido á 
su clerofobia aplicada al pueblo musulmán, 
j á su marcada tendencia, muj común en 
nuestros días, á querer generalizar j deducir 



— 193 — 

qae faese & libertarlos del insoportable jiigo 
que sobre ellos pesaba, j Alfonso respon- 
diendo á su llamamiento marchó hacia An- 
dalucía» . 

El mismo Dozj, insistiendo en lo qae 
liabia escrito en los párrafos transcritos, di- 
<^ ^, hablando de los príncipes almorayides: 
«Los tres príncipes de esta dinastía, que rei- 
naron en España, Yusuf, Alí j Texufín eran 
extremadamente devotos: rodeaban á los al- 
faquíes de toda clase de respetos j homena- 
jes, j nada hacían sin haber obtenido antes 
8u aprobación: pero la palma en este modo 
4e obrar hay que concederla á Alí: la casua- 
lidad se había equivocado, haciéndole nacer 
sobre las gradas del trono: la naturaleza le 
había destinado á una vida de reposo j pia- 
dosa meditación, para el claustro ó para la 
tí da eremítica en el desierto: durante su vida 
no hizo más que orar y ayunar: como era natu- 
ral, los alfaquíes se felicitaban de esto: ellos 
manejaban al monarca como querían, gober- 
naban el estado, disponían de todos los car- 

4 Histoire des musulmans, to. IV, pág. 948 y si- 
f^uíentes. 

AUIORAVIDES 43 



— 194 — 

gos, con lo que atesoraban inmensas riqae* 
zas, en una palabra^ recogían el fruto que se 
habían prometido de la dominación almoitr- 
YÍde, j quizá la cosecha sobrepujaba á sos 
esperanzas». 

Más adelante, fijándose en el hecho más^ 
concreto de intolerancia, que nada tenía de 
particular, dice^: «La intolerancia de los 
alfaquíes traspasaba todo límite j sus miras^ 
eran muj estrechas: poco Tersados en el estu- 
dio del Alcorán j de las tradiciones relativas 
al Profeta, no conocían más que los escritos 
de la escuela de Málic, que consideraban co- 
mo autoridades infalibles, de las cuales no 
era lícito apartarse: en realidad su teología 
no era otra cosa que un conocimiento minu- 
cioso del derecho canónico: en vano los teó- 
logos un poco ilustrados protestaban contra 
este exclusivismo en pro de cuestiones j li- 
bros secundarios: la persecución era la única 
respuesta j se les tachaba de heterodoxos, 
cismáticos ó impíos: el libro que en Oriente 
había publicado el célebre Algazalí con el 



4 Obra citada, póg. 53. 



— 193 — 

que fuese á libertarlos del insoportable jugo 
que sobre ellos pesaba, j Alfonso respon- 
diendo á su llamamiento marchó hacia An- 
dalucía:» . 

El mismo Dozj, insistiendo en lo que 
había escrito en los párrafos transcritos, di- 
<*e ^ , hablando de los príncipes almorávides: 
«Los tres príncipes de esta dinastía, que rei- 
naron en España, Yúsuf, Alí j Texufín eran 
extremadamente devotos: rodeaban á los al- 
faquíes de toda clase de respetos j homena- 
jes, j nada hacían sin haber obtenido antes 
su aprobación: pero la palma en este modo 
de obrar haj que concederla á Alí: la casua- 
lidad se había equivocado, haciéndole nacer 
sobre las gradas del trono: la naturaleza le 
había destinado á una vida de reposo j pia- 
dosa meditación, para el claustro ó para la 
vida eremítica en el desierto: durante su vida 
no hizo más que orar y ayunar: como era natu- 
ral, los alfaquíes se felicitaban de esto: ellos 
manejaban al monarca como querían, gober- 
naban el estado, disponían de todos los car- 

4 Ilistoire des musulmans, to. IV, pág. 248 y si- 
guientes. 

Almorávides 43 



— 196 — 

paña musulmana el esplendor j grandeza 
que había tenido en los tiempos de Abde- 
rrahman III, de Alháquem II j de A.lman- 
zor. Las circunstancias sin embargo eran &- 
Torables, porque después de la muerte de 
Alfonso VI, en 1109^ la España cristiana 
estuvo sumida por largo tiempo en la discor- 
dia j guerra civil; pero los almorávides no 
supieron aprovecharse de la ocasión: todos 
sus esfuerzos por recobrar á Toledo fueron 
inútiles j sólo consiguieron apoderarse de 
algunas poblaciones poco importantes; pero 
la pérdida de Zaragoza fué un gran golpe 
para contrarrestar las pequeñas ventajas ob- 
tenidas» . 

«El pueblo por lo demás no pudo felici- 
tarse por mucho tiempo de la revolución 
llevada á cabo: gobierno, generales j solda- 
dos, todo se corrompió con asombrosa ra- 
pidez.» 

«Los generales de Yúsuf, cuando llegaron 
á España, si no eran ilustrados, en cambio 
eran piadosos, bravos y probos, j acostum- 
brados á la vida sencilla j frugal del desier- 
to: enriquecidos con los tesoros de los prín- 



— 197 — 

cipes andalaces, que Yúsuf les di6 á manos 
llenaa, perdieron pronto sus virtudes j sólo 
pensaron en gozar tranquilamente de las ri~ 
qaezas adquiridas: la civilización de España 
fue para ellos un espectáculo completamente 
naoTo: avergonzados de su barbarie^ quisie- 
ron iniciarse en la civilización, tomando por 
modelos á los príncipes destronados; pero por 
desgracia su epidermis era demasiado dura 
para apropiarse la delicadeza^ el tacto j las 
buenas maneras de los españoles: todo entre 
ellos ostentaba el sello de una imitación ser- 
Til j poco apropiada». 

Basta lo transcrito para formarse idea del 
negro cuadro de la dominación almoravide 
pintado por el hábil pincel de Dozj, j re- 
cargado por los autores posteriores, que co- 
mo ee ha indicado, se inspiran en el criterio 
del autor holandés, conocedor, es verdad, 
cual ningún otro, de nuestra historia árabe: 
creemos sin embargo ser de estricta justicia 
el aclarar las tintas de tal cuadro, j esto nos 
proponemos en parte ^ sometiendo algunas 
indicaciones á la consideración de los lectores. 

En la historia de los musulmanes puede 



— 198 — 

hablarse de teocracia j clero? Sólo de un 
modo muj impropio: en realidad el único 
sacerdote es el califa, cujas funciones pode- 
mos decir que imprimen carácter, j aun este 
tiene atribuciones religiosas muy limitadas 
por la tradición ó por las pocas exigencias 
de la religión musulmana, que parece no da 
lugar á consultas de doctrina ni de costum- 
bres^ ja que todo se supone determinado por 
el Alcorán ó por las tradiciones referentes á 
Mahoma. 

Por otra parte los individuos á (piienes 
se confieren las funciones del culto musul- 
mán, si asi quiere llamársele, no son perpe- 
tuas, ni imprimen carácter dentro de sus 
creencias, sino que pueden considerarse como 
funciones civiles; así que el imam j pre- 
dicador de la mezquita al mismo tiempo 
pueden ejercer otros cargos, ó pasan á ellos 
indistintamente: en realidad, más bien que 
los dedicados al servicio de las mezquitas, 
pudieran llamarse sacerdotes los jueces; pu 
"por la unión íntima, ó más bien identida 
entre el derecho canónico, si así puede lla- 
marse, j el civil j político, las ideas más 




— 199 — 

menos amplias del juez pueden influir mu- 
•cho en la práctica judicial j peúal, cuando 
se presentan ideas nuevas en el terreno filo- 
sófico teológico; así vemos que los cargos de 
intolerancia se dirigen de un modo concreto 
<x>ntra los alfaquíes (jurisconsultos), de cu- 
jdi clase, á la que pertenecían casi todos 
los hombres de letras, se nombraban los 
jaeces. 

Ahora bien, pueden sentarse las proposi- 
ciones de que con la venida de los almorá- 
vides se operó en España una brusca y funesta 
refoolución; que la civilización cediera el puesto á 
4a barbarie; la inteligencia á la superstición; y 
Ja tolerancia al fanatismo? En manera alguna: 
la vida de los musulmanes españoles siguió 
siendo la misma, que había sido hasta en- 
tonces: podría retarse á cualquiera á que es- 
tudiando las biografías de los personajes que 
figuran en los Diccionarios biográficos, mar- 
case diferencias en el modo de ser de los 
literatos, ó mejor, hombres de letras hasta el 
tiempo de los reyes de Taifas j los posterio- 
res: estudiaban lo que querían, j con los 
maestros de su elección, ja que la ense- 



1 



— 200 — 

ñanza fué entre los masulmanes completa- 
mente libre^'si exceptuamos quizá los últimos 
tiempos. 

En las biograñas de los muchos persona* 
jes que figuran en este período, musulmanes 
españoles los más, almorávides algunos de 
ellos, poco 6 nada se encuentra que indique 
V^mbio alguno, j que los que habían conoci- 
do el gobierno de los rejes de Taifas se vie- 
sen obligados á cambiar de modo de vivir: 
aduladores cortesanos j parásitos saldrían 
mal parados del cambio, si no se prestaban 
á adular á los nuevos señores; pero esto su- 
cede siempre que cambian los dominadores: 
del conjunto de datos que se han aducido al 
tratar de la rebelión general contra los almo- 
rávides, resulla que ni había grandes .guar» 
niciones africanas, ni aún que el mando de 
las poblaciones más importantes estüviSe 
por completo en manos de musulmanes al- 
morávides: nada por tanto justifica el aserto 
de que con la venida de los almorávides se operó 
en este país una brusca y funesta revolución, 

¿La civilización cedió el puesto á la barbarie; 
la intelifjencia á la superstición y la tolerancia al 



— 201 — 

fanatismo, como asegura Doztft Esto es muy bo- 
nito j de grande efecto en un libro; sobre 
todo cuando á continuación se ponen frases 
tan gráficas, si fuesen verdaderas, como és- 
tas: «El país gemía bajo el régimen abruma- 
dor del clero j de la soldadesca, en lugar de 
las eruditas é ingeniosas discusiones en las 
Academias... no se oía más que la voz mo- 
nótona de los sacerdotea j el ruido de los sa- 
bles arrastrados por el suelo», pero necesita/ 
pruebas que no puedan tacharse de hechoá 
aislados. ^ 

Se parte del supuesto, no probado, de que 
los bereberes en sus diferentes tribus eran | 
unos bárbaros p or civilizar, cuando de entre f 
ellósse levantan los almorávides j dominan 
todo el Almagreb: hablaban lengua diferente . 
j por tanto entenderían con dificultad el \ 
árabe, en especial la poesía, j por esto nada 
tiene de extraño que Yúsuf Abentexufín no 
entendiese ó no le exaltasen los rebuscados 
versos de los poetas españoles, que en reali- 
dad le pedían pan, aunque no lo dijesen en 
sos versos: Yúsuf era un bárbaro en este sen- 
tido para los poetas españoles, como lo era 



— 202 — 

Ovidio para los del Ponto^ de quienes mnj 
bien pudo decir: «Barbarus hic ego sum, qnia 
non intelligor ulli: et rident stolidi verba 
latina GetsB.» «Yo aquí soy un bárbaro, por- 
que nadie me entiende, j los necios Getas se 
ríen de las palabras latinas. » ^ 

No haj más que echar una ojeada por las 
obras de Wusténfeld j Pons ^, en las que se 
•da cuenta de los historiadores por orden cro- 
; nológico, para conyencerse de que al menos 
' los estudios históricos no dejaron de tener 
; tantos cultivadores como en cualquier otro 
\ período, j en general de no menor ímpor- 
\ tancia: facilísimo sería, tomándolo de la obra 
'■■ de Pons, continuar una gran lista de histo- 
riadores polígrafos españoles de este período, 
j ponderar la importancia de algunos de 
ellos, j no lo sería menos el anotar los mu- 
chos escritores de todo género, de quienes 

1 Elegía X, libfi V. Tristium, versu 37. 

2 WmtPnfeld, Die Geschichtschreiber der Araber 
' und ihre Werke, Gollingen^ 188^. — Pon«. — Ennayo Bi(h- 

bibliográfico sobre los historiadores y geógrafos arábigo^ 
españoles, por Francisco Pons Boigues. Obra premiada 
por la Biblioteca Nacional en el concurso público de 
4893 é impresa á expensas del Estado. Madrid, 4896. 



— 203 — 

tenemos datos bibliográficos en nuestras pa- 
peletas de esta clase por orden alfabético. 

Tenemos obras fílosófíco-polí ticas escritas 
•en este período por musulmanes españoles, j 
<pie quizá cuando se puedan estudiar en bue- 
nas condiciones, pues al menos dos existen, 
•dan luz para conocer las causas de la caída 
de los almorávides. 

La primera, titulada Advertencia acerca de 
las causas que producen la disidencia ó discordia 
-entre los muslimes, está escrita por el polígrafo, 
pero principalmente gramático, natural de 
Badajoz, Abumohámed Abdala, hijo de Mo- 
hámed, Abenasid conocido por el de Badajoz; 
el título nos hace sospechar que la obra pue- 
da ser interesante para la ilustración de la 
historia de este período, pues que debió de 
•escribirse en plena dominación almoravide, 
ja que el autor murió en el año 521 : de las 
muchas obras escritas por este autor, se con- 
servan varias: tenemos nota de ocho de ellas, 
conservándose varios ejemplares de la que es 
objeto de nuestro estudio en este lugar. (48) 
Pocos años después debió de escribirse otra 
obra, que si no podemos decir que sea im- 



— 204 — 

portante, pues tampoco está estudiada, prue- 
ba al menos que los estudios no estaban tan 
decaídos en la España musulmana, como 
resultaría de las palabras de Dozj, tomadas 
en sentido estricto j según la mente del au- 
tor. Un almoravid de pura raza de la tribu 
de Sinhacha, Abulabás Ahmed hijo de Mo- 
hámed el Sinhachí, el Andalusí, conocido 
por Abenalarif, de quien hemos hecho men- 
ción al tratar de Abencasi, de quien fué 
maestro j pudiéramos decir cofundador de 
la secta de los moridín, escribió un libro 
titulado: Los tesoros, las bellezas de las sesiones, 
el cebo para prender los corazones y la contempla- 
ción de los amados, obra que se conserva en la 
Biblioteca del Escorial ^ . 

Y por cierto que como queda indicado, 
teniendo Alí noticia de que propalaba doc- 
trinas sediciosas, ó se hacía muj popular, no 
tomó contra él j su compañero, Abenbarra- 
chán ^ más medida que la de alejarlos de 



1 Derenbourg, Catalogue des maniiscríts ara- 
bes de r Escurial, lomo II, en prensa, pág. 21, N.° 732. 

2 Abenaljatib, Ms. Ar. de la Academia nám. 37, 
fol. 251 r. 



— 205 — 

Almería j lleyarlos á Marruecos, donde mu- 
rieron en el año 536, poco antes de iniciarse 
la rebelión general contra los almorávides, 
que contribuyó á preparar: por esto merecía 
dicha obra algún estudio, ja que tan poco 
sabemos de la secta de los moridín, que pa- 
rece contribuyeron en gran manera á la rebe- 
lión. (49) 

Hachi Jalifa menciona esta obra de Aben- 
alarif con dos títulos diferentes. Bellezas de 
las sesiones, 6 simplemente Sesiones, bajo los 
números 11499 y 11384. 

También Abencasi, el discípulo de Aben- 
^aríf, é iniciador de la rebelión, escribió 
una obra acerca del sufismo, la cual debió de 
tener importancia entre los suñes posterio- 
res; pues como dice Hachi Jalifa, fué co- 
mentada por el célebre sufí murciano Mo- 
liidín Abenarabí, quien dice de Abencasi, ó 
sea del autor de la obra, que comenta, que 
-era literato excelente, gran filólogo j que no 
hablaba sino para pronunciar sentencias filo- 
sóficas. ^ 

4 Hachi Jalifa, N. 4788. La obra lleva por título 
•Cambio de calzado para llegar á la presencia de lot dos 






— 206 — 

De lo dicho paede inferirse qne en el pe- 
ríodo de los almorávides los musulmanes es- 
pañoles siguieron dedicándose al estudio^ 
cujo aprecio indican bien los versos de 
Abenasid citados por Pons: 

aEI sabio vivirá eternamente después de su muer- 
te, aunque sus miembros se corrompan bajo déla 
tierra; mas el ignorante es un muerto que anda por 
el mundo: cuéntase entre los vivos y se halla privado 
de vida»». 

Abenalabar en la biografía de Ibrahim, 
hermano de Alí ^ dice que durante su go- 
bierno en Murcia fué discípulo de Abualí 
Asadafí, para lo que hubo de ir á casa del 
maestro, pues éste se hizo el desentendido 
respecto á la pretensión no extraña, de que 
Abualí fuese á la residencia del gobernador. 
Abenalabar dice terminantemente en esta 
biografía que durante el mando del hermano 
de su biografiado (Alí Abenjúsuf, año 500 

eKindoa buenos: o] bibliógrafo turco parece que no tenía 
noticia de la patria del autor, á quien solo llama 
Ahímrnsijefe il'j los sufie^, pero Abenaljatib (fol. 46 de 
mi copia), al iiablar de Abencasi, dice que es el autor 
de la obra mencionada. 

1 Hiblio. Arab. bis. tomo IV, pág. 56. 



— 205 — 

-Minería j llevarlos á Marruecos, donde mu- 
yeron en el año 536, poco antes de iniciarse 
1% rebelión general contra los almorávides, 
<Jiie contribuyó á preparar: por esto merecía 
clicha obra algún estudio, ja que tan poco 
Sabemos de la secta de los moridín, que pa- 
x^ece contribuyeron en gran manera á la rebe- 
lión. (49) 

Hachi Jalifa menciona esta obra de Aben- 
^larif con dos títulos diferentes, Bellezas de 
£a8 sesiones, 6 simplemente Sesiones, bajo los 
znúmeros 11499 j 11384. 

También Abencasi, el discípulo de Aben- 
-alarif^ é iniciador de la rebelión, escribió 
una obra acerca del sufismo, la cual debió de 
tener importancia entre los sufíes posterio- 
res; pues como dice Hacbi Jalifa, fué co- 
mentada por el célebre sufí murciano Mo- 
liidín Abenarabí, quien dice de Abencasi, ó 
sea del autor de la obra, que comenta, que 
era literato excelente, gran filólogo j que no 
hablaba sino para pronunciar sentencias filo- 
sóficas. ^ 

i Hachi Jalifa, N. 4788. La obra Uova por título 
•Cambio de calzado para llegar á la prenenria de los dos 



— 208 — 

Quienes tales aficiones manifestaban é 
iban á las casas de maestros particalares, ñ- 
quiera fuesen tan célebres como Abaalí Asa- 
dafí^ no dejarían de tener 6 asistir á tertulias 
■6 reuniones literarias, mal llamadas A.cade- 
mias; pues con carácter oficial es casi seguro 
que nunca las hubo en la España mosnlma- 
na, á no ser en los últimos tiempos; j en 
esas tertulias 6 Academias se discutiría con 
la misma libertad j altura de miras, que en 
los tiempos anteriores. 



Peraecucl<>n de los moaérabes 

Por los autores cristianos poco 6 nada sa- 
bemos del estado de los mozárabes en Anda- 
lucía durante los primeros años de los almo- 
rávides: sólo con motivo de la incursión de 
Alfonso el Batallador se dan algunas noticias 
acerca de su estado, ó más bien, de la perse- 
cución que contra ellos se movió á conse- 
cuencia de esta famosa expedición, poco co- 
nocida en sus causas j no mucho mejor en 
sus efectos. 



— 209 — 

Por el testimoDÍo de Abenasairafí ^ , re- 
iulta qne en el reinado de Yúsuf en el año 
192 los cristianos de Granada fueron inquie- 
tados en el ejercicio de su culto, siéndoles 
lemolida una iglesia antigua^ que existía en 
la qne hoj es plaza del Triunfo: en realidad 
Bsto es lo único que se sabe; suponiendo que 
QSto fué debido exclusivamente al fanatismo 
le los alfaquíes j á su iniciativa, á la que de 
buen grado debió de asentir Yúsuf, Dozj 
supone j da por sentado que los alfaquíes no 
30 detuvieron en mitad del camino, j que, 
obtenido el permiso de derribar una iglesia, 
lo tendrían para todas, j que los cristianos 
fueron atrozmente vejados por los musulma- 
nes hasta que habiéndose llenado la medida 
liacia el año 1125, suplicaron á Alfonso el 
Batallador que les ayudase á sacudir el jugo 
Y se apoderase del territorio sometido al 
islam; j que en virtud de esto el rej de Ara- 
gón emprendió su famosa expedición. 

Admitida la demolición de la antigua 
iglesia de Granada, ja que ningún dato po- 



4 Dozy, Recherches, 2.* edi. tomo I, pág. 346. 

ALM0BAVIDE8 44 



— 210 — 

damos aducir en contra, ni haj motivo es- 
pecial para ponerla en duda, aunque mencio- 
nada en rigor por un solo autor, como éste 
nada dice de las causas que la motivaron, en 
buena crítica no cabe ampliar la persecución 
j suponer que los alfaquíes se ensañaron con 
los cristianos, tanto más, cuanto que el au- 
tor, al mencionar este hecho, no hace ahí— 
si6n alguna á tirantez de relaciones entre- 
musulmanes j cristianos por este tiempo: 
indica sí con preciosos detalles la alianza con 
Alfonso el Batallador j la consiguiente ex- 
pedición de éste, después de la cual j á con- 
secuencia de la misma se inicia la persecu- 
ción, que DO podía menos de sobrevenir, co- 
mo previeron los diez mil cristianos, según 
Orderico Vital, que se reunieron al ejército 
de Alfonso al regresar; j aun así se necesitó 
que á raíz de la derrota de Arnisol j regreso 
de D. Alfonso, el cadí de Córdoba Abulua- 
lid Abenroxd (abuelo de Averroes) se diri- 
giese á Marruecos á informar á Alí de lo su 
cedido j pedirle tomara medidas contra 1 
cristianos, por lo menos la de desterrarlos 
como efectivamente tomó esta medida, pu 




— 211 — 

en el mes de Ramadán del mismo año 520 
muchos cristianos fueron deportados á Afri- 
ca, sufriendo mucho en el viaje por el mal 
tiempo j los malos caminos: á los sufrimien-^ 
tOB naturales del viaje, que confiesa el autor 
árabe del relato^ haj que añadir^ según Or- 
derico Vital, los atropellos de todo género 
cometidos por los musulmanes, irritados por 
la marcha de los que se habían unido al ejér- 
cito de Alfonso ^ . 

Estos parecen ser los únicos datos que 
nos suministran los autores antiguos: falta 
ahora apreciarlos en su verdadero valor^ ja 
que están poco conformes entre sí. 

Dada la connivencia indudable de los 
mozárabes en general con Alfonso el Batalla- 



4 Porro Cordubenses alíique Sarracenorum po- 
puli valde irati sunt, ut Muceravios ciim familiis et 
rebussuis discessísse viderunt. Quapropter commiini 
decreto contra residuos insurroxerunt, rebus ómni- 
bus eos crudelíter expoliaverunt, verberibus et vin- 
oulis mullisque iniuriis graviter vexavorunt. Multes 
eorum horrendis suppliciis interemerunt, et omnes 
alios in African) ultra íretum Athlanticum relegave- 
runt, exilioque truci pro Christianorum odio, quibus 
magna pars eorum comilata fueratcondemna\erunt. 
(Dozy, Recherches,2.« edi. tomo I, pág. düS). 



— 212 — 

dor, no paeden tacliarse de exageradas las 
pretensiones del cadí de Córdoba Abalnalid 
Abenroxd de que lo menos que procedía era 
expulsar á los mozárabes, j por tanto bajo el 
punto de vista del gobierno musulmán, en 
mi sentir no es justo hacer cargos al emir 
Alí por esta medida; que produjo atropellos 
injustificados, no lo dudo; pero probable- 
mente no serían tantos como dice Orderico 
Vital; pues es lo cierto que en Granada que- 
daron bastantes cristianos, como dice el autor 
árabe, j confirman de un modo indudable 
los graves acontecimientos ocurridos en esta 
misma ciudad en el año 557^ de los que se 
ha hecho mención en la página 139 y si- 
guientes. 

¿El llamamiento de Alfonso por los cris- 
tianos de Andalucía se debió, como dice Do- 
zj, á que la medida del sufrimiento de los 
mozárabes se hubiera llenado por este tiem- 
po? Podrá ser; pero lo dudamos: habían pa 
sado 28 años desde que había sido derribad 
la antigua iglesia de la puerta de Elvira, 
si la persecución de los alfaquíes con aquies — 
«encia del príncipe hubiera sido tan violenta 




— 213 — 

no 86 concibe su prolongación por espacio de 
28 años. 

Es probable, en mi sentir, que la expe- 
dición de Alfonso el Batallador partiese de 
su iniciativa ^, j que como era natural pro- 
curara antes ponerse en relación con los mo- 
zárabes que habían de ver con simpatía sus 
trianfos j podían servirle de mucho, aun sin 
tomar una parte activa j directa en la lucha. 

De que la persecución iniciada según 
Abenasairañ en el año 492 j exacerbada ha- 
cia el año 519 no tuvo ni de mucho el al- 
cance que le supuso Dozj j han exagerado 
autores posteriores, encontramos un indicio 
mes, aunque puramente negativo en el si- 
lencio de los Anales Toledanos. 

El autor ó autores de estos Anales, muj 

4 Orderico Vital la atribuyo al deseo de Alfon- 
so de acometer empresas superiores á las que habían 
llevado á feliz término el Conde Rotrón y compañe- 
ros,— Anno ab incarnatione Domini MCXXV, post- 
qoam Rotro Comes cum suis satellitibus et auxiliariis 
íd Galliam romeavit, Aragonensis Rex visis insigni- 
bus gestis, qua? Franci sine illo super Paganos in 
Hispania fecerant, invidit: laudisque cupidus ingen- 
tem 8ua3 gentis exercitum arroganter adunas it. Es- 
paña Sag. tomo X, p¿g. 607. 



— 214 — 

«fecto á los moros, como oportunamente in- 
dicó el Sr. Saayedra, nada indica de la des- 
trucción de la iglesia de Granada ni de per- 
secución: quizá pudiera encontrarse algo de 
ésta en lo que se dice con relación al año 499, 
siete después de la demolición de la iglesia 
de Granada — «Fué la hueste de Málaga cuan- 
do exieron los Mozárabes de Malaga, Bra 
MCXLI V» , pero parece mucho más probable 
que mozárabes de Málaga salieran al serricio 
de los moros como supone el P. Flórez ^. 

No consta en dichos Anales Toledanos 
otra indicación referente á los mozárabes 
hasta la entrada de Alfonso el Batallador en 
Andalucía, que como se dijo, refiere con es- 
tas lacónicas palabras; «Entró el rey de Ara- 
gón con grand hueste en tierra de moros é 
lidió é venció a XI Re jes de Moros en Aran- 
zuel, Era MCLXI», añadiendo á continua- 
ción: «Pasaron los Mozárabes á Marruecos 
ambidos. Era MCLXII», (año de J. C. 1124). 
La fecha está equivocada, pues estos sucesos 
ocurrieron en los años 1125 j 1126. 



I España Sagrada, tomo XXIII, p6g. 387. 



— 215 — 

^aenia de los libros de Algraisalf 

Es indudable que la obra de Algazalí La 
resurrección de las ciencias religiosas, fué pro- 
hibida en la España musulmana con la in- 
tervención del cadí de Córdoba Abuabdala 
Abenhamdín: son muchos los autores árabes 
que hacen indicaciones acerca del hecho j 
no cabe ponerlo en duda: de lo que cabe du- 
dar, es de la aplicación que del decreto se 
hiciera: probablemente la prohibición exci- 
taría el deseo de leer la obra, j sería causa 
de su major circulación, como resulta del 
hecho de que 30 años después Abencasi ex- 
plicaba este libro á los sufíes, á quienes ini- 
ciaba en la idea de rebelarse contra los almo- 
rávides: en lo que no están conformes es en 
los detalles de la proscripción, y en reali- 
dad, en el principe que la autorizó, j me- 
nos, en las causas: podría muj bien sospe- 
charse que la acrimonia con que según Dozj, 
atacaba á los teólogos ó alfaquíes fuese la 
causa principal de la proscripción de la obra 
de Algazalí, que debió de alcanzar gran éxito 
«n el mundo musulmán, si atendemos al nú- 



— 216 — 

mero considerable de ejemplares que se han 
conservado en las bibliotecas: parece sin em* 
bargo que en España circuló poco en la época 
inmediatamente posterior^ al menos de un 
modo público, pues Abenjáir no le cita éntre- 
los libros que estudió ^. 

Las circunstancias j la fecha de la quema 
de la obra de Algazalí son desconocidas por 
los autores árabes: la fecha puede fijarse en— 
tre el año 500 y 507, (50) ya que en el año 
500 subió al trono Alí, j en 507 muere uno 
de los que intervienen en el proceso. 

Ahora bien, el anatema lanzado contra un 
libro determinado autoriza para asegurar que 
la civilización cedió el puesto á la barbarie; la in^ 
teligencia á la superstición y la tolerancia al ¡ana- 
lismo? En manera alguna: de todos los perío- 
dos históricos de los musulmanes de España 
se citan hechos análogos j lo mismo ha su- 
cedido en todos ó casi todos los pueblos, j 
casi podría asegurarse que sucederá siempre. 
' Añade Dozy, «que gobierno, generales y 

4 Abenjáir nació en el año 502, por el tiempo 
en que fué quemada la obra de Algazalí, y murió en- 
Córdoba en 575. JUbl. Ar. his. tomo X, Introducción. 



— 217 — 

soldados todo se corrompió con asombrosa 
rapidez; que los generales sólo pensaron en 
gozar tranquilamente de las riquezas adqui- 
ridas j que avergonzados de su barbarie qui- 
sieron iniciarse en la civilización, pero que 
todo en ellos ostentaba el sello de una imi-. 
tación servil j poco apropiada»^ es muj sen- 
cillo 7 de mucho efecto el asegurar todo 
esto; pero hacen falta pruebas, imposibles de 
aducir, porque en el estado actual de los 
estudios árabes no es aún posible ver en 
conjunto los hechos j la marcha de los acon- 
tecimientos: pueden citarse hechos particu- 
lares de caudillos ineptos ó desgraciados en 
la dirección de los ejércitos, como Temim el 
héroe por fuerza de Uclés, que se retira sin 
pelear de los muros de Zaragoza; j del ven- 
cido en Cutanda, el príncipe Ibrahim; pero 
también hemos citado no pocos que luchan 
con acierto j valor durante largos años j que 
si por fin sucumben, saben hacerlo con honor. 
Como por otra parte vemos que en mu- 
chos casos los jefes de poblaciones de impor- 
tancia son españoles, y esto les proporciona 
el poderse rebelar contra los almorávides en 



— 218 — 

los últimos tiempos, haciéndoles concebir la 
idea de independencia nacional 6 de autono- 
mía regional, no encontramos que los almo— 
ravides acaparasen para sí los cargos milita- 
res, ni mucho menos los civiles, que si eran 
dados á los alfaquíes 6 jurisconsultos, sólo 
ha podido hacerse antipática esta conducta; 
tachándola sin razón de clericalismo j teo- 
cracia. 

Queda probado que en lo militar j cien- 
tífico no cabe encontrar diferencia radical 
desfavorable á los almorávides: ¿la haj en lo 
demás? Del estado de la agricultura, indus- 
tria y comercio de este período como de los 
demás, poco ó nada sabemos; pero hay un 
ramo importante de la administración, en el 
que los almorávides son muy superiores á 
los gobiernos que les precedieron, y es el sis- 
tema monetario. 
/' Las monedas de los almorávides en belle- 
za y en el sistema á que obedecen, son muy 
superiores á todo lo que se había visto hasta 
entonces: y cosa singular, el sistema mone- 
tario almoravid viene de Marruecos, pues 
resulta implantado antes que Yúsuf Abente- 



— 219 — 

xuñn fuera llamado por los re jes de Taifas. 

La perfección j abundancia de las mone- 
das almorávides tanto en oro como en plata 
paeden considerarse por una parte como un 
indicio de la prosperidad material en este 
período, prosperidad que confiesa el mismo 
Dozj, como no podía menos de reconocer con 
los autores árabes ^ , (51) j por otra su buena 
j hermosa acuñación nos prueban que en 
todas las poblaciones de importancia se cul- 
tivaba al menos el arte del grabado, como no 
fie había hecho antes, y que la reforma mo- 
netaria no se había hecho á la ventura j por 
desenvolvimiento espontáneo aislado, sino 
-con plan fijo procedente del poder central. 

En efecto, las monedas de oro, muj 
abundantes en este período, son de peso muj 
uniforme, lo que no había sucedido antes^ 
de modo que quizá sólo desde este tiempo la 
moneda de oro árabe española, tiene en rea- 
lidad el carácter de tal con peso j lej fijos: j 
aun en las mismas monedas encontramos in- 
dicio de algún cambio de peso, pero tan poco 

4 Cartas, edi. Tornberg, pág. 108; Abcnalatir, 
odi. Tornberg, lomo X, pág. 287 y 288. 



— 220 — 

importante^ que no ha podido fijarse á pesar 
de las muchas monedas que se conservan, 
bien que de mu j pocas sabemos que perte- 
nezcan al sistema antiguo, que probablemen- 
te indicará algún major peso ^. 

En todo el período de los rejes de Taifas 
puede decirse que no se acuñó moneda de 
plata, pues la que llevaba el nombre de dir- 
hem era en realidad de cobre 6 de plata de 
pésima lej j peso muj diferente: con los 
almorávides se introduce un sistema mone- 
tario, con el cual reaparece la plata del)uena 
lej, y las monedas fraccionarias del dirhem^ 
fraccionarios que no se habían conocido en 
período anterior, y que en España trataron 
de introducir los últimos reyes de Badajoz,, 
de quienes se conocen monedas parecidas. 

Para facilitar las transacciones mercanti- 
les al por menor, los almorávides acuñaron 
semidirhemes, cuartos de dirhem, octavos j 
dieciseisavos, llamando á estas microscópicas 
monedas, jan^iha (algorroba): así lo dice Ab- 

1 Esta particularidad se expresa en algunas 
monedas de Granada del año 520 y en las do 521 y 522: 
Vives, obra citada, números 1621, 1622 y 1623. 



— 221 — 

deluáhid ^, j bsí resulta de las monedas de 
este período estudiadas y dadas á conocer por 
«1 Sr. Vives. (52) 

La perfección artística que aparece en las 
monedas de este período, resulta también en 
otra clase de monumentos no menos autén- 
ticos, en las inscripciones sepulcrales, en las 
que las letras dejan de aparecer en la forma 
llamada cúfica, para ostentar el carácter cur- 
sivo, mucho más elegante, j el conjunto de 
Ia inscripción se encierra á veces en marcos 
elegantísimos. 

Como, al menos para la España musul- 
mana, Alí es el representante legítimo de la 
■dinastía almoravid, dígase si quien vino á 
España cinco veces tomando en varias de 
«lias la dirección personal de las campañas j 
arreglando los negocios, si un príncipe en 
cuyo reinado tanto florecen las ciencias j las 
«rtes, no hizo más (¡ue rezar y ayunar, como 
dice Dozy y repiten en coro autores poste- 
riores. 



1 Abdeluáhid el de Marruecos, p¿g. 148. 



ILUSTRACIONES 



ILUSTRACIONES 



1 

(Página 4) 

La generalidad de nuestros cronicones 
antiguos fijan de un modo muj vago j poco 
preciso la fecha de la batalla de Zalaca, que 
llaman de Badajoz, de Sacralias, Sagralias, Sa^ 
rallas 6 Zagalla: la major parte fijan sólo 
el año j no siempre bien; pues son bastantes 
los cronicones que retrasan un año la fecha: 
algunos citan el mes de Noviembre: sólo en 
los Anuales Complutenses (España Sagrada, to- 
mo XXIII, p. 314) encontramos la indicación 
concreta de la fecha con estas palabras: «In 
-^ra MCXXIV. Die sexta feria, scilicet X 
kal. Novembris, die Sanctorum Servandi et 
Oermani fuit illa arrancada (derrota) in Ba- 
dalozio, id est, Sacralias, et fuit ruptus Rex 
Domnus Aldefonsus». 

Almorávides 45 



— 226 — 

Los autores árabes dan más detalles 7 sox» 
yarios los que de un modo concreto fijan la 
fecha de la batalla en el yiernes 12 de Ra- 
cheb del año 479, que coincide perfecta— 
mente con la anterior, correspondiendo al 
yiernes 23 de Octubre de 1086 (Bibliothec» 
Arabico-hisp. to. III. p. 31. — Abenalcadi, 
edi. litog. de Fez, pág. 343.— Ms. N. X. d^ 
la Colección Gayangos en la Academia de la 
Historia, fol. 39. y.). Otros autores árabes^ 
fijando el mismo mes, yarían en el día. 



(Página 3) 

Las venidas de Yúsuf á España j el ob— 
jeto de cada una de ellas no aparecen bas- 
tante claros en los autores árabes: resulta que 
yino cinco yeces, aunque la generalidad dé- 
los autores solamente mencionan dos de sus- 
yiajes. 

La primera venida, conocida de todos, es> 
la que da por resultado la batalla de Zalaca> 



— 227 — 

el yiemes 12 de Racheb del año 479, 6 sea 
23 de Octubre de 1086. 

Segunda venida en el año 481: en Rebia I."" 
sale de Algeciras, se dirige á Aledo, que si- 
tia durante cuatro meses (Cartas, p. 98, — 
AJbmed Anasirí, p. 119, — Alholal Almauxía, 
fo. 41. 

Tercera venida: Yúsuf pasa el mar por ter- 
cera Yez en 483: llega á Córdoba en Chuma- 
da 1.*; luego se apodera de Granada j Má- 
laga, destronando á los rejes Abdala j Te- 
mim, hijos de Boloquín hijo de Badís, j en 
Ramadán pasa de nuevo el mar: según algu- 
nos, la toma de Granada j Málaga debería 
atribuirse á la segunda venida (Bibl. Arab. 
hisp., to. III, p. 32. — Cartas, p. 98. — ^Aben- 
jalicán, biog. de Yúsuf, tomo III, pág. 462. 
Ahmed Anasirí, to. I, pég. 120. — Alholal 
Almauxía^ fol. 44). 

Cuart^ venida: Yúsuf pasa á España por 
cuarta vez en el año 490 (Ahmed Anasirí, 
to. I, p. 121), aunque el autor dice por ter- 
cera: Alfonso se dirige contra él, j Yúsuf 
envía el ejército á las órdenes de Mohámed,. 
hijo de Alhach, que derrota á los cristianos: 



^ 228 — 

según el Alholal, fol. 48, Yúsuf vino acoin— 
panado de sus hijos Abutáhir Temim j AbuL 
basan Ali. 

Quinta venida: Aunque Ahmed Anasi 
p. 122, dice que Yúsuf pasa de nuevo en 
año 497, j le llama 4.* venida, es la quin 
j debió de efectuarse en el año 496, en ca 
fecha se verificó en Córdoba la proclamaci 
ó jura de Alí, como príncipe heredero, en 
mes de Dulhicha (Cartas, p. 101. — ^Dos 
Notices, pág. 225. — Abenaljatib, fol. 22 
mi ejemplar). 



3 

(Página 4) 

Alí había sido proclamado Príncipe he 
redero por su padre Yúsuf en Marruecos e: 
el año 495, según consta del documento qai 
se inserta en el Ms. N. X, de la Col. Gajan 
gos en la Academia de la Historia, fol. 50; 
en el año siguiente, 496, se hizo la jura 
lemne en Córdoba por los magnates españo^ 
les: á esta jura hecha con mucha solemnidad. 






— 229 — 

asistió Abdelmélic, hijo de Almostáin II, 
rej de Zaragoza, quien envió magníficos re- 
galos, en los que iban 14 arrobas de objetos 
de plata, en los que figuraba en taracea el 
nombre de Almoctádir, abuelo de Almos- 
táin, cujos objetos fueron convertidos en 
qoirates (pequeñas monedas), que fueron 
distribuidos al público en la noche del día 
10 del mes de Dulhicha (Dozj, No tices sur 
qnelques manuscrits ar. pág. 225. — Cartas, 
página 101). 

El nombramiento de Alí como príncipe 
heredero en el año 495 ofrece alguna duda, 
por lo que resulta del testimonio de las mo- 
nedas, en las cuales Alí no figura como 
Principe jtt^^t hasta el año 497, j con el de 
Principe heredero hasta el mismo año 500. De 
Segelmesa haj dinares hasta el año 498, in- 
clasive, sin que se mencione el nombre de 
Alí: lo mismo se observa en las monedas de 
Agmat hasta este mismo año, j en una de 
Fez de 499 (?); el nombre de Alí con el tí- 
tulo ji^^ figura desde el año 497 en mone- 
das de Córdoba j Almería; desde 498 en las 
de Agmat y Denia; y desde 499 en las de 



— 230 — 

Játiva, Sevilla j Valencia: con el título de 
Jl^x)| h sólo aparece en monedas de Mála- 
ga del año 500 (Véase Monedas de las Dinastias 
Arábigo-españolas, por D. Antonio Vives, nú- 
meros 1449 á 1530). 



4 
(Página 5) 

Cartas, pág. 101. — Según Abenjalicán, 
(tomo III, edic. del Cairo, pág. 460) Yúsnf 
murió el lunes 3 de Moharrem (4 de Sep- 
tiembre de 1106) después de un reinado de 
50 años j 90 de vida. 

5 

(Página 5) 

Alí había nacido en Ceuta en el año 477, 
de modo que al subir al trono contaba 23 
años de edad: era hijo de una esclava cris- 
tiana, que según algunos autores se llamaba 
j^9 Camar (Luna), ^*«^l J^^^ (Cartas, pá- 



— 231 — 

:gina 102. — Alholal Almauxía, folio 52; 
«unque algún otro autor la llama \jía j ^t 




] Maño (?) j Omalhasán (Abenalcadi, 
pág. 291, edición de Fez). 

6 

(Página 5) 

El imperio de los Almorávides se exten- 
'día desde Bugía hasta el extremo del Sus» 
por el mediodía desde Segelmesa hasta los 
montes del Oro en el Sudán, j por todo el 
país de Alandal US, desde Mallorca, Menor- 
<» é Ibiza, siendo proclamado en la oración 
pública en dos mil trescientos j tantos pul- 
pitos. 

(Página 6) 

No es fácil fijar con precisión las veces 
-en qne Alí, durante su reinado, vino á Es- 
paña, donde ja había estado antes. 



-'^^'^' L^-^'''''^ Ao.^aie4e 

'^ra^o^^'-.„T)e---tÍJ^^'l 

^:?eCe^<iÍ:^o.a..-^;c6.ac. 
treaeC--t^^y,BeaeUe- 

de ^S°*^° 



— 233 — 

durante un mes; luego se dirige hacia Tala- 
yera (de la Reina), que toma á viva fuerza^ 
cajendo en su poder hasta 17 ó 27 fortalezas 
de los alfoces de Toledo, entre ellas Madrid j 
Guadalajara, j presentándose ante los muros 
de Toledo, la sitia durante un mes, talando 
su campiña, j después de hacer mucho daño 
á los cristianos se volvió á Córdoba (Cartas^ 
página 105. — Ahmed Anasirí, pág. 125. — 
Abenjaldún, VI, 182, 188.— Abenaljatib, 
Ms. Ac. núm. 37, p. 250. — Anales Toledanos, 
Bsp. Sag., to. XXIII, 388. — Bibl. Ar. hispa- 
na, to. III, p. 88, j VI, p. 527). La Crónica 
de Alfonso VII, confunde, ó mejor dicho, re- 
funde con esta expedición otra bastante pos- 
terior, en la que el jefe no fué Alí, sino su 
hijo Texufín, quien por este tiempo no ha- 
bía venido á España: según el autor, no pu- 
diendo Alí apoderarse de Toledo, se dirigió 
á las ciudades j castillos que había al otro 
lado de la sierra, rompiendo los muros de 
Madrid, Tala vera. Olmos, Canales j otros 
muchos, haciendo muchos cautivos, pero sin 
que pudiera apoderarse de las fuertes torres 
da dichas ciudades, que llaman alcázares: 



— 234 — 

Gaadalajara coa otras ciudades 7 castillos 
quedó ilesa j sus muros no fueron derruidos, 
(Chronica Adephonsi Imp. Esp. Sag., tomo 
XXI, págs. 356 á 359). El autor del Alholal 
(fol. 54) añade que los musulmanes destm- 
jeron á las puertas de Toledo una célebre 
almunia, detalle que confirma j aclara el 
autor de la Crónica del Emperador al decir 
que los moros prendieron fuego á una fuerte 
torre que había á la cabeza del puente frente 
á San Servando. 

La cronología concreta de estos sucesos 
no resulta clara, pues los Anales Toledanos, 
cujo autor en general estaba bien enterado 
dice: «Prisieron Moros Talayera en XVI días 
de Agosto, Era MCXVII (sic)» (parece de- 
bería ser MCXLVII), cuja fecha correspon- 
de á la que se da anteriormente como de la 
salida de Alí de Ceuta^ j su embarque para 
venir á España: los mismos Anales Toleda- 
nos indican el sitio de Toledo por Alí con 
estas palabras: «Posó el Rei Alí sobre Tole- 
do é tóvola cercada VIII días, Era 1148.» 

Tercera venida: Por los cronicones portu- 
gueses podemos determinar la tercera yenida 



— 235 — 

de Alf, la cual aparece con pocos detalles en 
los autores árabes. Abenaljatib (Ms. Aca- 
demia, núm. 37, fol. 250) sólo dice que pasó 
por tercera vez, sitió á Coimbra (el texto 
dice hj^: lo mismo se lee en el manus- 
•crito de la Biblioteca de Argel, segúa copia 
de mi pertenencia), j luego la abandonó: se- 
gún el autor del Alholal (f. 54) pasó por 
tercera vez en el año 511 con propósito de 
hacer la guerra santa; en este año con pistó 
la ciudad de Coimbra (texto Ij ^.'^l^ que su- 
ponemos estará del mismo modo en el códi- 
ce de Leiden, puesto que en el códice de la 
Colección Gajangos están anotadas las ya- 
riantes por Mr. Dozj, y de este nombre nada 
se anota)^ conculcando el país de los inñeles 
•con ejércitos innumerables, dejando en él 
muchas huellas». — El Chronicon Lusitano, (Es- 
paña Sag., to. XIV, 2.* edic.,p. 420) fijando 
el año j la persona del jefe dice: «^ra 1155 
Rex Sarracenorum Hali Ibenjuceph, ye- 
niens de ultra mare cum multo exercitu ob- 
sedit Colimbriam, adjuncto simul et omni 
exercitu, qui erat circa mare^ quorum nu- 
meras erat iñnumeralilis sicut arena maris, 



— 236 — 

solí Deo tanium cognitus erat. Obsedit an- 
tem Colimbriam yiginti diebus quotidie for- 
titer in loto exercitu oppugnans eam, sed 
per Yoluntatem Dei non potuit nocere et ci- 
vitas illaesa remansit, et inhabi tantea in es.» 
La fecha 22 de Junio de 1117, correspondien- 
te á 18 de Safar del año 511 de la hégira,. 
está determinada por el Chronicon de Coim- 
bra (Esp. Sag., to. XXIII, p. 331) con es- 
tas palabras: «In Era 1155 obsedit Rex Ali 
Colimbriam X kal. lulii et fuit ibi per tres 
hebdómadas.» 

Cuarta venida: En el año 513 6 quizá á 
principios de 514 Alí hubo de venir á Alan— 
dalus por cuarta vez, no con el objeto prin* 
cipal de hacer la guerra santa, sino de cal- 
mar una sedición promovida en Córdoba, 
cujos naturales, á causa de la insolencia de 
uno de los siervos ó criados del valí Abubé- 
quer Yahja, hijo de Rauad, habían echada 
de la ciudad á los almorávides: sabido esto 
por Alí, hubo de venir, los sitió, j por fin 
perdonó á los de Córdoba, gracias á la me- 
diación de los alfaquíes (Abenalatir, to. X^ 
página 392). Según algunos autores (Cartás> 



— 237 — 

página 106. — Amed Anasirí, to. I, p. 126), 
«0ta Yeaida de Alí fué motivada por la noti- 
cia de la toma de Calatajud por Alfonso el 
Batallador: Alí pasó (por segunda vez dice 
el texto) con ánimo de hacer la guerra santa, 
arreglar el estado del país j asegurar las fron- 
teras: al llegar á Córdoba se hospedó en las 
«fueras, j allí se enteró del estado del país 
por los mensajes que le llegaron: des ti tu jó del 
cadiazgo á Averroes, nombrando en su lugar 
á Abulcásim Abenhamdín; haj que adver- 
tir que esta destitución j nombramiento de 
cadí no aparecen bastante claras en los auto- 
res, j quizá se reñeran á tiempos algo poste- 
riores: según estos mismos autores, no olvidó 
Alí la guerra santa j desde Córdoba salió 
para Santamaría ó quizá San taren, que sitió 
hasta tomarla á viva fuerza, destruyendo en 
el occidente alquerías j monasterios: los de- 
talles en cuanto á la guerra me parecen sos- 
pechosos, por no encontrar indicaciones en 
otros autores, ni aun en la obra Alholal Al- 
maiLvia (fol. 54), en la que se trata con más 
extensión de esta cuarta venida, que por in- 
corrección evidente del texto aparece como 



m 






i 



declarado los alemas (sabios) que era 

ma la resistencia: prolongada la estai 

*; Alí delante de la ciudad, mediaron n( 

clones de los principales de Córdoba, 
fin convinieron en pagar una indemni 
por lo que el pueblo había robado en 
queo de las casas de los almorávides 
se dice aquí de Abenroxd (abuelo d 
rroes). Parece que Alí prolongó su eí 
en Alandalus basta el año 515, en 
vuelve á Marruecos (Cartas, págs. 106 
Abmed Anasirí, to. I, p. 126), aunque 
nos autores le suponen allí en 514, ei 
año tuvo una entrevista con Almehd 
comenzaba sus predicaciones (Cartas, 

Tina m 112— Abftnnlntír Y ^^Ácr 4 



— 239 — 

8 
(Página 10) 

Batalla de üclés. Autores árabes j cris- 
tianos dan noticia de esta batalla, j por cier- 
to con bien diferente extensión, limitándose 
éstos á consignar el año del suceso con esta» 
palabras del Chronicon de Burgos (Esp. Sa- 
grada, tomo XXIII, pág. 310): «Era 1146 
Fuit la de Uclés». Loa Ármales Complutenses: 
«Era 1134 (1146) et illum de Ucles fuit fac- 
tum». Más explícitos los Anuales Toledanos 
(Esp. Sag. tomo XXIII, pég. 387) dicen con 
no menor laconismo: «Arrancada de Uclés 
sobre los Christianos en el mes de Majo, 
Era 1146. — ^Mataron al Infant D. Sancho é 
al Conde D. García cerca de Uclés^ III día 
kal. de Junio Era 1146. 

Entre los autores cristianos (antiguos) sola 
en la Historia del Arzobispo D. Rodrigo Xi- 
ménez de Rada, autor de índole muj dife- 
rente á la de los anónimos de los Chronico— 
nes, encuentro noticias más amplias, aunque 
no muj concretas. 



— 240 — 

Los autores árabes, parafraseando unos, 
6 copiando lo escrito por otros, dan algunos 
detalles importantes, que copiamos del Car- 
tas, por estar la traducción francesa al al- 
cance de los no arabistas, aunque en esta 
obra la fecha está algo retrasada. 

Dice en la página 103 del texto j 228 de 
la traducción de Beaumier: 

«En 502 (1108 J. C), eut lieu V affaire 
d' Akeljch ^ avec les Chrétiens. Temjm ben 
Youssef était alors general en chef de V ar- 
mes musulmane, et gcuvernait Grenade. C 
est de cette yille qu' il partit pour aller coa- 
rir sur les terres des Chrétiens. Etant arrivé 
«cus les murs de la forteresse d' Akeljrch, 
habitée par une forte garnison de Chrétiens, 
il en fit le siége et j penetra. Les Chrétiens 
s' étant retranchés dans la kasbah, expédié- 
rent un courrier a Alphonse, qui se mit 
aussitut en mouvement. Au moment de son 
départ, sa femme 1' arreta en le suppliant d* 
envojer son fils íi sa place a la renco atre de 
Temjm. «Observez, luí dit-elle, qu' il est 



CliAleau d' üclos. 



— 241 — 

plus convenable d' opposer h Temjm, fíls de 
r emir des Musulmans votre fíls Chandja *, 
fils de r emir des Chrétiens!:» Alphonse, se 
rendant h cet avis, envoja done Chandja k 
la tete d' une grande armée de guerriers qui 
6* avanca promptement jusque sous les mure 
d* Akeljrch. A la nouvelle de 1' approche des 
Chrétiens, Temjm manifesta le désir d* évi- 
ter le combat, en évacuant la place; mais 
Abd Allah ben Mohammed ben Fc\tjma et 
Mohammet ben Ai cha, ainsi que quelques 
autres kaíds Lemtounah, le dissuadérent, et 
lui rendirent V espoir et le courage, en lui 
affirmant que 1' enemi n* avait pas plus de 
trois mille cavaliers et qu' il était loin enco- 
ré. Temjm crut ii leurs paroles; et, le soir 
méme, les Chrétiens fondaient sur lui par 
nombreux milliers; il voulut fuir, ne se sen- 
iant point capable de combattre, mais il était 
trop tardi et il ne pouvait deja plus avancer, 
ni reculer, lorsque les kaids Lemtounah se 
précipitérent sur V enemi, auquel ils livre- 



4 Chandja, V ínfant don Sancho, flis d' Alphon- 
se et de ZaTda. 

Almorávides 46 



— 242 — 

rent un combat desesperé et tel qvL on n' en 
avait jamáis yu de pareil. Dieu trés-liaut 
renversa V enemi et donna la victoire aux 
Musulmans. Le fíls d' Alphonse fut tué ainsi 
que YÍngt-irois mille Chrétiens enviroD. Les 
Musulmans entrérent a Akeljch par la forcé 
de leurs sabres, et un grand nombre de Cro- 
jants périrent a V assaut (que Dieu leur fasse 
miséricorde!). En apprenant ce desastre, Al- 
phonse ressentit un tel chagrín qu' il tomba 
malade et mourut viogt jours aprés ^. Te- 
mjm envoja un courrier k son pére ^ Aljr 
pour luí annoncer cette victoire». 

Abenaljatib (fol. 106 v. de mi copia) ca- 
lifica la derrota de Uclés como una segunda 
batalla de Zalaca^ aunque da pocos detalles. 



(Página il) 

El autor del Cartas dice, «En el año 504 
(20 de Julio de 1110 á 10 de Julio de 1111) 



i Tardó bastante más en morir. 

2 Temim no era hijo, sino hermano de Ali. 



— 243 — 

el príncipe Sir, hijo de Abubéquer, conquis- 
tó á Sentaren (en el texto impreso (^t^^-^), 

Badajoz, Portugal, Evora (texto »j j^L) Lis- 
boa j todo el país del Algarbe en el mes de 
Dulcada (11 de Majo á 9 de Junio de 1111), 
comunicando la victoria al Príncipe de los 
muslimes Alí» (pág. 105). Ahmed Anasirí, 
tomo I, página 125, dice lo mismo, aunque 
con la variante de no indicar que se apode- 
rase de todo el Algarbe, j poniendo bien los 
nombres de Sentaren y Evora. 

El Chronicon Lusitano (Esp. Sag. tomo 
XIV, 2/ edi. pág. 420) da cuenta de esta ex- 
pedición con estas palabras: «^Era 1149 Rex 
Cjrrus cepit Santarem sept. kal. Junii (26 
de Majo). El Chronicon de Coimbra (España 
Sag. tomo XXIII, pág. 331) dice: «In Era 
1119 (léase 1149 como dice el editor) pressa 
foit Givitas Sancta Erene a Rege Cir YIIL 
kal. Junii». 



— 244 — 



lO 



(Página 42) 

La fecha j lugar de la derrota j maerto 
de Almostáin fué fijada por Dozj (Rechei^ 
ches sur 1' histoire... 3/ edi. to. II, pág. 15): 
á los documentos aducidos por Dozj merece 
añadirse el texto de los Annales Toledanos, 
que mencionan el lugar de la derrota, si bien 
en el texto se ha impreso Valencia por VaUie- 
rra, dice: «Murió el Rej Almortajen en Va- 
lencia, Era 1148^> (Esp. Sag. tomo XXIXI, 
pág. 338). 

Abenaljatib da noticia de esta derrota 
de los musulmanes con más detalles que los 
autores hasta hoy publicados 6 conocidos, si 
bien equivoca el año del suceso, que como 
probó Dozj, no cabe suponer anterior al 503 
de la hégira. 

Este interesante texto dice: >vot ^JI^JL^U 



" 1 



J\ vli,.2í^3". »A)J« Iu^) ÍhaJI ^JL£S^ é^ 



— 245 — 

JJO {[] L^ J^^ OJU^C A**.^ ^ é.K* L^Ul 

^ü. s^i.l^ [¡3 \j^.jj^ L^^j Ul^c.1 L^^ 
^j^ J^ J^'! ^^ ^^J-^\ j-^vb 

vlIUl JLj^ ¿jol í^xj ^^^. ¿*jjí'J4l fol. 218 

de la copia de la Academia j fol. 22 del 
ejemplar copia del de Argel. 

«Continuó el reinado de Almostáin hasta 
el año 501 (léase 503): en este año, renovada 
BU proclamación j la de su hijo^ partió para 

{[) En mi copia L^JU J.á.^é 



— 246 — 

la guerra santa en el mes de Chumada pos- 
trero (de 26 de Diciembre de 1109 á 23 de 
Enero de 1110), j entrando por Tudela, hasta 
01ite(?) ^, la sitió, tomando sus arrabales: sus 
moradores se defendieron en una iglesia an- 
tigua en la cual entró (ó de la cual se apartó) 
después de haber capitulado con dinero qne 
le habían de pagar, j por el cual tomó re- 
henes: luego se marchó, pues ja había hecho 
incursiones por toda esta región, quemando, 
robando j destrujendo: cuando estaba á 
punto de llegar al país del islam, le alcan- 
zaron los cristianos j pelearon ambos ejérci- 
tos con denuedo (?), hasta que murió mártir 
Almos tai Q ben Hud con derrota de los mus- 
limes, j muerte de la major parte de ellos. 
Dios los ha ja perdonado: esto sucedió el 
primer día de Racheb (24 de Enero de 1110) 
del mencionado año: después reinó su hijo 
Abdelmélic» . 



i Tal como aparece este nombre en el texto 
¿rabe, lo más natural seria leer Orla ú Oñate; pero sa 
mucha distancia hace que ninguna de estas dos atri- 
buciones resulte aceptable: por eso sospechamos 
pueda ser 0/t^e, como podría leerse sin gran cambio 
de letras. 



— 247 — 
U 

(Página 12) 

La fecha concreta j detalles de la toma 
de Zaragoza por Alfonso el Batallador resul- 
tan muj vagos tanto en los aiftores arago- 
neses como en los árabes. 

El autor anónimo de la Crónica de San 
Juan de la Peña, primera fuente escrita de 
nuestra historia general de Aragón, no da la 
fecha de la conquista, que parece referir al 
año 1111 ó 1112, pues lo vago de la relación 
no permite fijar la fecha (pág. 68 de la edi- 
ción de 1876). 

Blancas ; lamentando la incertidumbre 
que reinaba en los autores respecto á la fecha 
de la toma de Zaragoza, se propuso investi- 
gar de un modo especial este punto de nues- 
tra historia, j contra la opinión de Zurita, 
que la fija en 1118, da como indudable la de 
1115 con estas terminantes palabras: «Es, 
pues, evidente que recobró Alfonso la ciudad 
de Zaragoza en el año 1115, que corresponde 



— 248 — 

á la fecha del anterior privilegio 1153 de la 
era hispánica ^.» 

Ni aun en estos úllimos años se ha podi- 
do fijar de un modo definitivo la fecha de la 
toma de Zaragoza, al menos en cuanto al 
mes; pues el año resultaba ja fijado: así, el 
diligente investigador de nuestras cosas ara- 
gonesas dice al hablar de ésta ^: «Según Ebn 
Al-Abbar, en el mes de Ramadhan (24 de 
Abril á 24 de Majo de 1118): véase Abd-r 
Halim; creemos, sin embargo^ que fué á 
fines de año por el mes de Diciembre». 

Algo más explícitos son los autores ára- 
bes, j por ellos sabemos algunas noticias de 
las cosas de Zaragoza durante estos años. 

Muerto en 508 en la batalla del Gongost 
de Martorell el valí de Zaragoza Mohámed 
hijo de Alhach, que parece ser el verdadero 



4 Comentarios de las ("osas de Aragón, obra escrita 
en latín por Jerónimo Je Blancas, cronista del reino, y 
traducida al castellano por el P. Manuel Hernández de 
las Escuelas Pías, Zaragoza, 1878, (pág. 431). 

2 Ensayo histórico acerca de los Orígenes de Aragón 
y Navarra, por Tomás Xim-nez Je Embún, Zaragoza, 4878 
(pág. 218). 






— 249 — 

jefe^ j destituido por haberse vuelto loco el 
príncipe Abuabdala, hijo de Yúsuf Abente- 
^ufín, conocido por Abenaixa, fué éste reem- 
|)lazado por el Príncipe Abubéquer, hijo de 
Ibrahim, hijo de Tifiluit ó Tefulat, valí de 
Ifarcia, cuñado de Alí, j padre según pare- 
ce del Yahja Abengania, de quien se hablará 
luego: el nuevo valí de las fuerzas musulma- 
nas de Valencia j Zaragoza parece quiso 6 
tuvo encargo de veDgar el desastre del Con- 
gost de Martorell j llegó hasta Barcelona, 
que sitió durante 20 días; al regresar de esta 
expedición, se hizo cargo del gobierno de 
Zaragoza, donde dándose tono de príncipe, 
permaneció hasta su muerte acaecida en el 
año 510 (16 de Majo de 1116 á 4 de Majo 
de 1117) (Abenaljatib, Ihata, fol. 98 de la 
colección Gajangos; Cartas, págiua 104; 
Ahmed Anasirí, tomo 1, pág. 125; Bibl. Ar. 
his. 111, pág. 55). 

Muerto Aben Tifíluit, j acosada Zara- 
goza por las armas de Alfonso^ hubo de acu- 
dir en su auxilio el valí de Murcia, el Prín- 
cipe Abuishac Ibrahim, hermano de Alí, 
quien después de arreglar los negocios de 



— 250 — 

Zaragoza .se volvió á Murcia (Abenaljaiib, 
Ihata, fol. 98). 

Poco después, ja en 511, se hace cargo 
del gobierno de Zaragoza Abdala hijo de 
Almazdalí; quien combatiendo á Alfonso, le 
hace retirar, según el autor del Cartas, pero 
muere después de un año completo de man- 
do, quedando la ciudad sin valí. 

Parece que por este tiempo Alfonso, 6 
quizá el Conde de Barcelona, sitia á Lérida, 
en cujro auxilio fueron fuerzas de los almo- 
rávides mandadas por Temim hermano de 
aIí (Cartas, pág. 106), quien una vez levan- 
tado el sitio, se volvió á Valencia: esta ex- 
pedición para levantar el sitio de Lérida, de 
la que parece que no haj noticia en nuestros 
autores cristianos, resulta de importancia 
según los autores árabes, pues Alfonso hubo 
de abandonar á Lérida, cujo sitio había em- 
prendido con gran empeño^ así que no cejó 
de su propósito hasta después de haber per- 
dido 10.000 caballeros en la empresa: la fe- 
cha no resulta consignada en el Cartas, 7 
aunque refiere la expedición después de in- 
dicar la muerte de Mazdalí, que murió en 



— 251 — 

^^^, como en esta expedición hace intervenir 

** ^alí de Zaragoza, parece resultar que de- 

*^ifS de tener lugar algunos meses antes, ja 

7^« por otra parte se indica que el fracaso de 

^^rida fué causa de que Alfonso hiciera un 

"^^mamiento á los jefes de los francos, que 

^oen como hormigas, j con su auxilio se 

06 sitio en regla á la antigua corte de los 

^nihud, que combatida con torres de ma- 

^ra sobre las que se montan máquinas de 

>ierra, j acosada por el hambre, tiene que 

edir capitulación ofreciendo rendirse, si en 

lazo corto no le llegaba auxilio, que espe- 

aba de parte de los almorávides. 

Los autores árabes, que mencionan la to- 
A de Zaragoza por los cristianos, todos le 
^^tsignan la fecha de 512 (de 24 de Abril de 
1118 á 13 de Abril de 1119): la generalidad 
no fijan el mes ni día; Almacarí (tomo 11, pá- 
gina 767) j Abenalabar (apud Dozj, Notices, 
pág. 225) señalan el miércoles 4 de Rama- 
dán, que corresponde á 19 de Diciembre del 
año 1118, fecha que de un modo menos con- 
creto sólo encontramos entre los autores cris- 
tianos en los Anales Complutenses, que dicen: 



— 252 — 

«Era MCLYI. Capta est Civitas Ccssaraugusta 
ab Adefonso Rege Aragonensium mensa De- 
cembris» (Esp. Sag. to. XXTII, pág. 315). 

Berganza (Antigüedades de España, to- 
mo II, pág. 29) á continuación de noticias 
peregrinas que no encontramos en otra parte, 
suponiendo que el «6 de Diciembre huvo una 
muj reñida batalla con el rej de Marruecos, 
el rej de Granada, el rej Temim j su her- 
mano que hujó»; que todos fueron vencidos, 
presos j muertos en el campo, añade: «j el 
10 de Diciembre fué tomada la ciudad»: jra 
hemos visto que la fecha 4 de Ramadán que 
asignan los autores árabes, corresponde al 19 
de Diciembre de 1118. 

Una dificultad grave contra la admisión 
de tal fecha resulta del hecho de que los 
Anales Toledanos I, cu jo autor, moro proba- 
blemente, j casi siempre mujr exacto, dice: 
«El Rej de Aragón con ajuda de Dios y de 
sus Christianos, en el mes de Majo, priso 
Zaragoza de Moros, Era 1157» (léase 1156 co- 
mo observa el P. Flórez en su Esp. Sag. tomo 
XXIII, pág. 388): sin duda el autor de los 
tales Anales Toledanos I, consignó como fe- 



— 253 — 

cha de la toma de Zaragoza la del principio 
del sitio, que según los Anales Compostela- 
nos daró YII meses^ j por tanto debió co- 
menzar hacia el mes de Majo: este detalle 
de los siete meses de sitio no lo encontramos 
en otro autor ni moro ni cristiano j nos pa- 
rece digno de ser tenido en cuenta; dice así: 
«Hic (Alfonsus) in bellis expertus et audax 
in principio regni sui Ciesaraugustam YII 
mensium obsidione cinxit, in qua obsidione 
septies cum Moabitis dimicevit et devicit: 
tándem ipsam urbem cum Castellis et Yillis 
sibi adjacentibus cepit sub era 1157» (léase 
1156^ como observa el editor. Esp. Sag. tomo 
XXin, pág. 321). 

De las condiciones que los moros de Za- 
ragoza propusieron á D. Alfonso el Batalla- 
dor para entregar la ciudad en el caso de que 
no fueran socorridos, nada sabemos directa- 
mente por autores antiguos; pero el Sr. Ribe- 
ra, con sagaz crítica, ha sabido descubrir el 
texto casi íntegro de la capitulación en las 
de Tortosa j Tudela (Colección de Estudios 
arábigos, tomo II. — ^Orígenes del Justicia de 
Aragón, pág. 397 y siguientes). 



— 254 — 

(Página 42) 

Las circunstancias j hasta la fecha en que 
el último rej independiente de Zaragoza 
Abdelmélic Imadodaula fué echado de la an- 
tigua corle de los rejes Tochibíes j de loa 
Benihud, son desconocidas por la major 
parte de los autores árabes j puede decirse 
que por todos los cristianos: tanto unos como 
otros suponen que Alfonso el Batallador fué 
quien desposeyó del reino á Abdelmélic Ima- 
dodaula, que había sido destronado por los 
sujos ajudados de los almorávides, 6 más 
bien fué destronado por éstos, ayudados 6 
ayudando á una fracción de los moros zara- 
gozanos. 

Muerto Ahmed Almostáin II en la bata- 
lla de Valtierra, el 1.° de Racheb del año 503 
(24 de Enero de 1110), le sucedió en el trono 
de Zaragoza su hijo Abdelmélic Imadodaula, 
de quien parece que los subditos exigieron 
el compromiso de no aliarse con los cristia- 



— 255 — 

nos (esta exigencia procedería sin duda del 
partido más exaltado en mater¡Hs religiosap, 
j afecto á los almorávides): AboDaljatib (Ma- 
nuscrito Ar. N. 37 de la Academia, fol. 218) 
86 hace eco de una tradición, que no me pa- 
rece admisible, indicando que al mes de la 
muerte de Almostáin II, el valí de Valencia ^ 
Abdelmélic hijo de Fátima entró en deseos 
de apoderarse de Zaragoza, á donde se diri- 
gió con su ejército, pero que al aproximarse, 
moros de la ciudad (el partido no afecto á los 
almorávides?) salieron á su encuentro j le su- 
plicaron que se retirase j no promoviese la 
guerra civil, sino que ayudase al Príncipe 
contra los cristianos j efectivamente se retiró 
de ellos». 

Mas aceptable nos parece la versión de 



4 El texto dice el raid de loa almorávides de Zara- 
goza: pero aunqae en las dos copias de esto texto dice 
lo mismo, creemos que el Abdelmélic hijo de Fátima 
seria cáid ó vali de Valencia: de este personaje no 
encuentro más noticia que la do que era uno de los 
capitanes quo acompañaban al Príncipe Temim on 
la batalla de Uclés, si bien debemos advertir que alli 
se le llama Abdala hijo de Mohámed hijo de Fátima» 
y quizá no sea el mismo. 



— 256 — 

que se hace eco el autor del libro Holal alma»" 
xia (Ms. Ar. Ac. Colección Gajangos N. X» 
fol. 62 ver.) quien dice que la gente de esta- 
do había aconsejado á Alí que se apoderase 
del reino de los Benihud por convenir así á 
la religión^ por sus relaciones con los cris- 
tianos: conforme á estas indicaciones Alí les 
envió el Príncipe Abubéquer hijo de Tifilnit 
(léase Mohámed Abenalhach según veremos) 
con un ejército: Abdelmélic en vista del pe- 
ligro; j como sorprendido por tal resolución 
de parte de Alí, se fortificó j escribió á ésta 
recordándole la antigua amiFtad entre ambas 
familias, cuya carta copia el autor; pero si 
bien Alí revocó la orden, como al recibir la 
contraorden, los almorávides eran ja dueños 
de Zaragoza, no parece que se pensara en 
deshacer lo hecho, j se aplicó la teoría de los 
hechos consumados. 

Segáa otra versión del mismo Abenalja- 
tib, que tampoco creemos del todo aceptable, 
disgustados los de Zaragoza (el partido afecto 
á los almorávides) porque Abdelmélic había 
hecho alianza con el rej de Castilla (es 
concertado el matrimonio de D. Alfonso co: 





— 257 — 

D/ urraca, j por tanto hasta cierto punto 
6ra rey de Aragón j Castilla^ pero no es creí- 
ble tal alianza) contra lo que había prometi- 
do, llamaron al cáid de Valencia Mohámed 
hijo de Alhach, quien sin duda habría reci- 
bido órdenes ó instrucciones de Alí, j ha- 
biéndose presentado en Zaragoza, sus parti- 
darios le abrieron las puertas de la almedina: 
Abdelméiic, según el autor» pidió auxilio á 
Alfonso, j habiéndose trabado combate con 
Abenalhach^ abandonado éste por las gentes 
^por sus partidarios) murió (no es exacto), 
siendo derrotados los muslimes (los afectos á 
los almorávides) en la tarde del domingo 15 
de Dalcada (aunque el texto pone aquí Dul- 
hicha, que es el mes siguiente, esta indica- 
ción corresponde al hecho posterior; además 
de que suponiendo esto, resulta bien la fe- 
cha, pues el 15 de Dalcada era domingo, j 
el 15 de Dulhiclia fué martes). 

Instalado Mohámed hijo de Alhach en la 
•almedina j Abdelmélic en la ciudad, habría 
sin duda batalla ó batallas entre ambos par- 
tidos, en una de las cuales, según Abenal- 
abar (Bibl. Ar. his. to. VI, pág. 555), mu- 

Almoravidek 47 



— 258 — 

rió Abderrahman hijo de Mohámed, conocida 
por Abencorrejax, j en la mañana del sáK 
bado 10 de Dulhicha la gente de Zaragoza 
echó á Abdelmélic, entrando Mohámed hijo 
de Alhach en la ciudad: por lo que dice 
Abenalabar (Dozj, Notices, pág. 225) j aun 
el mismo Abenaljatib al fín del texto ante- 
rior, podría suponerse que Mohámed hijo de 
Alhach entraba en Zaragoza, llegando desde 
Valencia, pero creemos que entró desde la 
almedina, que sería la Aljafería: la fecha, 
.sábado 10 de Dulhicha de 305, de la entrada 
definitiva de los almorávides en Zaragoza no 
es exacta, pues el 10 fué jueves, no sábado, 
como dicen Abenalabar j Abenaljatib. 

Después de todo, atendiendo á los muchos 
autores, tanto árabes como cristianos, que 
suponen el destronamiento de Abdelmélic 
Imadodaula por Alfonso, casi podría ponerse 
en duda el coDJunto de la narración anterior; 
pero tenemos monumentos, al parecer irrecu- 
sables, del dominio de los almorávides en 
Zaragoza, al menos desde el año 504; se con- 
servan dos monedas de cobre acuñadas en 
Zaragoza en los años 504 j 509, á nombre de •■ 



— 257 — 

D/ urraca, j por tanto hasta cierto punto 
6ra rey de Aragón j Castilla^ pero no es creí- 
ble tal alianza) contra lo que había prometí- 
do, llamaron al cáid de Valencia Mohámed 
hijo de Alhach, quien sin duda habría reci- 
bido órdenes ó instrucciones de Alí, j ha- 
biéndose presentado en Zaragoza, sus parti- 
darios le abrieron las puertas de la almedina: 
Abdelmélic, según el autor, pidió auxilio á 
Alfonso, j habiéndose trabado combate con 
Abenalhach^ abandonado éste por las gentes 
^por sus partidarios) murió (no es exacto), 
siendo derrotados los muslimes (los afectos á 
los almorávides) en la tarde del domingo 15 
de Dulcada (aunque el texto pone aquí Dul- 
hicha, que es el mes siguiente, esta indica- 
ción corresponde al hecho posterior; además 
de que suponiendo esto, resulta bien la fe- 
cha, pues el 15 de Dulcada era domingo, j 
el 15 de Dulhicha fué martes). 

Instalado Mohámed hijo de Alhach en la 
«Imedina j Abdelmélic en la ciudad, habría 
sin duda batalla ó batallas entre ambos par- 
tidos, en una de las cuales, según Abenal- 
abar (Bibl. Ar. his. to. VI, pág. 555), mu- 

Almorávides 17 



— 260 — 

cristianos: que el Rota se llamase ñotalyehud, 
que se ha traducido Rota de los judíos, casi 
creeríamos que es inyención de Conde, quien 
para las campañas deOmar hijo deHafsún in- 
ventara entre otros pueblos este Rotalyehud, 
no mencionado de este modo por ninguno 
de los autores árabes que hoj conocemos: 
como nos hace observar amigo muj compe- 
tente en estas cosas, quizá el Rotaljehud es 
pura j simplemente Rota Benihud, Rota de los 
Benihud, por ser el castillo fortaleza-refugio 
de estos Príncipes, que Conde crejó identifi- 
car con Roda de la provincia de Huesca. 

Que el Rota de los Benihud fué el anti- 
guo castillo, donde Alfonso II de Aragón 
fundo el Monasterio de Rueda^ ha podido 
hacerlo sospechar la circunstancia de esta 
elección; el que al fundarlo fuera propiedad 
real el coto redondo de su jurisdicción, j el 
que el castillo j pueblo de Rueda de Jalón 
pueda parecer de poca importancia para ha- 
ber sido baluarte del reino de Zaragoza, don- 
de los fienihud conservaran por algunos años 
un resto de su antiguo poder. 

En verdad que en los autores árabes no 



— 261 — 

6nconiramos indicaciones que puedan ser- 
Timos para resolver la cuestión: sólo una te- 
níamos anotada que pudiera servir á este ob- 
jeto, cual es la de que en la parte superior 
liaj una fuente; pero esta circunstancia no 
resulta ni en el artículo referente á Rueda de 
Jalón, ni al Monasterio de Rueda, en los 
artículos geográficos respectivos del Diccio- 
nario de Madoz, en el que se acepta que 
Rueda de Jalón corresponde al Rota, forta- 
leza del reino de Zaragoza. 

Argumento muy decisivo en favor de 
esta atribución podría creerse el suministra- 
do por el Diccionario geográfico de Yacut, 
que de las varias poblaciones que los autores 
árabes mencionan con este nombre en Espa- 
ña, sólo recuerda el ^j^ »^^'j ^ ^^^j 
Boda (Rueda) sobre el rio Xalóriy de la cual, 
fijada su vocalización, sólo dice que era un 
castillejo ó fortaleza muy pequeña, de los 
distritos de Zaragoza: por tanto no resuelve 
que el Rueda de Jalón sea el Rota baluarte 
7 sitio real de los Benihud. 

Casi no merecía la pena de consignarse 



— 262 — 

que Berganza (Antigüedades de España, to- 
mo II pág. 63) identifica el Rota con Rueda 
de la Mancha, diciendo que «Zafadola des- 
cendiente de los antiguos rejes de Córdoibt 
(léase Zaragoza), que tenía su asiento en Rue- 
da de La Mancha, se hizo vasallo del Empe- 
rador...» 



14 

(Página 43) 

La pretensión de los almorávides de re- 
cobrar á Zaragoza pareció tan disparatada á 
nuestros historiadores aragoneses, relativa- 
mente modernos, que suponiendo que la ex- 
pedición tenía por objeto levantar el sitio de 
Zaragoza, adelantaron la fecha; pero hoj, 
merced al testimonio muj repetido de los 
autores árabes, no cabe duda de que la expe- 
dición j derrota de Cutanda fueron posterio- 
res en dos años á la conquista de Zaragoza. 

Nuestros autores, no sólo ignoraban la fe- 
cha de la batalla de Cutanda, sino hasta los 
detalles más importantes: sólo tenían noticia 



— 261 — 

encontramos indicaciones que puedan ser- 
Timos para resolver la cuestión: sólo una te- 
níamos anotada que pudiera servir á este ob- 
jeto, cual es la de que en la parte superior 
hay nna fuente; pero esta circunstancia no 
resulta ni en el artículo referente á Rueda de 
Jalón, ni al Monasterio de Rueda, en los 
artículos geográficos respectivos del Diccio- 
nario de Madoz, en el que se acepta que 
Rueda de Jalón corresponde al Rota, forta- 
leza del reino de Zaragoza. 

Argumento muy decisivo en favor de 
esta atribución podría creerse el suministra- 
do por el Diccionario geográfico de Yacut, 
qae de las varias poblaciones que los autores 
árabes mencionan con este nombre en Espa- 
ña, sólo recuerda el ^^ sS^\^ s^ ^^J 
Boda (Rueda) sobre el rio Xalón, de la cual, 
fijada su vocalización, sólo dice que era un 
castillejo ó fortaleza muy pequeña, de los 
distritos de Zaragoza: por tanto no resuelve 
(jpe el Rueda de Jalón sea el Rota baluarte 
j sitio real de los Benihud. 

Casi no merecía la pena de consignarse 



— 264 — 

limitan á decir: «Fué la batalla de Cotanda^ 
Era 1159 (En Aragón junto á Daroca): algo 
más explícitos los Aúnales Compostelani (Es- 
paña Sag. to. XXIII, pág. 321), consignan 
la batalla en estos términos: «Deinde Cala- 
tajud (Alfonsus) firma obsidione yallayit, et 
acceptis obsidibus una cum Gruillelmo Picta-^ 
yiensi Comité, qui inauxiliumejusvenerat, 
ad Castrum Cotanda contra Sarracenos pug- 
naturus, iter direxit^ ibique Sarracenia ex- 
pugna tis, Castra Moabitarum diripuit, et- 
ipsum Castrum Cotanda cepit». 

Mejor enterados los autores árabes dan 
idea más clara de la importancia de la de— 
rrota j es de esperar que se llegue á encon- 
trar relación aun más detallada: Abenalatir 
(to. X, pág. 414) dedicando capítulo aparte 
á la narración de este suceso, dice: «Relación 
del sitio de la ciudad de Culanda. En este año 
(514,=2 de Abril de 1120 á 21 de Marzo de 
1121) uno de los re jes de Alandalus, llama- 
do Abenradimir, salió basta llegar á Cutanda, 
la cual está cerca de Murcia en el oriente de 
Alandalus j la sitió j apretó: el Príncipe de 
los muslimes, Alí, hijo de Yúsuf, estaba en- 



— 265 — 

tonces en Córdoba con gran ejército de mu»^ 
solmanes j los contingentes de yoluntarios, j 
los envió contra Abenradimir: habiéndose 
encontrado, trabaron un gran combate, en el 
qae Abenradimir los derrotó con derrota des- 
conocida (ó dura ^), muriendo muchos mu- 
sulmanes; entre los muertos estaba Abuabdala 
hijo de Alfarre, cadí de Almería, sabio prác- 
tico j asceta justo en el cadiazgo». 

Abenalabar en su Almocham ^ es quien 
nos proporciona datos más concretos, j por 
cierto donde nadie pudiera esperarlos, al 
hablar de la muerte de uno en el año 514, 
pero sin relación ninguna con la batalla, de 
este modo: «murió en el año 514, j en este 
año murió Abualí Asadafí (el gran maestro 
de cujos discípulos trata el libro) en la ba- 
talla de Cutanda...» cuja fecha concreta 
trata de fijar, resultando discordia en los 
autores, que varían entre 18, 19 j 24 de Re- 
bia primero j 17 j 23 de Rebia postrero (ó 



4 El texto dice JJ Xjjt Jj I» , pe^o «"©o debe- 

ria decir i* j.^aJo» ^"^'a» 

5 Bibl. Ar. hisp. to. IV, pág. 7. 



— 266 — 

sea 17, 18 y 23 de Junio j 16 y 22 de Julio 
de 1120): Abenalabar no dice de un modo 
explícito que la expedición fuera mandada 
por el Príncipe Ibrahim, hijo de Yásuf hijo 
de TexufÍD, y por tanto hermano del Sultto 
Alí, pero lo dice Almacarí (to. II, pág. 759), 
que emplea en parte las mismas palabras con 
la particularidad de incluir algunas, que to- 
madas sin duda de un mismo autor, pero 
omitidas por Abenalabar, alteran substancial- 
mente el sentido, pues en éste resultaría que 
en la batalla había muerto el Príncipe Ibra- 
him asociado de Abuali Asadafi en la excelencia, 
siendo así que el asociado en la excelencia, ó tan 
excelente ó más que Abuali Asadafi, era Abuab- 
dala hijo de Alfarre, que efectivamente mu- 
rió en la batalla y era uno de los sabios y 
ascetas más ilustres: tanto Abenalabar como 
Almacarí añaden que en la batalla murieron 
cerca de veinte mil voluntarios, sin que mu- 
riera ninguno del ejército ^. 



A Lo más concreto acerca de esta batalla lo 
dimos á conocer por primera > ez en el Boletín de la 
Real Academia de la Historia, tomo VIII, pAg. 347 y si- 
guientes. 



— 267 — 

La influencia de la batalla de Cutanda en 
«1 progreso de la reconquista de' Aragón fué 
muj grande, j puede suponerse expresada 
«on las palabras de los Anales Composíelanos, 
Post Iiaec, Alfonsus Da roca et Calatajud et 
<niinpum Arcilli cum universis eorum muni- 
tionibus sibi subjugavit: inde Tirasonam et 
Borgiam cepit, inde Lérida m et Fragam pe- 
ragravit...» pero por desgracia, al insistir en 
•apoderarse de Fraga, encontró el término de 
43U glorioso reinado. 

15 

(Página 18) 

Aunque de la batalla de Fraga j de la 
muerte de Alfonso el Batallador hablan mu- 
chos autores moros j cristianos, coetáneos 6 
poco posteriores, en general no fijan la fecha 
sino en cuanto al año, j esto no siempre con 
exactitud: j como por otra parte haj que 
fijar dos fechas, la de la batalla j la de la 
muerte, se ha producido una gran confusión, 
de la que no es fácil salir. 



— 268 — 

A pesar de haber sido la batalla de Fraga 
tan gloriosa para las armas musulmanas, po* 
eos autores la mencionan, así que nada en- 
contramos en Almacarí ni en el autor del 
Cartas. 

Adabí, al mencionar el año 528, en el 
que muere alguno de los biografiados ^, dos 
▼eces dice: «j en este año fué la gran batalla 
de Fraga». Abenalatir (tomo XI, pég. 21), 
el autor que da más detalles, á quien hemos- 
seguido en la narración casi por completo, 
confundiendo quizá las fechas de la muerte 
j de la batalla, refiere ésta al año 529 (22 
de Octubre de 1134 á 10 de Octubre de 
1135) 2. 

Abenaljatib, en la biografía del héroe de 
la batalla, Yahja hijo de Alí» llamado Aben- 
gania (el Abengama de nuestros textos, por 
no haber puesto el punto á la i), dice poco j 
nada concreto de la batalla de Fraga: en la 



1 liibliothfica Ar. his. lo. III, pág. 95 y 406. 

2 La traducción del texto de que nos servi- 
mos, fué publicada por nuestro amigo D. Tomás A't- 
rfiénez de Emhún en su Ensayo histórico acerca de los Orí- 
genes de Aragón y Navarra. 



— 269 — 

l)iografía de Abumohámed Abdala hijo de 
Abobéquer, gobernador del oriente de Alan- 
dalus j luego de Granada j que asistió á la 
l>atalla de Fraga con el convoj, dice que sa- 
lió en el mes de Safar del año 525 (será 528) ^ . 

En la biografía de Mohámed, hijo de 
Saad hijo de Mohámed Abenmerdanix, cujo 
padre Saad era gobernador de Fraga, también 
hace mención de ello, pero sin datos con- 
cretos. 

Algún detalle más da en otra de sus obras, 
que se conserva en la Biblioteca de Argel ^, 
aunque tampoco fíja fechas. 

Entre los autores cristianos antiguos, el 
autor de la Crónica de Alfonso Vil, es quien 
da noticias más detalladas j concretas, fijan- 
do las fechas de la batalla j de la muerte ^: 

4 Ms. Gg. 28, pág. 91 de la .Bibl. Nacional de 
Madrid. 

3 Véase Catalogue gmñal des.Manuscrits des bihlio- 
théques publiques de Frunce. DepartemeiUs. Tome XVIII. 
Alger, Par E. Fagnan. N.° 1617. El códice que posee 
la Real Academia do la Historia, no comprende esta 
parte: lleva el N.° 37, entre los Ms. Ar.— Boletín do la 
Real Academia de la Historia to. XVI, pág. 377 y si- 
guientes. 

3 Esp. Sag. to. XXI, pág. 339 y siguientes. 



— 270 — 

respecto á la batalla le asigna la fecha gexb^ 
décimo haL Augusti, j aunque no fija el año, 
como después refiere la muerte al 25 de 
Enero de 1134, la batalla se referiría al aña 
1133, aunque nos inclinamos á creer que la 
fecha sexto décimo kal. Aug. se refiere efecti- 
vamente á la batalla, j al año 1134 K 

En el Martirologio de Solsona, publicado 
por Villanueva en su Viaje literario, tomo IX, 
pág. 238, encuentro confirmación indirecta 
j pudiera decirse terminante de la fecha 
mencionada; se lee: <^XVI, kal. Augusti. 
Ipso die interfectus fuit Raimundus Tedbal- 
li, frater noster, a paganis apud Fragam, 
anuo M.G.XXX.IIIT, incarnationis Xpi. •> 

1 Mr. ¡hiisiisianu en la páp. LXVI de su lutro- 
(lurtiou á L'i Prise Jí* Corilrc.a et df Sehille, chanann ile 
gettc <hi X II s/»-'/'' jnihü'f <!' apris le jnanu^rrit unique de 
la ififiliDtlif'ifUf natioiíali', Paris MDCCCXCVI, traducien- 
do mal oí se.rio dn-iitu) hil. Ahíj. fija romo fecha el 4r> 
do Afíoslo: osla ol)ra, además do contener buenas no- 
ticias biblioprálicas,- tiene indicaciones muy impor- 
tantes para nosotros, en especial on lo referente á lo 
que Orderico Vital dice del desquite tomado por Al- 
fonso después de la batalla, y lo relativo á la con- 
quista de Harbastro por los Normandos, que con nue- 
vos datos presenta bajo un punto de vista bastante 
diferente de como lo presento Dozy y aceptábamos 
generalmente. 



— 271 — 

El año 1134 está fijado de un modo ter- 
minante por otros cronicones; así, los Añíla- 
les Toledanos dicen: «Fue la batalla de Fraga, 
que fizo el Rej Daragon con Abengama 
(Abengania) día de Santa Rufina, é fue ven- 
cido el Rej Daragon, é perdióse allí, Era 
1112». "Kl Chronicon Der túsense II (Villanueva, 
Viaje Literario tomo V, pág. 238) dice: <^Era 
M.C.LXXII, anno M.C.XXXIIII, obviit II- 
dephonsus Rex Aragonse apud Fragam, et 
Centulus de Biarn et Aimericus Narbon. et 
multi alii christiani perierunt». 

Parece que de los testimonios aducidos 
podemos inferir que la batalla de Fraga tuvo 
lugar el 16 de las calendas de Agosto, ó sea 
17 de Julio de 1134 (23 de Ramadán de 528 
de la hégira). 

Respecto á la fecha de la muerte de don 
Alfonso, hemos visto que sólo la Cró- 
nica de Alfonso VII, la fija en octavo kal. Fe- 
hr. Era CLXXII jwst millesimamt 6 sea 25 de 
Enero de 1134, lo que no podemos admitir 
dn alterar la fecha de la batalla: algún autor 
árabe le supone muerto á los 20 días: los 
erisiianos dicen en general que murió poco- 



— 272 — 

después: alguno concreta el punto, en JiAiitc- 
nienle (Esp. Sag. to. XXVIII, pág. 346). 

£1 Sr. Ximénez de Emhún (p¿g. 229) 
indica que segiin algunos murió el 7 de SefH 
tiembre, fecha que ni admitimos ni recha- 
zamos, pero que nos parece aproximada á la 
verdad, pues parece indudable que tíyíó 
poco después de su derrota. 

16 

(Página 20) 

La batalla del Congost de Martorell, co- 
mo dicen los autores catalanes modernos, 6 
del Puerto, como dicen los autores árabes^ 
tan gloriosa para las armas catalanas, que 
humillaron el poder de los Almorávides en 
el período de su major pujanza^ ha sido casi 
completamente desconocida, j aun hoj no 
presumimos poderla poner completamente en 
claro: en el tomo VIII del Boletín de la 
Real Academia de la Historia, publiqué al- 
gunas noticias concretas relativas á la mis- 
ma: aquí, con algún dato nuevo, j teniendo 



— 273 — 

á la vista lo que encuentro en los cronicones 
antiguos, expondré las razones en que me 
fundo para exponerla como se hace en el 
texto. 

Que la expedición salió (probablemente 
de Zaragoza) hacia principios del año 508 
(7 de Junio de 1114 á 26 de Majo de 1115), 
resulta del hecho de que las dos campañas 
parecen referirse por los autores al mismo 
año, j que la batalla, término de la primera 
campaña, tiene lugar en el mes de Safar ó 
Rebia primero, que nos da Abenalabar (Có- 
dice fotog. pág. 254, línea 17). 

El dato de que la expedición pasase por 
Clervera, sólo consta, que sepamos, en la 
Crónica de Ripoll, publicada por Villanueva 
(Viaje literario, tomo V, pág. 247); aunque 
la fecha está equivocada en el texto, es evi- 
dente que se refiere á esta campaña: dice así: 
<1140... Raimundus Dux Provinciae, et Co- 
mes Barchi. cum Pisis. Maj ericas intrat, 
MoabitsB indigna ti hujus rei causa Barchi- 
Bonam venerunt: á Cervaria usque ad prsefa- 
iam civitatem cuneta perderunt et vastarunt: 
Post hoc de a paucis (sic) devicti prselio 

Almorávides i8 



— 274 — 

occiduntur in loco qui dicitur Martorell»^ 
este mismo párrafo, más correcto, aunque 
mutilado, aparece en el Cronicón de Tartasa, 
publicado por el mismo autor^ diez pági- 
nas antes j que dice: «Era M.C.LIII, anno 
M.C.XY... et capta est Majorica civitasa 
Rajmundo Comité BarchinonsB et Pisanis» 
Pro hoc irati Moabitse et multi ex eis pene- 
runt in loco qui dicitur Martorelb. 

Sólo en estos textos encontramos indica- 
ción del nombre Martorell: de su redacción se 
infiere que el uno es trasunto del otro, ó am- 
bos lo son de un tercero, desconocido para 
nosotros: los autores árabes le llaman batalla 
del Puerto, indicando que puerto es lo mismo 
que w'Lj puerta. 

Los detalles de las campañas j los nom- 
bres de los personajes están tomados del 
Cartas, pág. 104 j 105; Ahmed Anasirí, au- 
tor que quizá vive (véase Boletín de la Real 
Academia de la Historia to. XXX, pág. 251) 
dice lo mismo j casi con las mismas pala- 
bras, aunque el texto resulta más correcto, j 
Abenalabar, Bibl. Ar. His. tomo IV pág. 55, 
134, 193 j 309. 



— 275 — 

La fecha 508 (de 7 de Junio de 1114 á 26 
de Majo de 1115) consta en los textos ára- 
bes indicados: el Cronicón de Tortosa señala 
el año 1153 de la Era, j 1115 de J. C, de 
modo que coinciden sólo en parte, j en mi 
aentir haj error de un año al asignar la fecha 
1115 de la derrota en Martorell, pues en ella, 
según Abenalabar, murió Yahja hijo de Mo- 
háuned el Omauí de Lérida, en el mes de Sa- 
far 6 Rebia primero ^ (de 7 de Julio á 3 de 
Septiembre de 1114), j aunque esta fecha, 
constando en un solo punto, j de un modo 
TBgo, no sea completamente segura, podemos 
admitirla provisionalmente. 

¿Quién mandaba el ejército cristiano ven- 
cedor en el Gongost de Martorell? Ni los au- 
tores árabes ni los cristianos lo indican: cuan- 
do tratamos de esto por vez primera, admi- 
timos, siguiendo á los autores catalanes, que 

4 Esta biografía figura en la Bíbliotheca Arab. 
his. lomo IV, pág, 309, sin la indicación del mes, que 
consta en otra obra del mismo autor, la Tecmila, to- 
mo III, códice fotografiado por D. Julián Ribera, pági- 
na S54, línea 47, si bien hay que advertir que en vez 
do t^j .^jJl dice ^ ^3 ^ J I que podría interpretarse 

Alpuettte. 



— 276 — 

D. Ramón Berenguer, al volver de la con- 
quista de Mallorca, fué quien sorprendió & 
los moros: para esto hubimos de suponer que 
la batalla tu 70 lugar hacia fines del año 508» 
^a que constaba que D. Ramón Berenguer 
estuvo en Mallorca al menos hasta primeros 
de Abril de 1115, j el año 508 de la hégira 
terminó el 26 de Majo. 

Estudiados mejor los textos j con la in- 
dicación de que la batalla fué anterior, cree- 
mos hoj que D. Ramón Berenguer para nada 
intervino en lo de Martorell: quizá ni su mis- 
mo lugarteniente, ó como quiera que llame- 
mos á quien en su ausencia gobernase en 
Barcelona: la sorpresa, siendo pocos los mo- 
ros, pues el grueso del ejército iba escoltan- 
do el botín, pudo muj bien ser llevada á 
cabo por los paisanos de Martorell j pueblos 
inmediatos, a paucis devicti, como dice el texto 
indicado. 

¿La expedición, cuja primera parte ter- 
mina en Martorell, fué motivada por el eno- 
jo que en los almorávides causara la toma de 
Mallorca por D. Ramón Berenguer j los de 
Pisa, como indican los textos copiados de los 



— 277 — 

cronicones? En manera alguna: los autores 
árabes nada dicen, j se comprende; pues los 
almorávides nada tenían que ver con los de 
Mallorca, con quienes sólo tenían de común 
el ser musulmanes; además de que, como 
acabamos de ver, resulta casi seguro que la 
batalla del Congos t de Martorell fué anterior 
en algunos meses á la completa conquista de 
Mallorca, cujo último recinto fué tomado, 
según el Sr. Gampaner, el 3 de Abril del año 
1115 ^: sospecho que en el texto primitivo, 
de donde tomaran la noticia los dos cronico- 
nes conocidos, que de es^to tratan, la irrita- 
ción de los moros se referiría á la primera 
parte de la campaña, única que consta en el 
texto actual, j que en el primitivo tuviera 
dos partes como en los textos árabes, en los 
que, si no se habla de irritación, sí de la tris- 
teza de Alí por la muerte de Abenalhach; j 
en virtud de esto, habiendo perdido la razón 
su hermano Abuabdala Mohámed, conocido 



4 Campanor, Boaquejo histórico, pág. 419; otros 
adelantan los sucesos y otros los retrasan: véase Ra- 
laguer, Uistoria de Cataluña, 2.* edic. to. II, páginas 
309 á 315. 



— 278 — 

por Abenaixa^ jefe de la expedición, inme- 
diatamente nombró nuevo jefe, á quien sin- 
duda daría órdenes de emprender nueva cam- 
paña, que los autores árabes consideran como 
continuación de la anterior. 

Esta segunda campaña, ó segunda parte, 
debió de tener lugar á • fines del año 506 j 
quizá entrado ja el 509^ j á ella dio fín don 
Ramón Berenguer con las tropas del llano 
de Barcelona j del país de ¿Narbona?: el au- 
tor del Cartas le confunde con Alfonso el 
Batallador, llamándole Abenramiro; Ahmed 
Anasirí añade que era pariente de Alfonso, 
sea que ha ja visto esto en ejemplar más 
completo j correcto del Cartas, sea que lo 
tome de otro autor, ó que se baja permitido 
alguna pincelada por su cuenta, lo que no 
creemos probable, dado el carácter de los 
historiadores árabes. 

(Página 23) 

Ofrece dificultades el fijar quién fuera el 
designado por Alí para mandar la segunda 



— 279 — 

expedición contra Barcelona, ja que las no- 
ticias que encontramos en los autores son es- 
casas j contradictorias. 

El autor del Cartas (pág. 104) j el his- 
toriador marroquí moderno Ahmed Anasirí 
{to. I, pág. 125) dicen que llegada á oídos de 
Alí la muerte de Abenalhach en la batalla 
del Puerto, nombró para reemplazarle á Abu- 
bequer hijo de Ibrahim Abeotifíluit ^ 

Abenalabar (Bibl. Ar. bis. to. IV, pá- 
gina 55), en la biografía de Ibrahim hermano 
de Alí, dice que Ibrahim fué el nombrado 
para este cargo. 

Aunque nos parece que debe seguirse la 
indicación del autor del Cartas, ja que Aben- 
alabar en la biografía de Ibrahim hermano 

4 El sobrenombre, con que era conocido este 
personaje, resalta escrito de dos modos muy diferen- 
tes: el antor del Cartas y el moderno historiador ma- 
rroquí escriben vJ^^Lí ^I .46<?n/f/7uí(?):Abenala- 

bar (Bib. Ar. his. lo. V, p. 446) escribe C^^y^ ^, t 

AbentifiluU (?): Abenaljatib no menciona este sobre- 
nombre en su biografía: conforme á la vocalización 
que consta en Abenalabar, adoptamos llamarle Aben- 
Ufliuit 



— 280 — 

• 

de Alí no se muestra muj bien enterado, j 
por otra parte el texto indudablemente está 
falto en algo^ no deja de extrañarnos el que 
Abenaljatib en la biografía del emir Abu- 
béquer liijo de Ibrahim nada diga de la ex- 
pedición á Barcelona, siendo así que da no- 
ticias hasta detalladas de su gobierno en 
Zaragoza. 

No debe extrañarnos el que hoy no po- 
damos resolver estas dificultades, pues ja 
Abenaljatib indica que loi autores referían á 
Ibrahim, hermano de Alí, algún suceso refe- 
rente al cuñado. 

El emir Abubéquer hijo de Ibrahim Aben- 
tifiluit, uno de los jefes almorávides, era cu- 
ñado de Alí, por haber casado con una her- 
mana de éste, llamada Fanu (?), de la cual 
tuvo al célebre Yahja (el conocido por Aben- 
gania). 

Venido á España, Abentifiluit fué go- 
bernador de Granada desde el año 500, sien- 
do después trasladado á Zaragoza, según 
Abenaljatib (Ihata, Ms. de la Col. Gajangos, 
fol. 98) al salir de ella Almostáin Abenhud; 
pero en realidad en el año 508, después de 



— 281 — 

la muerte de Abenalhach en la batalla del 
Puerto. 

Abentifíluit gobernó en Zaragoza dán- 
dose aires de rej j vistiendo como tal, hasta 
que murió en el año 510, estrechado ya por 
el rebelde Alfonso, que luego se apoderó de 
ella. 

18 

(Página 24) 

La Crónica del Emperador, retórica j 
pomposa como siempre, da noticias detalla- 
das de esta incursión de los de Toledo (Esp. 
Sag. to. XXI. pég 365) con estas palabras: 
«53. Post mortem Gulerii Hermenegildi To- 
letanse militisc Principis, sicut superius dic- 
tum est, Cónsul Rodericus Gundisalvi inve- 
nitgrátiam in conspectu Imperatoris; Impe- 
rator fecit eum Principem Toletanae militi» 
et Dominum totius Extrematurse, qui con- 
gregans magnam militiam Castellaa et Ex- 
trematurse, insuper milites et pedites Toleti, 
et aliarum Civitatum, qua) sub conditione 
Toleti sunt, ascendit in terram SibillisQ et 



— 282 — 

destruxit totam illam regionem^ et fecit mul- 
tas strages et incendia; et omnia arbusta 
fructifera fecit incendi: et accepit magna 
spolia eorum et captivationem hominum et 
mulierum et parvulorum, quorum non erat 
numerus: aurum et argentum^ vestes pre- 
tiosissimas abundanter: greges equorum et 
equarum et asinorum et boum et vaccarum; 
et omnia pécora campi sine numero. Hoc 
videns Rex Sibillise convocavit multa millia 
Moabitarum, et Arabum et Agarenorum ab 
Insulis maris^ et maritimis, et vicinos^ et 
amicos, et multos Principes et Duces, et per* 
secutas est Castra Consulis. Hoc autem non 
latuit Comiti: et Cónsul movit exercitum de 
castris^ et steterunt Sarracenis obviam, et 
divisi sunt pedites Christianorum in duas 
acies, et viri sagitarii, et fundibularii cum 
eis^ etprimi certaminis omnes potentes, et 
deinde acies militum Avilse contra acies 
Arabum; secunda acies Secovise contra acies 
Moabitarum et Agarenorum: Cónsul vero 
stabat in novissima acie Toletanse militise et 
de Trans-Serram, et Castellse, ut auxilium 
ferret imbecillibus corde et consolationis. 



— 283 — 

Tolneratis. loito autem certamine, Sarrace- 
ni clamabant tubis aeréis^ el tamboribus, et 
Yocibus, et invocabant Mahomet. Christiani 
autem ex toto corde clamabant ad Dominum 
Deum, et ad S. Mariam, et ad S. Jacobum, 
ut eorum misererentur et obliviscerentur pee- 
cata Regum, et eorum, et parentum, et ce- 
ciderunt vulnerati multi ex his, et ex illis. 
Novissime vero quia vidit Cónsul fírmiorem 
partem exercítus Regís Sibillise, convene- 
ront cum ipso in bello omnes constantes cor- 
de, et irruit in eum: et Rex Sibillise cecidit 
in bello, et mortuus est, et multi Principes 
et Duces cum eo; et omnes acies Paganorum 
contritse sunt, et fugerunt. Cónsul vero per- 
aecutus est eos usque ad portam Sibillise, 
accepitque spolia eorum, et prGedam, coepit- 
que reverti in sua castra.» 

Mucho más que la Crónica del Empera- 
dor^ que olvidó decirnos el año j lugar del 
auceso, j el nombre del gobernador ó rey de 
Sevilla, nos dicen los Anales Toledanos en 
tres líneas. «Entró el conde Rodrigo Gon- 
zález con gran hueste en el Axaraf de Sevi- 
lla, é lidió con los Moros, é venciólos é mató 



— 284 — 

al Rej Ornar en Azarada. Era 1170.» (Esp. 
Sag. to. XXIII, p. 389). 

Eq dos autores árabes encuentro noticia 
concreta de la fecha de la batalla j de la 
muerte del gobernador de Sevilla: Abánala- 
bar en el tomo III de su Tecmila (códice 
fot. pág. 210, lín. 16) menciona por inciden- 
cia la muerte del emir de Sevilla Ornar 
Abenmacur, á quien mataron los cristianos 
en el mes de Racheb del año 526 (de 18 de 
Majo á 17 de Junio de 1132): la noticia se 
da con motivo de la biografía del que escri- 
bió al Sultán Alí de parte del pueblo de Se- 
villa, dándole noticia de la muerte j pidien- 
do auxilio: la misma fecha de la muerte del 
emir de Sevilla Ornar Abenmacur, ó Macún,, 
se da al fol. 26 re. del Ms. N.° 1682 de la 
Biblioteca del Escorial. 

19 

(Página 2.')) 

Abenalatir (to. XI. p. 20) supone esta 
alianza en fecha posterior, en el año 529 



— 285 — 

(22 deOctu; 1134 á 10 de Octu. de 1135): 
Abenalabar (Dozj, Notices, pág. 225) aun la 
retrasa más^ fijando la fecha 534^ á mitad 
del mes de Dulhicha (1 de Agosto de 1140): 
la marcha de los acontecimientos narrados 
por la Crónica del Emperador parece obligar 
á aceptar la fecha indicada: la fecha dada 
por Abenalabar resultaría ser la verdadera^ 
suponiendo equivocada la decena treinta por 
veinte: con esto tendríamos que Zafadola se 
había puesto de acuerdo con Don Alfonso^ á 
los tres meses de la muerte de su padre en 
Rueda, en el mes de Xaabán de 524 (Dozj, 
Notices, pág. 225). 



(Página 36) 

La fecha de la muerte de Texufín resulta 
muj dudosa por los autores á pesar de las 
muchas noticias que de ella dan, j de que la 
marcha de los acontecimientos parece que 
debía fijarla de un modo claro. 

Tres son las fechas que se asignan á este 



— 286 — 

suceso: el 27 de Ramadán del año 539, el 
año 540 j el año 541. 

La ma jor parte de los autores árabes fijan 
la fecha de 27 de Ramadán del año 539, con 
la particularidad de que algunos al fijar el 
tiempo de su reinado, le señalan la duración 
de dos años menos dos meses 6 menos mes y mMo, 
que efectivamente corresponden al tiempo 
transcurrido desde el 8 de Racheb del año 
537, en que fué proclamado, hasta el 27 de 
Ramadán del 539. 

Puede verse esta fecha en Ahmed Anasiri 
(tomo I, pág. 127 j 142).— Abenjaldún (to- 
mo VI, pág. 231, tomo VII, pág. 77).— El 
Alholal almauxía (fol. 82 de la Colección 
Gajangos). — Abenalcadi (pág. 106).-Aben- 
aljatib (Ms. N. 37 de la Academia, fol. 250 
rec). — Abánala ti r (to. X, pág. 409). — Aben- 
alabar (apud Dozy, Notices, pág. 199). — 
Cartas (108 j 122).— Aben jali can (tomo III, 
edi. del Cairo, pág. 461). 

La fecha 541 como la de la muerte de 
Texufín la encuentro en Abenjaldún (to. I, 
pág. 247 de la edición de Argel, j tomo VI, 
de la del Cairo, pág. 189); pero como este 



— 287 — 

mismo autor, en otras partes ciladas antes, 
señala la fecha 27 de Ramada u de 537, su 
testimonio tiene poca autoridad, por más que 
alguna le presta el autor del siglo pasado 
Aburas Mohámed hijo de Ahmed Abenalcá- 
dir, quien, al fol. 34 ^er. del códice 1235 de 
la Biblioteca de Argel, señala la fecha 1.^ de 
Xaual, 6 sea al amanecer de la noche de la 
ruptura del ajuno del año 541 ^. 

La fecha 540, que en definitiva deberá 
aceptarse, no la encuentro consignada ex- 
presamente más que en Abdeluáhid, autor 
que por sí solo nos haría poca fuerza, pues 
incurre en bastantes inexactitudes, aun en la 
narración de este suceso; pero tiene en su 
favor el testimonio indirecto, pero de indu- 
dable autenticidad j al parecer terminante, 
de las monedas acuñadas á nombre de Texu- 
fín en el año 540. 

Dice Abdeluáhid (pág. 146 del texto j 



4 Acerca de este autor del siglo pasado puede 
verse el trabajo publicado por el orientalista Gorguos, 
que tradujo parte de esta obra en la fíeiue Africaine, 
lomo V, correspondiente al año 1861: el texto en que 
nos ocupamos está traducido en la pág. 384. 



— 288 — 

176 de la traduccidn por Fagnán): «A la mort 
de son péreTñchefín se dirígea surTlemcen, 
mais r espoir qu* il fondait sur les habitante 
de cette ville ajant été déca, il gagna Oran, 
a trois étapes de Tlemcen. Les Almohades 
Vj assiegérent et le presserent si yivement 
qu' il en sortit tout armé et monté sur une 
jument grise, et se precipita dans la mer oü 
il trouva la mort. On dit que ses enemis re- 
péchérent son cadavre et qu aprés 1' avoir 
crucifíé ils le briilerent. Dieu sait ce qu' il en 
est. TáchefÍQ avait régné, depuis le jour de 
la mort de son pere jusqu' a ce que lui-méme 
perit a Oran dans les circonstances que nous 
venons de diré en 540 ^ trois ans moins deux 
mois. Pendant toute cette periodo, il ne put 
se fíxer nuUe part, car le pajs le repoussait 
toujours et les révoltes étaient incessantes». 
Según esto, para que fuese exacto qae 
Texufín hubiera reinado tres años menos 



1 En o39 selon les Bcrberes (II, 178) ou 541 
(ibi. Si'i); en ¡^^^9 selon le Cartas (pág. 122) et Ibn Albir 
(X, 409), qui (lonne des dótails sur la mort de ce prin- 
ce. Zerkecbi (pág. o) donnc aussi la date du 27 Rama- 
dc'^n del' un 539. 



— 289 — 

<los meses, debió de morir en Chumada 1.^ 
•del año 540, ja que comenzó á reinar en Ra- 
cheb del 537. 

Parece que las monedas son las llamadas 
Á resolver la cuestión: de que no vivió Texu- 
fín hasta el año 541, dan testimonio termi- 
nante las monedas del año 540 acuñadas por 
su hermano j sucesor mediato ó inmediato, 

Ishac^. 

De que Texufín vivía á principios del 

año 540 nos dan testimonio cuatro dinares, 

acuñados en Nul-Lamta, Segelmesa, Treme- 

cén j Sevilla, descritos en la obra del señor 

Vives en los números 1856, 1860, 1865 y 

1869 j conservados respectivamente en las 

colecciones del autor (hoj en el Museo Arq.), 

Museo Británico, Museo Arqueol. j Museo 

Brit. 



1 A la muerte de Texufín se dice que le sucedió 
su hijo Ibrahim, nombrado ya Príncipe heredero, y 
como tal ílgura en algunas monedas de su padre; pe- 
ro añaden los autores que habiéndole encontrado 
débil, le depusieron los suyos, dando el mando á su 
tic Ishac, que resulta reinar ensparte del año 540, co. 
Deciéndose monedas suyas de los años 540 y 41 do 
Córdoba y Granada, y de 541 de Sevilla (Vives. N. 
1888 á 1694). 

Almorávides 49 



— 290 — 

. Mientras no conocíamos de estas mone- 
das más que el ejemplar existente en el Mu- 
seo Arqueol. de Madrid, podía quizá ocurrir 
la duda de que fuera una errata, posible 7 
no desconocida aun en monedas; pero ha- 
biendo cuatro ejemplares de diferente pobla» 
cidn, desaparece toda duda. 

La moneda de Tremecén tiene valor es- 
pecial para la resolución de esta cuestión; 
pues por lo que resulta del conjunto de los 
hechos, muerto Texufín, Abdelmumen se 
dirige á Tremecén, compuesta de dos ciuda- 
des, distantes entre sí la carrera de un caba- 
llo; el gobernador militar con las tropas^ 
abandona la parte que ocupaba j se retira á 
Fez, entrando Abdelmumen en Tremecén, si 
bien los de la otra parte se apercibieron á la.- 
defensa j hubieron de ser sitiados: la toma 
de la mitad de Tremecén fué muj poco pos- 
terior á la muerte de Texufín, j según loB- 
autores, desde allí, ja en el año 540, Abdel- 
mumen se dirigió á Fez. 

A pesar de todas estas razones que pu* 
dieran tomarse por decisivas, no debemos 
omitir un argumento en contra, que nos hace 



— 291 — 

sospechar pueda haber en estos aconteci- 
mientos alguna circunstancia especial impo- 
sible de determinar. 

Para nosotros tienen mucha fuerza las in- 
dicaciones incidentales: en el to. II, pág. 4 

de la obra de Almacari, ¿ (j^^.^'l j^j^ 
jtoLc jU^I, Ms. N. 36 de la Real Academia 

de la Historia, hablando del cadí de Ceuta 
Abulfádal Ijad hijo de Muza, encuentro la 
noticia de que á fines del año 539 fué nombra* 
do cadí de Ceuta por Ibrahim hijo de Texufín 
hijo de Alí hijo de Yúsuf hijo de Texufín J 

^^^üjj ÓAs^-'J >lc j^l ¿ ^j*-" i-^J^-^ Á^» J^ 

Li^*^ {¿y^ s.-^-^ íj' ^^^V^^ 6n este texto 
podrá suponerse uDa equivocación, induda- 
blemente más fácil que en las monedas, de to- 
dos modos nos hace dudar, hasta que aparez- 
can nuevos datos, que de seguro existirán 
en algún texto desconocido por nosotros. 



— 292 — 

(Página 39) 

De Abulualid Mohámed hijo de Ornar 
Abenalmóndir, da noticias detalladas Aben- 
alabar en su biografía (Dozj, Noti. p. 202), 
inclujendo las más importantes de este pe- 
ríodo de revueltas, entre ellas algunas refe- 
rentes á Abencasi, Sidrej j Abenhud, que 
quizá no constan en otra parte. 

Parece que Abenalmóndir para poderse 
proclamar en Silves hubo de ser ajudado 
por Sidrej Abenuazir, que ja se había re- 
belado en Evora: luego, Abenalmóndir se 
dirigió al castillo de Marchic (?), del distrito 
de Silves, donde se habían hecho fuertes los 
almorávides, j se apoderó del castillo ma- 
tando á sus defensores: en vista de esto, los 
almorávides que había en Becha, pidieron el 
aman ó salvoconducto para dirigirse á Sevi- 
lla, j en cuanto salieron de la ciudad, entró 
en ella Abenalmóndir con el ejército, que le 
había dado Sidrej, al frente del cual iban su 



— 293 — 

lermano Ahmed j su amigo Abdala hijo de 
Üí AbeDSomáil: todo esio'parece que acaeció 
mies de principios de Rebí primero de 539, 
3n cuja fecha Sidrej j Abenalmóndir se 
presentaron en Mértola. 



99 

(Página 56) 

Los textos árabes están unánimes en re- 
ferir la proclamación de Abenhamdín al mes 
de Ramadán del año 539, fijando algunos el 
día, jueves, dnco del mes: suponen que Aben- 
hud llegó á los 12 ó 14 días j se apoderó de 
Córdoba, huyendo Abenhamdín á Horna- 
chuelos (Dozj, Notices, pág. 204): que pa- 
sados 12 ó 14 días, Abenhamdín fué llamado 
de nuevo á Córdoba, hujendo Abenhud á 
Jaén j luego á Granada. El autor de los 
Anuales Toledanos (pág. 330) nos pone en 
camino de aclarar estas fechas diciendo, 
«Fué Cahedola (Zafadola) en el mes de Ya- 
nero á Córdoba é mató á Farax Adali é fuxó 
á Granada, é pues que fuxó Cahedola, le- 



— 294 — 

vaniaron á Abenhaindín Rey en Córdoba en 
el mes de Marcio Era 1183». De este aserto 
de los Annales Toledanos resalta qne des- 
pués del reinado de Zafadola, que dar¿ de 
Enero á Marzo^ en este mes faé proclamado 
AbenhamdÍD, j como el mes de Ramadán 
de 539 comprende desde 4 de Febrero de 
1147 á 5 de Marzo, los Annales Toledanos 
coinciden con los textos árabes en cuanto i, 
la proclamación de Abenhamdín; si bien 
éstos nos harían suponer que se trataba de la 
primera proclamación: de los Annales Tole- 
danos, por sus lacónicas palabras, pudiera 
creerse que al llegar á Córdoba Abenhad 
nada tuviera que ver con Abenhamdín, el 
cual según esto habría sido proclamado una 
sola vez: pero como los autores árabes hablan 
varias veces, j de un modo terminante de 
dos períodos de mando de Abenhamdín, te- 
nemos que la proclamación de cinco de Ra- 
madán fué la segunda j más solemne, en la 
que tomó los títulos de Almansur Amir almos- 
limín, como dicen algunos autores, j que 
difícilmente hubiera aceptado ningún ara- 
bista, á no encontrarlos en muchas monedas. 



— 295 — 

que de AbenhaindÍQ se conseryan (Vives, 
Monedas de las Din, Ár. esp,, números 1903 á 
1908): el título de Anásir lidinala, que le atri- 
buje Abenaljatib, omitiendo el de Alman- 
flur, suponemos será una equivocación. Falta 
fijar la fecha de la primera proclamación, 
que de un modo aproximado fíjan los Aúna- 
les Toledanos al decir que Zafadola fué á 
Córdoba en el mes de Enero (7 de Racheb 
á 7 de Xaabán): como los autores árabes 
están casi contestes en que Abenhud llegó á 
Córdoba á los 12 ó 14 días de la exaltación 
de Abenhamdín, ésta debió tener lugar en el 
mes de Enero ó en Diciembre del año ante- 
rior, ó sea en uno de los dos meses árabes 
Racheb ó Chumada postrero, á los tres ó cua- 
tro meses de la rebelión de Abencasi en 
Mértola. 

(Página 57) 

Para sospechar que Abenhamdín no obra- 
ba por su cuenta en su primera proclamación. 



— 296 — 

nos apoyamos en las indicaciones de Aben-» 
aljatib, quien en una parte dice que Aben» 

bamdín temó los títulos de li^^^l ^c^^^ 

el cádi lugarlenierUe j en otra que tomó los de 
Amir almoslimin j defemor de la religión, títuloe 
que deben referirse á diferente tiempo, pue» 
que en realidad son incompatibles: no puede 

suponerse que el título 'íaJ^^ t se tome aquí 

en la acepción de Pontifice supremo, sino en el 
modesto de lugarteniente de otro, lo que cuadra 
bien con la primera parte del título, el cadí, 
lugarteniente. Por otra parte, el autor de la 
Crónica del Emperador D. Alfonso, aunque ne 
siempre bien informado de lo que pasaba en 
Córdoba, dice (pág. 394) con relación á la 
expulsión de Abenbud, «que un sacerdote 
mabomeiano, llamado Abenfandi, el más 
rico de Córdoba, llamó á Farax Adalí de Ca- 
latrava j á los magnates, j trataron de ma- 
tar á Zafadola, j reemplazarle»: esto prueba 
que Abenhamdín seguía en Córdoba después 
de haber cesado en el mando por primera 
vez, j aun ejerciendo el cargo, pues dice: 
hahuit cum eis consilium ministerii sui; por tanto 



— 295 — 

^ae de Abenliamdín se conseryan (Vives, 
Mwi^kis de las Din, Ar. esp,, números 1903 á 
1908): el título de Anásir lidinala, que le atri- 
iaje Abenaljatib, omitiendo el de Alman- 
fUr, suponemos será una equivocación. Falta 
%'ar la fecha de la primera proclamación, 
^ue de un modo aproximado fijan los Anua- 
les Toledanos al decir que Zafadola fué á 
Córdoba en el mes de Enero (7 de Racheb 
^ 7 de Xaabán): como los autores árabes 
^^stán casi contestes en que Abenhud llegó á 
C]!6rdoba á los 12 ó 14 días de la exaltación 
-^e Abenbamdín, ésta debió tener lugar en el 
3nes de Enero ó en Diciembre del año ante- 
rior, ó sea en uno de los dos meses árabes 
Racheb ó Chumada postrero, á los tres ó cua- 
tro meses de la rebelión de Abencasi en 
Mértola. 

(Página 57) 

Para sospechar que Abenhamdín no obra- 
ba por su cuenta en su primera proclamación. 



— 298 — 

tidarios de éste, que vivió aún basiantes 
año8^ siendo en los últimos de su vida cadí 
de Córdoba j Sevilla, donde murió en el 
año 560 ó 561, según Abenalabar, que copia 
versos de varias de sus composiciones (Dozj, 
Notices, pág. 222). 



95 

(Página 81) 

Por el contexto de alguna de las relacio- 
nes de los autores árabes pudiera creerse que 
la entrada de Zafadola en Granada tuvo lugar 
después de la muerte de Abenabicháfar de 
Murcia en la batalla de la Almosala en Re- 
bí primero de 540; pero alguna indicación 
de Abenaljatib nos hace ver que el de Mur- 
cia fué en auxilio de Abenbud Zafadola, por 
más que Abenalabar no lo indique como pa- 
recía natural. 

Como en el mes undécimo de 539 Zafa- 
dola dio el mando de Guadix á Abdelaziz 
hijo de Abuásim, es de suponer que en est 
tiempo fuera ja señor de Granada, pues d 



— 297 — 

parece seguro qae el fin del primer período 
fio faé violento 6 debido, á fuerza^ j que los 
autores árabes han atribuido al fin del pri- 
mer mando su foga j retirada á Hornachue- 
los, á donde según algún autor se refugió al 
fin del segundo período^ como veremos luego. 



9# 

(Página 59) 

Con la salida de Córdoba de Abenhamdín 
aparece en escena otro personaje, Abulcásim 
Ajjal^ el de Ronda, secretario del destronado 
oadí, quien no queriendo ser menos que su 
antiguo señor, se declara independiente en 
su ciudad natal, aunque por muj poco tiem- 
po; pues sus paisanos, disgustados de él, en- 
traron en relaciones con Abulgomar, hijo 
de Asaib Abengarrún^ señor de Jerez j Ar- 
cos, que hasta entonces había dependido de 
Abenhamdín: Abengarrún consiguió hacerse 
dueño de la alcazaba de Ronda sin combatir, 
salvándose Aj jal, aunque con dificultad, lo 
que no libró del saqueo las casas de los par- 



— 298 — 

tidarios de éste, que tívíó aún bastantes 
años, siendo en los últimos de su vida cadí 
de Córdoba j Sevilla, donde murid en el 
año 560 ó 561, según Abenalabar, que copia 
versos de varias de sus composiciones (Dozj, 
Notices, pág. 222). 



»5 

(Página 81) 

Por el contexto de alguna de las relacio- 
nes de los autores árabes pudiera creerse que 
la entrada de Zafadola en Granada tuvo lugar 
después de la muerte de Abenabicháfar de 
Murcia en la batalla de la Almosala en Re— 
bí primero do 540; pero alguna indicación, 
de Abenaljatib nos hace ver que el de Mur- 
cia fué en auxilio de Abenhud Zafadola, por 
más que Abenalabar no lo indique como pa- 
recía natural. 

Como en el mes undécimo de 539 Zafa- 
dola dio el mando de Guadíx á Abdelaziz 
hijo de Abuásim, es de suponer que en este 
tiempo fuera ja señor de Granada, pues de 



— 301 — 

hijo de Tádar, que había sucedido al emir 
Alí hijo de Fono (esta Fono era hermana de 
Alí el emir de los muslimes)^ aunque se dice 
que como lugarteniente de Abengania había 
tenido que apoderarse por fuerza de la alca- 
zaba, en la que permaneció hasta el año 551, 
an cuja fecha la entregó á los almohades. 

No puede admitirse en todos sus detalles 
la dramática relación de los sucesos acaeci- 
dos en Granada durante los últimos meses 
del año 539 j primera mitad del 540. 

El mismo Abenalabar se hace eco de otra 
versión^ que parece admisible en casi todas 
sus partes, j que seguimos en el texto, al 
menos en su conjunto: supone el historiador 
de los almorávides, Abensáhibasala, que la 
muerte de Abenadha fué posterior á la del 
hijo de Zafadola^ quitándole toda la parte 
dramática: Abenaljatib dice que murió si- 
tiando á los almorávides de la alcazaba, en 
el año 540 (Ms. de la Bib. Na. Gg. 27, pá- 
gina 578); el mismo autor, Abensáhibasala, 
supone la llegada de Zafadola á Granada 
anterior á la batalla de la Almosala j muerte 
del cadí de Murcia Abenabicháfar, quien iría 



— 302 — 

á Granada en auxilio de los rebeldes al do- 
minio de los almorávides, es decir, en última 
termino, en auxilio de Zafadola. 



96 

(Página 85) 

El historiador Abdeluáhid de Marruecos 
hace un pomposo elogio de Abenijad (pági— 
na 149), el cual trascribimos, á pesar de que 
el autor no parece muj bien enterado, pues 
además de no dar fechas, le cambia el nom- 
bre, llamándole Abderrahman por Abdala. 

«Los habitantes de Valencia, Murcia y 
la España oriental se pusieron de acuerdo 
para reconocer á uno de los principales del 
cliund (ejército regional ?) llamado Abderrah- 
man Abenijad, que era de lo más puro y 
mejor del pueblo musulmán: supe (dice) por 
varias referencias que sus oraciones eran 
siempre oídas: entre lo más notable que á él 
se refiere está el que era muj compasivo y 
mujr propenso á derramar lágrimas: cuando 
montaba á caballo j tomaba las armas, no 



— 303 — 

liabía quien le hiciese freo te j niogiin va- 
liente podía salirle al encuentro: los cristia- 
nos contaban á él solo como cien ginetes j 
al yer su bandera, decían Aquí está Abeniyad: 
por la bendición de este hombre puro guardó 
Dios esta región j apartó de ella al enemigo, 
porque el temor, que se esparció en los pe- 
chos de los cristianos, fué bastante á recha- 
zarlos del país: Abenijad permaneció en el 
oriente de Á.landalus, defendiendo esta re- 
gión hasta que murió no sé en qué fecha». 

Podrá ser merecido este elogio de Abeni- 
yad; pero los cristianos no le tendrían tanto 
miedo, cuando le vencieron en la batalla de 
Albacete, como veremos luego, con muerte 
del Rej Zafazola, á cujas órdenes estaba, al 
menos de nombre, j después le vencieron 
otra vez, hiriéndole mortalmente. 

(Página 87) 

A pesar del perfecto acuerdo que en cuan- 
to 6 la fecha de la batalla de Albacete haj 



— 302 — 

á Granada en auxilio de los rebeldes al do* 
minio de los almorávides, es decir, en última 
término, en auxilio de Zafadola. 

(Página 85) 

El historiador Abdeluáhid de Marruecos 
hace un pomposo elogio de Abenijad (pági- 
na 149), el cual trascribimos, á pesar de que 
el autor no parece muj bien enterado, pues 
además de no dar fechas, le cambia el nom- 
bre, llamándole Abderrahman por Abdala. 

«Los habitantes de Valencia, Murcia j 
la España oriental se pusieron de acuerda 
para reconocer á uno de los principales del 
chund (ejército regional ?) llamado Abderrah- 
man Abenijad, que era de lo más puro y 
mejor del pueblo musulmán: supe (dice) por 
varias referencias que sus oraciones eran 
siempre oídas: entre lo más notable que á él 
se refiere está el que era muj compasivo y 
muj propenso á ilerramar lágrimas: cuando 
montaba á caballo j tomaba las armas, no 



— 305 — 

una embajada al Rej Zafadola^ diciéndole: 
-«Ven, líbranos de las manos de los Cristía- 
nes j te serviremos en paz.:> Al punto \\eg6 
«1 con un grande ejército, j habiéndolo de- 
jado 6 la yista de los cristianos, se dirigió 
«n ademán pacífico al campamento de éstos 
j dijo á los Condes: «Volvedme los cautivos 
j botín que habéis hecho j con vosotros iré 
al Emperador: cuanto me mande, jo lo haré.» 
Respondiéronle los Condes: «Lejos esto de 
nosotros: tú enviaste mensajeros al Empera- 
dor diciendo: «los de Ubeda están rebeldes 
á mí j á tí; ahora pues, envía un ejército, 
qne destruja á ellos j á su tierra» — ^por eso 
bemos hecho lo que tú j el Emperador nos 
habéis mandado,-— j Zafadola les contestó 
diciendo, — «Si no me diereis todos los cau- 
tivos j el botín, armado pelearé contra vos- 
otros» — ahora es tiempo j ocasión, contesta- 
ron los Condes, j al punto, ordenadas las 
haces, travaron la batalla, que se agravó 
mucho: por fin volvieron las espaldas los 
Agarenos, declarándose vencidos j el Rej 
Zafadola fué hecho prisionero por los solda- 
dos de los Condes: teníanle para llevarle á 

Almorávides 90 



— 304 — 

entre Abenalabar j el autor de los Anales 
Toledanos, es probable que las noticias que 
uno y otro tuvieran del suceso, fuesen bas- 
tante diferentes: en la Crónica del Empera- 
dor D. Alfonso, cuyo autor parece también 
toledano^ se dan detalles que difícilmente 
pueden ponerse de acuerdo con los que nos 
suministra Abenalabar. 

Dice la Crónica, después de referir la sa- 
lida de Abenhud de Córdoba: Entonces el 
rey Zafadola envió mensajeros al Emperador 
diciéndole: «La tierra de Ubeda y Baeza y 
sus castillos no quieren obedecerme ni pa- 
garte tributos.» Oído'esto, el Emperador lla- 
mó á los Condes Manrique, Ermengod y 
Poncio, y con ellos á Martín Fernández y 
les dijo: «Id y sujetad á mi dominio y al del 
Rey Zafadola á Baeza, Ubeda y Jaén y á to- 
dos los rebeldes; que vuestra espada no per- 
done á ninguno de ellos.» En virtud de esta, 
orden, marchando con un gran ejército, des- 
truyeron aquella tierra rebelde é hicieroix 
grandes presas y muchos cautivos. 

Pero cuando los ciudadanos de aquella, 
región se vieron muy oprimidos, enviaron. 



— 307 — 

ser clásico^ cuidando más de la frase j del 
efecto que de la verdad histórica: es tal el 
pniríto que tiene por darnos las palabras de 
los actores de este j otros dramas, que no 
parece, sino que á cada uno de los personajes 
acompañaba un taquígrafo, que transcribiera 
íntegras las arengas j conversaciones de cada 
actor. 

Mr. Mercier, en su Histoire de /' Áfrique 
Sepientrionale, tomo II, pág. 90, al tratar de 
los acontecimientos de la España musulmana 
relacionados con los almorávides, dice que 
al querer Zafadola licenciar sus auxiliares 
castellanos, éstos se rebelaron contra él j le 
mataron en un combate (año 1146): aunque 
la fecha resulta exacta, el hecho, como mu- 
chos de los que pertenecen á este período, 
está muy mal entendido. 

(Página 92) 

Adabí (Bibl. Ar. his. to. III, bio. 1005), 
que pone la biografía de Abumohámed Ab-> 



— 306 — 

sus tiendas, cuando llegaron los soldado» 
que llaman Pardos, j habiéndole conocido^ 
le dieron muerte: Viendo esto los Condes se 
entristecieron mucho j enviaron mensajeros 
al Emperador que estaba en León, para que^ 
le anunciasen todas las palabras de la gue- 
rra: luego que le dijeron, tu amigo el Rey 
Zafadola ha muerto, el Rej, muy entriste- 
cido, dijo: «Amigos míos, jo estoy limpia 
de la sangre de Zafadola» — Cristianos y Sa- 
rracenos, desde la Arabia, que está junto al 
río Jordán, hasta el mar Océano conocieron 
que el Emperador no había tenido parte en 
la muerte del Rey Zafadola ^ . 

Qué relación debemos aceptar como más- 
probable? La de Abenalabar, que fija lugar y 
tiempo de la batalla y nada dice que no sea 
muy natural, ó la de la Crónica del Empera* 
dor, llena de detalles minuciosos y dramá- 
ticos y que nada concreto dice del lugar 
tiempo del suceso? 

No lo sé: en la Crónica del Emperado 
▼eo la pluma de un historiador, que pretenda 

'! Chronica Adefonai Imperatoris. Esp. Sag. 
mo XXI, pág. 394 y 395. 



— 309 — 

(Página 108) 

La fuga de Abenabdelaziz , cuando el 
ejército le hizo traición en Valencia, hasta 
que llegó á Almería, es referida por otros 
autores de modo muj diferente, con detalles 
que no tienen interés. 

Al huir de Valencia, el alcázar fué sa- 
queado durante algunos días j sus partida- 
ríos 6 personas más adictas, fueron persegui- 
dos: llevado á Mallorca desde Almería, Aben- 
abdelaziz fué encerrado en lóbrego calabozo, 
donde no se distinguía el día de la noche: 
más de una yez fué dejado sin alimento 
alguno j su prisión se prolongó hasta diez 
años; en tan largo espacio de tiempo hubo 
alguna vez de consolarse componiendo ver- 
sos, algunos de los cuales copia Abenalabar. 

Al cabo de largo tiempo salió de su pri- 
sión, merced á los buenos oficios de Abu- 
chafar Abena tía, y como fuese partidario de 
los almohades, advertido de ello Ishac, rej 
de Mallorca, le deportó á Bugía, de donde 



— 310 — 

se trasladó á Marruecos: Abenatía, 6 quien 
debía la libertad, gestionó su presentación al 
Sultán almohada, ante quien Abenabdelazis 
recitó unos versos, que se dice fueron una 
de las causas principales de la muerte de 
Abenatía. Abenabdelaziz murió en Marrue- 
cos en el año 578 á los 72 de edad. 



30 

(Página 443) 

No parece esto tan claro como supone 
Dozj: que el nombre no es árabe lo admiti- 
mos sin dificultad: para dudar de que sea 
Martínez nos mueven varias razones: si hu- 
bieran querido iTdiií8CTÍbÍT Martínez, probable- 
mente hubieran escrito rf^^^j"* no it^'*^^» 
como escriben constantemente: es verdad que 
el uso de la ^ por 'S no es muy violento, pero 
lo es fonéticamente el que pusiesen j de pro- 
longación después del 3, si no se había de 
leer Martínez, que nunca ha podido pronun- 
ciarse: el cambio de la vocal tónica i de Mar- 
tínus ena 6 e también parece poco admisible. 



— 309 — 

(Página 108) 

La fuga de Abenabdelaziz , cuando el 
qército le hizo traición en Valencia, hasta 
^e llegó á Almería, es referida por otros 
autores de modo muj diferente, con detalles 
q[ue no tienen interés. 

Al huir de Valencia, el alcázar fué sa- 
queado durante algunos días j sus partida- 
rios ó personas más adictas, fueron persegui- 
dos: llevado á Mallorca desde Almería, Aben- 
abdelaziz fué encerrado en lóbrego calabozo, 
donde no se distinguía el día de la noche: 
más de una yez fué dejado sin alimento 
alguno 7 su prisión se prolongó hasta diez 
años; en tan largo espacio de tiempo hubo 
alguna vez de consolarse componiendo Ter- 
sos, algunos de los cuales copia Abenalabar. 

Al cabo de largo tiempo salió de su pri- 
sión, merced á los buenos oficios de Abu- 
chafar Abenatía, y como fuese partidario de 
los almohades, advertido de ello Ishac, rej 
de Mallorca, !e deportó á Bugía, de donde 



— 310 — 

se trasladó á Marruecos: Abena tía, á quien 
debía la libertad, gestionó su presentación al 
Sultán almohada, ante quien Abenabdelaziz 
recitó unos versos, que se dice fueron una 
de las causas principales de la muerte de 
Abenatía. Abenabdelaziz murió en Marrue- 
cos en el año 578 á los 72 de edad. 



30 

(Página 443) 

No parece esto tan claro como supone 
Dozy: que el nombre no es árabe lo admiti- 
mos sin dificultad: para dudar de que sea 
Martínez nos mueven varias razones: si hu- 
bieran querido irdinscnhÍT Martínez, probable- 
mente hubieran escrito tr-^>^j-» no ¡M^^» 
como escriben constantemente: es verdad que 
el uso de la ^ por >' no es muj violento, pero 
lo es fonéticamente el que pusiesen ¿ de pro- 
longación después del 3 , si no se había de 
leer Martínez, que nunca ha podido pronun- 
ciarse: el cambio de la vocal tónica i de Mar- 
tínus ena 6 e también parece poco admisible. 



— 313 — 

mo y, pág. 228), quien en la biografía de 
Abenalfáris, presidente que había sido del 
Consejo en Murcia, dice que fué nombrado 
cadí de Valencia en el mes de Racheb de 546, 
j que á principio de Xaual de este mismo 
año hizo dimisión de su cargo con motivo 
de la conmoción de Abdelmélic, hijo de Sil- 
ban 6 de Abenhámid antes de él^ contra el 
emir Mohámed Abensaad, cuja solución fué 
el fuerte sitio de Valencia en el año siguiente. 

Del mismo rebelde Abensilbán dice el 
mismo autor (pág. 196), que en el año 547, 
durante su rebelión, dio muerte á un primo 
de Abenabdelaziz, el que había sido rej de 
Valencia en el año 539, durante cujo mando 
había sido cadí de Valencia j lo fué tam- 
bién después por nombramiento del rej 
Lobo. 

Otra indicación encuentro en el mismo 
autor, quien al hablar de Asim, hijo de Já- 
laf el Tochibí, dice que murió en la cárcel 
en Chumada primero del año 547 durante la 
rebelión de Abdelmélic, hijo de Sabán (an- 
tes le llama Silban)^ conocido por Abencho- 
luna: añade que fué enterrado en la muralla. 



— 314 — 

lo que parece indicar qpe la ciudad estaba 
sitiada. 



(Página 438) 

En general los autores árabes dan pocas 
j contradictorias noticias acerca de la toma 
6 reconquista de Almería por los musulma- 
nes en tiempo del califa almohade Abdelmu- 
men: j cosa singular, donde los hecbos apa- 
recen más claros j exactos^ es en Abenalatir, 
historiador oriental, tomo XI, pág. 147 j 
148, cuja narración hemos seguido por más 
aceptable. 

El autor del Cartas^ haciendo intervenir 
á los mismos personajes, refiere este suceso 
al año 547 (pág. 126 j 177): el autor moderno 
Ahmed Anasirí, dice lo mismo, tomo I^ pá- 
gina 149. 

Abenjaldún (tomo IV, pág. 236 de la 
edición del Cairo, j tomo I, pág. 315 de la 
de Argel) inyolucra la toma de Almería con 
la de Granada, refiriendo, parece, ambos 



— 313 — 

mo y, pág. 228)^ quien en la biograña de 
Abenalfáris, presidente que había sido del 
Consejo en Murcia^ dice que fué nombrado 
eadí de Valencia en el mes de Racbeb de 546, 
7 que á principio de Xaual de este mismo 
año hizo dimisión de su cargo con motivo 
de la conmoción de Abdelmélic^ hijo de Sil- 
ban 6 de Abenhámid antes de él^ contra el 
emir Mohámed Abensaad, cuja solución fue 
el fuerte sitio de Valencia en el año siguiente. 
Del mismo rebelde Abensilbán dice el 
mismo autor (pág. 196), que en el año 547, 
dorante su rebelión, dio muerte á un primo 
de Abenabdelaziz, el que había sido rej de 
Valencia en el año 539, durante cu jo mando 
había sido cadí de Valencia j lo fué tam- 
bién después por nombramiento del rej 
Lobo. 

Otra indicación encuentro en el mismo 
autor, quien al hablar de Asim, hijo de Já- 
laf el Tochibí, dice que murió en la cárcel 
en Chumada primero del año 547 durante la 
rebelión de Abdelmélic, hijo de Sabán (an- 
tes le llama Silban), conocido por Abencho- 
luna: añade que fué enterrado en la muralla. 



— 316 — 

ría, j lo dice el autor poco antes: respecto á 
la muerte del Emperador, muerto de enfer- 
medad al regresar de la fracasada expedición 
de Almería, dice que encontró la muerte^ 
combatiendo á los infieles. 



34 

(Página 444) 

La generalidad de los historiadores ára- 
bes dan muj pocas noticias respecto á estos 
acontecimientos, j casi todos equivocan la 
fecba^ que difícilmente hubiera podido fijarse 
á no haberse servido Dozj del texto del his- 
toriador Abensáhibasala. 

£1 autor del Cartas, muj mal enterado 
de estos sucesos, contra lo que podía supo- 
nerse, dice (pág. 127), que en el año 551 (por 
549) los almohades se apoderaron de Grana- 
da, haciéndose la oración pública por Abdel- 
mumen, quien envió un gobernador, pero 
que faltando al reconocimiento hecho, los de 
Granada mataron al gobernador, levantán- 
dose en ella Abenmerdanix, Abenhemoxico 



— 317 — 

7 el Calvo; pero en el año siguiente Abdel- 
mumen envió contra Granada á sus dos hijos, 
Yúsuf j Otmán^ quienes tomaron la ciudad 
por fuerza^ matando al Calvo j á los cristia- 
nos que estaban con él, hujendo Abenhemo- 
chico j Abenmerdanix; añade el autor, esto 
dice Abenmatruh, pero Abensáhibasala dice 
que fué la toma de Granada en el año 557, 
pero Dios sabe la verdad. 

Bl mismo autor del Cartas^ más adelante 
(pág. 177), al hacer el resumen de la historia 
de los almohades, sin duda por la imperfec- 
ción de los códices de esta obra, dice que 
los almohades se apoderaron de Granada en 
el año 550; que luego sus moradores hicieron 
traición á los almohades j los mataron, j que 
en el año 556 se apoderaron de nuevo de ella 
después de un fuerte sitio. 

Abenabidinar refiere estos acontecimien- 
tos al año 551 (pág. 111 del texto árabe ^). 

4 Esta obra, interesante para el conocimiento 
<le nuestra historia, está traducida al francés, hace 
muchos años, y apenas es conocida entre nosotros. 
Histoire de r Afrique de Mohámmed-ben Abi el-Raini- 
el KairouAni, traduite de 1' árabe por M. M. E. Pellis- 
8ier et Remusat. París MDGCCXLV. 



— 318 — 

Abenjaldún (to. VI, pág. 238 de la edi- 
ción del Cairo, tomo I^ pág. 317 de la de 
Argel) refiere estos acontecimientos del mis* 
mo modo en el fondo j con menos detalles, 
que el historiador Abensáliibasala á quien 
hemos seguido con Dozjr. 

Abenalatir (tomo XI, pág. 186) se mani- 
fiesta bien enterado, dando en parte los mis- 
mos detalles que Abensáhibasala: en una 
circunstancia importante yaría^ al asegurar 
que Abenhemochico, cuando fué invitado 
por los de Granada á que fuese á ellos, j que 
le entregarían la ciudad, ja se había hecho 
almohade; era por tanto de sus partidarios j 
subditos V le excitaba contra Abenmerdanix: 
el autor ha confundido aquí los sucesos pos- 
teriores. 

La fecha de la batalla de Asabica, üjuí^ 
iXjkA..J| , el viernes 28 de Racheb del año 557 
está también indicada por Abenalabar (Do- 
zy, Notices, pág. 230). 

Los Anales Toledanos con su siempre 
lacónica redacción confirman el año de la 
batalla de Asabica, que se acaba de mencio- 
nar, con estas palabras: «Lidió el Rej Lop 



— 317 — 

7 el Calvo; pero en el año siguiente Abdel- 
mumen envió contra Granada á sus dos hijos, 
Tüsuf j Otmán^ quienes tomaron la ciudad 
por fuerza, matando al Calvo j á los cristia- 
nos que estaban con él, hujrendo Abenhemo- 
chico j Abenmerdanix; añade el autor, esto 
dice Abenmatruh, pero Abensáhibasala dice 
que fué la toma de Granada en el año 557, 
pero Dios sabe la verdad. 

El mismo autor del Cartas, más adelante 
(pág. 177), al hacer el resumen de la historia 
de los almohades, sin duda por la imperfec- 
ción de los códices de esta obra, dice que 
los almohades se apoderaron de Granada en 
el año 550; que luego sus moradores hicieron 
traición á los almohades j los mataron, j que 
en el año 556 se apoderaron de nuevo de ella 
después de un fuerte sitio. 

Abenabidinar refiere estos acontecimien- 
tos al año 551 (pág. 111 del texto árabe ^). 

4 Esta obra, interesante para el conocimiento 
<le nuestra historia, está traducida al francés, hace 
muchos años, y apenas es conocida entre nosotros. 
Histoire de 1* Afrique do Mohámmed-ben Abi el-Raini- 
el Kairouáni, traduite de V árabe por M. M. £. Pellis- 
8ier et Remusat. París MDCGGXLV. 



Abeajoldún {to. VI, pfig. 231 
cián del Cairo, lomo I, pág, 31 
Argel) refiere estos aconlecimien. 
mo modo oq el fondo j con meD( 
que el historiador AhensáíiibasB 
hemos seguido con Dozj. 

Abenalatir (lomo XI, pág. 18 
fiesta bien ealeredo, dando en pa 
moa detalles que AbenaShibasal 
circunslaocia importante varía, 
que Abeuhemocliico, cuando fi 
por loa de Granada á que fuese á i 
le entregarían la ciudad, ya se h 
alinohade; era por lanío de si 
subditos ¡' le excitaba contra Abei 
el autor ha confundido aquí 1 
teriores. 

Le fecha de la batalle de Asi 
iíjj....)| , e! viernes 28 de Racheb 
está también indicada por Abeui 
zj, Nolices, pSg. USO), 

Los Anales Toledanos con i 
lacónica redacción confirman el 
batalla de Asabica, que se acaba 
nar. con estas palabras: «Lidió i 



— 321 — 

Merrdkechi, traduite el annotée par E. Fagnan, 
Alger, 1893. 

36 

(Página 153) 

De esta expedición dan noticia los auto- 
res árabes j de un modo parecido los Anales 
Toledanos (pág. 393) con estas palabras: «EL 
Rej de Marruecos Abenjacob vino á cercar á 
Huepte, é lidióla, é fue en hora de se perder 
la Villa por sed: más el día de Santa Justa 
envióles Dios agua del cielo cuanto ovieron 
menester é fue la agua tan grand, que des- 
varató las tiendas del Rej Moro. E era el 
-Cardenal de Roma en Toledo, é daba gran- 
des solturas: é ayuntáronse todos los de Es- 
paña, é fueron en acorro, é allegáronse azes 
•con azes é non lidiaron é fuese el Rej Moro; 
mas de tornada que fizo, ganó el Regno del 
Rey Lop. Era 1210. 



Almorávides 24 



— 320 — 

modo indudable por un documento publicado 
por el P. Yillanueva en su Viaje Ulerario, to- 
mo IX, pág. 239. En el Martirologio 6 Ne- 
crologio Celsonense leemos: «Idus Octob. In 
hoc die interfectus fuit Guillelmus de Spug- 
nola a paganis cum multis alus Xpianis, 
apud Murciam^ anno M.C.LXY incarnatio- 
nis Dominio. 

La fecba, los idus 6 15 de Octubre de 
1165 corresponde perfectamente al yiemes 7 
de Dulhicba del año 560 de los autores 
árabes. 

Abdeluáhid el Marrecoxí á su vez fija la 
ortografía del nombre del lugar de la batalla, 

escribiendo v^^sr't ^j^^^, j aunque, como 

queda advertido, es autor no siempre bien 
informado, ó quizá dijéramos mejor, que 
tergiversó con frecuencia los acontecimien- 
tos, da detalles dignos de tenerse en cuenta 
respecto á la conducta de Abenmerdanix: 
recomendamos á los no arabistas la traduc- 
ción de esta obra por el distinguido profesor 
de la Escuela de Letras de Argel, Mr. E. Fag- 
nan, Histoire des Almohades d* Ahd el-Wáhid 



— 321 — 

Merrákechi, traduite el annolée par E. Fagnan, 
Alger, 1893. 

36 

(Página 153) 

De esta expedición dan noticia los auto- 
res árabes j de un modo parecido los Anales 
Toledanos (pág. 393) con estas palabras: «EL 
Rejr de Marruecos Abenjacob vino á cercar á 
Huepte, é lidióla, é fue en hora de se perder 
la Villa por sed: más el día de Santa Justa 
envióles Dios agua del cielo cuanto ovieron 
menester é fue la agua tan grand, que des- 
varató las tiendas del Rej Moro. £ era el 
-Cardenal de Roma en Toledo, é daba gran- 
des solturas: é ayuntáronse todos los de Es- 
paña, é fueron en acorro, é allegáronse azes 
-con azes é non lidiaron é fuese el Rej Moro; 
mas de tornada que fízo, ganó el Regno del 
Rey Lop. Era 1210. 



Almorávides 24 



— 322 — 

(Página 4«0) 

Abenalatir (to. XI, pág. 99): casi la» 
mismas palabras emplea Almacarí, to. U^ 
pág. 296.— Abenjaldún (to. YI, pág. 235 de 
la edición del Cairo^ tomo I, pág. 313 de la 
de Argel, j pág. 188 del tomo II de la tra- 
ducción del Barón de Slane) da algunos 
otros detalles de este sitio de Córdoba por el 
Emperador. 

Nuestros historiadores, poco enterados de 
estos sucesos, pues no disponían casi de más- 
datos que los que suministra la Crónica del 
Emperador, j los escuetos, pero en general 
exactos, de los Anales Toledanos, ó no hacen 
mención de esta campaña del Emperador ó- 
la confunden con la del año 540 en apojo de 
Abenbamdín contra Abengania. 

SandoTal habla con alguna extensión de 
esta campaña, conviniendo en que «no hay 
historia que dé noticia concreta de ella; así, 
dice, que los autores todo lo confunden sin 
orden ni concierto de los tiempos^ ni aun 



— 323 — 

saber las jornadas que el Emperador hizo 
contra los moros ^ : con el auxilio do los pri- 
i^ilegios de este año cree aclarar la cuestión^ 
pero incurre en los mismos escollos en que 
tropezaron sus predecesores, confundiendo 
también esta jornada con la del año 540, en- 
gañado por un documento del Monasterio de 
Eslonza del año 1188 de la Era (1150 de 
Cr. j 545 de la hégira), documento, ó falso 
6 mal interpretado, en el que se lee, según el 
autor, como fecha: «Post reditum fossati, quo 
prsenominatus Imperator principem Mauro- 
rum Abiogamiam sibi vassallum fecit, et 
quandam partem CordubsD deprajdavit cum 
Mezquita maiori». Esta reseña evidentemen- 
te se refiere á la expedición del año 540 de 
la hégira, pues que efectivamente el Empe- 
rador se apoderó, como hemos visto, de parte 
de la ciudad, que saqueó con la mezquita, j 
Abengania le prestó homenaje. 



4 Ilisioria de los Reyes de Castilla y de León, Don 
Femando el Magno, primero de este nombre, Infante de 
Navarra, Don Sancho que murió sobre Zamora, Don A Ion- 
no VI de este nombre. Doña Urraca, hija de Don Alonso VI 
y Don Alonso VII, Emperador de las Espafias... fol. 498, 



— 324 — 

Por fortuna^ Sandoval apoja bvl aserto 
con otro documento de más valor por sa con- 
gruencia: del libro Becerro de la Iglesia de 
Astorga copia una donación hecha en este 
año por el Emperador, j en ella se dice que 
está hecha, «quando Imperator tenebat Cor- 
dubam circumdatam et pugoavit super eam 
cum XXX milia Muzmidis et cum alus An- 
daluciis et devicit eos»: el autor deduce que 
la victoria sobre los Mazmuditas (almohades) 
tuvo lugar el 23 de Julio del año 1188 de la 
Era: la victoria que se atribuje al Empera- 
dor, sería más 6 menos efectiva; pero si se 
dice que la sitió, j no que la tomase, parece 
puede darse por seguro que no la tomó, j 
coinciden con lo que dicen los autores árabes. 

Los Anales Toledanos confirman esta ex- 
pedición del Emperador con estas lacónicas 
palabras: «Cercó el Emperador Córdoba, Era 
1188» (Esp. Sag. to. XXIII, pág. 391). 

38 

(Página 170) 

No resulte claro por los textos á quién se 
cLebió principalmente la conquista de Ma- 



— 325 — 

Horca: en general los autores árabes hablan 
sólo de cristianos: Abenjaldiin (to. VI, pá- 
gina 188 j 242 de la edición del Cairo^ to. I^ 
pág. 246 de la de Argel) la atribuje á los 
genoYeses: nuestros Cronicones mencionan 
en primer término á Ramón Berenguer III 
Conde de Barcelona, ayudado de los Písanos 
7 sólo dejan á los genoveses el papel poco 
honroso de haberla entregado: la toma de 
Ibiza es atribuida exclusivamente á los Pisa- 
nos. MaS'Latrie, Traites de paix... Introduc- 
ción^ pág. 35. 

30 

(Página ni) 

Estos sucesos j los nombres de los per- 
sonajes almorávides que en ellos intervienen 
hasta el año 520^ resultan muj enredados en 
los pocos autores que de ellos tratan. 

Abenjaldún (to. I, de la edic. de Argel, 
pág. 246, tomo YI^ de la del Cairo, pág. 188), 
á quien siguió el Sr. Campaner en su Bos- 
quejo histórico, supone á Mallorca recobrada de 



— 326 — 

los cristianos por el capitán Abentafartasat^ 
C^*4.i>JLj" ^1, indicando que trata de esto 

en otra parte, al hablar de los Rejes de Tai- 
fas, j efectivamente (en el to. IV de la edi- 
ción del Cairo, pág. 165) trata de la con- 
quista de Mallorca j dice que el sitio dur¿ 
diez meses j que los auiilios pedidos á Alí 
no llegaron hasta después de haberse apode- 
rado de Mallorca los cristianos; que al llegar 
la escuadra, el enemigo abandonó la ciudad; 
que Alí dio el mando de ella á üanur, hijo 
de Abubéquer el Lamtuní^ quien oprimió á 
los naturales del país, queriendo que edifica- 
sen otra ciudad lejos del mar, j que habién- 
dose rebelado, consiguieron prenderle j en- 
carcelarle; luego enviaron mensajeros á Alí, 
explicando su conducta, j el Príncipe pasó 
por lo hecho, ó lo aprobó: añade el autor que 
los envió ó unió al gobierno de Mohámed, 
(léase) Yahja hijo de Alí Abengania, valí 
del Algarbe de Alandalus, quien les envió á 
su hermano Mohámed, valí de Córdoba, el 
cual al llegar á Mallorca, tomando á Uanur, 
le encarceló j envió á Marruecos; y Mohá- 
med permaneció en Mallorca durante diez 



— 327 — 

^^Qdios, hasta que murió su hermano Yahja j 
^\ Sultán Alí». 

Como se ve, Abenjaldun confunde lasti- 
^mosamente muchos sucesos, j por tanto no 
podemos dar gran crédito á los datos que nos 
floministra, j que no constan en otros au- 
tores. 

Yahja Abengania no era por estos tiem- 
pos (año 520) yalí del Algarbe, de donde no 
lo fué hasta el año 538 ^ ni aun del Oriente 
de Alandalus, donde gobernó antes que en 
Seyilla: además, desde el año 516 ó 520 hasta 
«1 538 habían pasado más de diez años: Ab- 
deluáhid, por el contrario, retrasa la ida de 
Mohámed Abengania á Mallorca hasta des- 
pués de la muerte de su hermano Yahja, 
incurriendo también en otros errores ^. 

Se necesitarían muchas páginas para rec- 
tificar una á una todas las inexactitudes de 
los autores árabes respecto á este punto. 

4 Abenaljatib, biografía de Yahya, Ms. Gg. N. 28 
^e la Bibl. Nació, pág. 755, y Ms. Ar. de la Academia 
H, 34 tomo III, fol. 472. 

3 Véase pág. 231 y siguientes de la HiHoire des 
Almohades d' Ábd el-Wáhid Merrákechi traduite et anno- 
iée par E. Fagnan. Alger, 4893. 



^ 228^ 

El mismo Abenjaldún (to. I, de la edi- 
ción de Argel, pág. 324 j 325, tomo VI, de 
la edición del Cairo, pág. 242) da otra ver- 
sión algo diferente, aunque no contradicto- 
ria, suponiendo que al ser abandonada Ma- 
llorca por los cristianos, Alí envió como go- 
bernador á Uanur, de quien aquí dice que 
dio muerte al jefe de los rebeldes, quienes le 
prendieron j enviaron mensaje á Alí expli- 
cando su conducta, j sin que diga nada de 
Yabja Abengania, supone el nombramiento 
de Mobámed para el mando de Mallorca, he- 
cho directamente por el Príncipe. 

En otra parte, como veremos en la Ilus- 
tración inmediata, da Abenjaldún la verda- 
dera fecha del nombramiento de Mohámed 
para el mando de Mallorca. 

40 

(Página 173) 

La fecha de la muerte de Mohámed Aben- 
gania resulta muj dudosa: nos inclinamos á 
seguir la cronología del llamado Anónima 



— 329 — 

de Copenhague, que en general da noticias 
concretas j exactas respecto á este período 
de nuestra historia, poco estudiado: Ms. Gg. 
N. 490 de la Biblioteca Nacional, j Ms. Ar. 
n."" 83 de la Acad. 

Abenjaldún (tomo IV de la edición del 
Cairo, pág. 166) pone como fecha de la muer- 
te de Mohámed Abengania el año 567, si 
bien haj que tener en cuenta que el texto 
parece alterado con palabras que deben refe- 
rirse á otro suceso: en el tomo YI de la mis- 
ma edición, pág. 242, j 325 del to. I de la 
de Argel, tomo II, pág. 206 j siguientes de 
la traducción de Slane, [refiere la muerte de 
Mohámed al año 546, j que tanto él, como 
su hijo Abdala, nombrado Príncipe heredero, 
fueron muertos por sediciosos movidos por 
8u hijo Ishac, descontento, como se ha dicho, 
por el nombramiento de Príncipe heredero 
hecho á favor de su hermano. 

La misma fecha del año 546 resulta con- 
signada por Abenalabar (Dozj, No tices, pá- 
ginas 215 j 216) al decir que Ishac Abenga- 
nia gobernó á Mallorca después de haber 
sido muertos su padre Mohámed j su her- 



— 330 — 

mano Abdala en el año seis, 6 mejor dicho en 
el 547; pero á pesar de palabras tan ter- 
minantes de Abenalabar j de la conformidad 
de estos dos testimonios, nos inclinamos por 
boj á seguir al llamado Anónimo de Cope- 
nhague, quien dice de un modo concreto que 
Ishac, hijo j sucesor de Mohámed, reinó en 
Mallorca treinta años, siendo el primero el 
550 y el último el 580. 

41 

(Página 176) 

Tratando Abenalatir (to. XI, pág. 147) 
del año 552, j de la desaparición del poder 
de los almorávides, dice que en este año des- 
apareció su imperio, no quedándoles más 
que la Isla de Mallorca bajo el mando de 
Hamu Abengania: el autor confundió á Ha- 
mu con Ishac, ó mejor dicho, el autor ó al- 
gún copista suprimió el nombre propio j los 
de algunos ascendientes^ pues Hamu es uno 
de los últimos, si bien puede emplearse in- 
mediatamente después del nombre propio 



— 331 — 

como lo hace AbeDJalicán (tomo III de la 
edición del Cairo, pág. 385), Uamáindole 
Abaibrahim Ishac Abenhamu. 



4» 

(Página 477) 

De la incursión del rej de Mallorca en 
Tolón da cuenta la Crónica de San Víctor de 
Marsella con estas palabras: 

«MCLXXVIII. Tholonensis urbs a Re- 
ge Majoricse debellata et capta est, et Ugo 
Gaufredi Yicecomes Massiliensis et nepos 
ejus et multi alii capti in Majoricam ducti 
sunt.» (España Sag. to. XXVIII, pág. 346). 

El P. Villanueva en su Viaje literario (to- 
mo XV, pág. 16 y sig.) da noticias de la Co- 
legiata de Santa María de Ulla, pequeña vi- 
lla situada junto á Torroella de Mongrí; de 
un Necrologio j de una pequeña Crónica de 
esta Colegiata publica los textos que siguen: 

VI. Kal. julii obitus duorum fratrum, 
scilicet Guillermi de Lemona, pbri., et Be- 
rengaríi de Palegreto, subdiachoni, qui si- 



— 332 — 

muí in hac ecclesia a Sarracenis^ proh dolor! 
fuerunt occisi anno MCLXXVIII. 

YI. Nonas julii eodem die memoria vel 
obitus duorum fratrum Bernardi de Pulija- 
no, pbri., et Guillermi de Curiada, quos 
hinc duxerunt Sarraceni captivos et saucia— 
tos, et mortui sunt in mari. (pág. 213). 

Anno ab Incarnatione Dni. MCLXXVIII 
XV. Kal. julii, Deo permitiente, capia fuit 
a Paganis ecclesia S. Marise de Uliano, et 
ómnibus bonis suis penitus spoliaia: cujus 
ecclesise canonici alii gladio ibidem perem- 
pti alii Maioricbas iransducii fuerunt. (pá- 
gina 216.) 

Puede consultarse acerca de estos punios 
la obra citada del Sr. Campaner, pág. 144. 

43 

(Página 179) 

El tratado de Pisa en su texto latino, 
casi único conocido, está publicado con algu- 
na variante en la fecha: en el texto publica- 
do por el Sr. Campaner se lee: «et íuit boec 



— 333 — 

carta scripta nono décimo die mensis saphar 
anno predic. Maumeti DLXXXI, Anno vero 
Domin. Incarnat. MCLXXXV. Ind. II. Kal 
Janii»; en los publicados por Mas Latrie j 
Amari se lee <!cAnno a predicatione Macumeti 
quingentésimo octuagesimo, anno vero Do- 
minicse Incarnationis MCLXXXV, indictio- 
ne secunda^ ipsa die Kalendarum Junii.» 

Haj que advertir que el texto latino en 
realidad no es traducción, sino extracto del 
texto árabe, en el cual no cabe duda respec- 
to á la fecha que dice: «19 de Safar del año 
580 de la predicación (de la hégira) de Ma- 
homa, y que corresponde al primero de Ju- 
nio de los cristianos» : estando todo en letra 
en el texto árabe publicado por Amari ^ no 
cabe equivocación, correspondiendo perfec- 
tamente la fecha 19 de Safar de 580 con el 
primero de Junio de los cristianos (del año 
1184): no hay por tanto necesidad de supo- 
ner que Ishac muriera en el año 581, como 
supuso el Sr. Campaner por la inexactitud 
del extracto latino de que se sirvió. 

4 Amari, Diplomi artibi del R. Arch. FiorentinOy 
p&g. U. 



— 334 — 
44 

(Página 479) 

Hay muj pocos datos para conocer las 
circunstancias j aun la fecha aproximada de 
la muerte de Ishac: la coincidencia de dos 
testimonios^ cristiano el uno, árabe el otro» 
parece resolver la cuestión, á pesar de que 
ambos son poco explícitos: la Crónica de San 
Salvador de Marsella (España Sagrada, tomo 
XXXVIII, pág. 346) nos da un dato precio- 
so de la historia de Mallorca en las siguien- 
tes palabras: «MCLXXXV Christiani cepe- 
runt Palatium civitatis Majoricarum, et fue- 
runt libera ti a captivitate.» 

Por otra parte, Abenalabar (Bibl. Ar. 
his. to. VI, pág. 491), en la biografía de Ab- 
dala, hijo de Mohámed Abenuacas, natural 
de Mallorca, nos dice que murió mártir en 
la batalla del alcázar de Mallorca al tiempo 
de la muerte del emir Ishac, hijo de Mohá- 
med, en el año 580. 

Nadie fija el mes de la muerte de Ishac» 
que debió de acaecer poco después de haber 



— 335 — 

firmado el tratado con Pisa el 19 de Safar de 
580, pues en Xabán del mismo año su hijo 
j ¿segundo? sucesor Alf, salía para Bugía, de 
la que se apodera el día 6 del mismo (Car- 
^8> P^g* 179). Cerno entre la muerte de 
Isliac j la salida de su hijo para Bugía de- 
hi6 de mediar algún tiempo, ja que Alí pro- 
clamado & continuación de la muerte de su 
padre, 6 después del corto reinado de su 
hermano, hubo de ocuparse en las cosas del 
gobierno, puede suponerse que la muerte 
ocurrió muj poco después de firmado el tra- 
tado con Pisa. 

Aun puede precisarse más la fecha: según 
algún autor ^, Ishac murió poco antes que el 
califa Almansur, muerto en la expedición de 
San taren ó á seguida de ella, en Rebi 1.*" ó 
2.° de este mismo año 580, luego Ishac mu- 
rió & los dos meses ó antes, después de haber 
firmado el tratado con Pisa. 

La toma del alcázar por los cristianos j 
su libertad puede referirse á otra sublevación 
poco posterior ocurrida en el mismo alcázar. 



Abenjaldiin, to. VI, pág. 242. 



— 336 — 

según entienden los textos Campaner (pági- 
na 150) 7 Dozj ^ ; pero de todos modos la 
muerte de Ishac en su palacio con motivo de 
una batalla librada en él, resulta del testi- 
monio de Abenalabar, desconocido antes, á 
no ser que diéramos á la preposición -vác en 

la frase del autor U^a-*! i\jj J^^ al tiempo de 

la muerte de su emir IshaCy la acepción de des- 
pués, que dudo pueda aceptarse gramatical- 
mente; pero que quizá no sería muj de ex~ 
trañar, dadas las muj yagas acepciones de 
algunas de las partículas árabes. 

Siendo tan raro el que resulten dos suble- 
vaciones graves en el palacio de Mallorca en 
el mismo año, j ambas con resultado satis- 
factorio para los revoltosos, constando ade- 
más por otra parle que los autores que de 
estos sucesos tratan, están en general poco 
enterados, es muj posible que hajan confun- 
dido los sucesos, haciendo dos sublevaciones 
de una sola, en cujo caso habría que admitir 
la posterior, respecto á la cual se dan más 
noticias, figurando en ella personajes, que 

I fíecherches sur V histoire... 3.* edi. to. II, p. 440. 



— 337 — 

no pueden figurar en la primera, viviendo 
Mohámed. 

45 

(Página 181) 

La narración más concreta de estos suce- 
sos, al menos de parte de ellos, se encuentra 
en el llamado Anónimo de Copenhague (Ms. 
Gg. 490 de la Bibl. Nació, pág. 63, 64 j 65), 
texto que no se encuentra en el códice que, 
procedente de la biblioteca de Dozj, posee la 
Real Academia de la Historia: en dicho tex- 
to, muj incorrecto, como casi todo lo conte- 
nido en dicha obra, dice expresamente que 
Abulhasán Alí (hijo de Reverter) fué enviado 
á Mallorca por el califa Abuj^acub después 
de la muerte de Ishac: que aunque muj bien 
recibido j obsequiado, se le tuvo como pri- 
sionero, dando largas al asunto de la obe- 
diencia á los almohades: que aun antes de 
romper con él, se apoderaron de las naves 
que había llevado desde Ceuta, instalando 
en ellas equipaje isleño, j trasladándolas al 
arsenal: que cuando tuvieron noticia de la 

Almorávides 22 



— 338 — 

muerte del califa Abujacub, le detuYie^0Ik^ 
prisionero en su morada, encargándose de él 
los guardias j centinelas, de modo que no le 
fuese posible maquinar cosa alguna: el texto 
no hace mención del nombre del rej Mobá- 
med, ni del bermano ó bermanos que pro- 
movieron la resistencia: parece inferirse que 
esta fué debida al mismo Mobámed ó quien 
fuese el rej proclamado á la muerte de Isbac: 
sólo se bace mención del rumí Raxid, diri- 
giendo la prisión del bijo de Reverter, j 
después la conducción de fuerzas á Bugía. 

Como este texto puede ser interesante 
por otras indicaciones que en él se contie- 
nen, j quizá no consten en otra parte, lo in- 
cluímos á continuación para conocimiento de 
los arabistas, á pesar de su incorrección ma- 
nifiesta, que, al menos para nosotros, bace 
ininteligibles algunas frases. 



— 339 — 

itÁs» f^j *cLlo3t tJ'jHJ Ayl-c (V 1 ^3=^í 

j/j4I ^^\ jj] í^Ul ^^ Je J\s^r, 

(pég. 64) ^1 ^.^ ^^i ^ ^r.,^0 j\^ J\ 

♦J >^jl.ia>5 jJ^=:Xj\ ^jUL (sic) <%^C-U| 
^-i^! (sic) C^ljj A^ J.^1 ^^^xa. dJ^jA^ 



— 340 — 

^,J\ ^^í^, jj^l ^y ^íylj ^_pt 

fí^- Ji "^jíj ^y^'j ^j^ ^" ''-^"^ 

(pág. 65) .yL ^> jLII Jal ^^ ^^^U ^i-li 



— 341 — 

46 

(Página 483) 

Según otra yersión del mismo Abenjal- 
dún (to. IV, de la edi. del Cairo, pág. 166), 
«Talha, hermano de Ishac, le sucede en el 
mando j reconoce á los almohades ja en el 
año 581, jendo una comisión de Mallorca á 
prestar obediencia: los almohades enviaron 
con los comisionados á Alí hijo de Reverter; 
pero al llegar éste á Mallorca se rebelaron 
contra Talha sus sobrinos Yahja j Alí, hijos 
de Ishac, j combatiendo á Alí Abenreverter, 
echaron á Talha: luego, habiéndoles llegado 
la noticia de la muerte del califa Yúsuf, sa- 
lieron para África». 

Difícil es darse cuenta de lo que pueda 
haber de verdad en esta versión, que en la 
fecha al menos está equivocada, pues tanto 
la muerte del califa, como la salida de Alí j 
Yahja para África, deben referirse al año 
anterior 580. 



— 342 — 

47 

(Página 485) 

Aunque en el texto se ha procurado dar 
idea lo más exacta posible del contenido de 
éste ^ 7 de los tratados anteriores firmados 
por los re jes de Mallorca, por ser el más 
corto, 7 más concreto, insertamos á conti- 
nuación la traducción latina antigua publi- 
cada por Silvestre de Sacj, quien conside- 
rándola bastante exacta^ no añadió traduc- 
ción francesa, como en otros: no publicamos 
el texto árabe, por no recargar la impresión, 
sin^gran utilidad. 

In nonime omnipotentis pii et misericor- 
dis. Carta pacis fírmse et stabilis, factse bona 
et spontanea volúntate, ab elmir sublimi, 
Abo-Machomet Abd-ella, filio Isahac, ebn 
Machomet ebn Ali (quem Deus manu te— 
neat!), cum alto et egregio legato Januen— 
sium Nicola Leccans nuptias(quem D. m. t.); 

•I En el texto se ha impreso que la duración 
del tratado debía ser de 10 años, en vez de 20, que fija 
el texto. 



— 343 — 

«quam pacem fecit et recepit ídem lega tus, 
per archiepiscopum et cónsules et sapientes 
JanusB, qui propterea eum cum multa le- 
galitate miserunt, observandam inviolatam 
per Januenses omnes et de districtu Januse 
(q. D. m. t.) Qui Nicola, legatus Januse, 
cartam Januensium consulum detulit, in qua 
continebatur ut verbis suis fídem haberetur, 
tanquam ab ore Januensium consulum pro- 
la tis et omnium Januensium intus et ex- 
terius (q. D. m. t.); quse pax facta fuit 
per bonam fídem et legalitatem ab utraque 
parte, sicut in carta inde facta continetur. 
Et rex ille Abem Machóme t Abdella, ebem 
Isaac ebem Machomet ebem Ali (q. D. m. 
t.), de prsedicta conventione facta cum Ni- 
cola Leccans nuptias legato, et cum archi- 
episcopo et consulibus et ómnibus Januen- 
sibus et de districtu JanusD, tenetur secan- 
dum quod scriptum est in eadem carta sic. 
Nulla persona sui districtus debet venire, 
neo offensionem uUam faceré, in Januen- 
ses vel districtus Januse; et omnes ejus et 
galesB ipsius non debent offendere Januen- 
ses, in ierra vel mari, nec offensionem faceré 



a Corvo usque insulam Sanctse Margaritse- 
super Canebam sitam; et quod omnes naves 
Januenses debent salvari et custodiri ab ho- 
minibus sui districtus et a galeis suis, per 
totam terram suam, et per Garbum et Yapa- 
niam, et per universas partes, ubicumque 
inventas, ubicumque vadant vel undecum- 
que veniant; et si quando aliqua navis Ja- 
nuensium in pertibus suis forte, quod Deus 
advertat (sic), naufragium passa fuerit^ quod 
debeant ab hominibus sui districtus pro par- 
va et convenienti quantitate (sic); nec ultra 
quod convenerint invicem debent accipere 
bomines sui. Hoc autem promisit rex, pro 
bonore et amore Januensium et honore ip- 
sius. ítem nullus Januensis qui Majoricam 
venerit causa mercandi, aut forte iverint (sic) 
Garbum vel Yspaniam, vel inde redierint, 
ullum drictum daré debet; et promisit illos 
salvare et guardare et eis exhibere honorem. 
ítem promisit daré Januensibus fundicum^ 
ubicumque Januensibus placuerit, et furnum 
et balneum, in unaquaque ¿eptimana per 
diem unum, sine aliquo drictu; et ecclesiam 
unam in qua orare debeant Januenses, et 



— 345 — 

faceré ministerium Dei; et hoc pro amore 
Januensium (q. D. m. t.) facit et donat Ebo 
Maoomet Abd-ella eben Isaac ebo (sic) Ma- 
comet eben Ali (q. D. m. t.), per legatum 
Januse, Nicolam Leccans nuptias, qui ex 
parte archiepiscopi et coosuliim JaDuensium 
et omnium Januensium (q. D. m. t.) hsec 
qusesiyit. Hanc conventionem fírmam et illi- 
batam promisit rex Majoricse obseryandam 
per se et homines suos. Hsec sunt ea quse 
sibi convenit Nicola, ex parte archiepiscopi 
et consulum Januse et omnium Januensium: 
Januenses non deben t faceré aliquod malum 
ñeque oífensionem in térra sua, nec adjuvare 
inimicos ipsius contra eum, ñeque per fa- 
ctum, aut per díctum, vel per personam, seu 
per pecuniam; et salvare deben t et guardare 
terram suam, et homines suos, et res eorum, 
mari et térra, et in ómnibus partibus ubi- 
cumque inventos. Et (sic) superior rex forte 
invenerit aliquem Januensium cum suis ini- 
micis^ eum oífendentem, quod ipse faceret 
inde vindictam si ullum (sic) habere et ca- 
pare poterit. Et fírmum et stabile debet ha- 
beri et teneri per archiepiscopum et cónsules 



— 246 — 

Januse^ et consiliatores et omnes Januenses. 
Et ita CQDtinebatur in carta quam Nicola 
Leccans nuptias ex parte ipsorum adduxit 
regi Majoricse, quod firmum et ratum debe- 
bat permanere usque annos viginti^ secun- 
dum quod ipse convenerat, tanquam si per 
«cónsules factum esset. 

Actum apud Majoricam, mense jumedi 
lachar, in augusto videlicet, anni Macomet 
DLXXXIIII. Facta fuit hsec pax et convenio 
ínter regem Majoricse et Commune Januse. 
Testis sit Deus solus, qui bonus testis est, 
melior et potior ómnibus testibus, inter re- 
gem Majoricse et consulus Januae, secundum 
legem omnium hominum. Et Deus velit et 
illi placeat quod bene observetur ab utraque 
parte, et qui contra fecerit, Deum oífendet, 
et seipsum, nisi illam fírmam et illibatam 
«ervabit; et qui bene illam servaverit, Deum 
«erviet^ et faciet inde bene placitum Deo, et 
suam et suorum honestatem servabit, quia 
Deus testis bonus est inter homines, et spe- 
cialiter inter regem Majoricse et Januenses. 
Explota est carta, Baulile, id est, per gratiam 
Dei, firma et stabile permanere debente. In 



— 347 — 

mense Augusto. Eleamaro cullao lile gel oas, id 
€st; Deus qui est melior ómnibus rebus^ et 
habet omnium potestatem. (Notices et ex- 
traits des maDuscríts de la BibliothéqUe du 
Roí et autres Bibliothéques, publiés par V 
Institut Rojal de Franca. To. XI, pág. 17). 

48 

(Página 203) 

Abumohámed Abdala^ hijo de Mohámed, 
Abenasid, natural de Badajoz^ donde nació 
en el año 444 j conocido por el de Badajoz, 
gramático, filósofo j literato distinguido, 
tanto que algún autor llega á calificarle de 
superior á Mobarrad ^ vivió en Valencia, 
donde murió á mitad de Racheb del año 521 
(27 de Julio de 1127): en dicha ciudad, y 
quizá en otras, fué muj celebrada su ense- 
ñanza por la facilidad con que se hacía com- 
prender^ de modo que las gentes se reunían 
para las lecturas bajo su dirección, como 
dice Abenjalicán ^, j prueba de los muchos 

4 Adabi. Bibliolheca arab. hU, tO. III, bíog. 892. 
2 Diccionario biog. edic. del Cairo, to. I, pág. i74* 



— 348 — 

discípulos que tuvo nos la suministra Aben- 
alabar con las muchísimas veces que le men- 
ciona con los solos nombres de Abumobámed 
el de Badajoz. 

Abenasid escribió muchas obras cu jo ca- 
tálogo no es fácil completar, j nos permiti- 
mos poner algún tanto detallado. 

Abenpascual, que escribió su biografía ^, 
sólo cita tres de sus obras, inclujendo la que 
es motivo de este estudio, la cual por cierta 
aparece en este autor como en otros, con al- 
guna variante que puede hacer formar de la 
obra concepto muj diferente: titulase el libro 

el mismo título le da Abenjalicán j aceptado 
por el Sr. Pons ^, ha traducido «El libro del 
despertamiento ó del aviso (que versa) sobre 
las causas necesarias para la oposición ó re- 
beldía del pueblo» : El título puesto así pu- 
diera muy bien tomarse por indicación de 
una obra eminentemente política, en la que 
se examinasen nada menos que las causas en 



i Jiibliotheca arah. his. to. I, biog. 639. 
2 Obra citada. 



— 349 — 

TÍrtud de las cuales se justificara el derecho 
de rebelión contra la autoridad: sin variar 
mucho lo material de las palabras, el título 
«parece de modo muj diferente en otros au- 
tores. 

Abenjair ^ con quien coinciden, al me- 
nos en lo fundamental, las notas bibliográ- 
ficas de los catálogos de la Biblioteca de Tú- 
nez j de dos de Constantinopla, llama á 

este libro >J:^^jl c^'' w^L-^^ ^ ¿.x^vdl 

^W^«'l 1^ ^-^^ t -Awí^o acerca de las cau- 
sas que producen la disidencia (6 diferente modo 
de pensar) entre los musulmanes» : aunque la 

palabra ^-wM significa también rebelión, 

como en alguna de las notas bibliográficas, 

se varía diciendo ^^ i^-Jl ^^^=^1 sw-^^^— I 

^usas de la disidencia de los musulmanes, creemos 
que casi no cabe duda de que se trata sólo 
de las causas de la disidencia 6 diferente 
modo de entender algunos textos 6 tradicio- 
nes. Confirma esta interpretación el hecho de 
que el mismo autor tiene otra obra de título 

1 Bibliotheca Ar. hin. to. IX, pág. 258. 



— 350 — 

parecido respecto á la disidencia en la escue- 
la de Abuhanifa, en cujo título se emplean 

en parte las mismas palabras ^-*ísrM *w^L--f 

aaÍjL3cM l\l\ ^\} !l9\j)\ Causas de la disidencia 

que existe en la religión ó secta Ilanefi, obra que 
le atribuye Hachi Jalifa. 

La importancia de esta obra puede sospe- 
charse que esté en las indicaciones que el 
autor haga respecto á las cosas j hombres de 
su tiempo; pues por el solo título de las obras 
no es fácil calcular la importancia de las 
mismas, además de que resulta difícil j casi 
imposible la traducción de los títulos, mien- 
tras no pueda estudiarse la obra; de aquí 
que distioguidos bibliógrafos modernos, con 
quienes estamos de acuerdo^ al no dar las 
traducciones de los títulos, parecen indicar 
que el hacerlo tiene más inconvenientes que 
ventajas. 

Por la circunstancia de ser Abenasid au- 
tor español muj celebrado j por si esta obra 
diera noticias importantes relativas á Espa- 
ña, convendría que se publicase, ja que 
existe ejemplar de la misma en Constanti- 



— 351 — 

nopla j una Exposición en la Biblioteca de 
Túnez ^ . 

Los biógrafos de Abenasid de Badajoz le 
celebran sólo como gramático, literato j filó- 
logo; pero por los títulos de sus mucbas- 
obras podemos ioferir que trató puntos muy 
diferentes, j en especial que no fué ageno á 
los estadios históricos j filosóficos. 

Como historiador, el Sr. Pons cita un 

L^9 , ó sea Catálogo 6 lista de sus maes- 
tros: es casi seguro que al mismo género per- 
tenecía su obra ^L«3 ^^ Las genealogías, ci- 
tada por Hachi Jalifa en el número 1353. 

Abenpascual j Abenjalicán mencionan 
algunas de sus obras; pero quien de un mo- 
do indirecto nos da más noticias es Aben- 
jair ^, que menciona hasta quince, aunque 
alguna parece estar citada con título doble: 
de éstas sólo encontramos cinco citadas por 
Hachi Jalifa, quien en cambio cita otras que 

1 Véase Catálogo do la Bibl. de la mez:iuita 
Azeituna, N.° 0(^39.— Catálogo do la Biblioteca Asad 
Efendi. Constantinopla, año 1300 (de la Iiégira), en 8.^ 
343 págs.-pág. 318. 

9 Biblioteca Arabico-hisp. to. X. pág. 555. 



— 352 — 

no conoció Abenjair, caja lista completa- 
mos á continuación indicando las fuentes: 

(DXii^l mi ^^; ^1 Jt ^^ár't w.U~l 

(T) ix*Jt ^_Jjj^\ s^U"=> 
(V) viJUL* A^ii) J^^^J^] ¿ L^-» ^^i- 







Jalifa, 


(^)(^M 


i 


Hachi 


N.° 9110. 


2 


» 


» 


» 578. 


3 


» 


» 


» 1353. 


4 


» 


» 


» 4192. 


5 


» 


» 


» 5651. 


6 


» 


» 


» 10049. 


7 


» 


» 


» 13437. 



8 Bibl. Arab. hisp. to. III. pág. 522. 
^ » » » » » » 522. 



— asa- 
do J-»^"^ s_^U^=. ^J¿. 

(II) iM^ 

(ir) ;tw¿üT 

(ID J*?^I -^'ji-'t > j^^i 

(\f ) üJi)| O'ÍÍLá'' i-.~«t't -jA 

(10) ^3«-4tj *~'^' ¿ jJl.^, 

De las treinta obras escritas por nuestro 
.Abenasid el de Badajoz se sabe que se con- 
servan ocho en diferentes bibliotecas. 



^^ » » » » » » 523. 

^< » » » » » » 153. 

*s » » » » » » 301. 

« Catálogo de la Bib. de Túnez N. 4194. 

^^ CcUalogue d* une Col. de la Maison Bríll 
par Houtsma, pág. 78. 

« CoKifoyo de la Bibl.de Túnez, N." 1844. 

4^ Catalogue de la Biblio. de Asad Efen- 
di, Gonst. pág. 301. 



Almorávides S3 



— 354 — 

49 

(Página 906) 

Aunque son muchos los autores que daa 
noticias de Abenalarif j de su compañero 
Abenbarrachán, en ninguno encontramos no- 
ticias tan concretas como en el modernísimo 
historiador marroquí Ahmed Anasirí, j por 
eso lo traducimos á continuación ^ : 

«En el año 536 murió el alfaquí Abula- 
bás Ahmed, hijo de Mohámed, hijo de Mu- 
za^ hijo de Ataala el Sanhachí, conocido por 
Abenalarif: era de los que habían llegado al 
límite de la perfección, religión y ascetismo 
en este mundo j entregado por completo al 
bien: dirigíanse á él las gentes j familiari- 
zándose con él, celebraban su compañía: 
acusado ante el emir de los creyentes Alí, 
mandó fuese conducido á la corte de Marrue- 
cos, donde murió en la noche del viernes, 
23 del mes de Safar del año mencionado (27 
de Septiembre de 1141): habiendo afluido la 
gente para su entierro, el emir de los mus- 

4 Tomo I. pág. 129. 



— 355 — 

limes se arrepintió de lo que había hecho 
con él en vida, j se le hicieron obsequios (?): 
fué enterrado cerca de la aljama antigua que 
habia en medio de Marruecos, en el jardín 
del cadí Muza hijo de Ahmed el Sanhachí.» 

«Su sepulcro es hoj muy conocido en el 
zoco (mercado) de los perfumistas de Ma- 
rruecos: sobre él haj una esmerada cons- 
trucción.» 

«En este mismo año murió Abulhácam 
Abenbarrachán^ de quien dice Abenjalicán 
«que se llamaba Abulhácam Abdesalam, hijo 
de Abderahman, hijo de Mohámed, hijo de 
Abderahman el Lajmí conocido por Abenba- 
rrachán (indica la vocalización del sobre- 
nombre): era siervo virtuoso, j tiene una 
Tafsira del Corán el noble, y escribió mucho 
(multiplicó sus palabras) acerca de él con- 
forme á la secta de los señores de los estados 
j sesiones.» 

«Dice el autor del libro Ataxanuf (El 
Atavío) «Cuando Abulhácam Abenbarrachán 
fué conducido desde Córdoba á la corte de 
Marruecos, en ocasión en que los alfaquíesle 
habían presentado algunas consultas, dijo: 



— 356 — 

por Alá, no viviré, ni vivirá después de mi 
muerte el que me ha hecho conducir; refe- 
ríase al emir de los muslimes Alí, hijo de 
Yúsuf: habiendo muerto Abulhácam, el emir 
Áe los muslimes mandó que fuese abando- 
nado en un estercolero j que no se hiciese 
oración sobre él, ¿designando quien hablase 
de esto de parte de los alfaquíes? Encontrá- 
base entonces en Marruecos Abulhasán Alí 
^Abenharzaham?, j presentándosele un negro 
que le había servido, j asistía á su tertulia, 
le contó lo que el sultán había dispuesto 
acerca del entierro de Abulhácam: oída la 
relación, Abulhasán dijo al negro: «si quie- 
res comprar tu alma á Alá, haz lo que te voj 
á decir»; á lo que contestó el negro: «manda 
lo que quieras, y lo haré»; díjole: ve gritando 
por las calles 7 mercados (lo siguiente): os 
dice Abenharzaham, asistid al entierro del 
jeque, santo y continente alfaquí Abulhá- 
cam Abenbarrachán: quien pueda asistir y 
no asista, sobre él la maldición de Alá. Hí- 
zolo el negro como se lo había mandado, y 
cuando llegó esto á noticia del emir de los 
muslimes, dijo: aquel cuya bondad sea reco- 



— 357 — 

nocida j no asistiere á su entierro^ la mal— 
dicidn de Alá será sobre él.» 

«Dice Abenabdelmélic en su libro Apéri' 
dice á la Tecmila, «Abulhácam Abenbarrachán 
está enterrado en Marruecos en la Plaza del 
trigo: es el que el pueblo llama Sidi Abu- 
richaL» 

Para más noticias referentes á estos dos 
personajes, véase^ réspede áAbenalarif.^i &e»- 
jalicán, edi. del Cairo, tom. I. pág. 93 — ^^t- 
hliotheca Árabico-his. tom. I. biogr. 175— to- 
mo III. biog. 360 — tom. IV. biog. 14; y 
respecto al segundo, BibL Ar. his. tom. YI^ 
biogr. 1797: es de advertir que Abenalabar 
en esta obra le llama Abenborrichán 6 Aben- 
barricbán, citándole varias veces por inci- 
dencia además de poner su biografía. 

50 

(Página 216) 

El mismo autor moderno, que nos ha su- 
ministrado los datos más concretos para la 
ilustración anterior, nos da en la misma pá- 
gina algunos datos acerca de la quema de 



— 358 — 

los libros de Abuhámid el Gazalí; con moti- 
vo de tratar de la muerte de un célebre al&- 
quí, dice: «En el año 513 murió en Calatha- 
mad Abulfádal Yúsuf, hijo de Mohámed, 
hijo de Yúsuf, conocido por Abenanahuí, 
el cual había acompañado á Abulhasán el 
Lahmí j á otros jeques: este Abulfádal era 
hombre de ciencia j religión por la direc- 
ción de una buena ascendencia, j era oído 
en las oraciones.» 

«Cuando los alfaquíes del Almagreb hu- 
bieron dado la consulta acerca de la quema 
de los libros de Abuhámid el Gazalí, com- 
plázcase Alá de él, j el emir de los muslimes 
mandó quemarlos, este Abulfádal tomó la 
defensa ^ de Abuhámid, Alá le haja perdo- 
nado, escribiendo al emir de los muslimes 
acerca de esto.» 

«Cuenta el autor del libro El Atavío, Abu- 
jacub Yúsuf hijo de Yahja el de Tedela, j 
Marroquí por la estancia, conocido por Aben- 
zijat, tomándolo de Abulhasán Alí Aben- 

4 La frase ^-^ ^^ ^\ ^ V^^ J.-is¿'l ^ \ y^^ \ 

pudiera ofrecer duda en su sentido á no ser por la 
autoridad del Suplemento de Dozy. 



— 359 — 

üarzaham, que dice: Cuando llegó á Fez la 
orden del emir de los muslimes Alí Abenjú- 
suf de buscar con solicitud el libro de la 
Resurrección (de las ciencias de la religión) 
j^ de que las gentes prestasen los grandes 
juramentos de no tener en su poder tal libro» 
me dirigí á Abulfádal para pedirle suscri- 
biese la consulta con estos juramentos, y me 
-contestó que no procedían: á su lado había 
unos libros, j me dijo: éstos son del libro La 
Resurrección j deseo no ver otros en mi vida: 
Abulfádal había copiado el libro de Algazalí 
en treinta partes, j cuando entraba el mes de 
Ramadán, cada día leía una parte: sus virtu- 
des eran grandes, Alá le ha ja perdonado.» 

(Dice el autor moderno:) «Durante el im- 
perio de los Almorávides no ocurrió cosa más 
•abominable que ésta, á saber, la quema del 
libro La Resurrección, pues cuando llegó al 
país del Almagreb la copia de él, lo exami- 
naron muchos alfaquíes, entre ellos el cadí 
Abulcásem Abenhamdín S j habiendo ele- 
gido algunas cosas como cargos contra el 

4 Aunque hubo un Abulcásem Abenharadin, 
fué posterior en poco; el que intervino en esto füó 



— 360 — 

jeque Abuliámid, las comonicaron al Soliáit 
con la consulta de que conyeDÍa quemarla j 
que no se permitiese su lectura...» 

«Alí hijo de Yúsuf, lo mismo que su pa- 
dre, estaba sometido al consejo de los alfa- 
quíes j sabios, á quienes había devuelto to- 
dos los fallos, j cuando dieron la consulta 
acerca de la quema del libro, escribió á la 
gente de su reino en los demás países j re- 
giones, mandando que se buscasen con soli- 
citud las copias j que se quemara cuanto se 
encontrase: en virtud de esta orden se re- 
unieron muchas copias en Alandalus, j pues- 
tas en el patio de la aljama de Córdoba, se 
derramó aceite sobre ellas y se prendió fue- 
go: lo mismo se hizo con las copias que se 
encontraron en Marruecos, continuándose la 
quema en los demás países del Almagreb.» 



Abuabdala Mohámed, hijo de Alí, hijo (de Mohámed) 
hijo de Abdelaziz Abenhamdín. muerto en el año 508: 
su hijo Abucháfar Ahmed murió en el año 521 , y Ham- 
dín hijo de éste, el que obtuvo el mando de Córdoba, 
murió en 543: pueden verse respecto al primero Bihl. 
Ar. his. to. II. biog. 1138 y to. III. bio. 230. Para el se- 
gundo Bibl. Ar. his. to. I. bio. 169. y para el tercero en 
la misma obra, tom. 111. bio. 68o y tom. V. bio. 119. 



— 361 — 

«Se dice que esto fué en vida del jeque 
Abuhámid, j que por esto hizo oración para 
que fuese destruido el poder de los almorávi- 
des, j que le fué otorgada su petición acerca 
de ellos: si fué así, la fecha de la quema se- 
ría en el intermedio entre el año 500 j el 
505, pues la proclamación de Alí fué á prin- 
cipios del año 500 y la muerte del jeque 
Abuhámid el Gazalí acaeció el lunes 14 de 
Chumada postrero del año 505» . 

Como se ve, la fecha de este suceso queda 
yaga, j tanto más, si no admitimos la anéc- 
dota de que Abuhámid tuviese noticia de la 
condenación de su libra j de su maldición 
contra el imperio de los almorávides: de to- 
dos modos la fecha es aproximada j se in- 
fiere de la coexistencia de los personajes, que 
intervinieron en el asunto. 

Ta hemos visto que Abulfádal Yúsuf 
Abenanahuí, muerto en el año 513, tomó la 
defensa del libro de Algazalí; por consi- 
guiente la quema fué anterior á esta fecha. 

El personaje^á quien más intervención se 
atribuje en este suceso, es Abuabdala Mohá- 
med, hijo de Alí|(hijo de Mohámed) hijo de 



— 362 — 

Abdelaziz, Abealiamdín, cadí de Córdoba 
desde el mes de Xabán del año 490 hasta el 
de Moharrem del 508, en que murió: Aben- 
pascual j Adabí en su biografía nada dicen 
de su intervención en la quema de los libros 
de Algazalí; pero menciona esta circunstan- 
cia Abenalabar ^ en la biografía de Abulba- 
sán Alí, hijo de Mohámed, hijo de Abdala 
-el de Berja^ muerto en el año 509; dice que 
éste exigió (?) la quema de los libros de Alga- 
zalí j la indemnización de su valor, cuando 
los quemó Abualdala Abenhamdín por orden 
de Abentexufín (el texto dice Teocufín): indica 
que la consulta fué suscrita por Abubéquer 
Omar hijo de Ahmed Abenalfasih, por Abul- 
cásim Abenuard j por otros alfaquíes de 
Almería, j que con motivo de la quema de 
los libros pasó historia extraña entre Alí el 
de Berja j el cadí de Almería Abuabdelmé- 
lic Meruán, hijo de Abdelmélic: lo mismo 
viene á decir, aunque con diferentes pala- 
bras, en la biografía de este ultimo ^. 



^ Bibl. Ar. his. tomo VI, bíog. 1841, y tomo IV, 
biog. 233. 

2 Bibl. Ar. his. to. V, biog. 108^. 



— 363 — 

Muertos en los años 513, 512, 509, 508 j 
507 los personajes mencionados, Abulfádal 
Yúsuf Abenanahuí, Abumeruán Abdelmélic, 
Abulbasán Alí el de Berja, Abuabdala Aben- 
hamdín j Ornar Abenalfasih, que intervie- 
nen ó se indican con motivo de la proscrip- 
ción de las obras de Abuhámid el Gazalí, 
resulta que el suceso acaeció entre los años 
500 j 507. 

En el texto (pág. 216), dijimos que Aben- 
jair no cita á Algazalí entre los autores cujras 
obras estudió; haj que rectificar la noticia; 
el nombre de Algazalí no figura en el índice 
de autores citados, porque sólo se incluyeron 
«n él los autores de quienes se dan los nom- 
bres de las obras. 

De las de Abuhámid Mohámed hijo de 
Mohámed el de Tus, conocido por Algazalí, 
dice Abenjair que las estudió teniendo por 
maestros al cadí Abubéquer Abenalarabí j 
Abulhasán Abad Abensirhán el Maafirí, na- 
tural de Játiva, quienes las aprendieron del 
mismo Algazalí. 

Ambos estuvieron en Oriente, donde fue- 
ron discípulos de Algazalí, j enseñaron en 



— 364 — 

Alandalus, especialmente Abenalarabí> de 
quien los autores dan noticias muj detalla- 
das, transcribiendo la biografía, que escribid 
su discípulo Abenpascual, quien dice (bio- 
grafía 1181) que le encontró en Sevilla en el 
año 516; respecto á las relaciones de Aben- 
alarabí con Algazalí dice que le encontró en 
Bagdad, cuando fué á aquella ciudad por 
segunda vez, j que de él j otros sabios tomó 
lecciones j estudió derecho. 

Almacarí es quizá quien ha reunido más 
noticias acerca de Abubéquer Abenalarabí, 
á quien dedica diez j siete páginas (tomo I, 
pág. 477 á 489): en este autor encontramos 
los nombres hasta de 33 obras de Abenalara- 
bí, en alguna de las cuales, r^^j-^ v^Lo 
j>^ j«'t Libro de la Lámpara de los moridin 

(ó adeptos), quizá encontráramos algo refe- 
rente á la rebelión contra los almorávides. 

Gomo los autores mencionan muchísimas 
veces en la cadena de las tradición literaria^ 
tanto á Abad Abensirhán como á Abubéquer 
Abenalarabí, j sabemos por Abenjair que 
ambos enseñaban las obras de Algazalí, ca- 



— 365 — 

balmente en el período más floreciente de los 
almorávides, pues ambos murieron de edad 
muj avanzada en el año 543, tenemos un in« 
dicio más de que el anatema lanzado contra 
las obras de Algazalí no sólo no estorbó su 
circulación, sino que quizá la fomentó. 



51 

(Página 219) 

Ya que hemos creído oportuno insistir 
tanto vindicando la memoria de los prínci- 
pes almorávides, no estará demás el insertar 
literalmente algo de lo que en pro ó en con- 
tra resulta en los autores árabes que tenemos 
anotados. 
^1^^ El texto, que más ha servido para el 
^ pítulo de cargos formulado por Dozj, está 
^tomado del historiador de los Almohades 
jAbdeluáhid el de Marruecos, autor no en 
/todo bien informado, como hemos tenido 
/ ocasión de probar más de una vez. ^' 

Para que no se crea que damos al texto 
árabe más ó menos fuerza de la que le corres- 



— 366 — 

ponde^ tomamos la traducción tal como la 
pone Mr. Fagnán, j por más que la creemos 
algún tanto vaga, renunciamos á ponerle no- 
tas^ pues resulta lo de siempre, que al que— 
rer dar forma literaria á la traducción á 
nuestras lenguas, haj que variar el enlace de 
ciertas cláusulas, j omitir palabras que quizá 
fuera bueno conservar en pro de la exacti- 
tud: dice así en la pág. 1'79, traducido al 
castellano: 

"^ «Después del reinado del Príncipe de lo& 
muslimes Abulhasán Alí, hijo de Yúsuf, la 
situación de la Península española vino á ser 
de las más perturbadas, porque los Almorá- 
vides abandonándose los unos á los otros, 
cedieron á su amor de reposo j tranquilidad 
j cayeron bajo la autoridad de las mujeres- 
Convertidos en objeto de desprecio j desdén 
de los habitantes, excitaron la audacia de los 
enemigos, y los Cristianos se hicieron due- 
ños de muchas plazas fuertes próximas á la 
frontera. A las causas mencionadas de alte- 
ración, haj que añadir la revolución de Aben- 
tumart en el Sus, que distrajo la atención de 
Alí de las cosas de España. Envalentonados 



— 367 — 

los magnates españoles por el estado de de* 
bilidad en que veían á la dinastía almorayid, 
echaron á los guerreros, que estaban instala- 
dos entre ellos, j cada uno pretendió ser se- 
ñor de su propio territorio: poco faltó para 
que el país cajrese en el mismo estado, que 
después de la desaparición de la dinastía de 
los Orne jas.» 

El autor del Cartas nos presenta un cua- 
dro muj diferente fijándose en otras consi- 
deraciones: en la pág. 108 dice lo siguiente, 
que tomamos de la traducción francesa de 
Beaumier, pág. 238: 

«Les Lemtouna étaient un peuple des 
j campagnes, religieux et honnéte; ils surent 
/ conquerir un immense empire en Andalou- 
sie et au Maghreb, dont ils régularisérent le 
gouvernement, et ils fírent la guerra sainte. 
Ben Djenoun rapporte que les Lemtouna 
etaient religieux, charitables, justes, et que 
leur cuite était pur; qu' ils gouvernérent V 
Andalousie depuis le pajs des Franca jus- 
qu* á r Ocean, et le Maghreb depuis la yille 
de Bedjaia jusqu' au Djebel el-Dheb du Son- 
dan. Leur rcgne fut tranquilla et ne fut trou- 



— 368 — 

ble par aucune révolte, ni dans les villes, ni 
dans les campagnes; on ñt les khotbali en 
leur nom dans plus de deux mille chaires. 
Leurs jours farent heureux, prosperes et tran- 
quilles> et durant leur période V abondance 
et le bon marché furent tels, que pour un 
demiducat on avait quatre charges de blé^ et 
que les autres grains ne se vsndaient ni ne 
s' achetaient. II n' j avait ni tribut, ni im- 
pdt^ ni contribution pour le gouvernement, 
si ce n' est V aumdne et le dime. La prospé- 
rite s' aumenta toujours, le pajs se peupla, 
et chacun put s' occuper librement de ses 
propres affaires. Leur régne fut exempt de 
mensonge, de fraude et de révolte, et ils fu- 
rent cberis pour tout le monde jusqu' au mo- 
ment oíi El-Mehedj, V Almohade, se leva 
centre eux en 515.» 

Ya que el texto citado de Abdeluáhid, 
ampliado por Dozj, ha llegado á crear atmós- 
fera entre los escritores modernos contra la 
funesta influencia de las mujeres en el go- 
bierno de los almorávides, bueno será incluir 
aquí la memoria de dos de las ilustres da- 
mas de que encuentro noticia, j que si res- 



— 369 — 

pecto á la cuestión de influencia en el go- 
bierno nada prueba, para la de cultura de 
los bereberes no deja de ser importante. 

Abenalabar al fín de su Tecmila pone las 
'biografías de algunas mujeres ilustres, j 
aunque en el compendio que hubimos de pu- 
blicar, falta la biografía de Temima, bija de 
Yúsuf Abentexufín, se conserva íntegra en 
«1 tomo III de la misma obra^ que existe 
en el Cairo en poder del distinguido biblió- 
filo Suleiman Pacha Abaza y del cual tene- 
mos copia fotográfica: en la pág. 308 de di- 
cho códice antiguo leemos la siguiente bio- 
grafía, que con las mismas palabras copia 
Abenalcadi en la pág. 106 de la obra varias 
veces citada. 

«Temima hija de Yúsuf hijo de Texufín, 
hermana de Alí, j que por sobrenombre se 
llamaba Omotalha (Madre de Talha) era de 
grande hermosura, de excelente inteligencia, 
celebrada por la elegancia de costumbres j 
doctrina, j por la generosidad; vivía en Fez: 
viola cierto día un su secretario, á quien ha- 
bía mandado rendir cuentas; en cuanto ella le 
vio, conoció lo que le había ocurrido, j com- 

Almorávides 24 



— 370 — 

prendió porque le había sobrevenido aquello^ 
j se lo indicó con los siguientes versos : 

Ella (es) el sol, y su habitación (está) en el cielo:: 
vence el ánimo con paciencia ilustre: 

No podrás subir á ella, ni ella podrá bajar á ti » 

• 

El mismo Abenalabar pone á continua- 
ción la biografía de otra dama, hija j mujer 
de dos personajes de quienes hemos tenido- 
ocasión de hablar, pues era hija de Ibrahim 
hijo de Tifiluit (gobernador de Zaragoza), 
j mujer de Abutáhir Temim, hermano de 
Alí j gobernador poco afortunado de Alan- 
dalus durante bastantes años; por desgracia 
la biografía resulta incompleta por el estado- 
del códice; pero se lee que era buena, casta^. 
dadivosa j limosnera j que sabía de memoria 
muchos versos: cuatro cita el autor dirigidos 
á ella por un Abuishac, cujo nombre está 
illegible en el original. 

La noticia de estas dos ilustres damas es 
una prueba más de lo infundado del cali- 
ficativo de bárbaros, que en general aplica 
Dozj á los almorávides, j que autores mo- 
dernos recargan, con virtiéndolo en salvajes- 
almorávides. 



— 371 — 

(Página 221) 

Las monedas de los almorávides^ la serie 
más numerosa j variada de cuantas se acu- 
ñaron en España por los musulmanes, son 
indudablemente las más perfectas como sis- 
tema monetario, las más artísticas j las que 
más han influido en el sistema monetario de 
España durante la Edad Media. 

El Sr. Vives en la citada obra describe 
2200 monedas arábigo-españolas: de éstas 
pertenecen al tipo almoravid 588^ más de la 
cuarta parte, siendo la más antigua una del 
año 450, acuñada en Segelmesa por Abubé- 
quer Abehomar, primer jefe militar de los 
almorávides. 

Durante más de 30 años los almorávides 
parece que sólo acuñaron su moneda en Se- 
gelmesa, ó al menos no conocemos otra ceca 
hasta el año 484: por este tiempo, poco des- 
pués de haberse apoderado de parte de la 
España musulmana, aparecen ja monedas 
de oro de las diferentes cecas españolas á 



— 372 — 

marroquíes; en 484 Ceuta, — 486 Agmat j 
Córdoba, — Játiva 489, — Marruecos 490, — 
Sanlúcar (?) j Sevilla 491,— Almería 492,— 
Granada 493,— Málaga y Fez 494,— Valen- 
cia 496— j Denia 497. 

Desde los primeros tiempos las monedas 
de los almorávides aparecen con su peso uni- 
forme las de oro ^ , j las subdivisiones en las 
de plata, al menos las fracciones de medio 
dirhem ó quirate j medio quirate, no cono- 
ciéndose hasta ahora los fraccionarios inferio- 
res de los primeros tiempos, probablemente 
porque su pequenez los ha hecho desaparecer. 

Como es de suponer, las monedas de los 
primeros años, acuñadas todas en Segelmesa, 
no son más artísticas que las que por el mis- 
mo tiempo se acuñaban en España por los 

1 En tiempo de los Omoyas los diñares tenían 
peso muy vario: tenemos nota de cuatro dinares del 
año 380, los cuales teniendo los mismos detalles de 
adornos, tanto quo de tres de ellos examinados al 
mismo tiempo anotamos la particularidad de que pa- 
recían del mismo cuño, lo que sucede pocas veces, 
pesaban 3 gr. 55—3 gr. 90 y 6 gr. 05; el cuarto, exami- 
nado posteriormente, posaba 4 gr. 70— otros del mismo 
año, pero con otros adornos, pesaron 3,55—3,60 y 4,10: 
monedas tan diferentes habían de aceptarse al peso. 



— 373 — 

rejes de Taifas, pero tampoco son inferiores 
á la generalidad de éstas bajo el aspecto ar- 
tístico j son superiores en la acuñación ^ . 

Por los datos publicados hasta hoj, cono- 
cemos monedas con fecha, de Abubéquer 
Abenomar, de los dños 450 á 478 inclusive, si 
bien faltan de algunos años, con la particu- 
laridad, para nosotros inexplicable, de que 
haj dinares indudables de Ibrahim hijo de 
Abubéquer, de los años 462, 465 j 466, fal- 
tando estos dos últimos en las monedas de 
Abubéquer Abenomar. 

Las monedas conocidas de Yúsuf comien- 
zan en el año 480, siendo la serie de Segel- 
mesa casi completa hasta el año 498, sién- 
dolo desde el 486 la de Agmat. 

4 La indudable superioridad bajo el punto de 
Yísta monetario de los dinares almorávides aun des- 
de sus comienzos, podría dar algún apoyo á la opi- 
nión de Mr. G. Charmes, ¿ la que se adhiere M. de la 
Martinidre, según la cual «en el periodo brillante 
del imperio musulmán en España, lo que se llamaba 
cíTllización árabe se elaboraba en Marruecos, de 
donde partía para España», opinión que á M. Edmond 
Doutté parece inadmisible, como parecerá á casi to- 
dos los arabistas. Véase BuUetin bibliographique de V In- 
lam maghribin par Edm.ond Doutté. Oran, 4899. pág. 65- 



— 374 — • 

Como se Te, la cronología de las prime- 
ras monedas almorávides, no deja de ofrecer 
complicaciones en relación con los datos co- 
nocidos, con los cuales no es fácil ponerlas 
de acuerdo: así el autor del Cartas dice (pá* 
gina 92) que el año 473 cambió Yúsuf la 
moneda en todo su reino, j puso en ella su 
nombre^ lo que no está conforme con los da- 
tos, que éstas nos suministran: el historia- 
dor moderno Ahmed Anasirí emplea las mis- 
mas palabras que el autor del Cartas, al 
repetir este dato, variando sólo en el empleo 
de diferente verbo, aunque con el mismo 
significado. 

Como prueba de la perfección artística 
de las monedas de que tratamos, j como 
muestra de las que tuvieron curso ordinario 
en la España cristiana, principalmente en 
Toledo, ponemos á continuación y reprodu- 
cidas en láminas las que nos ha parecido 
más importante dar á conocer de visUy no ha- 
ciéndolo de major número, porque, como 
queda indicado, la serie es numerosísima, y 
curiosa en extremo por la variedad de aspecto 
y leyendas la serie de las moneditas de plata. 



— 375 — 

N. i. Monería de oro de Segelmesa del año 

^^0: es la más antigua que de los almo- 

rayides conocemos, teniendo ja el aspecto 

j leyendas que tienen todos los dinares 

de esta dinastía. 

L A. *JJI ^V , Ji Y 

No haj Dios sino Alá: 
Mahoma es el mensajero de Alá: 
El emir Abubéquer 
Benomar, 

Y al que siguiere otra religión fuera del islam, 
no le será recibido, y él en la otra vida será de los 
descarriados, 

II. A. ^.L.^^ 



— 376 — 

El imam (pontífice) 

Abd- 

ala 

emir de los crejentes. 

En el nombre de Alá fué acuñado este diñar en 
Segelmesa año dncuenla y cuatrocientos. 

Vives. N. 1425. peso, 4,10 gr. 

N. 2. Diñar acuñado en Agmat: acuñación 
elegantísima: tiene las mismas leyendas 
que la anterior con la sola diferencia de 
estar acuñado en vJ>L^¿l Agmat, año A81y 
j variando el nombre del príncipe, pues 
ja pertenece al reinado de El emir Yúsuf 
Ben Texufin, 

Vives. N. 1466. peso, 4,15 gr. 

N. 3. Monedita de plata (quirate) acuñada 
en- Córdoba en el año 502. 

I. A. A>í3»;^'l ^^^^^ *^l ^*^^ 

^ )i T . )i Y 



— 377 — 

En el nombre de Alá, el clemente, el mise- 
ricordioso: 
No haj Dios sino Alá: 

Mahoma el mensajero de Alá. 
M. No tíene orlas. 

II. A. ^J-vJL.^)| .^^1 

Emir de los muslimes 

Alí. 

Córdoba. 

En el nombre de Alá fué acuñado este dirhem 
año dos y quinientos. 

Vives. N. 1667. peso, 1,10 gr- 

N. 4. Quirate de Córdoba del año 505. 

I. A. ^ Ol Y 



— 378 — 

No hay Dios sino 
Alá: Mahoma 
mensajero de Alá. 

M. Sin orla. 

II. A. Je 



J 



I^l' f3 



Alí 

el emir. 
Córdoba, 

M. Áo ¿ "-^J"^ >¿í^jJl (;;^^^I *^' /»***f 

** I • 

En el nombre de Alá, el clemente, el misericor- 
dioso, fué acuñado en el año cinco y quinientos. 

Vives. N. 1668. peso, 0,9 gr. 

Se conocen ejemplares de estas elegantes 

moneditas de los años 505, 506 y 507, con la 

particularidad de que eo unos ejemplares se 

lee la palabra ii^ j en otros Ác por nuestra 

palabra año ^ . 

I 

1 Esta sinonimia de /»^^ y a^-**», muy común 

en las monedas de los almorávides, aparece ya en 
unas monedas de Toledo del año 468: véase la obra 
del Sr. Vives, N. 1117. 



— 379 — 

N. 5. No tan elegantes como las moneditas 
de Córdoba, las acuñadas en Sevilla por 
Alí presentan singular perfección artísti- 
ca j variedad de lejendas. 

L A. r ^)\ Y 

No ha j Dios sino 
Alá: 

Las bendiciones de Alá (sean) sobre él 
Mahoma su siervo y mensajero. 
II. A. ..r\x>^^i 

Pide la protección de 

Alá 

el emir de 

los muslimes 



— 380 — 

Alí. 
Smlla, 

Vives. N. 1676. peso, 0,85 gr. 
N. 6. Quirate de Córdoba, elegante j ca- 
prichoso en -su distribución. 

*^ 0AJ9I8 ne 

g No haj Dios sino 9 

J. Alá, -S 

p solo; no tiene compañero 

Vives. N. 1706. peso, 0,99 gr. 

II. A. j. r;v«i-**%-4 1 t-f«-/»l 

^ ^-— i»j ^ 

Emir de los muslimes 
y defensor de la religión 
Alí hijo de Yúsuf. 
C&rdoha. 



— 381 — 

Encima á manera de resello ó\)\ íj^, 

Ayúdele Alá, 

Vives. N. 1706. peso, 0,99 gr. 

N. 7. Por la elegancia de la acuñación me- 
recen lugar especial aquí j que se repro- 
duzca al menos una de las monedas de 
Fez de los tres últimos años del reinado 
de Alí. 

I. A. T 6. i! Y 

J )| 

^\J\ Jj-.^j A.^.:^^ 

No haj Dios sino 
Alá: 

MaHoma mensajero de Alá: 
Emir de los muslimes Alt, hijo de 
Yúsuf: principe heredero 
el emir Texufin, 
M. Después de la leyenda ordinaria, el 
grabador aun tuvo espacio para añadir 

Jülj ,jí^a\ creo en Alá, 



— 382 — 

II. A. >UT 

El imam 
Abdala 
. el Abasí 
emir de los ere jen tes. 

•• I 

.. (^» -5 

^n el nombre de Alá, el clemente, el misericor- 
dioso: tu protección, olí Alá, ¡ué acuñado este diñar 
en la ciudad de Fez, año seis y treinta y quinientos. 
Vives. N. 1808. peso, 4,20 gr. 

Parece que el grabador encargado de abrir 
los cuños de las monedas de Fez de los años 
535, 536 y 537 formó empeño en hacer alar- 
de de que al incluir en la inscripción circu- 
lar la leyenda coránica ordinaria, nada corta 
por cierto, aun le sobraba espacio: en las del 
año 535 pudo añadir las palabras aíÍÍ ^*-^.* 



— 383 — 

en las del 536 JJb c^*\ j en las del 537 
i.ljt «^^ : estas mismas palab'as se leen en 

las monedas acuñadas en Fez á nombre de 
Texufín en los años 537 j 538, j probable- 
mente en la única que se conoce del año 539, 
existente en el Museo de París, aunque Mr. 
Lavoix, que hace notar detalles menos impor- 
tantes, no advierte esta particularidad, como 
tampoco la nota respecto al diñar del año 
538, en el que, como resulta del grabado, se 
nota lo mismo que en los ejemplares que he- 
mos visto. 

N. 8. Los di nares acuñados en Almería, 
que indudablemente son las monedas más 
toscas de este período, distando mucho de 
la perfección j elegancia de las de las 
otras cecas, se modiñcan visiblemente 
comenzado ja el año 536: las acuñadas 
por Texufín en el año 538 alcanzan ja la 
perfección ordinaria: estas monedas, que 
parece debieron acuñarse en grandes can- 
tidades, habiendo circulado en Toledo 
durante algunos años como la moneda 
legal, ó usual, presentan su major per- 



— 384 — 

fección en las acuñadas en el año 539, 
consignando el nombre del Príncipe he- 
redero Ibrahim; la reproducimos con el 
número 8. 

I. A. *Üt T JI Y 

j,i.A i-L)| Jj-^j ->..^-.s^ 
^.í^)! ^-^b^. e^^^" 
^^ J^ J^ ^ cxvá-'^* 

No hay Dios sino Alá 
Mahoma mensajero de Alá: emir 
de los muslimes y defensor de la religión, 
Texujin hijo de Áli; su principe heredero, 
el emir Ibrahim. 
M. La leyenda ordinaria, más las palabras 

II. A. Á^r 

J.-„A C 

.) )| 



— 385 — 

El imam 

Abd- 

ala 

emir de los orejen tes, el Aba- 
sí. 
M. La lejenda ordinaria con la fecha 539. 
Vives, N. 1870 peso, 4,20 gr. 
De los cortos reinados de Texufin j de 
6u hermano Ishac, en especial del primero, 
se conservan muchos ejemplares de los quira- 
(es, medios de qmrale, cuartos, octavos j diez y 
seisavos, quiz\ por la coincidencia de haber 
podido adquirir casi todo un tesoro de mo- 
nedas descubierto en Córdoba hace algunos 
años, tesoro que debió de esconderse en el 
año 541, pues no salió ninguna moneda pos- 
terior á este año. 

Por su elegancia en tan diminuto tamaño, 
merece publicarse el siguiente cuarto de 
quirate. 
N. 9. I. A. Adorno. 

II. A. ,_-.*! 

Almorávides ^ 



— 387 — 

Emir de 

los muslimes 

Ishac. 

Vives, N. 1899. 
Muchas son las monedas acuñadas por 
diferentes poblaciones al separarse de la obe- 
diencia de los almorávides: merecen ser re- 
producidas por su elegancia é interés, j aun 
por su curiosidad, las siguientes de Córdoba. 
N. 10. Diñar de Abenhamdín. 

I. A. "ir Jl Y 

No haj Dios sino 
Alá 

Almansur biía emir 
de las fnuslimes llamdin, hijo 
de Mohámed Abenhamdin, 
M. La misión profetice de Mahoma^ 

II. A. >UT 

\ 



— 388 — 
^ )| 

El imam 

AJbd- 

ala 

emir de los crejentes. 

En el nombre de Alá, fué acuñado este diñar 
en Córdobay am cuarenta y quinientos. 

Vives, N. 1905. peso 3,95 gr. 

Hay dinares con las mismas leyendas, 
aunque con ligera variante en la distribu- 
ción, de los años 539 j 40. 
N. II. Pequeña moneda de plata; 6 sea 
quirate. 

I. A. T ^)\ Y 

. )| 

No^haj'Dios sino 
Alá: 



— 389 — 

Mahoma mensajero de Alá. 
Córdoba. 

11. A. «ÜL. 

bila 

Almansur 

emir de los muslimes Hamd 

ín hijo de Mohámed. 

Vives, 1906. peso 0,95 gr. 
Hay otros ejemplares con pequeña va- 
riante en la distribución de las leyendas de 
la n. A. 

N. 12. Vi quirate. 
LA. Sin leyenda: adorno. 

11. A. *ÜU 

bila 
Almansur 



— 390 — 

Hamdin hijo de 

Mohámed. 

Vives, 1908. peso, 0,487 gr. 
Como procedentes del tesoro meacionado 
al tratar del N. 8, pueden suponerse de estos 
ndsmos años las dos moneditas siguientes 

N. 13. Vs ^® dirhem 

I. A. ^jj li.» 

^it , jiJl 

Este es Vs 
del dirhem. 

II. A. i^*- ^>» 





L^AíjJ 




De la ceca 




de Córdoba. 




Vives, N. 2013. peso, 0,245 gr. 


N. 14. 


Vi6 ^® quirate. 


I. A. 


sin lejenda. 


II. A. 


ix]cys 




Córdoba. 




Vives, N. 2012. peso, 0,0474 gr. 


Es 


casi seguro que están acuñadas en 



— 391 — 

Córdoba en los años 542 6 543 las dos mone- 
das siguientes 
N. 15. Quirate. 

I. A. ¿ü\ 

No haj Dios sino Alá (arrib ) 
Mahoma mensajero de Alá. 

II. A. ^^.| .^\ 

. , I .. 

Oh Alá, lea compasión 

de los emires de los muslimes 

los Benitexulin. 

Vivej», N. 1981. peso, 0,99 gr, 

N. 16. Semiquirate. 

LA. .c^.l 

Ten compasión 

oh Alá 

de los emires de los muslimes 



— 392 — 
IL A. i...> 

los Beni- 

lexufín. 

Vives, N. 1983. peso a,50 gr. 
Acuñadas estas dos últimas moDedas, pro- 
bablemeute ea Córdoba por Abengania des- 
pués de la muerte del último Príncipe elmc- 
ravid, pueden ser consideradas como un pia- 
doso recuerdo dedicado á la buena memoria 
de la extinguida dinastía: se conocen mone- 
das de oro con esta lejenda acuñadas en 
Córdoba en 542 j en Granada en 545. (Vi- 
ves, N. 1978 y 1979). 

Queda indicado que de Abenmerdanix ó 
sea del rey Lope ó Lobo se conservan muchas 
monedan: parece fueron conocidas de los 
cristianos con el nombré de lupines; una del 
año 553 reprodujimoi en nuestro Tratado de 
Numismática arábigo-española: por su singular 
elegancia reproducimos aquí dos de estos 
preciosos dinares. 
N. 17. Diñar de Valencia. 

I. A. M 



— 393 — 

\y * !i Y 

Alá: 

No haj Dios sino 

Mahoma mensajero de Alá: 

El emir Mohámed, hijo de 

Saad. 
M. La lejenda ordinaria de las monedas 
almorávides. 

11. A. >UT 



. 1 )t 

El imam 

Abd- 

ala 

emir de los crejentes. 

M. > c ¡kA«v.vj »Uj-\)| !jl» s.^ i-^ *Ü| ^**^ 



— 394 — 

En el nombre de Alá, fué aeimaio este diñar 
en Valencia año cuatro y cuarenta y qwmentos, 

ViTes, N. 1937. peso, 3,90 gr. 
N. 18. Diñar de Murcia. 

I. ^-LJl T ^)\ Y 



No haj Dios sino Alá, 
Mahoma mensajero de Alá; 
se apoja en la protección de Alá 
el emir Abiiabdala 
Mohámed Abensaad, avúdele 
Alá. 

M. La lejenda ordinaria de las monedas 

almorávides. 

II. A. .U^V 



— 395 — 

El imam 

Abdala 

emir de los crecentes 

el Abasí. 

••I . . I * I •• 

En el nombre de Alá, el clemente, el misericor- 
dioso, fué acuñado este diñar en Murcia año ocko 
y cincuenta y quinientos. 

Vives, N. 1957. peso, 3,90 gr. 

En estas monedas Abensaad reconoce ex- 
plícitamente la soberanía espiritual del Califa 
Abasí; como lo hizo hasta el fin de su reina, 
do desde el año 547, poniendo en las de al- 
gunos años el sobrenombre 6 título sultánico 

Entregada Baeza á Alfonso Vil en el año 
542 de la hégira, vemos que por estos años 
se acuñan en ella monedas árabes con tipo 
de las de los almorávides, sin que sea fácil 
determinar las causas que á ello contribuje- 
ron: tales monedas circularon mucho, siendo 
por algunos años la moneda de oro corriente 



— 396 — 

en Toledo: por esta circunstancia, pues pa- 
recen haber sido las que sirvieran de tipo 
inmediato para la moneda alfonsí, ponemos 
á continuación esta siu guiar moneda, que 
solo encontramos acuñada en el año 548. 
N. 19. 

I. A. *Ü! 

Alá: 

No hay Dios sino 

Mahoma mensajero de Alá: 

Alá (es) amigo de los que 

creen. 

M. La lejenda ordinaria de las monedas 
almorávides. 

II. A. La lejenda ordinaria como en la mo- 
neda N. 18, con ligera variante, j en la orla 

¡LiL^j >Lc iwl^vj i^á.ja3i ja» vw-> f^i^ *Ü) A*^-* 



— 397 — 

En el nombre de Alá, fué acuñado este diñar 
en Baeza, año ocho y cuarenta y quini[entos) . 

Vives, N. 1996. peso, 3,90 gr. 

De los años 544, 545 j 546 se conocen 
dinares muy parecidos en la lejenda de la 
I. A. é igual la de la II. A., en los que pa- 
rece leerse, acuñado para (?) Baeza (?), Jaén (?) 
y Sevilla. 

N. 20. Moneda de Alfonso VIH 6 sea diñar 
alfomi, 

I. A. .*>»l 

M 

Emir de 

los católicos 

Alfonso hijo de Sancho, 

ayúdele Alá 

y protéjale. 

M. ^>Sk^ IlJajJu» 'LjX^> jUjJlII ti*» ym^j'io 



I 



— 398 — 

Fué acmado este diñar en la ciudad de Toledo 
año 4249 de la era española. 



t 



II. A. S-*-jj^)| M 



.^lbji)| é^A, 



Imam de la religión 
del Mesías, el Papa 
de Roma la grande. 

M. JiJi (^.^.Aij)l jj)\j ^.T. ^^i . 

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Es- 
pirilu Sanio, Dios único, quien creyere y fuera 
bautizado, será salvo. 

Vives, 2021. peso 3,90 gr. 
N. 21. Diñar alfonsí del año 1222: en la 

I. A. en vez de las palabras ^^sl»*' ^^jj , 

aparece la abreviatura de Alfonso, ALF: 
todas las posteriores siguen este modelo. 

Vives, N. 2022. peso 3,72 gr. 



— 400 — 

La acuñación de estas monedas de Toledo 
es en general tan mala, j las letras están 
trazadas de un modo tan tosco, que aun sa- 
biendo lo que en ellas debe decir, es difícil 
darse cuenta de las letras j seguir su lectu- 
ra; por eso nada tiene de extraño que no 
acertaran los primeros que intentaron su 
lectura ^. 

La acuñación de la moneda propia de los 
rejes de Castilla j León comienza en tiempo 
de los almorávides con Alfonso YL La de 
oro tomó el nombre de ellos, llamándose 
morabili [moneda almoravid): anteriores á Al- 
fonso VIII, sólo se conocen monedas de oro 
(los maravedises) de Feroaudo II de León y 
Alfonso IX. 

Alfonso VIII no se contenta con imitar 
en el sistema monetario los dinares almorá- 
vides, sino que los acuña en árabe, imitando 
en la distribución de las leyendas el tipo 



4 Puede verso lo que decimos en nuestro folle- 
to, Errores de varios numismático'^ extranjeros al tratar de 
^as monedas ara higo-españolas, pág. o, donde en las li- 
neas 10 y II deben corregirse las fechas 1123 y 1161 
por 1223 y 1185. 



— 401 — 

consagrado por el uso, si bien poniendo le- 
yenda cristiana. 

Y cosa singular, las monedas acuñadas en 
Toledo á nombre de Alfonso VIH se conti- 
núan después de su muerte durante dos 6 
tres años> habiendo reinado desde el año 
1158 al 1214^ se conocen dinares alfonsíes 
desde el año 1174 de J. C. al 1217, 6 sea 
desde el año 1212 hasta el 1255 de la era 
de Safar, como dice en ellas. 

Aunque hasta ahora la moneda más anti- 
cua que conocemos de esta clase es del año 
1212, comenzaron á acuñarse antes, pues se 
citan los mizcalos de oro alfonsí en docu- 
mentos de Toledo desde el año 1210 *: con 
■este mismo nombre tuvieron circulación en 
Toledo al menos hasta el año 1260 de la era 
española. 

En los años 1182 á 1190 se citan mt;8- 
oales de oro almoravid de la real acuñación de 
Almería, j como el 1182 de la era (1144 de 
J. C.) corresponde en parte al 539, la mone- 
da de Almería de este año que publicamos 



4 Pons, obra citada. 
Almorávides 96 



— 402 — 

con el n.° 8 será la designada en tales docu- 
mentos de Toledo. 

Desde el 1194 al 1210 de la era encontra- 
mos citados los mizcales de oro albayesi, que 
remplazaron en Toledo á los mizcales de Al- 
mería, hasta que á su vez fueron dados al 
olyido por la acuñación de los mizcales de 
oro alfonsi: por las monedas de oro albajesí 
deberán entenderse las monedas de Baeza, 
como la publicada con el n.° 19, que es del 
año 548 (de 29 de Marzo de 1153 á 17 de 
Marzo de 1154 de J. C. 6 sea 1191 j 1192 
de la era española) . 

Durante todo este período encontramos 
citados en los mismos documentos de Toledo 
mizcales sin determinación especial, ó mizca- 
'es de oro bueno y justo peso, que suponemos 
serían simplemente los corrientes en las fe- 
chas respectivas: son pocos los documentos 
publicados en dicha obra, anteriores al 1182 
de la Era. 



ÍNDICE CRONOLÓGICO 



FICHAS DE LA HISTORIA DE ESTE PERÍODO 



Día acei Afio 

436 Muerte de Mochéhid de Denia. 167. 
468 Álmoctadir rey de Zaragoza despoja de 
su reino á su yerno All de Denia. 167. 
477 Nacimiento de Ali hijo de Yúsuf. 280. 

y Oclu.* ^OSel^®^"* ^® Zalaca. 1. 226. 227. 

484 Segunda venida de Yúsuf; sitio de Ale- 
do. 8. 227. 

483 Tercera venida de Yúsuf: destrona á los 
reyes de Granada y Malaga. 8. 227. 

490 Cuarta venida de Yúsuf. 228. 

49% Persecución contra los mozárabes de 
Granada: destrucción de una iglesia 
antigua. 218. 

495 Ali proclamado Príncipe heredero en 
Marruecos 228. 

496? Quinta venida de Yúsuf. 228. 
40 Dulh. 496 Jura solemne de Ali como Príncipe he- 
redero, en Córdoba. 228. 229. 

499 Mozárabes de Málaga salen para Ma- 

rruecos. 214. 

4 Sept*. IfOel^"®'*^ ^® Yúsuf. 6. 280. 
Diuh. 500 Primera venida de Ali á España (como 
emir délos muslimes), é. 8. 282. 

500 Abentiflluit, cuñado de Ali, goberna- 

dor de Granada en 500;— en 508 de Za- 
ragoza, donde muere en 510. 280. 



— 406 — 



Sil Uh ASo 
30 mS?¿ IwI»»*»"» ^« Uclés. 10. 289. 

^ Dum° ^soll^*^®'"'® ^® Alfonso VI. 10. 
•I Julio 4409 Doña Urraca sucede ¿ su padre Alfon- 
80 VI. 10. 
503 Segunda venida de Ali. 11. 382. 284. 

45 Safar. ^Soll*^^™* ^® Talavera. 11. 282. 284. 



4 Rach. 
^ Ener. 
45 Dulc. 



503|Muerte de Almostaín II de Zaragoza en 
44401 ^ " * 



503 



Valtierra. 12. 244. 254. 
Combate dentro de Zaragoza, en que 

f>arece son derrotados los afectos á 
os almorávides. 257. 
40 Dulh. 503 Los de Zaragoza echan de la ciudad al 

rey Abdelmélic, y entra (desde la al- 
medina) Mohámed Abenalhach. 258. 
4444 ISir se apodera de Santarén: de Bada- 
5041 joz, Oporto, Evora y Lisboa. 11. 248. 
504 Moneda de los almorávides en Zarago- 
za. 258. 
504/ jTemim se retira de María? 12. 
507 Mobáxer rey de Mallorca. 168. 
4i44|Liga de príncipes cristianos contra los 
I corsarios de Mallorca. 



26 Mayo 
45 Dulc. 



507.1 



168. 



Junio 44i4|Abenalhach sale de Zaragoza de expe- 
507/g| dición contra Cataluña. 20. 278. 

Safar 508|Batalla del Congost de Martorrell y 
ó Re- I muerte de Abenalhach. 21. 207. 248. 
bí4.o I 273.275. 

3 Abril. 44 ISIToma del último recinto de Mallorca. 
6 Dulc. 5081 277. 

50«/9 A fines de 508 ó principios de 509 Don 
Ramón Berenguer derrota á los mo- 
ros en el llano de Barcelona. 278. 
509 Uanudín valí de Mallorca durante tres 
meses después de la conquista. 170. 

509 Abubéquer valí de Mallorca después 

de Uanudín. 170. 

510 Muere el príncipe Abubéquer Abentifi- 

luit en Zaragoza. 249. 



— 407 — 

lU Mei Afio 

49 Safar 544ITercera venida de Ali: sitio de Coim- 
n Junio 4147| bra. 286. 

511 Abdala Abenalmazdali valí de Zarago- 
za. 250. 

511 ¿Temim hermano de Ali hace levantar 

el sitio de Lérida? 250. 
Mayo msIComienza el sitio de Zaragoza, que du- 
513| ra 7 meses. 252. 

512 Muerte de Almazdali, valí de Zarago- 

za. 250. 
¿19 Dici.? IHSIToma de Zaragoza por Alfonso el Bata- 

4 Ram. 512| Mador. 12. 251. 

513/4 Cuarta venida de Ali: toma ¿ Santama- 
ría ó Santa rén. 286. 
Re.l.^» 514IBaUlla de Cutanda. 18. 268. 264. 265. 
ó 2.0 I 266. 

515 Muerte de Almehdí, fundador de la 
secta Almohade. 868. 

518 Nace en Peñiscola Abenmerdanix. 152. 
4125|D. Alfonso de Portugal se arma caba- 

o19| llero á los 14 años. 28. 

519 Los almohades; su aparición. 28. 

1 Sept. 1125lAlfonso el Batallador sale para Anda- 
519| lucía. 14. 209. 218. 214. 

5 Ener. 11%|Alfonso el Batallador llega á Grana- 
5 Dulh. 5191 da. 14. 

8 Marz. 1126|Muere Doña Urraca, y le sucede su 
520| hijo Alfonso VII. 5. 10. 28. 

1I Saftr ^Jloj»»'»»» *« A'-'^^^l- IS- 

Ham. 520 Destierro de los mozárabes ¿ África. 
211. 

520 Muere Abenuarafe valí de Mallorca. 

171. 
520 Ali da el mando de Alandal us á su 
hijo Texufin, y Mohámed Abengania 
se encarga del gobierno de Mallor- 
ca. 171. 
45 Dulh. 524 Alianza de Zafadola con el Empera- 
dor. 285. 
525 En 525 ó 526 Zafadola reconoce al Em- 
perador Alfonso Y II, y le entrega el 



— 408 — 

Mi Mm Afio 

castillo de Rueda. 24. 72. 284. 285. 
Rach. 536 Las milicias de Toledo llegan á Sevilla 

y matan en un encuentro al valí 

Omar. 24. 284. 
527/ Hamdín cadí de Córdoba desde 527 á 

529 á 532. 64. 
1433lZafadoIa y el Emperador talan la An- 
52?/,! dalucia. 26. 

« Ra'm.* ^5»|^'»"» *^® ^""«S»- *®- ^^' 2^^- *^*' 
¿7 Sep.? 4434 Muerte de Alfonso el Batallador. 272. 
539 Alianza de Zafadola con el Empera- 
dor, según algún autor. 284. 
533 Abenroxd (abuelo de Averroes) reem- 
plaza en el cadiazgo de Córdoba á 
Abenhamdin hasta el 536. 54. 

Septi. Í^Jxoma de Oreja por el Emperador. 26. 

33 Safar. 536 Muere en Marruecos el alfaqui Aben- 

alarif, fundador de la secta de los 
moridin. 854. 
536 Abenhamdin vuelve al cadiazgo de Cór- 
doba. 54. 

8 Rach. 537 Muerte de Ali. 27. 

37 Febr. 4i43|Mueren en batalla contra los cristia- 

9 Xabá. 537| nos Azuel y Avenceta. 27. 

53^/, Mohámed Abenganía pasa desde Ma- 
llorca á visitar á su hermano Yahya 
nombrado gobernador general de Es- 
paña. 172. 327. 
Ages. 4443lMuere en combate contra los moros 
Safar. 5381 Mu nio Alfonso, el vencedor de Azuel 

I y Avenceta. 28. 
Xau. 538 Un adepto se apodera de Monte-Agu- 
do. 86. 

34 Dulh. .'>38 Abenabdelaziz nombrado cadí de Va- 

lencia. 102. 

539 4 de Julio de 1U4 á 23 de Junio de Ui5 

Safar. » Principio de la rebelión en el Algar- 
be. 91. 
43 Safar. » Toma de Mértola por Abenalcabíla. 38. 
Safar. » Antes de Rebí 4.°Sidrey se rebela en 



— 409 — 



día Mes Ano 



Evora, Abenalmondir se apodera de 

Silves, y á priocipíos de Rebi 1.° se 

presentan en Mértola. 89. 292. 

^ Re.l.<^ 539 Abencasi se instala en Mértola. 88. 56. 

Sept. 4U4ISe reúnen en Toledo los ejércitos de 

Re.4.<^ 539| Alfonso VII para anvadir la Andalu- 

I cia. 74. 

u Abenalmondir se apodera de Huelva. 

40. 
» Derrotado Abenalmondir cerca de Se- 
villa es perseguido por Abengania, 
que sitia á Niebla, defendida por Yú- 
suf el Petrochí. 41. 66. 
Rach. » Abenhamd'.n proclamado por primera 

vez en Córdoba. 56. 78. 91. 
Ener. 4445lZafadola se presenta en Córdoba y es 
Rach. 539| reconocido sin dificultad. 57. 78. 91. 
I 298.294.(4) 

5 Ram. » IZafadola es echado de Córdoba: se- 
4 Marz. 444o| cunda y solemne proclamación de 
I Abenhamdin. 57. 79. 81. 102. 293. 
I 294. 
539 Llega á Valencia la noticia de la pro- 
clamación de Abenhamdin: alboro- 
to. 102. 
Ram. » Abenalhach proclama en Murcia á 
AbeDhamdin^ por quien se hace la 
oración pública en parte de Rama- 
dán y Xaual. 92. 
43 Ram. » Abenhasún se declara in'dependiente 

en Málaga. 68. 
48 Ram. » Abengania de Valencia envia su fami- 
lia á Játiva. 108. 
27 Ram. » Muerte de Texufin según la generali- 

dnd de los autores. 86. 286. 
3 Xau. » Abenabdelaziz se hace cargo del go- 
bierno de Valencia. 105. 
43 Xau. » Abenabdelaziz de Valencia llega á Já- 
tiva contra Abengania. 105. 



(4) Corrijase en las pág. 78. 91. 294. lo indicado 
en la fe de erratas. 



— 410 — 



Dia Un Abo 

45 Xaaa. 539 Abdala el Zegri echa de Murcia á Aben- 

alhach y proclama á Abenhud, 92. 
9S. ó á Abenhamdin. 95. 
fin Xaua. » Abenabicháfar echa de Murcia á Abda- 
la el Zegrí. 98. 
fin Xaua. » Abenabicháfar de Murcia llega á Játi- 

va en auxilio de Abenabdelaziz de 
Valencia, que sitiaba á Abengania. 
105. 
¿Dnlc? » Abenhud entra en Granada. 298. 

» Ibrahim, hijo de Texufin, á fines del 
año nombra cadi de Ceuta á lyad hi- 
jo de Muza. 291. 

540 24 de Junio de 1U5 i 13 de Junio de U46 

Muere en Granada Ali Abenadha. 81. 

Ali Abenmaimún se rebela en Cádiz, 
y presentándose en Fez á Abdelmu- 
men, entra en su obediencia. 168. 

Abenabdelaziz entra en Valencia des- 
pués de la conquista de Játiva. 106. 

Abenabicháf-tr de Murcia sale para 
Granada. 94. 

Batalla de la Almosala de Granada y 
muerte de Abenabicháfar. 82.94. 298. 

Llega á Murcia la noticia déla derrota 
de la Almosala y muerte de Aben- 
abicháfar: es proclamado Aben táhir. 
94. 97. 100. 

¿Zafadola se retira de Granada? 88. 

Abencasí se presenta á Abdelmumen. 
45. 

Moneda de Tremecén á nombre de Te- 
xufin. 290. 

Muerte de Texufin. 289. 

Abentáhir abandona el alcázar de Mur- 
cia, apoderándose del mando Aben- 
iyad el 10 o 26 de este mes. 60 84. 
99. 107. 

Abenabdelaziz huye de Valencia. 107. 

Los de Valencia instalan en el alcázar 
como lugarteniente de Abeniyadrey 
de Murcia á Abdala Abensaad. 85. 108. 



Moha. 


» 




» 


Safar. 


» 


Safar. 


» 


3 Re.1.° 


)) 


in Re.4.° 


» 


Re.2.° 
Re.2.° 


» 




» 


Ch.l.o 
10 Ch.1.0 


» 


25 Ch.1.« 
25 Ch.1.° 


1) 



411 — 



SiA Kei 


ASo 


fin Ch.4.« 


540 

» 


48 Rach. 

42 Xabá. 

20 Xabá. 

5 Febr. 


» 

» 

» 

4446 


Xabá. 


540 


Xabá. 


» 


Xabá. 

Ener. 
4 Duih. 
4 Dalb. 


4446 
5V0 

» 


40 Duih. 
24 Mayo 


4446 




544 


40 Moh. 


D 


7 Rach. 


» 



"/, Xabá. » 



4 Xaua. 
Xaua. 



Abeníyad llega á Valencia. 108. 

Llamado Abengania por los de Córdo- 
ba, le sale al encuentro Abenham- 
din, que es derrotado en Ecija. 59. 

Entrada de Zafadola en Murcia. 81. 88. 

Abengania entra en Córdoba. 59. 

IBatalla de Alloch ó de Chinchilla en la 
que mueren Zafadola y Abensaad, 
llamado el de Albacete. 87. 109. 

Abeniyad rey en Valencia después de 
la muerte üe Abenhud. 109. 

Abdala el Zegrí en lucha en Murcia 
con Abeniyad. 109. 

jsidrey se apodera de Mértola. 44. 

Los almohadas pasan á España. 46. 

Abdala el Zegri queda dueño de Mur- 
cia. 109. 

Abu'gamar, señor de Jerez, Arcos y 
Ronda reconoce á los almohades. 159. 

El Emperador y Abenhamdín entran 

I en Córdoba. 61. 68. 822. 



544 13 de Junio de U46 i 1 de Junio de 1147 



Llega á Córdoba la noticia de la entra- 
da de los almohades en España. 46. 

Abdala el Zegri es muerto y Abeniyad 
ocupa el trono de Murcia por segun- 
da vez. 110. 

Toma de Sevilla por los almohades. 
46.64. 

Primera rebelión general contra los 
almohades, en la que entra también 
Abenmaimún de Cádiz. 165. 

Recobrada Algeciras por Abengania, 
Abenalhacham se adhiere en Bada- 
joz al movimiento insurreccional 
contra los almohades. 161. 

Muerte de Texufin, según algún au- 
tor. 287. 

Muerte de Ishac, último príncipe al- 
moravid, después de la toma de Ma- 
rruecos por los almohades. 66. 



— 412 — 

W» Mm Alto 

btí 2 de Junio de Ui7 á 21 Ibjo Ui8 

22 Re.1.<^ » Abeniyad muere á consecaencia de 

heridas en batalla contra los cristia- 
nos. 110. 

22 Re. 4.0 » Abenmerdanix, muerto Abeniyad, es 

reconocido como rey de Valencia. 
111. 
ChA.^ » Abenmerdanix llega á Murcia. 181. 

17 Octu. 4447|Toma de Almería por los cristianos. 

20 Ch.4.0 5421 185. 

fin Gb.4.° » Al í Abenobaid, lugarteniente en Mur- 
cia de Abeniyad, muerto éste, hace 
entrega del mando á Abenmerda- 
nix. 112. 
» Diñar acuñado en Córdoba con piado- 
so recuerdo á la memoria de los al- 
morávides. 892. 

.H43 22 de Uayo de Ui8 i 10 de Ugyo de 1119 

» Mohámed hijo de Alí Abenalhacham 
acuña moneda de oro en Badajoz. 
163. 
Ch.2." » Abengania disgustado con D. Alfon- 
so Vil, se avista en Ecija con Barraz, 
y entrega á los almohades Córdoba 
y Jaón. 49. 64. 

31 Dicte. lUSlConquista de Torto.sa por D. Ramón 

16 Xabá. 5i3l Berenguer. 124. 

24 Xabá. » Abengania muere en Granada. 64. 

27 Ener' IUqI^''*^®**^ ^^^ ^^^ ^°^^ ^^^ ^^^^' ^^'^• 

Jun'^ ^ Jlgllratado del rey Lobo con Genova. 124. 

10 Ch.2.0 544|Conquista de Lérida, Fraga y Mequi- 
24 Oclu. 11491 nenza. 126. 126. 

II.SOITratado de paz entre Abengania de 
.-viVsl Mallorca y Pisa. 178. 

ok) Abencasí en rebelión contra los almo- 
tiades. 50. 

» Abulgomar alcaide de Córdoba evita 



— 413 — 



Wa _llei_ i5o^ 

con su previsión la sorpresa que 
preparaba Alfonso Vil. 159. 160. 16á. 
824. 
54o Los rebeldes del Algarbe obtienen el 
perdón de Abdelmumen por media- 
ción del general Abenyagmor, y fe 
presentan en Salé, renunciando sus 
pretendidos derechos. 160. 162. 165. 

545 Diñar de Granada, piadoso recuerdo 

de los Benitexiifin. 88. 892. 
49 Rach. 546 Muere en Málaga el exrey Abenham- 

din. 68. 68. 
Ch.1.^ 546 Es muerto Abencasi. 51. 

546 Abenmerdanix ayudado por Alfonso 

Vil se apodera de Guadix. 188. 
546 Muere Monámed Abenganía de Mallor- 
ca; según otros muere en 550. 178. 829. 

546 Rebelión en Valencia contra el rey 

Lobo. 128. 818. 

547 Continúa la rebelión en Valencia. 818. 
» Desde este año el rey Lobo reconoce 

en las monedas la soberanía espiri- 
tual del Califa de Oriente. 895. 
11 Re.t.° 548 Muere el rey de Málaga Abenhasún. 70. 
» Moneda de Baeza en árabe y con le- 
yenda musulmana á pesar de estar 
en poder de los cristianos desde el 
año 542. 896. 

549 Maimún Abenbéder entrega Granada á 
los almohades. 65. 186. 188. 815. 816. 

551 Entrega de Granada á los almohades, 
según algún autor. 801. 

551 Los de Sevilla piden á Abdelmumen 

que les envié por gobernador algu- 
no de sus hijos: es designado Abu- 
yacub. 52. 

552 Almeria perdida por los cristianos. 
, 187.815. 

91 Agos. 1157|Muerte del Emperador en Fresneda al 
13 Rach. 552I regresar de Almeria. 187. 815. 

553 El principe Abuyacub desaloja de Mér- 

tola á Texufín el Lamtuni. 52. 
553 Mueren á la vista de Sevilla en com- 
bate contra los cristianos, los exfo- 



— 414 — 

su Km Ab 



II 



Abuigamar y Ajyentlhaelinn. 

8M Jaén presúobedltfaeta al rer Lobo. 1S4. 
Un 866 Córdoba aitlada por el rey Lobo. 1S4. 

4464 lEI rey de Mallorea trata de paz con los 
66^1 Písanos. 19S. 

867 Abenbemoebieo ae apodera de Grana- 
da. Itf . tlt. $17. 

667 Derrota de los almohades en la pra- 

dera de Harebaroead á 4 millas de 
(Granada. 140. 
SB Baoh. 887|Batalla de la Ixabica y derrota de 
43 Julio. 44021 Abenbemoebieo y del rey Lobo en 
I Granada. 14S.S1¿ 

668 Abayacub Tdsní es 11 amado de Espa- 

ña para «er declarado Prínolpe he- 
redero* 146 
Gb.l® 866 Huerta de Abdelmnmen. 148. 

800 El caliün Abuyacub llama á su herma- 
no Abusaid Otmán, qoe estaba en 
Granada. 148. 

800 Abenhemochico intenta apoderarse de 
Córdoba. 148. 

860 Muerte de Ahyal, exrey de Ronda. 187. 

7 Dulb. 860|Derrota del rey Lobo en el llano de 
48 Octu. 44681 Murcia con muerte de todos los sol- 

I dados cristianos. 146. 820. 

860 Murcia sitiada por los almohades des- 
pués de la derrota del rey Lobo. 146. 

864 Abenhemochico entra en relaciones 
con los almohades, ofreciendo so- 
meterse. 147. 

8 Noví. 4468|Alianza del rey Lobo con Alfonso II de 
3 Safar. 664| AraRon. 121. 

864 Abenhemochico se rebela en Jaén con- 
tra el rey Lobo. 129. 
864 Se rebela en Almería contra el rey 
Lobo, su primo Mohámed. 129. 149. 
48 Rach. 864IAbuIhachach Yúsuf, hermano del rey 
47 Abril 44691 Lobo, ¿independiecte? en Valencia. 
I 128. 
664 Hilel es proclamado Príncipe herede- 
ro del rey Lobo, según las monedas, 
151. 



— 415 — 



Di« Kei ¿£o 



565 Conquista de Baza por el príncipe 
Abuhafs después de tomar posesión 
de Lorca. 149. 

565 Abenhemochico pasa ¿ Marruecos á 
tener una entrevista con el Califa. 
148. 

565 El principe Abusaíd va á Badajoz, y 
pactada paz con D. Alfonso de Por- 
tugal regresa á Sevilla. 148. 

565 Rebelión de Alcira contra el rey Lobo. 
129. 

565 Moneda de Ishac Abengania en Ma- 

llorca. 175. 

566 Abuihachach Yüsuf, hermano del rey 

Lobo, se pasa ¿ los almohades. 180. 

45 Xaua. 566 Sitio de Alcira rebelada contra el rey 

Lobo. 149. 

45 Dulc. 566 Abenhílel se encarga del sitio de Alci- 
ra y le es entregada. 149. 

567 Rebelión do Elche contra el rey Lobo. 

150. 
667 Viene á España el califa Abuyacub y 
se instala en C'^rdoba. 151. 
99 Racb. 567 Muerte del rey Lobo. 151. 

567 Sitio de Huete por los almohades, y 

fracaso de éstos. 158. 821. 
567 Moneda de Ishac Abengania de Ma- 
llorca. 175. 
1173|Elrey de Mallorca firma tratado de 
56S/.I paz con Pisa. 178. 
5 Re.1.^ 570 Casamiento del Califa con la hija del 
rey Lobo. 158. 
11781 El rey de Mallorca acomete y toma la 
573/4I ciudad de Tolón, en Francia. 177. 
I 881. 

97 Junio 4178ILOS moros mallorquines saquean la 
9 Moh. 574| iglesia de Santa María deülla (Ge- 
I roña). 177. 881. 882. 

574 Muere en Marruecos Abentáhir exrey 

de Murcia. 100. 

575 Gánim hijo del rey de Lobo, con la es- 

cuadra almohade acomete á Lisboa. 
158. 



— 416 — 

ga M» Ho 

ITTI Muere Abeiiebdeleiiz,exrer deYalen- 
cia.tM. 
19 Salir 880fEl rey de Mallorca Arma tratado de 
I Jnnio II84| ]»ai con Pisa. 178. 

no Mnerte de lahac de Mallwca poeo an- 
tea de la mnerte del califa AbaTft- 
cob. IVt. 179. 999. 994. 
¿Re.9.^ 689 Muere el oalüa Iboyacub á eonae- 
coencia^de la derrota de Santarén. 
181.998. 
680 Los de Mallorca se sublevan contra 
Moliámed y proclaman & su lierma- 
no Alf . 181. 
8 Xabá. 880 Ali de Mallorca se apodera de Bugfa. 
189. 
4488ILOS cristianos cautivos se apoderan 
68Vil del palacio de Mallorca. 189. 
883 Proclamación de Abdala Abengania en 

Mallorca. 184. 
883 El capitán Abulabás, el de Sicilia, se 
apodera de Ibiza. 184. 
Cb.9.* 88l|Abdala de Mallorca firma un tratado 
Agos. 4488| de paz con Genova. 185. 948. 
596 Muerte del califa Almansur. 186. 
598 El califa Anésir sale de Marruecos 
contra Mallorca. 186. 
Dulh. 599 Los almohades entran en Mallorca, y 
muere el rey Abdala Abengania. 186. 



ADDENDA ET CORRIGENDA 



?ág. Linea U$m 



47 15 (Abengama de nuestras crónicas) 

21 23 Abuabdala Abenhach, el Principe se 

volvió 
96 20 de 4439 ^ de la hégira), 

27 5 el 27 de Enero 

39 43 (21) 

49 7 este modo una buena 

54 43 enviado 

78 44 (Racbeb de 539) 

94 9, 40 y 44 Abenhud pocos días después, por este 

mismo tiempo 
402 6 Guando llegó á Valencia la noticia de 

la proclamación de Abenhamdin el 

sábado 5 de Ramadán del año 539 
429 22 códice 

452 46 Abulcamar 

462 8 se sometió como los otros): quizá aun 

volvieron á rebelarse, 
467 44 Almoctadir, 

472 44 Abentimacadmat?; 

485 49 20 años 

203 7 den luz 

243 23 remeavit 

247 7 servil y poco apropiada»: 

220 43 y vemos por vez primera las monedas 

fraccionarias 
236 7 á 49 de Safar 

286 8 que no corresponden 

286 44 de 539, pues resultan dos años y dos 

meses. 
294 7 comprende desde 25 de Febrero de 4 446 

&27 de Marzo 
304 4 hijo de Béder, 

339 44 iáo*^íl 

Almorávides 27 



índice de este libro 



INTRODUCCIÓN VU 

REINADO DE YCSUF 4 

REINADO DE ALÍ 8 

Aragón: Tudela, Zaragoza, GaUnda 43* 

Expedición á Andalucía 43 

Batalla de Fraga 47 

Los almorávides en Catalana: batalla de Mar- 

torell 90 

Portugal y Castilla tt 

REINADO DE TEXUFÍN 97 

REBELIÓN DE LOS ESPAÑOLES 39 

La Rebelión en el Algarbe 33 

La Rebelión en Córdoba 58 

La Rebelión en Málaga 68 

La Rebelión en el Oriente de Alandalus ... 70 

En Murcia y Valencia 8^ 



--420 — 

Oobiemo de Abenalhach M 

« del arráez Ábdala el Zegrf 98 

» deiJbenablcliáito 9S 

» de ÁbentálUr 97 

» deAbenirad 99 

La BébelfóB en Valencia. 401 

aUHAPO DE MOHÁMBD ABBNfLIAD, ABCNMERnAinX, 

ÓILBBTLOIIO III 

Tratados de Abenmerdanix con loa crislianoa . 190 
Reconquista por los cristianos de las ciadades 

de Tortoss, Lérida, Fraga y Meqoinenza . 193 

Valencia bajo el rey Lobo 197 

Conquistas de Abenmerdanix 490 

Conquista de Guadix 434 

Jaén, Ubeda y Baeza 431 

Almería 435 

Granada 438 

Defecciones en la familia del rey Lobo .... 447 

REYEZUELOS Ó REBELDES DE ESTE PERÍODO, POCO 

COIfOGIDOS 455 

Abyal rebelde en Ronda 456 

Abengarrún señor de Jerez y Ronda 458 

Abenalhacham rey de Badajoz 460 

Alí Abenmaimún señor de Cádiz 463 

LAS BALEARES BAJO LOS ALMORÁVIDES 467 

Mohámed Abengania 474 

Ishac Abenganía 474 

EFÍMEROS REINADOS DE MOHÁMED, ALÍ, TALHA, MO- 
HÁMED (2.* VEZ) Y TEXÜFÍN 479 



— 421 — 

Juicio acerca de la dominación de los almorá- 
vides en España 489 

Persecución de loa mozárabes 208 

ILUSTRACIOKES 225 

Cronología detallada de lo contenido en este 

libro 403 

Addenda et corrigenda 447 



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Matritensi Arábicas linguae professor ordinarius 
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lensia arabice nunc primum ediderunt indicibus 
additis Franciscus Codera in Universitate Matriten- 
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Historíese Academíse Sodalis et Julianus Ribera, 
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Codera et Zaydin. Matrití, MDCGCLXXXVI, en 4.^ 
XIX y 365 pág. 49 ptas. 

To. V y VI. coMPLEMENTTUM LiBRí ASSiLAH (Dictiona- 
rium biographicum) ab aben alabbar scriptum. 



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lensis. arabice nunc primum edidit, indiclbus 
additis, FrancUcu8 Codera. Matríti, MDGGCLXXXIX. 
Dos tomos con foliación continuada, XIY y 964 
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TO. Vil y VIH. HISTORU virorum doctorum andalu- 
SL£ (Dictionarium biographicum) ab aben alfa- 
RADHi scrípta, ad fidem codicis Tunicensis ará- 
bico nunc primum edidit, indicibus additis, Fran' 
CÍ8CUS Codera, (Accedunt dúo fragmenta inédita ex 
ABEN PAScUALis assila). Matriti. To. I. MDGGCXG, 444 
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gen ORIENTAL (¿rabe, hebreo, malayo, persa y 
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